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sábado, 12 de abril de 2014

El “España va bien” de Rajoy


Hace unos días escuchaba a Rajoy decir que “Fuera de España nos miran como ejemplo de cómo salir de la crisis”. Y puede que lleve razón en que nos miren, pero no con admiración por salir de una crisis en la que permanecemos, sino  por la paciencia que tenemos los españoles con nuestros gobernantes. Seguro que nos mira con asombro, porque en ningún país se entiende como aguantamos la situación que vivimos con tanta pasividad.
 
De quienes seguro que somos la “admiración” es de nuestros acreedores, porque hasta hemos modificado la Constitución para garantizarles que van a cobrar hasta el último euro de nuestra deuda (esa que ahora es completamente pública) y que por eso la pagaremos el pueblo español, día tras día, en varias generaciones dado su volumen, pero nosotros, no los que nos han robado el futuro llevándoselo calentito.
 
También seguro que somos, más que admirados, “envidiados” por los gobernantes de las repúblicas bananeras, envidiosos de nuestro gobierno que con citar la herencia recibida, considera más que justificadas las barbaridades que está haciendo con su pueblo. Ya quisieran ellos poder decir lo mismo en sus países con igual resultado que aquí: el silencio.
 
Los españoles parecemos no entender, que si en los últimos años del PSOE las cosas se hicieron mal, ya se les quitó del gobierno, y eso en ningún caso puede ser la coartada que justifique que el PP nos esté hundiendo a los ciudadanos de a pie aún más, que no a la banca ni a los grandes empresarios. Y con el agravante de que lo hace para sacar a estos de sus problemas a costa de la mayoría de los ciudadanos. Si se analiza la acción de gobierno del PP en dos años en los que ya es suya toda la responsabilidad, se ve meridianamente claro que la mayoría de sus políticas no son fruto de ninguna herencia recibida, sino que son ideológicas. Son políticas que priman lo privado y penalizan a la siempre pagana clase media y, como no, más aún a los pobres, esos que para el PP solo existen en época electoral.
 
El gobierno saca pecho presumiendo de habernos sacado de la crisis, pero no da datos ni explica las razones de cómo lo ha conseguido. Frente a esa versión gubernamental lúdica de la situación, España cada vez se acerca más en sus cifras sociales a las de los países de Europa que viajan en el tren de cola. La mejora de la macroeconomía no depende de nuestro gobierno, sino que la controla el BCE con sus medidas, pero el acatamiento a esos dictados del banco europeo son los que han triturado a la sociedad española. Mientras lo que si depende de la política económica nacional, como es la economía de las políticas sociales, va de mal en peor.
 
Nuestro presidente parece adormilado, pendiente de los votos e incapaz de concentrarse en la puesta en marcha de una estrategia de país seria, y en todo momento como si sus decisiones estuviesen desligadas de lo que los ciudadanos consideramos nuestras necesidades. Esas son las causas de que en la calle, la sensación es que se persigue a la clase media, a los parados, y a los jubilados, y que nadie la escucha y está sometida a un gobierno que vive en otro planeta.
 
La estrategia de este gobierno es la de permanecer sordo y casi mudo, ocurra lo que ocurra. Lo que no se cuenta en sus diarios y medios afines, para el gobierno no existe, y como los marhuendas no lo cuentan, no se entera de que acusan a su presidente y a la Secretaria del partido del gobierno de haber cobrado en B, y de que en su partido siempre han tenido una contabilidad B, y lleva financiándose ilegalmente desde la noche de los tiempos.
 
Tampoco se enteran de que la deuda del país se acerca al 100% de nuestro PIB, de que el paro no desciende sino que lo que bajan son los que figuran en las listas del paro, de que el empleo como consecuencia de su reforma laboral es precario y de baja calidad, de que la pobreza ha aumentado, o de que economistas como el Nobel Joseph Stiglitz auguran a los países del sur de Europa que lo peor de la crisis está por llegar. Como eso tampoco lo dicen en sus televisiones y diarios, pues no existe.
 
Si se enterarán de eso, no podrían afirmar que somos ejemplo de buenas prácticas para nadie. Pero lo que tampoco le dirán los medios afines es que en cualquier democracia moderna, con lo que está ocurriendo en España, sería mayor el número de dimisiones que el de parados que encuentran empleo cada mes.  Aquí no, tal vez por eso también Rajoy cree que le admiran desde fuera por ser el gobierno de la impunidad.
 
Ya sé que algunos lectores pensaran que solo me meto con el gobierno. No es cierto, también lo hago con la oposición, aunque en estos días de la oposición no hablo, porque algunas mañanas cuando despierto, no les encuentro por ningún lado.

viernes, 19 de abril de 2013

Mi aventura como ciudadano


Si algo parece incontestable hoy, es que la teoría de la mano invisible de Adams Smith, que cree en la capacidad auto reguladora de los mercados, ha resultado un rotundo fracaso y la actual crisis es la prueba evidente de ello. Y otra conclusión clara es que sin la regulación del Estado los propios mercados se tornan en caníbales con tendencia a auto destruirse. El ciudadano es solo un pelele sin capacidad de respuesta a sus designios.
Parece por lo tanto necesario, que nos dotemos de nuevas reglas, y que las ya existentes se modifiquen para adecuarse a los cambios que la globalización ha supuesto en todos los aspectos de las economías real y financiera. Entre estas nuevas reglas,. Hay una imprescindible, que el que la haga la pague como en Islandia. Y es que empezando por las hipotecas basura, y terminando por las preferentes, los responsables de estos estropicios (incapaces de mover un dedo por los demás mientras se beneficiaban de ellos), no pueden irse de rositas como lo están haciendo aquí, en Italia, Grecia o Portugal.
El gran batacazo que nos hemos dado, apunta a que de nuevo hay que colocar al Estado en el centro de la economía, si se la quiere poner esta a su servicio, o lo que es lo mismo, al servicio del conjunto de la ciudadanía, y no de una exclusiva elite. Se debe volver a los postulados de Keynes, donde las dimensiones de Estado y mercado son complementarias, y donde se repartan beneficios y pérdidas entre todos, no solo las pérdidas entre todos en conjunto, y los beneficios entre unos pocos.
Es un clamor popular que así no es posible seguir, y los más reacios a grandes cambios, son hoy sus mayores defensores. La ciudadanía debe ejercer un poder, del que ver como el gobierno se ha reído de la tramitación de la ILP contra el actual sistema hipotecario, ha demostrado que carecemos, y eso que estaba respaldada por un millón y medio de firmantes. Si eso no es motivo para cambiar hasta la Carta Magna, pocas cosas pueden serlo.
Los grandes perdedores de este modelo que nos impusieron Reagan, Thatcher, y aquí el gobierno Aznar, son nuestros jóvenes, que no solo se ven obligados a buscar trabajo lejos de su casa pese a su nivel de formación, sino que han de soportar las políticas de precarización del empleo y los eufemismos de una ministra que raya el esperpento cada vez que abre la boca.
Pero no solo la juventud paga esta factura neoliberal, también las clases trabajadoras, esas que pensaban que el piso o el coche les habían convertido en clase media. De sopetón, han chocado contra la cruel realidad de que son sencilla y llanamente obreros, al servicio de unos patronos que con el apoyo del gobierno manejan los hilos de sus derechos laborales a su antojo.
Y por último, tampoco se han librado los partidos políticos, denostados por su comportamiento, pero imprescindibles para elaborar políticas por mucho que a algunos les pese. En su pecado llevan la penitencia, porque en los partidos no pueden imperar quienes tienen pánico a salir del poder, porque les supondría no ser nadie, y eso los partidos lo han consentido.
La cuerda aprieta, y se ve llegar el momento de hacer cambios culturales y sociales profundos, de una nueva ley electoral con limitación de los mandatos, de la expulsión de los parásitos sociales, del fin de la cultura del pelotazo, de acabar con el amiguismo, con la especulación, con la corrupción, y con tantas otras cosas nefastas para los ciudadanos.
Renovarse o morir. Que llegue el momento de la solidaridad, la igualdad y la libertad. Más de lo mismo, no, gracias.

GESTIÓN DEFICIENTE, AUNQUE NO GUSTE

En el análisis de la situación en Ceuta existe un fallo estructural del Estado social y de derecho. La sensación de abandono que experimenta...