lunes, 3 de agosto de 2026

LO DE CEUTA NO VA A DESAPARECER DEL ESCENARIO POLITICO.


Decepcionante la entrevista a Albares de hace un rato en la 1. Escurrir el bulto no vale, y es inútil engañarse. Empecinarse en la colaboración de Marruecos desde el minuto uno, es manipular, porque el minuto uno, no es en el que llama a su homólogo marroquí, porque hay imágenes de la gendarmería marroquí indicando por donde tenían que transitar los camiones y autobuses cargados de personas para llegar a Ceuta, bastantes minutos antes que el minuto uno de Albares. Demasiadas desigualdades estructurales en este asunto para callárselas, y menos el ministro de Exteriores.

La monarquía marroquí opera como una estructura de poder absoluto y desigual, donde coexiste un régimen autoritario con altos niveles de miseria y desigualdad, lo que convierte a la emigración masiva en una vía de escape frente a la desesperación y la falta de oportunidades de la población. No se puede negar que el uso de la presión migratoria como un instrumento de política exterior y chantaje por parte de Rabat para forzar concesiones diplomáticas y territoriales a su favor. 

El régimen marroquí se mantiene respaldado por el eje geopolítico integrado por Estados Unidos, Israel y ciertas potencias europeas (como Francia). El régimen actúa como un agente clave para sus intereses estratégicos en la región, llegando a vender posturas diplomáticas o históricas, como la causa palestina o la del Sáhara Occidental, a cambio de reconocimiento y apoyo internacional. 

Existe una evidente constatación de que la frontera hispano-marroquí constituye una de las brechas de renta per cápita más pronunciadas del planeta. Esta enorme asimetría socioeconómica es la causa estructural profunda que alimenta la dinámica migratoria, independientemente de los cambios coyunturales de gobierno. Apostar por el rearme, las vallas, las concertinas y las políticas europeas de cimentación de fronteras solo perpetúan la tragedia humanitaria y las muertes en el mar, sin resolver las causas de fondo. 

La complejidad identitaria en Ceuta y Melilla es real y la población local, aun compartiendo vínculos culturales o lingüísticos con el entorno magrebí, prefiere mantenerse en el marco institucional y de derechos actual en lugar de integrarse en el modelo político marroquí. 

Tampoco deberíamos olvidar que la CIA y el MOSSAD están implicados en lo acontecido, y ambos muy interesados en desestabilizar al Gobierno de Espña por no rendirles pleitesía en el genocidio en Gaza. La desunión europea nos hace más débiles. El CNI no ha dado explicaciones de lo que sabía. E.E. U.U. ha dotado de 40 millones a Marruecos y respalda su deseo de adhesión de las ciudades autónomas españolas. 

Me gustaría equivocarme, pero se ven venir las concertinas, elevar la altura del muro fronterizo, los tanques y la represión contra quien intente saltar la frontera, y la cifra de ahogados seguirá elevándose. Desastre humanitario de casi cien muertos. Desastre humanitario junto al Centro Temporal de Inmigrantes en Ceuta con personas con sed y hambre sin poder ser atendidos.

Interesa desinflamar el asunto con diplomacia, pero asumamos que no estamos en condiciones de solucionar el problema. Aunque la derecha va a instrumentalizar jurídicamente este asunto sí o sí. A ver mañana que respuesta da Europa. 

Canapés y cadáveres: hipocresía política y mediática ante una tragedia migratoria

Mientras las autoridades han elevado a 94 la cifra de víctimas mortales tras la crisis migratoria de Ceuta (72 cadáveres en el lado español, entre ellos el de un bebé de apenas unos meses, y 22 localizados por las autoridades marroquíes), este trágico balance parece no importar a la oposición. Feijóo se muestra muy preocupado afirmando que «una frontera no se asegura improvisando boyas». Sin embargo, mientras el Gobierno ha gestionado la crisis de forma seria y diplomática en tiempo récord, la única aportación de Feijóo ha sido criticar las boyas y recurrir a discursos sobre «invasión» u «ocupación», boicoteando al Ejecutivo con el único objetivo (para variar) de arañar unos pocos votos.

Toda esta crisis ha sido organizada a través de las redes sociales mediante un efecto llamada que prometía una «aventura de puertas abiertas» desde el lado marroquí, contando además con el patrocinio de Estados Unidos e Israel, países que han manifestado su enorme satisfacción por lo ocurrido. Por su parte, tanto el Partido Popular como Vox han vendido repetidamente a la nación ante intereses extranjeros; de haber sido por ellos, habrían entregado el país a pedazos.

Llegados a este punto, la falta de ética de determinados sectores políticos y mediáticos ya no asombra a nadie, aunque el nivel de degradación que emana de las esferas de poder en Madrid resulta insostenible. La estampa de Felipe González, el periodista Nacho Abad y el juez Santiago Pedraz brindando en la Embajada marroquí, mientras cientos de migrantes arriesgaban la vida nadando hacia la frontera de Ceuta, retrata a la perfección a una élite gobernante a la que la que lo humano le resulta completamente indiferente.

La hipocresía del periodista Nacho Abad alcanza niveles deplorables. Nos encontramos ante alguien que, en sus emisiones matutinas, adopta un tono de alarma (eso sí, todo impostado), para estigmatizar a quienes cruzan el mar, agitando el pavor social con tal de rascar audiencia y de paso atacar al Gobierno progresista. Pero, sin embargo, al caer la tarde se desprende del personaje patriótico, y viste sus mejores galas para acudir a banquetes de la alta sociedad, para degustar canapés y agasajar a la embajadora marroquí y a su soberano. Cero empatía hacia los que se ahogan; ni un reproche hacia el monarca que orquesta esas salidas de muerte. Solo dos sencillas apreciaciones sobre lo que importa a este activista televisivo: que promover el pánico genera audiencia, pero la servidumbre hacia el régimen alauí también le garantiza estatus social.

En definitiva, lo que menos necesita España es a esos políticos y esos medios, expertos en criticar la instalación de unas boyas, pero  sin hacer la más mínima mención a los casi cien cadáveres hallados hasta el momento. De lo que puedes estar seguro es de que, si las víctimas fuesen españolas, toda su atención estaría puesta en el dolor de las familias y en la esperanza de no encontrar más víctimas. Incluso si ocurriera en un país lejano pero blanco, se sobrecogerían por la magnitud de la tragedia. Sin embargo, al tratarse de personas marroquíes, no importa que estén tan cerca de nosotros, a estas aves carroñeras de canapés manchados de sangre, su pérdida les pasa desapercibida y les genera una total indiferencia.

No tengas la menor duda de que si esta crisis nos hubiese pillado con la derecha en el poder, en estos momentos estaríamos en guerra con Marruecos. 

Giorgia Meloni: extrema derecha sin mascarilla

La invasión más corta de la historia, solo de 24 horas. Puede ser que el PP concluya que tres autobuses de turistas llegan de golpe a un bar de carretera, si los camareros no pueden atenderte, el bar ha sido invadido. Menuda invasión de pacotilla. Y luego es curioso que el Supremo no supiera que España tiene costa siendo  mentes privilegiadas a las que no se les debe criticar. Pero dejemos lo interno.

Vimos a España apoyando a Italia en la cris de Lampedusa; a Finlandia en sus problemas con la frontera rusa; a Dinamarca cuando Trump decidió quedarse Groenlandia. Ya se han olvidado, de que sus fronteras eran nuestras fronteras, y que Ceuta también es su frontera. No es desmemoria, es ideología. Porque si algo ha demostrado la reciente situación de Ceuta es la agresiva ofensiva de los gobiernos de derecha y extrema derecha europeos contra España. Pero sobre todo nos muestra el nivel de cinismo, fragilidad e hipocresía con el que gobierna Giorgia Meloni, impulsora de este ataque a nuestro país, ese espejo ultraderechista en el que la derecha española se mira. La primera ministra italiana ha hecho de la xenofobia su principal seña de identidad, pero bastan un par de datos objetivos y una mirada rápida a su política interna para que su fachada de "mano dura" se desmorone por completo. 

Mientras el sistema ultra europeo se abalanza contra la regularización del Gobierno español buscando vender el fantasma del "efecto llamada", la realidad de los datos de Frontex destruyen esa narrativa de la extrema derecha. En el balance de repatriaciones y llegadas marítimas, España ha mostrado una gestión infinitamente más contundente. Que en tan solo veinticuatro horas hayan vuelto a su país más personas que el Gobierno de Meloni ha devuelto en cuatro años, no es un simple dato contable, sino la prueba irrefutable de que el "modelo Meloni" es solo ruido, propaganda y absoluta incapacidad operativa. 

La mayor muestra de la doble moral de Meloni se encuentra en sus propias leyes. La misma líder que pontifica contra la inmigración en las cumbres europeas es la que silencia ante su electorado la concesión masiva de visados de trabajo: cerca de un millón de permisos aprobados por su coalición y ahí están los datos (450.000 para 2023-2025 y otros 500.000 para 2026-2028). ¿Por qué lo hace? A ver si nos enteramos: porque la agricultura, la industria y la construcción italianas colapsarían sin esa mano de obra. Igual que lo harían las españolas.

Meloni ataca la dignidad de los migrantes con la boca pequeña para alimentar el odio de su masa votante, mientras con la mano derecha firma la entrada de cientos de miles de indocumentados regularizados para complacer al empresariado. Su política no es soberanista ni patriótica; es oportunista y cruel. 

Alimentando el extremismo siempre habrá alguien dispuesto a ser aún más radical. Pero parece que Meloni está empezando a probar su propia medicina. El crecimiento fulgurante del partido Futuro Nazionale, más ultra aún que ella, muestra a una Meloni acorralada y aterrorizada. Su furia contra las políticas de regularización en el exterior no es más que una maniobra a la desesperada para disimular su perfil moderado antes de que la ola ultra que ella misma alimentó termine por engullirla. Es lo mismo que PP hace asumiendo el discurso de Vox.

La derecha europea, respaldada por la pasividad de Ursula von der Leyen y el oportunismo del PP europeo, ante su compleja frontera sur, evidencia una alarmante falta de sentido de Estado. Mientras España lidia con la delicada y difícil relación con Marruecos para defender la integridad territorial en Ceuta y Melilla sin caer en provocaciones ni en destructivas guerras políticas, Meloni ha decidido encender la mecha de la histeria colectiva europea. 

Meloni ha quedado al descubierto: una dirigente débil que necesita incendiar Europa con retórica antiinmigración para tapar que en su propio país repatría poco, regulariza por millones a escondidas y tiembla ante un partido encabezado por un general populista que amenaza con quitarle el puesto. 

La "dama de hierro" de Roma es solo un tigre de papel. Pregunta ¿por qué Meloni no critica a Marruecos por ser una dictadura, por enviar a sus ciudadanos a Europa, y que sus ciudadanos huyen a Europa por las condiciones de vida y la falta de libertades en que se encuentran? Por lo de siempre, dinero e ideología.

LO SIENTO PERO LO PIENSO

Las declaraciones de Felipe VI expresando su "preocupación e indignación" ante la crisis migratoria y la tragedia en Ceuta y Melilla vuelven a poner de manifiesto la distancia entre la institución monárquica y los problemas reales de la sociedad. Para empezar se olvida que la jefatura del Estado también es Estado, y que si tanto le indigna podría haber ido a dar la cara, en lugar de seguir en Mallorca de vacaciones pagadas.

Sufre de tolerancia y silencio selectivos, porque llama la atención cómo la Jefatura del Estado elige minuciosamente cuándo alzar la voz. Se pronunció con contundencia en momentos políticos clave como el conflicto catalán, pero mantiene un silencio absoluto ante crisis judiciales internas, tensiones internacionales de calado o graves vulneraciones de derechos humanos a nivel global.

Sufre de paradoja de las relaciones diplomáticas, porque resulta contradictorio indignarse por los acontecimientos en la frontera mientras mantiene estrechas y fraternales relaciones dinásticas con el régimen marroquí. No exige responsabilidades ni un cambio real de actitud a los actores geopolíticos directamente implicados en las crisis fronterizas ni en el descontrol de las mafias.

Sus declaraciones son vacías,  sin representatividad. Exigir medidas y transmitir "apoyo y cariño" desde un cargo hereditario al que nadie ha votado resulta puro maquillaje retórico. Un monarca que percibe un sueldo millonario financiado por la ciudadanía no tiene la legitimidad democrática para dar lecciones morales ni dictar la agenda a las instituciones públicas.

Y si eso es poco, tiene una falta de firmeza ante el legado familiar que parece olvidar. Las apelaciones a la ética y la seguridad quedan en papel mojado mientras no exista una condena tajante sobre las irregularidades fiscales de la Casa Real y la fortuna acumulada en el extranjero por su padre, cuya restitución íntegra sigue siendo una asignatura pendiente.

Expresar "indignación" a posteriori ante tragedias humanas sin cuestionar las alianzas de poder que las provocan, ni asumir los límites de un cargo no electo, convierte las palabras de la Corona en una fachada vacía que solo busca justificar la vigencia de una institución anacrónica. 

Embrollar a las puertas del Estrecho

Somos como somos. Nunca un español ha precisado grandes excusas para encender la indignación nacional. Pero debemos reconocer que cuando el asunto roza el mapa de la patria, la pirotecnia que montamos adquiere matices de ser algo  sublime. Causa estupor contemplar cómo distinguidos patriotas de casino y redes sociales solicitan a grito pelado que Italia o la Europa entera nos expulsen de mala manera del espacio Schengen. Viendo esto, tengo la tentación pedagógica de recordarles a estos grandes personajes, que la diplomacia internacional no funciona como el reglamento de su club de petanca o de golf, y que ningún Estado posee la facultad de expulsar a otro de manera unilateral de un tratado soberano por mucho que se desgañite pidiéndolo.  Explicar estas minucias jurídicas a quien prefiere embestir al bulto es una labor tan ingrata, como tratar de convencer a un melón de que es una sandía. A veces creo más fácil hacerlo a esos frutos de las cucurbitáceas que a algunas personas.

De pronto, la pacífica Ceuta se ha visto desbordada por una marea humana de decenas de miles de almas. De inmediato se nos dijo, que era la consecuencia lógica e ineludible de las regularizaciones de papeles aprobadas por el Gobierno en Madrid. Está claro que esa era la explicación más sencilla, una sencillez tan confortable como falsa. Los ciudadanos amnésicos de profesión olvidan que en 2021 ya vivimos un episodio idéntico, con la misma angustia, sin que entonces existiera ningún proceso de regularización a la vista. Tampoco parecen molestarles los números de Frontex, esos contables de fronteras: entre 2021 y 2026, la vía de entrada irregular hacia la opulenta Europa la ha encabezado con holgura Italia con casi medio millón de llegadas, seguida de los Balcánes y de Grecia, dejando a España en un discreto cuarto lugar con algo más de doscientas treinta mil. Resulta por tanto estrambótico escuchar a Meloni acusarnos de haber abierto las murallas del continente cuando su propia frontera parece un colador.

La explicación de lo sucedido está en los despachos donde se tramitan permisos de trabajo, sino en el tablero de la geopolítica. Hemos podido ver como periodistas enviados al terreno pudieron comprobar cómo los propios agentes de la policía marroquí indicaban alegremente con la mano la ruta hacia la valla fronteriza, animando a la parroquia a dar el salto. Marruecos, siempre ha tenido más maña por viejo en estas lides que por diablo, y una vez más ha vuelto a recurrir al chantaje y al uso desalmado de sus jóvenes como moneda de cambio. Algunos atisbamos en este zafarrancho la larga mano de intereses trasatlánticos u judíos,  ansiosos de ajustar cuentas por los recientes posicionamientos de España ante los desmanes en Gaza o las fricciones con Irán. Tampoco falta quien apunta, con no poca finura histórica, al espejo de Gibraltar: viendo Rabat que Madrid desmanteló la verja del Peñón, parece haber concluido que la verja ceutí debía correr la misma suerte.

Mientras las fuerzas de seguridad y el propio Ejército se multiplicaban en el terreno priorizando el auxilio humanitario, y la Iglesia local abría de par en par sus casas de acogida frente al dolor de las pérdidas humanas en el mar, la comedia política patria no ha desaprovechado la función. Asistimos a la denominada securitización, una refinada técnica consistente en convertir un drama social o humanitario en una amenaza bélica existencial. Hablar de «invasión» u «ocupación» no es un error de lenguaje; es la treta de una derecha tradicional obsesionada por no perder su clientela frente a los exabruptos de la extrema derecha, eligiendo la trinchera militar a la gestión diplomática. Y enfrente, un Gobierno que, tras su elegante fachada progresista, ha terminado aplicando el pragmatismo frío de las devoluciones de contención, demostrando que cuando la geopolítica aprieta, los derechos humanos suelen quedarse al aire libre. 

Al final, disipada la polvareda y devuelta la mayoría de los migrantes al otro lado, queda el regusto amargo de siempre. Nos consolamos pensando que el país resiste, pero nos acecha la sospecha de que, si España acaba marchándose a la porra, no será por los desdichados que saltan una valla buscando un plato de sopa, sino por la pertinaz manía de los dirigentes de la derecha en convertir cada tragedia en un campo de batalla.

La actuación del Gobierno puede valorarse como un ejercicio de «pragmatismo de Estado» enfocado a contener el desgaste político y mantener las fronteras comunitarias. Si bien evita la retórica belicista e incendiaria del PP o Vox, al final, termina aplicando medidas punitivas de contención y devoluciones, subordinando el paradigma de los derechos humanos y la justicia global a la contención policial y los compromisos geoestratégicos con Rabat. Aunque, desde luego, la invasión ha durado menos de los siete días que tardó Aznar en recuperar la isla de Perejil (cuatro militares de excursión) para lo que solicitó la ayuda de la Séptima Flota de EE. UU. 

En este juego en el tablero de la geopolítica, quienes más han perdido no han sisdo los gobiernos ni los ceutís, son los 67 fallecidos intentando llegar a Ceuta.  Los nadies.

El servilismo de la derecha europea ante el capital americano se ve en Ceuta.


Hay una coherencia descarnada en la forma en que la derecha y la extrema derecha continental ven el mundo. Mientras en los parlamentos agitan banderas, gritan sobre la «pérdida de soberanía» y denuncian «invasiones» en las fronteras, en los despachos venden el patrimonio público, la política exterior y la dignidad de todos nosotros al mejor postor. La secuencia de hechos que conecta los alambres de espino de Ceuta, la ocupación del Sáhara Occidental, las intrigas de la FIFA en Zúrich y los fondos de inversión neoyorquinos no son coincidencias desafortunadas sino el retrato robot del modelo de gobierno que la derecha europea tiene reservado para el siglo XXI.

Cuando la monarquía alauita abre los grifos del control migratorio en la frontera de Ceuta para presionar a España y a la Unión Europea, el espectáculo de la derecha española es tan previsible como sonrojante. El Partido Popular y Vox se apresuran a desplegar su habitual retórica de «estado de sitio», exigiendo la militarización del perímetro y acusando al Ejecutivo de debilidad diplomática.

Sin embargo, en su ceguera partidista, la derecha patriótica omite un «pequeño detalle» geopolítico que es crucial para entender lo que acontece: Marruecos no chantajea a Europa desde la nada, sino que lo hace amparado por el eje estratégico diseñado en Washington por la administración de Donald Trump a través de los Acuerdos de Abraham. Fue la firma del multimillonario neoyorquino la que regaló a Rabat el reconocimiento de su ocupación ilegal sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones con Israel.

Lejos de denunciar la maniobra del imperialismo estadounidense que ha desestabilizado el Mediterráneo occidental, la derecha española venera al líder del cabello zanahoria. Vox calla ante su referente norteamericano mientras exige puño de hierro contra los migrantes traumatizados que flotan en el espigón de Tarajal; el PP reclama mano dura en el sur mientras suspira por volver a alinearse sin matices con los dictados de Washington. Esto solo tiene un nombre “diplomacia del cinismo” consistente en usar a los desheredados de la tierra como combustible electoral mientras se rinde pleitesía a los arquitectos de esta estrategia. 

Si cruzamos el Mediterráneo o subimos al norte de Europa, el panorama no mejora. La extrema derecha europea ha convertido la desesperación humana en su principal activo político, pero su receta de gobierno se resume, en una palabra: subcontrata. Así, la presidenta italiana, aclamada como el gran faro del postfascismo europeo, ha demostrado que su «mano dura» no es más que una factura pagada a regímenes autoritarios. Su aclamado Piano Mattei no busca el desarrollo del Sur Global, sino financiar a las tiranías del Norte de África para que ejerzan de policías de fronteras fuera del alcance de las cámaras europeas. Meloni no combate la arbitrariedad de Rabat, muy al contrario, compra sus servicios.

Y si lo de Meloni es grave, desde Alemania, la ultraderecha de Weidel utiliza los incidentes en Ceuta, no para mostrar solidaridad con la integridad territorial de un socio europeo, sino como pretexto para pedir la voladura del espacio Schengen. Está claro que su objetivo no es mejorar la cooperación y el apoyo entre los miembros de la Unión Europea, sino convertir a Europa en un territorio de fortalezas militarizadas que compitan entre sí por ver quién expulsa antes a los desesperados.

Lo que ni Meloni, ni AfD, ni la extrema derecha española explican a sus votantes es que la militarización y la violación sistemática de los derechos humanos en las fronteras son la consecuencia directa de una geopolítica neoliberal que devasta países, impone dictaduras amables y liquida el derecho internacional.

Pero para comprender mejor la escala de esta estafa ideológica, basta mirar hacia la gestión del ocio y el deporte de masas. Mientras en Rabat la monarquía alauita proyecta estadios faraónicos para disputarle la final del Mundial 2030 a España y tapar las denuncias de represión en el Sáhara y contra su propia población, he visto que la prensa lo llama “sportswashing en estado puro”, Infantino ha lanzado el golpe definitivo a la gobernanza del deporte desde la cúpula de la FIFA. La creación de la filial comercial FIFA Forward Enterprise (FFE) , valorada en 20.000 millones de dólares para vender el torneo más popular del planeta a fondos de capital privado impulsados por el entorno de Joshua y Jared Kushner (el yerno de Trump), representa la quintaesencia de este modelo. 

Es el capitalismo de amiguetes elevado a escala planetaria: primero se mercadea con el sufrimiento en las fronteras de Ceuta; segundo, se pisotea la autodeterminación del pueblo saharaui por interés geopolítico; tercero, se entrega la gestión de la pasión colectiva de miles de millones de personas a la oligarquía financiera de la extrema derecha estadounidense. Incluso la UEFA y varios organismos europeos han calificado este intento de privatización como una línea roja insostenible, denunciando que «el fútbol no pertenece a la FIFA para ser vendido». Pero la derecha política europea guarda un silencio atronador y vomitivo ante la voracidad de los Kushner y J.P. Morgan. 

Por si aún no te has dado cuenta, la derecha y la ultraderecha europea no defienden a los ciudadanos; defienden los beneficios de los fondos de inversión que financian sus campañas y sostienen sus relatos de odio. Su «patriotismo» es un decorado de cartón piedra que se desmorona en cuanto el gran capital financiero exige un nuevo mercado que devorar.

No quisiera quedarme solo en el análisis de situación. Frente a este tríptico de militarización en las vallas, servilismo en la diplomacia y privatización en el ocio, la alternativa desde la izquierda debe ser tajante: la defensa de los derechos humanos frente a la lógica del alambre de espino, el rechazo absoluto a la diplomacia de transacciones económicas de los imperios y la recuperación de los bienes comunes culturales frente a la rapiña del capitalismo financiero trasatlántico. 

La patria no puede ser un activo en venta en Wall Street ni una valla ensangrentada en Ceuta. La patria son las personas, sus derechos y su dignidad. 

RECUERDA PARA QUE NO TE PASE ESO DE QUE «CUANDO EL SABIO SEÑALA LA LUNA, EL NECIO MIRA EL DEDO»


El modelo fronterizo de la Unión Europea se ha basado en delegar la custodia de sus límites territoriales en terceros países, y esa estrategia convierte el control migratorio en una moneda de cambio de los diplomáticos. Marruecos utiliza la «llave del grifo migratorio» como una herramienta de presión política y de negociación para obtener concesiones financieras, reconocimiento diplomático o contrapartidas geopolíticas de la UE. Cuando la contención se relaja en el lado marroquí, se evidencia la fragilidad de un modelo que subordina los derechos humanos al interés en seguridad. 

Tanto el Partido Popular como Vox están instrumentalizando de forma inmediata la emergencia humanitaria que hoy está sucediendo en Ceuta, para promover marcos punitivos y alarmistas que van desde la exigencia de devoluciones en caliente(prohibidas por el T Supremo) hasta el despliegue del Ejército o el cierre de la frontera. Es la retórica de siempre de criminalizar la migración, tensionar la convivencia social e invisibilizar que las soluciones a largo plazo requieren solidaridad interterritorial, regularización e inversión en acogida.

La respuesta en Ceuta no pasa por reforzar la militarización de la frontera ni por ceder al chantaje diplomático de Rabat, sino que exige una revisión radical del Pacto Europeo de Migración y Asilo, la creación de rutas seguras, la solidaridad vinculante entre comunidades autónomas para el reparto de menores y el compromiso con políticas reales de desarrollo equitativo con los países del Sur Global.

LO DE CEUTA NO VA A DESAPARECER DEL ESCENARIO POLITICO.

Decepcionante la entrevista a Albares de hace un rato en la 1. Escurrir el bulto no vale, y es inútil engañarse. Empecinarse en la colaborac...