En política, pocas cosas resultan tan rentables como disparar estando a cubierto. Emiliano García-Page ha elevado esta práctica a la categoría de una de las Bellas Artes de la política nacional. Su última intervención en el Comité Federal del PSOE, donde ha calificado a Pedro Sánchez como poco menos que un "lastre" electoral, exigiendo elecciones anticipadas o una cuestión de confianza tras los escándalos de corrupción, no es más que el enésimo capítulo de una estrategia largamente ensayada. No puedo evitar sentir cierto pudor ante la impostura de un barón que confunde la "centralidad" con un puro cálculo de supervivencia personal.
La estrategia de Page adolece de una contradicción estructural flagrante. Se presenta ante los medios y los foros de la elite dominante como el último guardián de las esencias de un socialismo "de Estado", cabal y previsible. Sin embargo, su análisis adolece voluntariamente de ceguera en tres aspectos.
En primer lugar, se permite acusar a la dirección federal de meterse en enrocarse alimentada por socios que actúan como "accionistas". Lo que olvida el presidente castellanomanchego es que la alternativa a ese búnker parlamentario no es una arcadia ideal del socialismo, sino, el desmantelamiento de los avances sociales a manos de un bloque de derecha y ultraderecha.
En segundo lugar, calificar al secretario general de tu propio partido como un impedimento mientras sostienes tu mayoría absoluta sobre las siglas de ese mismo partido roza el cinismo de cualquier ética. A Page le encanta rentabilizar el voto del descontento conservador en su territorio, pero se beneficia sistemáticamente de la red de contención que el llamado sanchismo despliega a nivel nacional para las clases trabajadoras.
Y en tercer lugar, para Page, hacer oposición interna no es un ejercicio de lealtad crítica; es una póliza de seguros. Sabe que cuanto más arremeta contra el sanchismo, más oxígeno recibe de las cabeceras mediáticas de la derecha, que lo utilizan como el ariete perfecto para desgastar al bloque progresista.
Analizado desde la izquierda, el problema fundamental de García-Page no es que sea crítico, está claro que la autocrítica es el motor de cualquier formación transformadora. El problema es desde dónde hace esa crítica. Su marco mental no es el de una alternativa más ambiciosa o redistributiva desde la socialdemocracia, sino el de una nostalgia por el bipartidismo de los años noventa., que en este momento de la historia es paralizante
Cuando Page pide elecciones con el argumento de que ve un "laberinto sin salida", lo que realmente está pidiendo es el regreso a una España uniforme que ya no existe. El mapa político actual es mucho más plural, fragmentado e inevitablemente complejo que en que su idea de país se mueve. Negarse a gestionar esa complejidad no es "responsabilidad de Estado", es pereza analítica y cobardía estratégica, porque cuando lo necesitó bien que se acercó a UP. Mientras la militancia y la base social de su partido exigen resistir la ofensiva reaccionaria y profundizar en la agenda social, Page prefiere rasgarse las vestiduras por el purismo de unas siglas que él mismo debilita cada vez que se coloca ante los micrófonos.
García-Page se ha colocado el traje de " Pepito Grillo " del socialismo, pero le queda corto de mangas. Al final de la jornada, la política se mide por los efectos materiales que generas en la vida de la mayoría social. Utilizar los órganos del partido para minar la credibilidad del único parapeto gubernamental que frena el avance de la ultraderecha en España no es de ser un estadista incomprendido; es actuar como el colaboracionista pasivo de tus propios adversarios.
Cada uno es muy libre de opinar si Pedro Sánchez es un "lastre" o un ”flotador”, pero habría que recordarle al barón de Toledo que los barcos no navegan mejor si la tripulación se dedica a abrir vías de agua en la popa mientras el temporal azota en la proa. Estaría mucho mejor que diese menos lecciones de dignidad constitucional en los platós y empujase más el carro de los derechos sociales, que es donde la izquierda se juega de verdad el tipo. Si la alternativa a la izquierda del PSOE en CLM es ilusionante, Page se dará cuenta de quien es el lastre de su partido hoy.