Al igual que las mentiras, en política, la hipérbole y el catastrofismo suelen tener las patas muy cortas, pero cuando choca de frente contra el muro de la realidad jurídica internacional, su desmoronamiento es absoluto. Durante meses, la derecha española, capitaneada por el PP, construyó un relato apocalíptico en torno a la Ley de Amnistía. Se nos repitió sin descanso que España se encaminaba hacia una dictadura autocrática, que se quebraba de forma irreversible el Estado de derecho y que las instituciones europeas intervendrían de urgencia para salvarnos de nosotros mismos.
Ayer el contundente pronunciamiento del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), ha hecho que ese artificioso andamiaje de desinformación, ruido y crispación se haya venido abajo de forma definitiva. Ante este escenario, no basta con el silencio táctico y el perfil bajo al que ahora recurre la calle Génova. El PP debe pedir disculpas públicas a la ciudadanía española por haber tensionado la convivencia democrática basándose en una gran falsedad política.
La estrategia de la oposición no se limitó al legítimo y necesario debate parlamentario. El PP optó por una estrategia de polarización extrema destinada a desgastar al Gobierno a cualquier precio, utilizando dos vías sumamente irresponsables. La primera ha sido la instrumentalización de la calle convocando movilizaciones masivas donde, bajo el amparo de la dirección de los populares, se normalizaron proclamas profundamente antidemocráticas. Además, se tildó de "ilegítimo" e "inconstitucional" a un Gobierno salido de la mayoría parlamentaria de las urnas. Y la segunda es la exportación del fango a Bruselas, en un ejercicio de temeridad internacional, porque hemos asistido a cómo los representantes del PP han maniobrado activamente en las instituciones comunitarias para dañar la imagen exterior de España, mendigando un castigo o una reprimenda europea que nunca ha llegado porque carecía de fundamento real.
La resolución del TJUE no solo desactiva las alarmas que el PP encendió de forma ficticia en Europa, sino que ratifica un principio elemental: la amnistía es una herramienta de resolución de conflictos perfectamente homologable en los marcos democráticos constitucionales occidentales. La justicia europea ha dejado claro que la norma española respeta escrupulosamente los estándares de la Unión, la separación de poderes y los principios de seguridad jurídica. De este modo, la hipótesis del "golpe de Estado institucional" queda desmontada por la máxima autoridad judicial comunitaria (que forma parte de la estructura de nuestro Estado de derecho, evidenciando que todo fue una gigantesca operación de agitación partidista.
En cualquier democracia europea que se considere madura, la asunción de responsabilidades es indispensable cuando se cruzan líneas rojas. Los líderes del PP deben disculparse ante los españoles por tres motivos fundamentales: Por fracturar conscientemente la convivencia al haber sembrado el miedo a una supuesta ruptura nacional basándose en premisas falsas, lo que ha dejado cicatrices innecesarias en el tejido social; Por minar la confianza en las instituciones del Estado al haber deslegitimado diariamente al Poder Legislativo, al Tribunal Constitucional y a los órganos del Estado, con lo que se han debilitado de forma alarmante los cimientos del sistema democrático; Por su profunda deslealtad al país, al dar prioridad al rédito electoral inmediato por encima del prestigio internacional de España, con lo que el PP ha demostrado una absoluta carencia de sentido de Estado.
Por mucho que hayan intentado convencernos de que era así, la amnistía nunca buscó destruir la democracia, sino coser, a través de los canales políticos del perdón y la negociación, el grave conflicto territorial heredado de la crisis de 2017. Ahora que la justicia europea ha hablado, es el momento de que el PP abandone la trinchera del ruido, asuma su error de cálculo y pida perdón por haber sometido a la sociedad española a una intolerable campaña de crispación injustificada. Aunque viendo lo que entienden el concepto de “partido de Estado” estoy seguro que no lo harán.