viernes, 4 de septiembre de 2026

HIPOCRESÍA IDEOLÓGICA

¿Qué es un inmigrante? Está claro, alguien que cruza nuestra frontera. ¿Para qué? Hoy solo para invadirnos. Está clarísimo que es así, si se escucha a la derecha política, a sus medios como se ve en Antena 3, Telecinco, o si se escucha la COPE.

Debo estar equivocado, porque siempre pensé que inmigrantes son los que recogen ajos y cebollas en la Mancha, recogiendo fresas en Huelva, cultivando hortalizas en los invernaderos almerienses, sirviendo las cañitas que tanto gustan a Ayuso en los bares de Madrid, en los andamios de todas las obras en construcción, empujando las sillas de ruedas de nuestros mayores, limpiando escaleras de edificios, como médicos en nuestros centros de salud y en nuestros hospitales, etc, etc. Todos son ya una amenaza, no trabajadores, olvidándonos que miles de migrantes sostienen nuestra agricultura con jornadas interminables, salarios precarios y chabolas sin luz ni agua. 

Parece que el motivo es que la inmigración solo nos interesa como asunto político cuando sirven para generar miedo, y entonces ya asumimos que no tienen derechos, que se les puede explotar y que no son iguales a nosotros. No son personas, sino munición para la política interna.

Los medios informativos han convertido Ceuta en un plató de televisión, donde los pobres son invasores y nosotros somos los amenazados. Pasa en muchos países, pero aquí representa una crisis nacional.

¿Dónde está escondida la responsabilidad empresarial hoy en silencio? ¿No dicen que no encuentran mano de obra? No es una frontera física sino cultural.

Sin embargo, no nos preocupan los demás extranjeros, que vienen y viven entre nosotros. Y no nos engañemos, tampoco hablan español, al revés, los bares tienen sus carteles en sus idiomas; no cambian sus horarios, sino que cambiamos los nuestros para que coman a sus horas de costumbre; tienen sus propios bares y sus propias fiestas. Pero a estos no les exigimos integración, ni nos alarman sus peleas en nuestras calles en estado de embriaguez. De esto saben mucho en una Mallorca, ocupada por alemanes; un Benidorm anglosajón; o unas Canarias nórdicas. No los busquéis en los informativos del desayuno que no los encontraréis.

¿No evidencia esto que es falso lo que nos cuentan los medios? Pero eso no alimenta el miedo, que es lo que interesa a esos medios. Si esto no es ideología política, díganme que lo es. 

Ceuta causa alarma, los otros lugares no. Por eso hoy es una ciudad espectáculo.

La responsabilidad de Estado frente al ruido: Geopolítica y prudencia

Vivimos momentos de alta tensión diplomática y de chantaje en las fronteras. Es entonces cuando la política exterior exige tener la cabeza fría y no las vísceras del objetivo electoral. 

¿Y si lo correcto en esta situación de crisis de Ceuta es la postura de prudencia y no ir al choque adoptada por Sánchez?  ¿y si la actitud ante la implicación de la gendarmería marroquí no responde a  debilidad, sino a responsabilidad de Estado? 

Estos defensores de las ciudades autónomas, incluso con las armas si es necesario, no deben ser conscientes de que en la geopolítica moderna responder a las agresiones con sobreactuaciones, con las tripas y más temperamento que cabeza, es, precisamente, entregarle al adversario la victoria que busca.

Seamos prácticos al analizar. La prioridad absoluta de un gobierno responsable debe ser la protección de los intereses colectivos y la seguridad de sus ciudadanos. La frontera sur de España y de la UE presenta una asimetría estructural evidente. Caer en la provocación de Rabat y romper canales de comunicación significaría desactivar de inmediato la cooperación en materias cruciales como el control de flujos migratorios, la lucha antiterrorista en el Sahel y las relaciones comerciales que sostienen miles de empleos. ¿Alguien duda de que esto es así? Asumir la impopularidad a corto plazo para evitar un mal mayor solo lo hace alguien con capacidad de liderazgo.

Frente a la contención pragmática del Ejecutivo, asistimos al espectáculo bochornoso de una derecha e hiperderecha desatadas que desde el día siguiente al nombramiento de Sánchez como presidente. La actitud del PP y de Vox en este conflicto es una muestra evidente y manifiesta de irresponsabilidad patriótica y miopía geopolítica. 

Feijóo y Abascal son incapaces de formular una visión de Estado, porque prefieren instrumentalizar una crisis fronteriza delicada con tal de arañar un puñado de votos, actuando como auténticos caballos de Troya de los intereses de Rabat en España. Con su histrionismo verbal y sus acusaciones infundadas, exigen medidas que dinamitarían la seguridad nacional, desprotegerían Ceuta y provocarían una crisis humanitaria de proporciones impredecibles. Repito la pregunta de antes ¿Alguien duda de que esto es así?

Resulta profundamente despreciable ver cómo la derecha española se disfraza de patriotismo de charanga y pandereta mientras vende la estabilidad, el bienestar y la seguridad de su propio país a cambio de los titulares en los medios afines. No te dejes engañar. Lo suyo no es firmeza; es desfachatez y una irresponsabilidad y una traición soterrada a los verdaderos intereses de España.

Es una reflexión y puede ser erronea pero, ¿y si no lo es 

EL INFORME QUE INFORMA DE LO QUE NO INFORMA

Hay un conjunto de acontecimientos que no puede analizarse como una mera suma de «coincidencias» sin ninguna relación. Al contrario, se ajusta a un patrón claro de  lawfare (guerra judicial) y operaciones de guerra de la información para el desgaste del Gobierno.

El aparato judicial y los estamentos policiales en España conservan inercias ideológicas que se alinean con los intereses de las élites conservadoras, y hay hechos que así lo acreditan:

-La trayectoria política de una magistrada no desaparece al vestir la toga. Que la jueza haya ocupado cargos políticos bajo las siglas del PP sitúa su actuación en una duda respecto a la neutralidad institucional. La judicatura no es un árbitro idílico e imparcial, sino un espacio de disputa de poder.

-Encargar informes a perfiles vinculados a las «cloacas del Estado» o a la policía patriótica evidencia la pervivencia de fuerzas paraestatales. Este tipo de informes no buscan el esclarecimiento técnico de los hechos, sino la construcción de relatos procesales utilizables políticamente.

-Emitir un informe a posteriori permite ajustar la narración de los hechos a una hipótesis incriminatoria previa, invirtiendo la lógica del proceso penal garantista, donde las pruebas dirigen la investigación, y no la política la que busca el indicio.

-El hecho de que el informe no atribuya categóricamente la responsabilidad a Marruecos, pero «tampoco la descarte», es una maniobra clásica en la construcción de sospechas judiciales, porque en lugar de aplicar el principio de presunción de inocencia (in dubio pro reo), la ambigüedad deliberada deja la puerta abierta para que el brazo mediático y político alimente la conspiración sin necesidad de aportar pruebas concluyentes. Por otro lado, esta indeterminación permite prolongar las diligencias, solicitar nuevas diligencias e ir pescando elementos que puedan desgastar al Ejecutivo de forma continuada en el tiempo.

Analíticamente lo más relevante es la sincronización entre la estrategia judicial y el discurso del líder de la oposición. Cuando la oposición es capaz de trazar el recorrido procesal con antelación, se evidencia la existencia como se conectan  gabinetes de partido, terminales mediáticas y sectores del aparato judicial. La denuncia ya no sigue al delito, sino que el discurso político crea el marco para que el juez instruya.

Afirmar, que el Rey de Marruecos chantajea al presidente, sin aportar evidencias, responde a una estrategia de deslegitimación del rival político y busca un doble propósito: primero, desacreditar la política exterior del Gobierno y segundo, desplazar la discusión sobre las contradicciones estructurales de la política migratoria y de fronteras hacia un terreno de especulación sobre traiciones personales o vulnerabilidades individuales.

La concatenación de estos hechos demuestra cómo la derecha política, al perder el Poder Ejecutivo en las urnas, recurre a resortes no electos del Estado (sectores del Poder Judicial y de los Cuerpos de Seguridad) para suplir la falta de mayorías parlamentarias.

No estamos ante una cadena de casualidades, sino ante un dispositivo de desgaste institucional. Un informe ambiguo encargado a un perfil cuestionable permite armar el relato político, que a su vez se amplifica en los medios de comunicación para deslegitimar la acción del Gobierno y forzar su acorralamiento judicial. Ver menos


La patria como fetiche y el dolor de la frontera

Existe una brecha insalvable entre el cálculo de las élites en Madrid y el impacto real que sus discursos provocan en las calles de Ceuta. Cuando el PP está en la oposición, la frontera sur deja de ser un espacio geopolítico complejo para convertirse en un plató de televisión. La diplomacia se reduce a "firmeza", la negociación a "traición" y la crisis migratoria a un "chantaje" ante el que el Ejecutivo supuestamente se arrodilla. En la oposición, el PP apela sin pudor a los compromisos con el pueblo saharaui, ondea la bandera de la soberanía en Ceuta y Melilla y exige un puño de hierro que jamás ellos aplican. Es la patria entendida como un altavoz de mitin electoral.

Sin embargo, la hemeroteca es implacable y el BOE no entiende de hipérboles. Cuando la derecha está en la Moncloa, la retórica incendiaria se evapora. El "chantajista" pasa a ser un "socio estratégico indispensable", los contenciosos fronterizos se gestionan con discreción de Estado y la llamada realpolitik sustituye al exabrupto. Aznar tras Perejil o Rajoy durante sus mandatos supieron perfectamente que la estabilidad de España depende de la cooperación policial, antiterrorista y comercial con Rabat. Gobernando, el PP hace exactamente lo que la responsabilidad de Estado exige; en la oposición, criminaliza a la izquierda por hacer lo mismo. Para la derecha, la patria solo es un recurso táctico que se infla para el titular de prensa y se deshace cual azucarillo en cuanto se ocupa el sillón del Consejo de ministros.

Esta instrumentalización necesita combustible. Ahí entra en juego la maquinaria de la derecha mediática, que no dudó en utilizar la concesión de los indultos como la coartada perfecta para declarar una suerte de "alerta nacional". La medida de gracia, presentada por el aparato mediático de conservadores y extrema derecha no como un instrumento político de desinflamación, sino como una "infamia" y una "traición vendida a los enemigos de la patria", sirvió para calentar la calle y deslegitimar al Gobierno de coalición. En ese sistema hiperventilado, cualquier desplazamiento institucional, ya fuera a Barcelona o a la mismísima Ceuta en plena crisis diplomática, deja de ser una visita de Estado para transformarse en un escenario de linchamiento, con el presidente recibido entre insultos y comitivas acosadas bajo el paraguas mediático que justificaba la bronca en nombre de la "dignidad nacional".

Esta estrategia de acoso y derribo no solo es deshonesta, sino profundamente irresponsable. Convertir la política exterior y las decisiones de Estado en un campo de batalla partidista no debilita a Marruecos ni refuerza la posición de España: solo fractura la cohesión interna y degrada las instituciones. Pero lo más alarmante es el coste humano de esta tensión. ¿Cualquier tiempo pasado siempre fue mejor? Nos lo planteamos a menudo, pero lo vivido en Ceuta nos va a afectar durante los próximos años. 

Más allá del debate político institucional, la verdadera tragedia es cómo esta agitación está transformando la convivencia social. Y no solo en esa ciudad. Corremos el grave peligro de una polarización extrema en nuestro día a día. Aquella división del "nosotros y vosotros" de hace muchas décadas reaparece ahora a "cara perro", con mensajes que calan y dañan profundamente. No podemos pasar por alto la denuncia de muchos chavales ceutíes y sus familias, enfrentados a la angustiosa sensación de que un sector de su propia sociedad pretende hacerles sentir extranjeros en su propia tierra. Es la violencia explícita que se vive al salir a manifestarse en defensa de Ceuta y escuchar al de al lado gritar "fuera de aquí todos los moros", o cuando se sugiere llevar identificadores para no ser confundidos con un inmigrante, asumiendo la barbarie implícita de que a un inmigrante sí se le puede estigmatizar impunemente. 

La patria no se defiende rompiendo la convivencia de tus propios ciudadanos ni convirtiendo el patriotismo en un pretexto para el racismo; se defiende garantizando derechos y cohesión social frente a quienes pretenden dinamitarla. Y hoy unos conscientemente y otros engañados han ido a defender la españolidad de una ciudad algo que nadie ha puesto en duda.  Menos mal que era en defensa de Ceuta y no contra el gobierno.

El lawfare policial

La filtración sobre el presunto informe policial ocultado al Ministerio del Interior por el director general de la Policía respecto a la crisis migratoria en Ceuta vuelve a poner sobre la mesa la verdadera naturaleza del poder en el Estado español. 

Contemplar este episodio no causa sorpresa, indigna. Es la constatación de que la  ldenominada «guerra sucia», un lawfare de efectos demoledores, sigue a pleno rendimiento en las cloacas institucionales.

Conviene desgranar si no se trata de un artefacto mediático. La procedencia de la información, diarios afines a la derecha mediática más beligerante, exige guardar una lógica prudencia. No sería la primera ni la última vez que asistimos a la fabricación de un relato a medida para inflar la agenda de la oposición en momentos clave de la legislatura. Sin embargo, el fondo de la cuestión apunta a algo endémico, puesto que, si el informe existe y fue deliberadamente retenido por mandos policiales, no estamos ante una negligencia administrativa, sino ante un boicot político en toda regla ejecutado desde dentro de la propia estructura policial para erosionar al Gobierno . La máxima del «quien pueda hacer que haga» adquiere aquí una dimensión  escalofriante.

Pero denunciar las maniobras de la derecha represiva e insidiosa no debe servir para la autocomplacencia. La posición en la que queda Marlaska es insostenible. Que un ministro del Interior se vea obligado a redactar una carta al director general de la Policía preguntando «qué hay de cierto en lo publicado por un medio digital proyecta un espectáculo de debilidad desconcertante. Denota una falta de control sobre su propio departamento que alarma y, a la vez, consolida la idea de que la democratización de los aparatos del Estado sigue siendo la gran  asignatura pendiente de la Transición. Un ministro que no manda en su ministerio y al que sus propios subordinados puentean o ignoran deja de ser un activo político para convertirse en un lastre. Su cese se convierte en una necesidad de higiene democrática. Ni que decir tiene la del director general de la Policía.

Este episodio nos devuelve al complejo escenario de Ceuta, donde la desesperación humana se instrumentaliza sin escrúpulos. Reducir la crisis a un simple flujo de miseria o, por el contrario, a una impecable maniobra geopolítica de Rabat es caer en el reduccionismo. La pobreza y la falta de horizontes son el combustible real que empuja a miles de personas, pero es innegable que la dictadura marroquí utiliza esa desesperación como elemento de chantaje y presión hacia España y Europa.

El Gobierno no puede seguir acorralado entre la trampa que le está  tendiendo la derecha mediático-policial y la pasividad de sus propios ministros. Si la izquierda quiere seguir gobernando no solo con el boletín oficial, debe acometer sin complejos la depuración de los sectores golpistas en las fuerzas de seguridad y asumir una política exterior firme que no permita a los ciudadanos confundir el pragmatismo con la sumisión.

Buen miércoles tengan ustedes

CONVOCADOS COMO EXTRAS AL RODAJE DE LA PELICULA “APOYO A CEUTA”

Buenas noches. 

Yo no participaré mañana en las concentraciones de apoyo a Ceuta. Y no porque no apoye al pueblo ceutí (entre el que tengo familia) o porque no considere que la situación que sufre debe tener una solución lo más urgente posible. 

No acudiré porque existen argumentos políticos y sociológicos que son clave para que cualquier persona con dos dedos de frente puede catalogar la convocatoria como una estrategia de "montaje de erosión" dirigida contra el Gobierno. Y expongo los motivos que veo para ello.

Las movilizaciones impulsadas bajo el lema de "apartidistas" o "nace del pueblo" han sido rápidamente capitalizadas por PP y Vox, y plataformas afines a esos partidos. Bajo una fachada de apoyo técnico o patriótico a una ciudad autónoma, se esconde la legitimación de una agenda partidista. Sumarse a una manifestación sin un manifiesto social claro implica validar un marco que utiliza a Ceuta como munición para debilitar la legitimidad del Ejecutivo en materia de fronteras y política exterior.

La derecha parlamentaria utiliza este tipo de convocatorias para desplazar el foco de la gestión autonómica hacia una enmienda a la totalidad de la política del Gobierno. A la ciudadanía ceutí se la apoya con inversión pública, refuerzo del Estado del bienestar, cohesión social e integración socioeconómica. Sin embargo, la convocatoria está orientada a capitalizar el descontento y cuestionar el control fronterizo y diplomático del Gobierno, convirtiendo el «apoyo a Ceuta» en un eslogan sin contenido socioeconómico y solo cargado de descalificación institucional.

Participar en concentraciones impulsadas o secundadas activamente por formaciones conservadoras y de extrema derecha legitima un discurso de alineamiento con posturas de soberanismo excluyente o militarización fronteriza. Para cualquier progresista, la solidaridad regional se expresa mediante los canales institucionales, el fortalecimiento de los servicios públicos y la defensa de los derechos humanos en las fronteras, no alimentando movilizaciones en las calle cuya única y verdadera finalidad es erosionar la gobernabilidad del Estado y tensar nuestra política exterior.

Que estas formaciones apelen al "sentido de Estado" o la "unidad nacional" en movilizaciones en la calle, solo buscan neutralizar la crítica desde la izquierda, forzándola a elegir entre sumarse a una agenda ajena o ser acusada de "abandonar" a una región española. No creo que se deba ceder ante la presión mediática. 

La no asistencia mañana no significa falta de compromiso con los ceutíes, sino una negativa a servir de extra en el rodaje de una película montada por la derecha y la ultraderecha destinada EXCLUSIVAMENTE a deslegitimar al Gobierno.

Que no me esperen. 

Entre la ética y el colapso

Si la izquierda renuncia a la eficacia material y a garantizar los derechos humanos en el territorio, queda reducida a un gesto moral. El análisis de la crisis en Ceuta expone, con claridad que duele, la profunda contradicción en la que habita el actual Gobierno: un discurso progresista impecable en las formas, pero estrangulado por la ineficiencia administrativa, la pleitesía geopolítica y una falta de estrategia alarmante.

No se trata de exigir milagros en la llamada geopolítica de la noche a la mañana. Tampoco de ignorar la complejidad técnica de los flujos migratorios. Pero resulta inaceptable que un gobierno que habla de milagro macroeconómico sea incapaz de desplegar, desde el primer minuto, toda la capacidad logística que a una potencia europea del siglo XXI le es exigible. La ausencia de un mando único desde el primer instante, la falta de campamentos dignos, la improvisación en el triaje sanitario y el abandono de miles de personas a su suerte en el espacio público no son fallos de comunicación: son un fracaso material de la gestión pública. Tratar de ignorarlo es hacerse trampas al solitario.

Para la izquierda, la gestión del territorio y de los servicios públicos es el único termómetro de su compromiso social. Acudir a Marruecos con carantoñas diplomáticas que no merece y concesiones millonarias, mientras la realidad cotidiana en Ceuta desborda la dignidad humana más elemental, no es "realismo político" sino sumisión a un régimen autoritario que utiliza a las personas como moneda de cambio.

Ahora bien, esta crítica rotunda al Gobierno no debe confundirse con la equiparación o la equidistancia. La alternativa parlamentaria del PP y Vox representa la indigencia moral y la muerte de la política de Estado. Frente a las deficiencias del Ejecutivo, el PP de Feijóo habita en la vacuidad estratégica, sumiso a la deriva deshumanizadora de Vox. La retórica de la extrema derecha no busca solucionar la crisis, sino abonar el odio racista y desmantelar el pacto constitucional de derechos mínimos. 

Pero que la oposición sea un vacío de propuestas de solución y un catecismo de la doctrina reaccionaria, o que el escenario internacional esté cada vez más cerca del fascismo no exime al Gobierno de sus deberes materiales. Al contrario: frente a esa confluencia de intereses, la única respuesta legítima es un Estado eficaz, solidario y decidido. La solidaridad no se predica en la rueda de prensa del Consejo de ministros; se demuestra financiando, organizando y protegiendo. Pero ya, que ayer ya es tarde.

HIPOCRESÍA IDEOLÓGICA

¿Qué es un inmigrante? Está claro, alguien que cruza nuestra frontera. ¿Para qué? Hoy solo para invadirnos. Está clarísimo que es así, si se...