viernes, 20 de febrero de 2015

EN ESPAÑA EXISTE LA DESIGUALDAD EXTREMA


Nunca está demás un repaso a los clásicos, y menos en los tiempos que vivimos. Platón, el maestro de Aristóteles, elaboró la teoría de la reminiscencia que básicamente viene a decirnos que el conocimiento es fruto de recordar. Además fue el primero en defender la igualdad y afirmar que lo más importante para el estado y para el hombre es la Justicia. Para Platón el Estado estaba basado en una necesidad ética de justicia, entendiendo justicia como la armonía entre las clases sociales. Quizás esa visión le inspiró esta cita “quienes actúan como legisladores deben buscar la felicidad de todos los ciudadanos”.

Todo esto viene a colación, no por las barbaridades legislativas (me atrevería a llamarlas anacrónicas) a las que estamos asistiendo estos años, sino en referencia a una triste realidad como país, donde los ricos son más ricos, los pobres más pobres, y donde con la excusa de que no hay dinero para sostenerlo, hemos recortado sin medida los pilares del estado del bienestar. Eso solo ha propiciado que cada vez sea mayor desigualdad económica, y aunque algunos recortes pudieran ser justificados, no lo son aquellos que nos han llevado a situaciones de desigualdad extrema, esa que se muestra en ciudadanos buscando comida en los contenedores de basura, mendigando, o haciendo cola en los bancos de alimentos.

Todos sabemos que gobernar es fijar prioridades, y si la desigualdad está entre nosotros, es por falta de voluntad política para evitarla, o por la voluntad política de instaurarla. Los gobiernos neoliberales defienden sus políticas de austeridad, afirmando que pese a los recortes han mantenido los servicios públicos, se lo oímos a diario a Rajoy y a Cospedal o otros representantes de esa ideología. Su afirmación no es cierta y los datos  del INE acreditan que se nos miente. Ellos son conscientes de que con sus políticas está creciendo la desigualdad económica, y solo ahora tratan de maquillar los datos que la muestran porque se acercan las elecciones, y de repente aparece dinero que no existía para callar las bocas críticas, y así silenciarlas el tiempo necesario para que pase la contienda electoral.

Tampoco frente a esas políticas, los partidos socialdemócratas europeos que han gobernado durante esta crisis, en lugar de una oposición férrea a esas políticas impulsadas desde la UE, se han opuesto. Al contrario, se han dejado arrastrar y han rebajado sus objetivos sociales. Ya lo vimos en España con la reforma del artículo 135 de la Constitución, y lo escuchamos en el debate de las últimas generales cuando Rubalcaba afirmaba que solicitaría mayor plazo para devolver la deuda, y que haría frente a la desigualdad aumentando la inversión pública, en lugar de negarse frontalmente a la austeridad impuesta desde Bruselas.

Pero tampoco hay que remontarse tres años para ver esto, hoy Syriza, que se autoproclama de izquierda dura, por mucho que prometía antes de las elecciones griegas, estos días está en esa línea conformista de mejorar los plazos de devolución y aumentar las inversiones del estado en su país. Mi madre me decía que los pobres siempre acaban conformándose con una limosna, y al parecer no le faltaba razón.

Nadie dice que sea fácil luchar contra el capitalismo voraz instaurado en la unión monetaria, y menos cuando se juega en campo ajeno por parte de la izquierda europea. Sin embargo esa izquierda no puede guardar silencio cuando el estado del bienestar disminuye mientras que la desigualdad aumenta. Ya no se le puede hacer frente solo con políticas sociales y con el recuerdo de quien implanto la sanidad universal, las pensiones o la ayuda a la dependencia. Hoy eso es insuficiente.

Antes todo se arreglaba con más crecimiento y así corregir desigualdades con la redistribución de la riqueza, pero eso ya se queda corto. O se reforman las estructuras causantes de la desigualdad que son las impuestas por los poderes económicos, y con ello se logra que la desigualdad no aumente, o la desigualdad extrema alcanzará cada día a más ciudadanos. Si no se puede evitar, hagamos que no aumente.

La derecha es feliz con esta situación puesto que representa a los de arriba. Pero la izquierda, y concretamente los socialistas, deberíamos empezar a entender el ejercicio del poder de otra manera, diferente a como lo hemos hecho en las últimas décadas, donde el conformismo nos ha hecho aparecer como cómplices de los conservadores.


Repensemos la justicia del Estado y la armonía social que citaba Platón, que no se parecen en nada a las del Estado actual. Por eso me permito apelar a la teoría de la reminiscencia, recordemos el pasado para aprender donde erramos.

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