martes, 15 de julio de 2025

la noche de los cristales rotos en Alemania

"La multitud avanzó arrancando los asientos y la carpintería del edificio para alimentar las llamas. En la tienda de Israel, hombres y mujeres, aullando delirantes, arrojaron bloques por las ventanas..."
Son muchas las referencias a la noche de los cristales rotos en Alemania. Este es un relato breve de ese incidente
La Noche de los Cristales Rotos (*Kristallnacht*) fue un pogromo devastador (matanza y robo de gente indefensa por una multitud) perpetrado entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, que marcó un punto de inflexión en la persecución de los judíos en la Alemania nazi y Austria. Durante esas horas, una ola de violencia —orquestada desde el aparato de poder nazi y presentada al mundo como una “reacción espontánea” al asesinato de un diplomático alemán por un joven judío polaco en París— se extendió por ciudades y pueblos como un incendio incontrolable.
Por la noche, miembros uniformados de las SA, las SS, las Juventudes Hitlerianas y civiles simpatizantes, alentados por la propaganda de Joseph Goebbels con el aval de Hitler, salieron a las calles. Su objetivo era claro: atacar a la comunidad judía. Las instrucciones eran incendiar sinagogas, destruir comercios, saquear hogares y humillar públicamente a las familias. En pocas horas, más de mil sinagogas fueron arrasadas, casi 7.500 negocios resultaron destrozados y se vandalizaron cementerios, hospitales y escuelas judías. Los cristales rotos de escaparates y ventanas se multiplicaron sobre las aceras, dando nombre a la noche.
Al menos 91 personas fueron asesinadas directamente —aunque algunos recuentos estiman hasta varios cientos—, y más de 30.000 hombres judíos fueron arrestados y enviados a campos de concentración como Dachau, Sachsenhausen y Buchenwald. La brutalidad fue tal que los bomberos recibieron órdenes de dejar arder las sinagogas siempre que no amenazaran propiedades de "arios", mientras la policía miraba para otro lado o incluso colaboraba.
Por la mañana, las calles estaban cubiertas de vidrios y cenizas. Hombres judíos eran sacados de sus casas y transportados en masa, mientras sus familias quedaban aterrorizadas y sin amparo. Los mismos judíos, además, fueron obligados después a pagar los costos de reparación de los daños causados por los atacantes y se les impuso una multa colectiva de mil millones de marcos imperiales.
Las consecuencias fueron inmediatas y demoledoras: el terror convenció a muchos judíos de que no tenían ya futuro en Alemania; la represión legal y económica se redobló, y la solidaridad de la sociedad mayoritaria era casi inexistente. Kristallnacht se convirtió, a los ojos de los historiadores, en el umbral a la política de exterminio sistemático que culminaría en el Holocausto.

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