martes, 31 de marzo de 2015

PARA MORIR SOLO ES NECESARIO ESTAR VIVO

Ejerciendo la profesión médica, vemos como a las personas cada vez nos es más difícil aceptar la muerte solo como el episodio final de una vida. Por eso no es extraño, que el familiar de un fallecido dude siempre si hubo o no negligencia profesional, aun tratándose del fallecimiento de una persona centenaria. Al mirar la existencia humana con naturalidad, vemos la falacia que supone imaginar que podemos tener bajo nuestro control la vida.

Hago este comentario, después de leer las múltiples interpretaciones que estos días hemos podido leer y escuchar en los medios, sobre el fatídico accidente aéreo de los Alpes. Si al año vuelan más de tres mil millones de pasajeros, son casi treinta y siete millones de vuelos, no ocurren ni treinta accidentes aéreos por año, y lo comparamos con nuestras carreteras, la probabilidad de un accidente aéreo resulta insignificante. A pesar de lo impactante de esta tragedia, el avión sigue siendo estadísticamente en el modo de transporte más seguro del mundo. Pero también en esto hay diferencias, porque la mayoría de esos accidentes los sufren aviones de compañías que operan en países que despectivamente llamamos del tercer mundo.

Si hay dudas de si existe negligencia en una muerte natural, en una muerte accidental, o en este caso de un posible accidente intencionado, esa idea aumenta exponencialmente. Parece que en el reciente accidente aéreo, todo apunta hacia el copiloto como el causante de la tragedia. Pero la experiencia debería hacernos saber que mientras la investigación no esté concluida, el conjunto de causas que han llevado a tan fatídico final aún se desconocen. Todo apunta a que sea un suicidio del copiloto, pero la hemeroteca hace que no pase desapercibido, que empieza a ser casi una costumbre que en estas catástrofes, siempre lo más socorrido es culpar al piloto muerto. Ejemplos de esto tenemos en España con el tren de Santiago o el de Chinchilla, con el metro de Valencia, con el accidente de Spanair, y tantos otros de transportes colectivos.

Aunque siempre hay una causa principal, lo cierto es que siempre son múltiples las causas que están detrás de esas tragedias, pero encontrar pronto un culpable que no pueda hablar, evita que se profundice en buscar las otras causas (porque la puerta blindada, porque una curva cerrada sin balizar en la vía, porque una revisión rápida de las medidas de seguridad, etc.) A todos esos “porqués”, solo les responde el transcurso del tiempo y las investigaciones, por lo tanto, paciencia.

Pero en época de crisis económica, no es extraño pensar que estos accidentes son consecuencia de que hoy se economiza en todo, sin importar a las empresas que eso suponga aumentar la inseguridad de los viajeros. Puede existir una parte de razón si observamos como hace unos años eran tres pilotos la cifra estándar de cualquier avión de pasajeros, aparte de mecánico y operadores de telecomunicaciones, y que algo similar ha ocurrido en los demás medios de transporte público. Es cierto que todo es parte de un gran negocio, desde la comida, las medicinas, la educación, o el frio y el calor, y eso también afecta al transporte de viajeros, y que los ciudadanos nos hemos convertido en una gran vaca a la que se nos ordeña para sacarnos dinero.

Esa percepción hace que en cualquier tragedia  veamos un afán de beneficio por parte de alguien, y que detrás de la misma siempre hay recortes económicos. No es reprochable que sea así, cuando quien más y quien menos, recortamos a diario no revisando el coche antes de un viaje, o retrasando el cambio de ruedas en mal estado, en estos tiempos de escasez. Pero esa misma lectura, hace que si se analiza lo que ocurre a una compañía aérea tras un accidente, el argumento de los recortes pierda valor. Para una compañía aérea, su beneficio depende en gran medida de su estadística de accidentes, porque es rara la compañía que tras un accidente no ha quebrado o ha corrido el riesgo de hacerlo. Pero eso tampoco puede hacernos pensar que los recortes no influyen en la seguridad.

Curiosamente la seguridad es tan primordial para su negocio, que el horror a un atentado terrorista ha llevado a colocar puertas blindadas inaccesibles en la cabina de pilotos, pero sobre todo ha llevado a variar sus plantillas y dar más importancia a la presencia de guardias de seguridad que a disponer de más de un piloto por avión, tren, metro o autobús. Estar en manos de un piloto automático no intranquiliza, pero sí el no ver vigilantes de seguridad. Por un lado exigimos seguridad, y por otro, buenos precios para el billete, con lo que estamos aceptando el juego de los reajustes de costes.

En el accidente de los Alpes, posiblemente estemos ante un hecho fruto de que una persona ha perdido puntualmente su salud mental y contra eso no valen ni las revisiones de los aviones, ni las medidas de seguridad mecánicas y electrónicas. Solo depende de cómo funciona una mente humana, y ese riesgo existe cuando las vidas están en manos de una persona. Tampoco es cuestionable que todo está en manos de cuatro poderosos, que dictan las normas en beneficio propio, pero eso no puede hacernos ver fantasmas detrás de todos los espejos.

Lo cierto es que cuando ocurren estas tragedias, podemos elucubrar todo lo que queramos. De un lado, no se debe olvidar que los enfermos mentales pueden estar no solo al mando de un avión, sino al frente de una nuclear, de un ejército o en la presidencia de un país. De otro, tantas guerras vivas en nuestro planeta aunque silenciadas, nos enseñan que "la gente" nunca hemos sido importantes, aunque si en algún lugar del mundo lo somos un poco más, es en occidente. Solo somos pobres mortales y los únicos derechos que nadie puede quitarnos son el de elucubrar y el de patalear.

viernes, 27 de marzo de 2015

POR UNA INFORMACIÓN VERAZ E INDEPENDIENTE

Dice un proverbio oriental, que nada cambiará hasta que nosotros mismos cambiemos, y una adaptación a nuestra política, es que nuestros políticos no cambiaran mientras no lo hagamos los ciudadanos. Los representantes públicos son el reflejo de la sociedad que representan. Por la misma razón, si los ciudadanos tememos a quienes ejercen el poder, ellos nos temen a los ciudadanos, y su defensa es la adopción de medidas que limiten nuestra capacidad de participar en las decisiones.

Nos imponen leyes cada vez más duras, y con ello disimulan sus debilidades, y nos intentan demostrar que los débiles somos nosotros. El ejemplo más claro de esa estrategia es la denominada ley mordaza, que aunque legisla sobre el individuo, fundamentalmente afecta a los medios de comunicación como altavoz de las opiniones ciudadanas independientes.

Nada ocurre en un año electoral por causalidad. Tenemos grandes profesionales de la comunicación, algunos muy buenos, pero si resultan molestos al poder, este intentará dominarles por dos vías. Una primera, es el cierre de cualquier boca capaz de opinar en contra del poder gobernante. Una segunda, es hacer que los medios difundan los mensajes que formen parte de su estrategia de mantenimiento en el poder. Veamos dos ejemplos.

De la primera hemos tenido ejemplo esta misma semana, y eso que nuestro gobierno  alardea de ser impulsor de unos medios de información libres. Pese a que el programa televisivo 'Las mañanas de Cuatro' había duplicado su audiencia, la empresa propietaria del canal ha comunicado el cese de su presentador Jesús Cintora. La justificación oficial es que Cuatro desea que "los presentadores traten la información de forma objetiva", y al parecer no lo hacía. 

Pero es inevitable pensar rápidamente en presiones desde Moncloa, quizás pesarosa porque en el programa no aparezcan a diario a personajes afines al gobierno. En las redes sociales ya se hablaba de desaparición de los programas de Evole y Wyoming, pero quizás sus programas reporten mayores beneficios a sus respectivas cadenas que este de Cintora. Lo cuestionable entonces es porque permanecen los Inda, Marhuenda, Rojo o Arcadi Espadas, no precisamente opinantes desde la neutralidad, pero que en ningún caso causan pesadumbre en Moncloa.

De la segunda estrategia, hemos visto que en las últimas semanas diarios como ABC, El Mundo o El País, que han dedicado al partido Ciudadanos sus portadas y cabeceras. No es casual que en sus encuestas de encargo muestren subidas espectaculares de intención de voto, o que ensalcen a sus fichajes o a su programa económico. Al partido del gobierno, le beneficia la fragmentación del voto de los desencantados, y provocando el auge de un nuevo partido, y en paralelo retirando micrófonos a Podemos, es posible lograrlo. La estrategia es clara: a izquierda dividida y desencantados fraccionados, PP consolidado.

El gobierno puede afirmar que no tiene nada que ver en estos asuntos,  justificándolo en que al ser medios privados, nadie puede discutir que quien paga manda, y que el gobierno es ajeno a esto. Sin embargo esa neutralidad es difícilmente creíble en un gobierno capaz de nombrar a su antojo a jueces o fiscales, o cesar a quien no le ría sus gracias. Caminamos hacia el pensamiento único, lo que hace cada vez es más cuestionable la calidad de nuestra democracia, y está en cuestión la libertad de expresión.

El problema no son los medios privados, sino que a la obediencia de esos medios a sus propietarios, se añade la censura flagrante en los medios públicos como ocurre con TVE, o con las televisiones autonómicas de cuyo sectarismo informativo, la madrileña y la castellano manchega, son claros ejemplos.  Se comparta o no esta visión de la situación de los medios informativos, pocos dudan que resulta (como poco) alarmante, conocer las trabas encontradas por los profesionales en el ejercicio de su libertad de expresión.

En esta España nuestra, con un año repleto de citas electorales, no parece viable un periodismo veraz, sin la existencia de un canal público con una gestión independiente del gobierno de turno. Y aunque nuestros dirigentes sean el reflejo de los ciudadanos a los que representan, según el proverbio, sigo convencido de que existe vida inteligente además de los sálvame, los grandes hermanos y los supervivientes.


Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo. Franz Grillparzer 

martes, 24 de marzo de 2015

De Montoro a Rajoy

No me gusta que se me insulte señor Montoro, debería respetarme como contribuyente que soy, porque nada le da derecho a tomarme el pelo, por muy ministro de Hacienda que usted sea. Afirmar que el PP es lo mismo que Cáritas, porque ambas son entidades sin fines de lucro, es algo que a cualquier militante del PP con un poco de dignidad (y aun, extrañamente, los hay), le debería ser suficiente para exigir su cese, precisamente por dignidad de su formación política.

Siento que me insulta, porque solo puede es un insulto a la inteligencia, pensar que nadie va a darse cuenta de que si un partido y una ONG son la misma entidad, no nos está sobrando desde julio de 2007 la Ley de Financiación de Partidos, Ley Orgánica 8/2007. Insulta y ofende, la impunidad en la que los miembros de su partido parecen creer que flotan, porque eso les lleva a tratarnos como  imbéciles. Si deseaba comparar al PP con alguna organización conocida, la más próxima a sus formas de actuación es la mafia, donde también son católicos practicantes, ponen a la familia por encima de todo lo demás, y se reparten los beneficios mediante sobres entre sus miembros. Comparar al PP con Caritas, es simplemente repugnante.

Me ofende y me insulta, que se crean los amos del cortijo. Siempre pensé que eso solo le ocurría a los alcaldes populares de pequeñas localidades, pero no, también es un sentimiento emanado desde Génova 13. Y es que cuando usted señor Montoro dice sentirse honrado de formar parte de un gobierno que destina veinte millones a las ONG´s, parece afirmar que ese dinero lo saca de los bolsillos de Rajoy y sus ministros. Usted sabe la verdad, y que somos el conjunto de los españoles los que lo hacemos con nuestros impuestos, y no los miembros del gobierno.

También es una ofensa y un insulto, que todo lo relacionado con la Gürtel y su dilatada instrucción, solo sirva para transmitirnos la sensación, de que la justicia se dedica a marear la perdiz cuando se trata de imputados de alto standing. Hasta diría que la justicia actúa como si  temiese dejar claro a todos los ciudadanos, que si un partido (sea el que sea) se financia ilegalmente, lo que procede, en justicia, es encarcelar a toda su plana mayor. En su disculpa veo, que si lo hacen, iba a faltarles cárcel.

Pero de vez en cuando la vida nos da alguna satisfacción, y yo la he tenido estos días con el resultado de las elecciones andaluzas. No porque el más votado haya sido mi partido, que también, sino porque para algunos partidos sus resultados han supuesto una cura de humildad contra la soberbia, sobre todo para el suyo.

Y no crea que solo me ofende usted señor Montoro, también lo hacen los partidos de la oposición, incluido el mío, cuando dudan si poner o no en el juzgado la incompatibilidad manifiesta de usted como cargo público y socio en una consultora que contrataba con la administración. Me ofenden porque de no hacerlo, habrá quien piense con justificación, que existe una connivencia entre todos los miembros de los partidos, aunque sean de distinto signo político. Y eso no es cierto.

Así que ahórrese su extravagancia de comparar al PP con Caritas, su aún más extravagante interpretación de los resultados electorales en Andalucía, o el colmo de su extravagancia rayando el cinismo, de que el auto del juez Ruz no pone en evidencia que su partido se ha financiado ilegalmente.

Porque no es usted quien debe dar explicaciones de todo esto al conjunto de los ciudadanos. Cada uno de estos asuntos es motivo más que suficiente para sacar a don Mariano de su militancia en la no autocritica, y en la pasividad a prueba de terremotos. Aunque usted parece un alumno aventajado en el aprendizaje de esas cualidades populares, he de reconocerle que tan especialista como él, no hay ninguno.

Menos mal que los años, hacen que solo pueda tomarme a broma algunas declaraciones y actitudes de este gobierno, sino lo hiciera, acabaría padeciendo la rabia, cosa a la que rotundamente me niego.

martes, 3 de marzo de 2015

EL SUELDO DE RAJOY


Aún a riesgo de no parecer políticamente correcto, confieso que siempre he pensado, que el ejercicio de un cargo público en España no estaba bien retribuido. Mi opinión la baso, en que la diferencia salarial existente entre ejercer una profesión liberal y ejercer como cargo público, es tal, que ello ha llevado a los partidos políticos, no a los mejores, sino a quienes mejoraban su salario respecto al ejercicio de su profesión. Pocos profesionales de alta cualificación, optan por la opción del cargo público, y menos un registrador de la propiedad. Ahora, como Rajoy ha hecho públicas sus retribuciones, ya no es curiosidad, sino la oportunidad de comentar ante cifras.

Desde aquella respuesta en un programa televisivo a la pregunta ¿Cuánto gana usted señor Presidente?, pocas verdades tan irrefutables han salido de su boca. Rajoy respondió “Pues mire usted señora, gano...gano...Bastante más que la mayoría de la gente” “No he venido a la política a ganar dinero, yo ganaba más dinero en mi profesión que como político, pero ocurre que para mí el dinero no es lo más importante en esta vida". Quedo aceptablemente bien con su respuesta, porque el Registro de Santa Pola seguramente es más lucrativo que la presidencia del gobierno, en cuanto a salarios, no en cuanto a influencia.

Con lo que implica la dedicación y responsabilidad que se le supone al presidente de un país, todo lo expuesto parece creíble, respetable, y hasta tolerable. Donde empiezan a resultar ofensivas las cifras publicadas de su salario, es al compararlas con la situación de sus conciudadanos, no ya de los parados que más, sino con el salario de cualquier español mileurista. Con su salario mensual podrían vivir doce familias según lo que ingresa de media una familia española, pero lo que resulta intolerable y un escándalo, es que él se subía el sueldo más de un treinta por ciento, hasta los 200.000 euros anuales, y en paralelo nos pedía austeridad, se rebajaban sueldos a funcionarios y a trabajadores de toda clase.

Por eso, publique los datos que publique, todos los españoles tienen derecho a dudar que ese sueldo como presidente, no incorpora las cifras complementarias que afirma Bárcenas que percibía. Y en un país donde se considera habitual que alguien se declare mileurista y tenga en la cochera dos coches de alta gama, tampoco es fácil creerle, ni difícil pensar que cualquiera, incluido Rajoy, no pueda hacer lo mismo. Y todo ello dando por supuesto que tenga la totalidad de su patrimonio en España, y no nos encontremos alguna sorpresa con el paso del tiempo. Ya se sabe que todo es posible en nuestra Españistan.

Los datos de la declaración de Rajoy, y los papeles publicados por Bárcenas, son muy llamativos al echar mano de la hemeroteca, porque estas declaraciones de la renta, lo único que acreditan es que Rajoy nos ha estado mintiendo reiteradamente durante estos años, al, curiosamente, no coincidir lo que ha declarado a Hacienda con lo declarado en el Congreso. Y eso además, resulta que lo hace para desmentir a su extesorero y demostrar su honestidad, mientras se olvida de que muchos españoles malviven con apenas cuatrocientos euros al mes. No es de extrañar que la imagen de Rajoy este cada vez más denostada, tanto aquí como en el exterior.

A pesar de que por su propia boca ha muerto el pez Rajoy, como se aproximan las elecciones, raro es el día que no nos despertamos con algunos comentaristas proponiendo su beatificación, con la justificación de unos pocos parados menos con condiciones laborales próximas a la esclavitud y del descenso paulatino de nuestra prima de riesgo. Parecen no ser conscientes de que la principal perjudicada con esa interpretación de la realidad, es la propia democracia española, esa en la que además de vivir un español llamado Rajoy, también existen  abuelos rebuscando en la basura como complemento a una pensión miserable, y niños cuya comida principal depende de que tengan un comedor escolar.

Hacer públicas sus retribuciones en este momento, para mostrarse honesto electoralmente, solo viene a humillar aún más, a la gente a la que dice servir y representar. Solo le falta ya para mostrar más bondades, asegurar que si en alguna ocasión alguien le entregó un sobre y no dijo nada, fue para que no se molestasen esos españoles necesitados.


Estupidez

  "Es solo por su estupidez que algunos pueden estar tan seguros de sí mismos". Franz Kafka, escritor checoslovaco. Nunca podemos ...