martes, 4 de agosto de 2026

Las trampas en el asunto de Ceuta

La frontera de Ceuta se ha convertido en el escenario predilecto para el miedo hispano y europeo. Cada vez que la tensión aumenta en la valla, la derecha y la extrema derecha de todo el continente despliegan su maquinaria para transformar lo que es un drama humano en un espectáculo de pánico moral. Os diré que incluso lo he notado en muchas conversaciones sobre este asunto con amigos. nada sospechosos de ultraderechistas, pero en los que ese discurso de inseguridad ha calado. Han conseguido que consolide en nuestra sociedad, una histeria xenófoba que agita el fantasma de la «invasión». 

Pero un análisis, con rigor, de esta situación obliga a señalar tanto la manipulación interesada de los discursos del odio,  como el callejón sin salida al que nos han conducido las políticas oficiales de Madrid y Bruselas. A algunos militantes del PSOE esta opinión les molestará, pero hay cosas que o se apoyan en la verdad, o no tienen remedio. 

Politización del miedo

El relato ultraderechista sobre Ceuta no busca resolver nada, solo pretende  rentabilizar la ansiedad social. En un momento en el que asistimos en nuestro país a una precarización de las condiciones de vida, a la erosión de los servicios públicos y a la desprotección económica de los más necesitados, la extrema derecha aplica su fórmula, vieja pero eficaz,  sustituir lo que es puramente un conflicto de clase por el conflicto identitario.

Se crean chivos expiatorios para ocultar las causas reales del malestar social, y en  lugar de debatir sobre fiscalidad justa o vivienda, se utiliza al migrante como una amenaza a nuestra existencia. Se habla en términos belicistas, y la frontera deja de ser un espacio de gestión legal para convertirse en un escenario de castigo, en el que la deshumanización del vulnerable la justifican en nombre de una supuesta «seguridad nacional». No nos dejemos engañar, porque esta estrategia no es más que un mecanismo de distracción que intenta fracturar la solidaridad entre los trabajadores, enfrentando al penúltimo contra el último.

Colapso del modelo migratorio europeo

Pero seamos claros, rechazar el discurso xenófobo de la extrema derecha no implica validar el actual modelo. Defender una postura progresista exige admitir una verdad bastante incómoda: el modelo migratorio de la Unión Europea ha fracasado rotundamente.

Europa ha optado por la vía de «externalizar fronteras» (algo parecido a externalizar la lavandería de los manteles por un restaurante). Con este enfoque que pretende convertir, a los países del norte de África o Turquía, en los guardianes de una «Europa Fortaleza». Esta forma de actuar, además de ser moralmente insostenible, es ineficaz. Al cerrar las vías legales y seguras para la migración, la UE no consigue frenar los flujos migratorios, solo incrementa la letalidad de las rutas, además de entregar el control de la movilidad a las redes de tráfico de personas. 

Piensa ideológicamente lo que quieras, pero no puedes negar que intentar contener la desesperación económica y social de todo un continente a base de muros de hormigón, concertinas y burocracia es de una ceguera política insostenible a largo plazo.

Vulnerables al chantaje de Rabat

El fracaso europeo se agrava sobre todo en el caso español. Tenemos una relación bilateral con Marruecos marcada por la asimetría y la debilidad diplomática. La política exterior española hacia nuestro vecino del sur ha caído en la trampa de la dependencia: se ha delegado el control fronterizo en un régimen autoritario que no duda en instrumentalizar a miles de seres humanos incluso menores, como moneda de cambio.

Cada vez que Rabat busca concesiones diplomáticas, apoyos en el expediente del Sáhara Occidental o más fondos europeos, afloja la vigilancia en la valla. Esto se ha convertido en un círculo vicioso en el que España cede, Marruecos exige y la frontera entre ambos se convierte en una herida abierta. Es la geopolítica del chantaje, y se admita o no, convierte la soberanía y los derechos humanos en rehenes de los intereses de la monarquía alauí.

Una alternativa real

No podemos permitir que el debate público esté entre el cinismo racista de la extrema derecha y el inmovilismo de una diplomacia europea que tolera que uno de sus socios sea extorsionado a cambio de una falsa sensación de control.

Superar esta crisis de Ceuta exige desmantelar la manipulación xenófoba, para lo que se debe explicar que la movilidad humana es el síntoma de la desigualdad global y el extraer los recursos de sus países, no una conspiración, que es lo que aquí ha sucedido; exige una refundación de la política migratoria europea en base a vías legales y seguras, al reparto corresponsable entre todos los Estados miembros y el respeto estricto a los Derechos Humanos; y exige redefinir la relación diplomática con Marruecos, y pasar de la sumisión y el chantaje a una cooperación entre iguales basada en el derecho internacional y la responsabilidad compartida.

Dejémonos de marear la perdiz. La frontera de Ceuta no se protegerá con más xenofobia, tampoco con parches diplomáticos sumisos, ni llenando la ciudad de militares y tanques. Solo se defenderá garantizando derechos, ejerciendo autonomía política y construyendo un modelo migratorio a la altura de los valores democráticos que Europa dice defender, aunque al parecer cuando ocurren casos concretos como este, se olvida de esos valores.

Hoy lo dice 'The Guardian' sobre Ceuta: "En lugar de señalar a España, los líderes europeos deberían mostrarle su solidaridad". Ver menos

Lo ocurrido en Ceuta es un ataque perfectamente organizado, no una cuestión migratoria.

Detrás de un ataque siempre hay un director de operaciones, da igual si es marroquí, israelí o norteamericano. El mensaje cínico emitido hoy por Marruecos se contradice con las imágenes de camiones llenos de jóvenes que se bajan y corren hacia la frontera bajo la atenta mirada de sus fuerzas de seguridad, que vigilan que se cumpla el plan previsto.

Por su parte, lo del insigne candidato a presidente, Feijóo, y su candidato a futuro vicepresidente, Abascal (todo está por ver aún) pasan por envolverse en la bandera y cargar contra el Gobierno en lugar de hacerlo contra Mohamed VI. Y como esto no es el paro, las pensiones, la sanidad o la dependencia, aquí si aportan sus soluciones: soldados, tanques, concertinas y, sobre todo, balas; cuantas más, mejor. Quieren demostrar que el jabalí puede ser fiero, pero que un tiro entre ojo y ojo acaba con el problema. Si en vez de 100 muertos son 50.000 da igual: son marroquíes o subsaharianos y esos muertos no nos duelen. Si no dolieron los de la DANA o las residencias madrileñas, ¿por qué nos van a doler estos pobres y desarrapados?

Que el discurso del Gobierno no se sostiene es evidente; lo del «amigo fiable» invita a recordar a Marlaska el dicho: «de mis amigos me libre Dios, que de mis enemigos me libraré yo». Marruecos ha sido, es y será siempre un vecino incómodo: ese que no paga la comunidad, deja la bolsa de basura en el descansillo de la escalera y no le importa que su perro haga las necesidades en el portal del edificio. El problema es que es el dueño de su piso con escrituras en la mano, y no puedes quitártelo de encima.

¿Vale la solución de la bala entre ojo y ojo? Los candidatos a presidente y vicepresidente de la comunidad de vecinos están convencidos de que esa es la única solución: en cuanto lleguen a la presidencia todo estará solucionado; a vecino muerto no habrá vecino molesto. Les importa un bledo si nos convierten a todo el vecindario en cómplice de asesinato. Ellos con ser los dueños del cortijo ya tienen alcanzado su objetivo ¡Españoles, la guerra ha terminado!



lunes, 3 de agosto de 2026

LO DE CEUTA NO VA A DESAPARECER DEL ESCENARIO POLITICO.


Decepcionante la entrevista a Albares de hace un rato en la 1. Escurrir el bulto no vale, y es inútil engañarse. Empecinarse en la colaboración de Marruecos desde el minuto uno, es manipular, porque el minuto uno, no es en el que llama a su homólogo marroquí, porque hay imágenes de la gendarmería marroquí indicando por donde tenían que transitar los camiones y autobuses cargados de personas para llegar a Ceuta, bastantes minutos antes que el minuto uno de Albares. Demasiadas desigualdades estructurales en este asunto para callárselas, y menos el ministro de Exteriores.

La monarquía marroquí opera como una estructura de poder absoluto y desigual, donde coexiste un régimen autoritario con altos niveles de miseria y desigualdad, lo que convierte a la emigración masiva en una vía de escape frente a la desesperación y la falta de oportunidades de la población. No se puede negar que el uso de la presión migratoria como un instrumento de política exterior y chantaje por parte de Rabat para forzar concesiones diplomáticas y territoriales a su favor. 

El régimen marroquí se mantiene respaldado por el eje geopolítico integrado por Estados Unidos, Israel y ciertas potencias europeas (como Francia). El régimen actúa como un agente clave para sus intereses estratégicos en la región, llegando a vender posturas diplomáticas o históricas, como la causa palestina o la del Sáhara Occidental, a cambio de reconocimiento y apoyo internacional. 

Existe una evidente constatación de que la frontera hispano-marroquí constituye una de las brechas de renta per cápita más pronunciadas del planeta. Esta enorme asimetría socioeconómica es la causa estructural profunda que alimenta la dinámica migratoria, independientemente de los cambios coyunturales de gobierno. Apostar por el rearme, las vallas, las concertinas y las políticas europeas de cimentación de fronteras solo perpetúan la tragedia humanitaria y las muertes en el mar, sin resolver las causas de fondo. 

La complejidad identitaria en Ceuta y Melilla es real y la población local, aun compartiendo vínculos culturales o lingüísticos con el entorno magrebí, prefiere mantenerse en el marco institucional y de derechos actual en lugar de integrarse en el modelo político marroquí. 

Tampoco deberíamos olvidar que la CIA y el MOSSAD están implicados en lo acontecido, y ambos muy interesados en desestabilizar al Gobierno de Espña por no rendirles pleitesía en el genocidio en Gaza. La desunión europea nos hace más débiles. El CNI no ha dado explicaciones de lo que sabía. E.E. U.U. ha dotado de 40 millones a Marruecos y respalda su deseo de adhesión de las ciudades autónomas españolas. 

Me gustaría equivocarme, pero se ven venir las concertinas, elevar la altura del muro fronterizo, los tanques y la represión contra quien intente saltar la frontera, y la cifra de ahogados seguirá elevándose. Desastre humanitario de casi cien muertos. Desastre humanitario junto al Centro Temporal de Inmigrantes en Ceuta con personas con sed y hambre sin poder ser atendidos.

Interesa desinflamar el asunto con diplomacia, pero asumamos que no estamos en condiciones de solucionar el problema. Aunque la derecha va a instrumentalizar jurídicamente este asunto sí o sí. A ver mañana que respuesta da Europa. 

Canapés y cadáveres: hipocresía política y mediática ante una tragedia migratoria

Mientras las autoridades han elevado a 94 la cifra de víctimas mortales tras la crisis migratoria de Ceuta (72 cadáveres en el lado español, entre ellos el de un bebé de apenas unos meses, y 22 localizados por las autoridades marroquíes), este trágico balance parece no importar a la oposición. Feijóo se muestra muy preocupado afirmando que «una frontera no se asegura improvisando boyas». Sin embargo, mientras el Gobierno ha gestionado la crisis de forma seria y diplomática en tiempo récord, la única aportación de Feijóo ha sido criticar las boyas y recurrir a discursos sobre «invasión» u «ocupación», boicoteando al Ejecutivo con el único objetivo (para variar) de arañar unos pocos votos.

Toda esta crisis ha sido organizada a través de las redes sociales mediante un efecto llamada que prometía una «aventura de puertas abiertas» desde el lado marroquí, contando además con el patrocinio de Estados Unidos e Israel, países que han manifestado su enorme satisfacción por lo ocurrido. Por su parte, tanto el Partido Popular como Vox han vendido repetidamente a la nación ante intereses extranjeros; de haber sido por ellos, habrían entregado el país a pedazos.

Llegados a este punto, la falta de ética de determinados sectores políticos y mediáticos ya no asombra a nadie, aunque el nivel de degradación que emana de las esferas de poder en Madrid resulta insostenible. La estampa de Felipe González, el periodista Nacho Abad y el juez Santiago Pedraz brindando en la Embajada marroquí, mientras cientos de migrantes arriesgaban la vida nadando hacia la frontera de Ceuta, retrata a la perfección a una élite gobernante a la que la que lo humano le resulta completamente indiferente.

La hipocresía del periodista Nacho Abad alcanza niveles deplorables. Nos encontramos ante alguien que, en sus emisiones matutinas, adopta un tono de alarma (eso sí, todo impostado), para estigmatizar a quienes cruzan el mar, agitando el pavor social con tal de rascar audiencia y de paso atacar al Gobierno progresista. Pero, sin embargo, al caer la tarde se desprende del personaje patriótico, y viste sus mejores galas para acudir a banquetes de la alta sociedad, para degustar canapés y agasajar a la embajadora marroquí y a su soberano. Cero empatía hacia los que se ahogan; ni un reproche hacia el monarca que orquesta esas salidas de muerte. Solo dos sencillas apreciaciones sobre lo que importa a este activista televisivo: que promover el pánico genera audiencia, pero la servidumbre hacia el régimen alauí también le garantiza estatus social.

En definitiva, lo que menos necesita España es a esos políticos y esos medios, expertos en criticar la instalación de unas boyas, pero  sin hacer la más mínima mención a los casi cien cadáveres hallados hasta el momento. De lo que puedes estar seguro es de que, si las víctimas fuesen españolas, toda su atención estaría puesta en el dolor de las familias y en la esperanza de no encontrar más víctimas. Incluso si ocurriera en un país lejano pero blanco, se sobrecogerían por la magnitud de la tragedia. Sin embargo, al tratarse de personas marroquíes, no importa que estén tan cerca de nosotros, a estas aves carroñeras de canapés manchados de sangre, su pérdida les pasa desapercibida y les genera una total indiferencia.

No tengas la menor duda de que si esta crisis nos hubiese pillado con la derecha en el poder, en estos momentos estaríamos en guerra con Marruecos. 

Giorgia Meloni: extrema derecha sin mascarilla

La invasión más corta de la historia, solo de 24 horas. Puede ser que el PP concluya que tres autobuses de turistas llegan de golpe a un bar de carretera, si los camareros no pueden atenderte, el bar ha sido invadido. Menuda invasión de pacotilla. Y luego es curioso que el Supremo no supiera que España tiene costa siendo  mentes privilegiadas a las que no se les debe criticar. Pero dejemos lo interno.

Vimos a España apoyando a Italia en la cris de Lampedusa; a Finlandia en sus problemas con la frontera rusa; a Dinamarca cuando Trump decidió quedarse Groenlandia. Ya se han olvidado, de que sus fronteras eran nuestras fronteras, y que Ceuta también es su frontera. No es desmemoria, es ideología. Porque si algo ha demostrado la reciente situación de Ceuta es la agresiva ofensiva de los gobiernos de derecha y extrema derecha europeos contra España. Pero sobre todo nos muestra el nivel de cinismo, fragilidad e hipocresía con el que gobierna Giorgia Meloni, impulsora de este ataque a nuestro país, ese espejo ultraderechista en el que la derecha española se mira. La primera ministra italiana ha hecho de la xenofobia su principal seña de identidad, pero bastan un par de datos objetivos y una mirada rápida a su política interna para que su fachada de "mano dura" se desmorone por completo. 

Mientras el sistema ultra europeo se abalanza contra la regularización del Gobierno español buscando vender el fantasma del "efecto llamada", la realidad de los datos de Frontex destruyen esa narrativa de la extrema derecha. En el balance de repatriaciones y llegadas marítimas, España ha mostrado una gestión infinitamente más contundente. Que en tan solo veinticuatro horas hayan vuelto a su país más personas que el Gobierno de Meloni ha devuelto en cuatro años, no es un simple dato contable, sino la prueba irrefutable de que el "modelo Meloni" es solo ruido, propaganda y absoluta incapacidad operativa. 

La mayor muestra de la doble moral de Meloni se encuentra en sus propias leyes. La misma líder que pontifica contra la inmigración en las cumbres europeas es la que silencia ante su electorado la concesión masiva de visados de trabajo: cerca de un millón de permisos aprobados por su coalición y ahí están los datos (450.000 para 2023-2025 y otros 500.000 para 2026-2028). ¿Por qué lo hace? A ver si nos enteramos: porque la agricultura, la industria y la construcción italianas colapsarían sin esa mano de obra. Igual que lo harían las españolas.

Meloni ataca la dignidad de los migrantes con la boca pequeña para alimentar el odio de su masa votante, mientras con la mano derecha firma la entrada de cientos de miles de indocumentados regularizados para complacer al empresariado. Su política no es soberanista ni patriótica; es oportunista y cruel. 

Alimentando el extremismo siempre habrá alguien dispuesto a ser aún más radical. Pero parece que Meloni está empezando a probar su propia medicina. El crecimiento fulgurante del partido Futuro Nazionale, más ultra aún que ella, muestra a una Meloni acorralada y aterrorizada. Su furia contra las políticas de regularización en el exterior no es más que una maniobra a la desesperada para disimular su perfil moderado antes de que la ola ultra que ella misma alimentó termine por engullirla. Es lo mismo que PP hace asumiendo el discurso de Vox.

La derecha europea, respaldada por la pasividad de Ursula von der Leyen y el oportunismo del PP europeo, ante su compleja frontera sur, evidencia una alarmante falta de sentido de Estado. Mientras España lidia con la delicada y difícil relación con Marruecos para defender la integridad territorial en Ceuta y Melilla sin caer en provocaciones ni en destructivas guerras políticas, Meloni ha decidido encender la mecha de la histeria colectiva europea. 

Meloni ha quedado al descubierto: una dirigente débil que necesita incendiar Europa con retórica antiinmigración para tapar que en su propio país repatría poco, regulariza por millones a escondidas y tiembla ante un partido encabezado por un general populista que amenaza con quitarle el puesto. 

La "dama de hierro" de Roma es solo un tigre de papel. Pregunta ¿por qué Meloni no critica a Marruecos por ser una dictadura, por enviar a sus ciudadanos a Europa, y que sus ciudadanos huyen a Europa por las condiciones de vida y la falta de libertades en que se encuentran? Por lo de siempre, dinero e ideología.

LO SIENTO PERO LO PIENSO

Las declaraciones de Felipe VI expresando su "preocupación e indignación" ante la crisis migratoria y la tragedia en Ceuta y Melilla vuelven a poner de manifiesto la distancia entre la institución monárquica y los problemas reales de la sociedad. Para empezar se olvida que la jefatura del Estado también es Estado, y que si tanto le indigna podría haber ido a dar la cara, en lugar de seguir en Mallorca de vacaciones pagadas.

Sufre de tolerancia y silencio selectivos, porque llama la atención cómo la Jefatura del Estado elige minuciosamente cuándo alzar la voz. Se pronunció con contundencia en momentos políticos clave como el conflicto catalán, pero mantiene un silencio absoluto ante crisis judiciales internas, tensiones internacionales de calado o graves vulneraciones de derechos humanos a nivel global.

Sufre de paradoja de las relaciones diplomáticas, porque resulta contradictorio indignarse por los acontecimientos en la frontera mientras mantiene estrechas y fraternales relaciones dinásticas con el régimen marroquí. No exige responsabilidades ni un cambio real de actitud a los actores geopolíticos directamente implicados en las crisis fronterizas ni en el descontrol de las mafias.

Sus declaraciones son vacías,  sin representatividad. Exigir medidas y transmitir "apoyo y cariño" desde un cargo hereditario al que nadie ha votado resulta puro maquillaje retórico. Un monarca que percibe un sueldo millonario financiado por la ciudadanía no tiene la legitimidad democrática para dar lecciones morales ni dictar la agenda a las instituciones públicas.

Y si eso es poco, tiene una falta de firmeza ante el legado familiar que parece olvidar. Las apelaciones a la ética y la seguridad quedan en papel mojado mientras no exista una condena tajante sobre las irregularidades fiscales de la Casa Real y la fortuna acumulada en el extranjero por su padre, cuya restitución íntegra sigue siendo una asignatura pendiente.

Expresar "indignación" a posteriori ante tragedias humanas sin cuestionar las alianzas de poder que las provocan, ni asumir los límites de un cargo no electo, convierte las palabras de la Corona en una fachada vacía que solo busca justificar la vigencia de una institución anacrónica. 

Embrollar a las puertas del Estrecho

Somos como somos. Nunca un español ha precisado grandes excusas para encender la indignación nacional. Pero debemos reconocer que cuando el asunto roza el mapa de la patria, la pirotecnia que montamos adquiere matices de ser algo  sublime. Causa estupor contemplar cómo distinguidos patriotas de casino y redes sociales solicitan a grito pelado que Italia o la Europa entera nos expulsen de mala manera del espacio Schengen. Viendo esto, tengo la tentación pedagógica de recordarles a estos grandes personajes, que la diplomacia internacional no funciona como el reglamento de su club de petanca o de golf, y que ningún Estado posee la facultad de expulsar a otro de manera unilateral de un tratado soberano por mucho que se desgañite pidiéndolo.  Explicar estas minucias jurídicas a quien prefiere embestir al bulto es una labor tan ingrata, como tratar de convencer a un melón de que es una sandía. A veces creo más fácil hacerlo a esos frutos de las cucurbitáceas que a algunas personas.

De pronto, la pacífica Ceuta se ha visto desbordada por una marea humana de decenas de miles de almas. De inmediato se nos dijo, que era la consecuencia lógica e ineludible de las regularizaciones de papeles aprobadas por el Gobierno en Madrid. Está claro que esa era la explicación más sencilla, una sencillez tan confortable como falsa. Los ciudadanos amnésicos de profesión olvidan que en 2021 ya vivimos un episodio idéntico, con la misma angustia, sin que entonces existiera ningún proceso de regularización a la vista. Tampoco parecen molestarles los números de Frontex, esos contables de fronteras: entre 2021 y 2026, la vía de entrada irregular hacia la opulenta Europa la ha encabezado con holgura Italia con casi medio millón de llegadas, seguida de los Balcánes y de Grecia, dejando a España en un discreto cuarto lugar con algo más de doscientas treinta mil. Resulta por tanto estrambótico escuchar a Meloni acusarnos de haber abierto las murallas del continente cuando su propia frontera parece un colador.

La explicación de lo sucedido está en los despachos donde se tramitan permisos de trabajo, sino en el tablero de la geopolítica. Hemos podido ver como periodistas enviados al terreno pudieron comprobar cómo los propios agentes de la policía marroquí indicaban alegremente con la mano la ruta hacia la valla fronteriza, animando a la parroquia a dar el salto. Marruecos, siempre ha tenido más maña por viejo en estas lides que por diablo, y una vez más ha vuelto a recurrir al chantaje y al uso desalmado de sus jóvenes como moneda de cambio. Algunos atisbamos en este zafarrancho la larga mano de intereses trasatlánticos u judíos,  ansiosos de ajustar cuentas por los recientes posicionamientos de España ante los desmanes en Gaza o las fricciones con Irán. Tampoco falta quien apunta, con no poca finura histórica, al espejo de Gibraltar: viendo Rabat que Madrid desmanteló la verja del Peñón, parece haber concluido que la verja ceutí debía correr la misma suerte.

Mientras las fuerzas de seguridad y el propio Ejército se multiplicaban en el terreno priorizando el auxilio humanitario, y la Iglesia local abría de par en par sus casas de acogida frente al dolor de las pérdidas humanas en el mar, la comedia política patria no ha desaprovechado la función. Asistimos a la denominada securitización, una refinada técnica consistente en convertir un drama social o humanitario en una amenaza bélica existencial. Hablar de «invasión» u «ocupación» no es un error de lenguaje; es la treta de una derecha tradicional obsesionada por no perder su clientela frente a los exabruptos de la extrema derecha, eligiendo la trinchera militar a la gestión diplomática. Y enfrente, un Gobierno que, tras su elegante fachada progresista, ha terminado aplicando el pragmatismo frío de las devoluciones de contención, demostrando que cuando la geopolítica aprieta, los derechos humanos suelen quedarse al aire libre. 

Al final, disipada la polvareda y devuelta la mayoría de los migrantes al otro lado, queda el regusto amargo de siempre. Nos consolamos pensando que el país resiste, pero nos acecha la sospecha de que, si España acaba marchándose a la porra, no será por los desdichados que saltan una valla buscando un plato de sopa, sino por la pertinaz manía de los dirigentes de la derecha en convertir cada tragedia en un campo de batalla.

La actuación del Gobierno puede valorarse como un ejercicio de «pragmatismo de Estado» enfocado a contener el desgaste político y mantener las fronteras comunitarias. Si bien evita la retórica belicista e incendiaria del PP o Vox, al final, termina aplicando medidas punitivas de contención y devoluciones, subordinando el paradigma de los derechos humanos y la justicia global a la contención policial y los compromisos geoestratégicos con Rabat. Aunque, desde luego, la invasión ha durado menos de los siete días que tardó Aznar en recuperar la isla de Perejil (cuatro militares de excursión) para lo que solicitó la ayuda de la Séptima Flota de EE. UU. 

En este juego en el tablero de la geopolítica, quienes más han perdido no han sisdo los gobiernos ni los ceutís, son los 67 fallecidos intentando llegar a Ceuta.  Los nadies.

Las trampas en el asunto de Ceuta

La frontera de Ceuta se ha convertido en el escenario predilecto para el miedo hispano y europeo. Cada vez que la tensión aumenta en la vall...