miércoles, 13 de mayo de 2026

OPINAR SIN INFORMARSE A FONDO

Hay un fenómeno muy visible y bastante preocupante porque afecta directamente a la calidad democrática. Es como la expansión de las redes sociales ha reducido enormemente los costes de opinar, y eso es positivo, pero también ha debilitado la necesidad de informarse con rigor antes de hacerlo.

Hoy mucha gente construye sus opiniones a partir de titulares, memes, vídeos cortos o mensajes virales que apelan más a las emociones que al análisis. Esto encaja bien con la lógica de priorizar el contenido que genera reacción inmediata (indignación, miedo, euforia) frente al que exige reflexión. 

El problema no es solo la desinformación en sí, sino que se normaliza opinar con seguridad sobre cuestiones complejas sin haber contrastado fuentes ni entendido el contexto. Esto no es únicamente responsabilidad individual. Y el resultado es una esfera pública más fragmentada, donde el debate se degrada y las decisiones colectivas se apoyan en percepciones distorsionadas. El derecho a opinar no puede convertirse en una coartada para vaciar de contenido el debate democrático.

Un ejemplo claro sería cuando se difunden bulos sobre políticas públicas (como ayudas sociales o migración) que generan indignación inmediata, pero que al verificarse resultan ser falsos o manipulados. Aun así, el impacto emocional ya ha condicionado la opinión de miles de personas. No se trata de “la gente no sabe”, sino de reforzar la educación crítica y mediática, de defender medios públicos y periodismo de calidad, de exigir transparencia a las plataformas digitales, y de  fomentar una cultura política donde informarse sea parte del compromiso ciudadano.

Sin una ciudadanía informada, la democracia se vuelve mucho más manipulable. 

Hellín: de riñones, distancias y entelequias administrativas

“Hace ya más de un año que las Cortes de Castilla-La Mancha decidieron, con la alegría de un consenso, que Hellín debía tener su unidad de hemodiálisis. Para la administración, el tiempo es una magnitud; pero para un paciente, un año son 150 viajes obligados por carreteras”

A uno, que ya tiene una edad en el cuerpo, le ha dado por investigar el asunto de la diálisis en la Gerencia de Atención Integrada de Hellín. Tras indagar en los mentideros locales, he logrado contactar con un miembro de la asociación ADERHE (Asociación de Enfermos Renales de la Comarca Campos de Hellín y Sierras del Segura y Alcaraz). El buen hombre, que prefiere mantenerse en ese anonimato tan propio de quien teme que su franqueza le acarree más males que sus dolencias, me confiesa que se sienten ignorados. Me habla a título personal, claro está, como si la enfermedad fuera un asunto privado y no un problema colectivo.

Digo yo que la salud pública no debería medirse con un cuentakilómetros, sino con los derechos de los ciudadanos en la mano. Sin embargo, en la comarca de Hellín han decidido que la geografía sea el destino. Mientras las instituciones en Toledo aprueban mociones por unanimidad, con ese entusiasmo parlamentario que tan bien queda en las actas, la realidad en el hospital sigue empantanada en informes de idoneidad.

Hace ya más de un año que las Cortes de Castilla-La Mancha decidieron, con la alegría de un consenso, que Hellín debía tener su unidad de hemodiálisis. Para la administración, el tiempo es una magnitud; pero para un paciente, un año son 150 viajes obligados por carreteras que parecen diseñadas por alguien con mucha afición a las curvas de montaña. El objetivo: llegar a Albacete o, si no a Murcia. Si se compara esto con Ciudad Real, que tiene tres unidades, la gente se enfada, porque piensan que alguien ha decidido abonarlos a la escasez.

Luego, parece una broma que el 21 de enero de 2026 se vuelva a confirmar por unanimidad en la Diputación Provincial la creación de este centro de diálisis para los vecinos de la región, pero luego tampoco ese acuerdo se haya transformado en resultados. También los pacientes renales de la región representados por ALCER y ADERHE tuvieron una reunión el 27 de enero en Albacete con delegados provinciales.

El consejero de Sanidad acudió a Hellín unos días más tarde, el 2 de febrero, pero en lugar de quedar con la asociación, hizo una declaración en televisión Hellín, en la que alega que la no apertura se debe a la “seguridad clínica” y a la ausencia de especialistas y a la vez sostiene que no hay evidencia científica para abrir unidades con menos de 50 o 60 pacientes. Mientras para otra especialidad, Urología, sí se piensa en que los pacientes no tengan que desplazarse para recibir tratamiento, demostrando que el bienestar del paciente no tiene por qué ser estadísticamente relevante.

Desde el Servicio de Nefrología de Albacete se defiende el trabajo realizado, negando cualquier discriminación y achacando las carencias a la falta crónica de profesionales en el sector. Es comprensible la indignación de los sanitarios que asumen sobrecargas de trabajo, pero su “mano tendida” no alivia el cansancio crónico del paciente que llega a su consulta tras dos horas de viaje.

La cuestión no es solo de inversión o de obra, puesto que el propio consejero reconoce que eso no sería problema, sino de prioridades asistenciales. Si el Hospital de Hellín tiene capacidad técnica y humana, como defienden algunos sectores políticos, y existe un mandato parlamentario claro, la demora deja de ser un trámite administrativo para convertirse en una falta de equidad sanitaria.

La salud de los ciudadanos de Hellín y de las Sierras de Segura y Alcaraz no puede ser moneda de cambio en un debate de cifras y ratios de eficiencia. Cuando los pacientes recurren al Defensor del Pueblo o a la Alta Inspección Sanitaria del Estado, es porque el sistema regional les ha fallado en su promesa de proximidad.

El “calvario caro y doloroso” de pacientes que recorren 150 kilómetros tres veces por semana para una diálisis

Equidad no es dar a todos lo mismo, sino dar a cada uno lo que necesita. Y Hellín necesita, por dignidad y por supervivencia, que la hemodiálisis deje de ser una promesa en un diario oficial y se convierta en una realidad en su hospital. No se trata de colores políticos; se trata de vidas humanas que no pueden seguir esperando. Voluntad política y seguridad técnica no pueden jugar al escondite, y el sentido común debería imponerse a la burocracia.

La solvencia política de Feijóo

La solvencia política de Feijóo es, como mínimo, discutible. Muestra una falta de coherencia ética que atraviesa toda su trayectoria. 

Hoy sorprende con la exigencia de dimisión del ministro del Interior de inmediato, apenas ocurrida la muerte de dos guardias civiles en una operación contra el narcotráfico.  Sin ninguna información aun de lo ocurrido.

Es su forma de hacer política, basada en la explotación inmediata del dolor con fines partidistas es vomitiva.

Es una reacción oportunista que resulta especialmente problemática viniendo de quien arrastra antecedentes que debilitan su autoridad moral en esta materia. Su pasado en Galicia, marcado por episodios que lo vincularon indirectamente con entornos del narcotráfico, sigue siendo un elemento relevante para evaluar la credibilidad de sus posicionamientos actuales.

El problema no es únicamente Feijóo, sino un estilo de oposición que prioriza el desgaste del adversario incluso en contextos trágicos. 

Igual no se da cuenta de que esta lógica suya degrada el debate público, vacía de contenido la responsabilidad política y erosiona la confianza en las instituciones.

Solo hace oposición cuando se calla.

Ayuso exploradora


Fue a triunfar y el viaje se convirtió en un fracaso político. ¿Por qué ? fácil. 

Primero por su ignorancia en cuestiones básicas, lo que la ha convertido en una apestada en México, hasta para la derecha mexicana. Ni los partidos más reaccionarios de aquel país han querido salir con ella en las fotos, porque ninguno es defensor de Hernán Cortés. 

Nadie le aplaude por llamar “malinches” a las mujeres mexicanas.

La Malinche real, no la que se ha inventado su amigo Nacho, fue una indígena que le regalaron como esclava sexual a Hernán Cortés, con quien tuvo un hijo y era la interprete del conquistador para el que hizo de traductora, y la consideran los mexicanos una traidora. Pero Malinche traicionó a su pueblo para sobrevivir. 

Pero IDA ha actuado igual al viajar a México para traicionar la historia, y para hacer campaña. La diferencia de Malinche con la de las cervecitas es, que Malinche no tenía elección, o traición o muerte, mientras que la madrileña lo ha hecho sola y exclusivamente para provocar. 

De vuelta para Chamberí abochornada, aunque ahora contará que ha regresado al atico para salvar a España del hantavirus.

SANTIAGO TRES EN UNO. LA PRIORIDAD NACIONAL LO ARREGLA TODO

 Oír a la derecha tratando de convertir un problema de salud pública internacional en parte de su discurso contra el gobierno legítimo de este país, solo se lo puede tomar uno con la mayor de las ironías, si no quiere vomitar cada vez que abren la boca los portavoces y demás hierbas de sus partidos. Ahí va mi ironía.

En el Reino de la Bandera Siempre Ondeante, los valientes caballeros de Vox patrullaban las calles con su capa verde fosforito, atentos a cualquier amenaza contra el pueblo. Nada escapaba a su mirada.

Una mañana, llegó la noticia: un gran crucero navegaba con un misterioso mal traído por un ratón rabilargo. “¡Ajá!”, exclamaron los caballeros al unísono. “Esto solo puede ser obra del malvado Sánchez, Señor del Falcon Volador y Protector de los Secretos Inconfesables”.

Convocaron a la prensa y relataron con gran seriedad y ayudándose de mapas dibujados con rotulador, que el malvado Sánchez había surcado los cielos en su Falcon presidencial hasta la lejana Patagonia. Allí, tras una épica persecución, capturó a un ratón sospechoso de estar enfermo, y lo convenció de que para curarse la única solución era subir a un crucero y estornudar estratégicamente.

“Todo para que no se hable de su terrible y misteriosa corrupción”, susurraban los caballeros, mientras asentían con gravedad.

Pero la cosa no acababa ahí. El malvado Sánchez, siempre un paso por delante, habría comprado al capitán del barco con un saco de monedas invisibles, obligándolo a desviar la ruta hacia Cabo Verde, donde cuenta la leyenda, que los hospitales eran tan escasos como la coherencia. Finalmente, el barco, en su confusión, terminó rumbo a Tenerife, porque la bruja Mónica García, aliada de Sánchez con un conjuro había poseído al GPS del barco.

“¡Tranquilos!”, dijo Santiago y cierra España (que pa eso es mía) a lomos de su corcel proclamó: “Nosotros tenemos la solución definitiva, infalible e incuestionable”.

El pueblo contuvo la respiración.

“¡Propondremos hundir el barco y acabar con el problema de raíz!”. 

Alguien pregunto: ¿Pero entonces trataremos a todos los pasajeros igual? 

Y Santiago respondió. “De eso nada, nosotros siempre aplicaremos la “prioridad nacional” , primero ahogaremos a los españoles., luego a los extranjeros ricos, y por último a los negros y demás razas de mal vivir." 

Y todos los presentes aplaudieron a su líder con entusiasmo, por haber cerrado España, como su propio nombre indica.

Y colorín colorado, problema solucionado.

Enfermos renales de Hellín: un calvario sobre ruedas


“Se trata de garantizar, porque es justo, que el hecho de residir en una comarca rural y dispersa no se convierta en una condena añadida ni en una desventaja insuperable para acceder a un tratamiento que, sencillamente, permite seguir respirando”

— El “calvario caro y doloroso” de pacientes que recorren 150 kilómetros tres veces por semana para una diálisis

Hay ocasiones en las que la vida, en un alarde de falta de imaginación decide plagiarse. Uno cree haber zanjado un asunto, haber puesto el sello de 'resuelto', y el destino persistente nos devuelve el problema corregido y aumentado.

Todo comenzó, con un familiar madrileño al que la salud, caprichosa y poco sutil, le obsequió primero con una tumoración y, acto seguido, con una enfermedad rara que le han obligado a requerir de hemodiálisis. El conflicto que me planteó entonces consistía en la imposibilidad de disfrutar de unas vacaciones tras dos años de hospitales, porque necesitaba localizar un hospital donde conectarse la máquina. Se buscó, se halló y dimos el asunto por liquidado.

Pero hace escasas fechas, y tras una entrevista que me realizaron en este mismo diario con motivo de la aparición de un libro, se puso en contacto conmigo, a través de esos canales modernos que llamamos redes sociales, un ciudadano de la comarca de Hellín. Un hombre amable en su mensaje, que me transmitió su gratitud por mis intervenciones en Radio Hellín sobre asuntos de salud, y que tras confesar que había adquirido y leído mi libro, a su “me ha gustado el libro”, le añadió un reproche: echaba de menos que no hubiese dedicado un capítulo a los pacientes que, en el medio rural, se ven obligados a viajar para realizarse hemodiálisis, haciendo referencia especial a la situación de los que residen en su área sanitaria. Ante esa omisión real, le di la razón tras disculparme, prometerle interesarme por el tema y redactar un artículo de opinión. Y a esa tarea voy.

La realidad que me he encontrado resulta grave y a alguno le parecerá que hiela la sangre: los pacientes del área sanitaria de Hellín se ven obligados a un peregrinaje forzoso hasta Albacete tres veces por semana, para recibir el tratamiento imprescindible para mantenerse en este mundo. Esa comarca, al igual que otras zonas con orografía pintoresca, pero incomoda por su geografía compleja. Es un territorio de baja densidad demográfica y una dispersión de la población que parece diseñada para poner a prueba la paciencia, con unas comunicaciones que invitan más al misticismo que al desplazamiento ágil. En las sierras del Segura y Alcaraz, esta peculiaridad se traduce en trayectos que consumen casi dos horas para la ida y dos para el regreso. El cómputo final es una cifra que marea a cualquiera: los más sufridos ciudadanos acumulan la friolera de 800 kilómetros semanales para acceder a una asistencia médica que les es, literalmente, vital. Bien podríamos calificar su vida cómo una hazaña de heroísmo cotidiano.

Son héroes involuntarios que, francamente, deberían sacarnos los colores a todos sus conciudadanos hace ya tiempo

Para no pecar de entrometido, algo que no deseo, he buscado datos que arrojen algo de luz sobre esta situación. Los resultados, siempre sujetos a que alguien disponga de otros y decida enmendarme la plana, indican que son aproximadamente treinta y cinco los ciudadanos del área de Hellín que se ven obligados a este trasiego incesante hacia la capital provincial. Es curioso comprobar, que la provincia de Albacete cuenta con un único centro de diálisis para atender a esa población dispersa. Este ascetismo sanitario contrasta con lo que ocurre en otras provincias de la región, como Ciudad Real o Toledo, donde, sin entrar en los motivo, han tenido a bien distribuir estas instalaciones en diversas localizaciones. Uno no puede evitar preguntarse qué pecado habrán cometido los riñones de los ciudadanos rurales albaceteños para merecer tal centralismo, mientras sus convecinos disfrutan de una geografía de tratamiento más cercana de sus casas.

Hurgando en la hemeroteca, para comprobar si uno llega tarde a un incendio ya sofocado, descubro que la cuestión no ha pasado desapercibida para la prensa nacional. Me consta un reportaje con un título tan gráfico como desalentador: 'El calvario de la diálisis en la España rural', publicado por el diario El Mundo en el año 2023 y, para mayor abundamiento de su veracidad, recibió el premio de la Sociedad Española de Nefrología en 2024. En ese trabajo, se da voz a pacientes, dos son del área de Hellín, y relatan, cómo se ven obligados a devorar cientos de kilómetros cada semana por el noble capricho de seguir con vida. Son héroes involuntarios que, francamente, deberían sacarnos los colores a todos sus conciudadanos hace ya tiempo.

No quisiera finalizar este alegato, sin mencionar que la Asociación Nacional para la Lucha contra las Enfermedades Renales, ALCER, lleva desde 2019 predicando en el desierto sobre esta desigualdad territorial de los pacientes en nuestro país. La asociación viene insistiendo sobre las dificultades de acceso a los tratamientos sustitutivos, defendiendo esa idea, tan lógica como aparentemente difícil de ejecutar, de acercar la diálisis a las zonas rurales y dispersas. Quien desee profundizar en esta realidad puede consultar el siguiente enlace. En él se documenta que, a pesar de los años transcurridos y de las advertencias lanzadas, la distancia entre el paciente y su tratamiento sigue estando ahí. Habrá que confiar en que, algún día, la eficiencia administrativa se ponga a la altura de sus necesidades, porque muchos no pueden permitirse esperar más.

No olvidemos que solucionar este entuerto es también una forma de luchar contra esa despoblación con la que tantos se llenan la boca, mientras, en la práctica, dejan que la vida en los pueblos se agote por puro cansancio y exceso de kilómetros

Para continuar componiendo este cuadro conviene recordar que, en noviembre de 2024, las Cortes de Castilla-La Mancha aprobaron por unanimidad estudiar la creación de un centro de diálisis en Hellín. Fue uno de esos momentos mágicos en los que los próceres de nuestra región se ponen de acuerdo, aunque parece que el acuerdo ha sido la antesala de la parálisis. Ha transcurrido ya más de un año desde aquel compromiso y, no se han producido avances que puedan considerarse concretos, ni se han establecido plazos que se hayan hecho públicos. Al parecer, entre el 'estudio' de la necesidad y la colocación de la primera piedra media un abismo que ni la más noble de las unanimidades ha logrado sortear hasta la fecha. Seguiremos, pues, a la espera de que se pase de la teoría a la práctica, antes de que los kilómetros acaben por agotar la paciencia de los pacientes (pacientes).

Los afectados, no han optado por el silencio y la resignación. De su justa indignación nació ADERHE (la Asociación de Enfermos Renales de la comarca Campos de Hellín y Sierras del Segura y Alcaraz), un nombre cuya extensión parece querer hacer justicia a las distancias que sus miembros se ven obligados a recorrer. Desde esta agrupación se han impulsado movilizaciones, recolectas de firmas y toda clase de actuaciones ante las más altas instancias, incluyendo al Defensor del Pueblo y la Alta Inspección Sanitaria, instituciones que, se supone, velan por nosotros. Todo este despliegue de energía y papeleo no tiene más fin que el de ver, por fin, implantado ese servicio de diálisis en Hellín.

Y para terminar de dibujar este paisaje, me topo con una Proposición no de Ley aprobada por el Congreso en abril de 2025. El objetivo, tan loable como de nombre farragoso, es impulsar la diálisis domiciliaria y garantizar eso que llaman equidad territorial. Se trata, en esencia, de admitir que el verdadero drama está en una falta de medios que condena a media España a un nomadismo sanitario demasiado cruel. Y mientras los diputados lo debaten, multitud de pacientes inician sus viajes de madrugada desde aldeas y pueblos lejanos, con el vaivén de las ambulancias, por carreteras interminables y someterse al rigor del tratamiento, para no regresar a sus hogares hasta la noche. Si a este trajín le añadimos que la mayoría de estos viajeros peinan canas, o presentan una fragilidad clínica, el cuadro resultante es de una injusticia que clama al cielo, o al menos, a la cordura de quienes gestionan nuestros impuestos.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos Eduardo Galeano

El propósito de este artículo no es otro que romper una lanza en favor de la equidad territorial. Se trata de garantizar, porque es justo, que el hecho de residir en una comarca rural y dispersa no se convierta en una condena añadida ni en una desventaja insuperable para acceder a un tratamiento que, sencillamente, permite seguir respirando. No pongo en duda que existirán razones de peso, sesudos motivos presupuestarios o logísticos (que pienso analizar), para explicar por qué esa promesa sigue suspendida en el aire. No olvidemos que solucionar este entuerto es también una forma de luchar contra esa despoblación con la que tantos se llenan la boca, mientras, en la práctica, dejan que la vida en los pueblos se agote por puro cansancio y exceso de kilómetros. Porque de poco sirve querer llenar los pueblos de gente si antes no somos capaces de asegurarles que sus riñones no les costarán la salud en la carretera.

No puedo creerme que, para nuestros representantes electos, los ciudadanos rurales seamos Los Nadies, a los que Eduardo Galeano refleja en su poema del mismo título, cuando afirma: “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”.

Estoy seguro de que nuestra región le pondrá solución a esta situación más pronto que tarde porque es de justicia.

España: prestigio fuera, sabotaje dentro

España atraviesa una paradoja que ya no es solo algo más que una anomalía: se está convirtiendo en un síntoma de deterioro democrático. Mientras el gobierno recibe reconocimiento internacional por su defensa del derecho internacional, cómo hemos visto especialmente en conflictos como Gaza y en su posicionamiento en el tablero global, dentro del país una parte significativa de la derecha no solo discrepa, sino que actúa activamente para erosionar esa posición, incluso a costa de debilitar la imagen exterior de España. Son los patriotas de pacotilla de las banderas ya no solo en pulseras y balcones, sino hasta en cada uno de los fideos de la sopa.

No estamos ante una oposición exigente ni ante un debate político saludable. Lo que se ha instalado es un sabotaje sistemático. Da igual el contenido de las decisiones, el contexto internacional o el respaldo exterior: si la iniciativa proviene del gobierno, debe ser desacreditada. Para ello se recurre a la tergiversación, al bulo, la deslegitimación personal y la construcción constante de un clima de sospecha. El objetivo no es corregir errores, sino invalidar cualquier gestión.

Lo más preocupante es que esta dinámica no se limita al terreno político, sino que se extiende a instituciones que deberían mantenerse al margen de la confrontación partidista, especialmente el poder judicial. La percepción de que en España se aplica una doble vara de medir se ha ido consolidando: contundencia selectiva, indulgencia interesada y tiempos judiciales que parecen acompasarse con el calendario político más que con los principios de imparcialidad. No se trata únicamente de casos concretos, sino de un patrón que erosiona la confianza ciudadana. Cuando determinados actores son sometidos a una presión judicial intensa y otros, en situaciones comparables, transitan con menor exposición o consecuencias, el mensaje es claro y profundamente corrosivo: la justicia no actúa igual para todos.

En este contexto, la actitud de la derecha adquiere una dimensión aún más grave. No solo alimenta la polarización, sino que legitima e impulsa la judicialización de la política como herramienta de desgaste. Se sustituye así la confrontación democrática en las urnas por una estrategia de presión mediática e institucional orientada a deslegitimar al adversario. El contraste con la percepción exterior es difícil de ignorar. Fuera de España, se observa a un gobierno que, con sus aciertos y errores, mantiene una línea coherente en la defensa de principios internacionales en un contexto complejo. Dentro, sin embargo, esa misma posición es recibida con una negación constante que bloquea cualquier posibilidad de consenso mínimo.


El resultado es una democracia más frágil, más tensionada y menos fiable. Porque ningún país puede aspirar a tener una voz sólida en el mundo si en su interior se instala la idea de que las reglas del juego dependen de quién las interprete o de a quién afecten. España no tiene hoy un problema de reconocimiento exterior. Tiene un problema más profundo: la erosión interna de sus propios consensos democráticos. Y mientras una parte de su sistema político siga operando bajo la lógica de “cuanto peor, mejor”, ese prestigio internacional convivirá con un deterioro institucional que, más pronto que tarde, acabará pasando factura.

OPINAR SIN INFORMARSE A FONDO

Hay un fenómeno muy visible y bastante preocupante porque afecta directamente a la calidad democrática. Es como la expansión de las redes so...