lunes, 11 de enero de 2021

Fantasmas y pobreza


Los fantasmas, en muchas culturas, son supuestos espíritus, almas errantes de seres muertos que, sin saber porqué, se manifiestan entre los vivos de manera que son perceptibles por estos. Suelen mostrarse sobre todo en lugares que antes frecuentaban en vida, u presencia se vincula a sus personas cercanas más cercanas en vida. La pobreza se define como la escasez o carencia de lo necesario para vivir.
La pandemia de la Covid-19 dejará nuestro país repleto de pobreza y de fantasmas. De desigualdad social e injusticias. De espíritus errantes que nos han dejado, pero siguen permaneciendo junto a nosotros, porque aquí siguen los lugares donde vivieron, y las personas a las que les vinculaba el afecto y la cercanía o la familiaridad. Eso es seguro que lo heredaremos quedará de la pandemia. Aprendizajes, no sé.
Pero donde eso es más palpable es en las residencias de mayores, que ahora conocemos como centros sociosanitarios. Ese lugar donde hemos institucionalizado a nuestros mayores, cuando nos ha sido imposible prestarles la atención que precisaban y siempre merecida. Cuando la enfermedad y los años les ganaron la batalla de la capacidad física o intelectual. Lugares donde la Covid ha supuesto una enfermedad que ha venido a agravar las que ellos ya tenían. Pero donde el virus también ha mostrado, su cara más cruel, y sobre todo su rostro más injusto. Donde a la soledad de los mayores en vida, se le ha sumado la muerte en soledad.
Ante eso, hace años que hemos mirado hacia otro lado. Todos hemos sido, somos y parece que seguiremos siendo, responsables de lo ocurrido, lo que ocurre y lo que pueda ocurrir. Directa o indirectamente, pero responsables del abandono que durante años han padecido nuestros mayores. Lo acontecido es parte de nuestra cobardía, no responsabilidad del político de turno, que también. Callados, porque lo más fácil es callar, y asumiendo que todo es inevitable, que la situación es parte de la inmensa rueda de la economía, de la oferta y la demanda. Pero se mire desde el ángulo que se desee, aquí la justicia social ha brillado por su ausencia. Porque en unos lugares faltaron medios, y reinó la precariedad, mientras en otros con medios, estos no podían suplir la soledad o el abandono. La pandemia no ha sido la suma de todo, sino el detonante de la explosión
Y eso ha acontecido con nuestro sistema sanitario, debilitado por recortes año tras año, pero a la vez con un estado de bienestar prometedor pero fallido. Ese doble condicionante ha hecho que la pandemia se cebe con los más débiles, con los más desfavorecidos, con los más vulnerables. La vacuna evitará el que muchos padezcan la enfermedad, pero no cambiará la vulnerabilidad de nuestros mayores. No podemos dar solo un tratamiento médico, cuando el problema no ha sido solo de salud, porque también es un problema social. Las pandemias no son iguales para todos. En esto también hay clases.
O luchamos contra la desigualdad, o hoy ha sido el Covid y mañana será otro el detonante. En las residencias hemos visto lo amplia que es la línea entre mayores y jóvenes, y como el Covid ha agravado la situación de abandono que ya había en algunos centros antes de llegar el virus. Pero en la calle hemos visto lo inmensa que es la brecha entre ricos y pobres, y el Covid se ha cebado más con la pobreza.
No hay que buscar solo la responsabilidad en la avaricia por ganar a costa de todo y de todos. También hay que buscarla en la falta de control de lo público, que concertó sin vigilar concienzudamente que se cumplía a diario lo concertado. Una administración que ha permitido que esos centros se atienden por personal con sueldos escasos, con muchas horas porque son escasos en número, y obligados no solo a limpiar, cuidar, alimentar, sino hasta a hacer de hijos de los residentes y darles los mismos que no reciben de ellos. Han sido el flotador al que se han agarrado los mayores en el naufragio del aislamiento.
O aprendemos de lo ocurrido y de lo que está ocurriendo, o solo nos quedarán fantasmas y pobreza.

domingo, 10 de enero de 2021

Domingo nevando en casa

Día de nevada copiosa en Albacete. Ha comenzado a nevar sobre las diez de esta mañana de domingo y no ha parado desde hace dos horas. Aprovecho para escribir este post.
Hoy lo mejor es quedarse en casa, con lo que no solo evitamos el riesgo de caídas (son muchas las atendidas hoy en los servicios de urgencias de atención continuada), sino que así, a la vez, contribuimos con ese confinamiento voluntario a frenar la maldita pandemia. Toca a todos y todas ejercer la virtud de la paciencia, y no nos sobraran tampoco ni la fortaleza ni la templanza para hacer frente a todo lo que el horizonte nos ha planteado en esta época que nos ha tocado vivir.
Las cifras asustan. Más de 87 millones de contagiados en el mundo. En España superamos los dos millones y casi cincuenta y dos mil fallecidos. En Europa es el Reino Unido el que peores cifras registrar estos días, y además con una cepa más contagiosa que la inicial. En nuestro país hay ya 60 casos de esa nueva cepa confirmados. Son mutaciones, que es lo normal en un virus, y este incluso muta menos que otros. En España ya se han descrito 39 mutaciones, porque somos el segundo país de Europa que más ha secuenciado el virus, tras Reino Unido. Han pasado las fiestas y estamos en plena tercera ola de la pandemia y las consecuencias de las celebraciones de fin de año empezamos a notarlas en positivos y en hospitalizaciones y la incidencia acumulada supera ya los 340 casos por 100.000 habitantes. En las dos últimas semanas se han notificado 151.000 contagios en España. Algunas UCI se acercan a su límite.
Desde el pasado día 10 de diciembre la curva asciende sin freno. A partir del 31 de ese mes los casos suben y suben. No hay que extrañarse porque eso es la consecuencia de haberse juntado familias, de pensar que las restricciones eran exageradas. Todos hemos ventilado la casa, pero las mascarillas en casa pocos las han mantenido. Todos dudabamos sin juntarnos con nuestros hijos, pero al final muchos lo hicimos y, el error, relajamos las medidas, bajamos la guardia. Las consecuencias pos fiestas son tremendas, aunque se advirtió antes de año nuevo que esto se había disparado. Pero las autoridades autonómicas, salvo excepciones prefirieron esperar a que pasaran las fiestas para endurecer las medidas.
Quienes trabajamos en esto, sabemos que durante estas fiestas se han realizado menos pruebas. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que cuando sabremos realmente las consecuencias de las fiestas navideñas será a partir de la semana que comienza mañana día 11 de enero. Todo lo que hasta ahora hemos visto es una estimación por debajo de la realidad, y será a partir de ese momento cuando veamos el incremento de los ingresos. No es la consecuencia de tres días concretos lo que hay que ver, sino la de todo un periodo de festividades. Las medidas necesarias se deben decidir cuando dispongamos de una foto real de la situación, que será entonces. Decir hoy que no es necesario un nuevo confinamiento o que lo es, es un brindis al sol. Hay que esperar, pero si lo es, hay que decidirlo, porque puede ser necesario para frenar el crecimiento.
Si no se quería un nuevo confinamiento obligatorio, deberíamos haber sido más firmes en la adopción de medidas. Ahora solo podemos seguir las restricciones actuales de cada comunidad y municipio, y evitar contactos, y esperar que funcionen. Viajar o moverse por las ciudades, aunque sea para tirarnos bolas de nieve, es de locos. Los colegios no han sido tanto problema como en principio supusimos. Los institutos y universidades son otra cosa. La hostelería está pagando con su cierre las consecuencias de esa actitud de relajación en el cumplimiento de las normas que hemos visto, pero que se da en las calles, en los botellones, en las terrazas, en los centros comerciales. Posiblemente la restauración sea el sector más castigado por las restricciones, cuando ha sido el que más y mejor se ha adaptado a las medidas y a esas restricciones impuestas. En lugar de cerrar los establecimientos que incumplen se ha decidido cerrar todos, con la injusticia que siempre suponen las generalizaciones.
Han comenzado las vacunaciones a menos ritmo del que sería deseable. Antes de hablar de ello debe quedar muy claro que la vacunación no debe suponer un relajo de las restricciones ni de las recomendaciones. Sobre el ritmo de vacunación, es bajo. Razones para ello se dicen muchas, pero hay una incuestionable y es que la planificación en muchas CA no ha sido la más adecuada. En una pandemia no se puede pensar en si es domingo o es lunes, si es en turno de mañana o de tarde. Lo más importante es vacunar cuanto antes y a cuanta más gente mejor. No vale decir que se ha vacunado poco porque eran las fiestas navideñas, porque si se han podido realizar otras actividades, la vacunación también podría haberse realizado. Creo que los conductores de los servicios públicos, dependientes de comercios, y otros muchos profesionales han trabajado esos días y no por ello han dejado de ser fiestas navideñas. Gobernar significa priorizar, y la vacunación es la mayor prioridad de cada una de nuestras CCAA, porque la salud de sus ciudadanos es o debe ser lo más prioritario. Enfermos de poco nos valdrá nuestra economía.
Disponemos de vacunas y no pueden permanecer en los frigoríficos mientras la gente muere. Mirar el número de vacunados no puede convertirse en una carrera para ver quien ha vacunado más y colgarse una medalla. Se han repartido 744.000 dosis y hasta el viernes se habían aplicado 278.000, lo que significa que hay disponibles casi 500.000 dosis para aplicar a otros tantos ciudadanos. Las CCAA deben destinar a eso todos sus recursos. Si se pregunta a los profesionales de Atención Primaria sobran voluntarios para dedicarse a esas tareas en todas las CC, sin necesidad de contratar con la sanidad privada, y si se quiere sumar la privada con sus recursos, mejor y mucho más rápido ira todo. Si esperamos al contrato en el concurso público, se nos pasaran las uvas. Hay que trabajar todos los días incluidos los festivos y para ello hay que mejorar la logística de la distribución y reorganizar los equipos de primaria. Si lo ha hecho Asturias, se puede hacer en todas las demás CCAA sin excusas.
Y algo para terminar. Se encuentra uno en las redes infinitos bulos sobre las vacunas, que van desde que la primera vacunada en España había muerto, que hay unas reacciones misteriosas en la piel, que se ha suspendido la vacunación en Argentina pro la gravedad de los efectos adversos, o chorizos vendiendo falsas vacunas a quienes quieren vacunarse antes de que les toque. No hagamos ni caso, de todos los vacunados en nuestra provincia lo único destacable es un número reducido de personas con décimas de fiebre la noche de la acuñación, alguna que refiere dolor de cabeza, y varios que dicen que les duele donde les pincharon. Todos síntomas banales que remiten de forma espontánea. La secretaria de la Sociedad Española de Inmunología comento en un programa que entre los doce millones de vacunados solo se habían descrito 10 casos de reacciones graves, lo que es insignificante estadísticamente, y que eran casos que habían respondido satisfactoriamente a la medicación de la que disponemos para estos casos.
Toca vacunarse, toca vacunar. A día de hoy en España se ha vacunado el 0,4% de la población, una cifra que debe crecer exponencialmente. Hay vacunas, hay profesionales y ciudadanos que desean recibir su vacuna. Planifiquemos cuanto antes y cojamos ritmo de crucero en una tarea crucial.
Buenos días.

miércoles, 6 de enero de 2021

Día de Reyes

Cada vez es mayor el número de zonas, de pueblos y ciudades, de Comunidades Autónomas y de Países, que ven como la incidencia del COVID crece sin freno en sus territorios.

En nuestro país, los sanitarios de Atención Primaria ya advertimos a mediados de diciembre, que, tras el puente de la Constitución, las cifras en España se dispararían. Pero todo fue predicar en el desierto. No es cuestión de señalar responsables, pero esto ha evidenciado que vivimos en una sociedad en la que reina el egoísmo, una actitud que está bastante en relación con la edad. Abuelos y niños con un comportamiento ejemplar, junto a jóvenes y adultos entre los que encontramos la diversidad de actitudes: internos, externos y mediopensionistas, y con comportamientos para todos los gustos.

No se interprete de lo anterior, que yo considere responsable de la actual situación, solo a los ciudadanos de a pie con edades intermedias, en exclusiva. Ni mucho menos. Pero no puedo admitir como aceptable, esa respuesta fácil que señala como únicos responsables a los políticos, por no tomar las medidas oportunas. Aunque no sea fácil de asumir, somos todos responsables, cada uno en su nivel (gobierno central, CCAA, ciudadanos). Y también los sanitarios, a los que nos ha faltado mano dura ante muchas situaciones que hemos contemplado y tolerado, sin dar un golpe en la mesa y poner en conocimiento de las autoridades el incumplimiento de las normas.

Ahora, poco importa quién sea más responsable, porque quienes lo vamos a pagar a más alto precio serán quienes enfermen y quienes les asistimos. Después de ver las calles de pueblos y ciudades, el puente de diciembre, los días de Navidad, los de año nuevo y ayer víspera de Reyes, no hace falta ser sanitario para saber lo que se avecinaba y ya está aquí. Los sanitarios vimos llegar la primera ola y nos tocó trabajar a destajo y en malas condiciones. Luego tras el confinamiento y muchos miles de fallecidos, parecía que la cordura empezaba a imperar entre nosotros. Pero llegó la segunda ola y nos tocó de nuevo trabajar a tope, y de nuevo cuando parecía que se entraba en ritmo de control, se escuchó aquello de “salvemos las navidades, salvemos la economía”. Hace tres semanas desde atención primaria empezamos a hablar del riesgo real de una tercera ola, pero sabiendo que lo que hacíamos era predicar en el desierto.

Se habrán salvado las navidades, pero eso nos ha costado, nos está costando, y nos va a seguir costando muchas vidas durante todo este mes y principios de febrero. Porque en nuestro país seguimos en el “sálvese quien” pueda, capaz de desmoralizar al más pintado. A veces tenemos la sensación de que vivimos en un país de necios, de personas sin criterio que no aprenden ni a palos, ni ante el cuerpo frío de un familiar muerto. Las normas parecen ser para los demás, no para nosotros. El culpable siempre es otro, el gobierno del estado por no tomar las decisiones que sabemos que no puede tomar; los gobernantes autonómicos por no ejercer sus responsabilidades; y los demás ciudadanos, por irresponsables y no cumplir normas. Nosotros personalmente no somos responsables de nada de lo que ocurre, enrocados en el “a mí que no me impongan nada, ni me responsabilizo de nada, que yo tengo que seguir mi vida”.

Que nadie piense que las vacunas son motivo para la relajación, porque esto va para largo, y que estemos todos vacunados no evitará las mascarillas, la necesidad de lavarse las manos, los metros de distancia, las muertes no solo de mayores. Demasiadas emes. Y todo apunta a que nos veremos en la necesidad de un nuevo confinamiento. Porque hasta ahora, el único que parece confinado es el “sentido común”. Porque solo eso puede explicar, que, si sabemos que no se puede, eso debería imponerse a que no se debe. Pero al final gana el “sálvese quien pueda”. Y es que necesitamos que nos prohíban las cosas, no queremos ver la necesidad de no hacerlas, sencillamente por responsabilidad personal.

Yo le pedí a los Magos un paquete de responsabilidad colectiva, pero junto a las botas esta mañana no he encontrado nada. Igual me lo han dejado en casa de algún familiar o amigo.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Comentario del domingo 20 de diciembre

Buenos días, en este domingo gris aquí en tierras manchegas.
Son ya más de 72,5 millones de casos de COVID-19 y más de 1,6 millones de fallecidos. La esperanza está puesta en las vacunas, como si estas fueran la primera luz al final del túnel. Pero no nos engañemos, porque las vacunas no van a cambiar el panorama actual de forma rápida. Las vacunas nos ayudaran a frenar la rapidez de propagación del virus, pero para volver a la "normalidad" puede que debamos esperar hasta comienzos de 2022 siendo optimistas, según apuntan las publicaciones a las que tenemos acceso los sanitarios. Esa fecha de 2022 la fijan porque parece ser que hasta entonces no se alcanzará un número de vacunados que se considere suficientemente importante como para provocar el optimismo. Las medidas del distanciamiento social y uso de mascarillas han llegado para acompañarnos aún durante 2021 e incluso más. No es cuestión de que nos engañemos nosotros mismos, porque la salida del túnel no será ni fácil ni rápida.
Ahora conviene centrarnos en aquellas personas que tienen mas riesgo de que el Covid les conduzca a la muerte. Hoy sabemos, según se publica en los últimos estándares de la `ADA 2021 (American Diabetes Association), que el 40% de las muertes por COVID-19 ocurren en pacientes con diabetes, y por lo tanto su vacunación debe ser considerada prioritaria, al igual que para personas que tengan una obesidad extrema, como señalan también dos sociedades medicas españolas.
Pero mientras se inician las vacunaciones, seguimos viendo como en algunas ciudades siguen planteándo un testeo masivo de su población. Esto puede ser una estrategia eficaz para evitar el contagio y la propagación en esa ciudad, pero también puede quedar en un intento bien intencionado, pero fallido, como ya ha ocurrido en muchas ciudades donde esa estrategia ya se ha realizado. Puede que fuese más rentable, puesto que ya dispondremos de la vacuna en unos días, gastar todos los esfuerzos en preparar la mejor logística para la inminente campaña de vacunación. Puede que realizar un testeo masivo cause una buena imagen de sus promotores, pero lo importante no es la imagen de ellos, sino el control de la pandemia.
Cada día que pasa conocemos más cosas sobre esta enfermedad. Hoy leía una publicación donde se recogen más de 50 manifestaciones clínicas posenfermedad, y aún persisten muchas dudas sobre si otros síntomas son también secuelas del COVID. En ese articulo las agrupaban en diez familias de síntomas: generales, torácicos, neurológicos, locomotores, digestivos, otorrinolaringológicos, cutáneos, vasculares, oculares y genitourinarios. Esos datos son resultado de una encuesta a 600 pacientes en Francia. Tienen prevista una segunda fase de la encuesta para valorar la existencia de también de síntomas psicológicos o psiquiátricos. No obstante hay que pensar que estamos ante una enfermedad que solo conocemos desde hace un año, y lo que iremos viendo sobre sus secuelas con el paso del tiempo será cada día cambiante.
Por ahora la mejor forma de afrontar la pandemia se ha demostrado que es el confinamiento, pero eso nunca puede entenderse como la solución del problema. El encierro no puede ser la estrategia adecuada a largo plazo, sino que la mejor estrategia de lucha debe basarse en proteger principalmente a los grupos de población vulnerable, y sobretodo hacerlo mucho mejor que lo hicimos antes. Dentro de ese grupo a proteger prioritariamente, deben estar los residentes de centros socio sanitarios, los mayores en general, los diabéticos, obesos, pacientes con Enfermedad Obstructiva Crónica (EPOC) e inmunodeprimidos, entre otros.

Buen día. 

Una frase. Una certeza

“La política ha sufrido un deterioro de imagen enorme. Se ha instalado ese tópico de que los políticos solo están para aprovecharse. Pero la política es solo el chivo expiatorio. Lo que hay que regenerar es todo el espacio público. Incluidos los medios de comunicación, que tienen pendiente una profunda autocrítica”

C. Salmon 

Toca asumir que juntarnos en Navidad es una actividad de alto riesgo

Ayer viernes Sanidad comunicaba 11.815 nuevos contagios y 149 fallecidos en las ultimas 24 horas. España se acerca al 1.800.000 pacientes confirmados y supera los 48.000 fallecidos con test realizado. Hay una incidencia en crecimiento de 214, 12 por cada 100.000 habitantes. No somos únicos en el universo, porque el coronavirus ha llegado a casi todos los países del mundo. España lo hizo en marzo, pero ya son mayoría los gobiernos obligados a imponer restricciones y reducido de forma drástica las actividades de ocio como mejor formula para intentar contener el virus.

En las conversaciones, comentarios o debates en nuestros medios de comunicación, se impone algo muy hispano: mirarnos el ombligo convencidos de ser el centro del universo. Pasamos de ser el mejor sistema sanitario del mundo al peor, de tener a los sanitarios por héroes a verlos como villanos, de presumir de campeones del mundo a creernos incapaces de marcarle un gol ni al arco iris. Quienes así opinan se olvidan de que solo somos uno más entre el conjunto de países. Quizás esa forma de actuar es la causa de que no hayamos entendido aún, que este es un problema mundial donde no vale poner de ejemplo la gestión de los demás para machacar la nuestra, o ensalzar la nuestra para dilapidar la de los demás. La realidad es que cada país lo hace lo mejor que sabe o puede, y no es lógico pensar que todos los gobiernos quieran hundir sus economías, acabar con la restauración.
Sencillamente todos los países utilizan aquello que está en su mano, porque no hay un método infalible para frenar esta pandemia. Y a pesar de eso, el numero de fallecidos en el mundo ha superado el millón en septiembre y puede que este mes veamos doblada esa cifra. Y hablo de cifras oficiales, porque son muchos los países donde morir es lo habitual e importa poco en sus estadísticas si fue el coronavirus o lo devoró una fiera. Y a pesar de esos datos de tragedia, parece que no ha sido suficiente una primera ola para hacer entender a la humanidad el riesgo que corre la salud y la economía mundiales. Ahora estamos en mitad de una segunda que ha engrosado el registro de fallecidos a un mayor ritmo que la anterior ola primaveral, pero solo parece importante que ya disponemos de vacunas y que eso hace innecesario adoptar medidas de restricción más estrictas.
En nuestro país, la pandemia se ha convertido en un arma política arrojadiza, Si se actúa, malo porque se actúa. Si no se hace, malo porque no se hace. Se ha calificado al Gobierno de dictador por adoptar un mando único; si se delegaron las decisiones en las CCAA, entonces es desentenderse del problema, y se pide al Gobierno que asuma el mando único. Demasiado tufo a populismo, cuando no a puro cinismo oportunista, demostrando que los fallecidos importan solo si suponen votos y desgaste al rival político. Como si lo que pueda suceder a un vasco, no le importase a un manchego, a un catalán o un madrileño, y a la reciproca. Todos los demás países son modelos de gestión menos el nuestro, aunque fuera si se alabe nuestra gestión. El tiempo está acabando por evidenciar que ningún modelo garantiza ser infalible ante el virus, salvo las medidas de confinamiento.
Basta revisar la situación que hoy viven los países modelo a seguir, para constatar lo afirmado. Corea del Sur había acabado con el virus, esa misma Corea que tres días consecutivos ha superado los 1000 contagios, y hoy anuncia restricciones estrictas como las nuestras de marzo; Alemania, donde hemos visto días de cerca de 30.000 contagios y superar los 900 fallecidos; Dinamarca, que tras un récord de 4.500 contagios en un día, cerró sus centros comerciales el jueves, y el lunes clausurará escuelas, peluquerías y fisioterapeutas, solo abren supermercados y farmacias, hasta el 3 de enero; Portugal con restricciones de movilidad con 366.952 positivos pero de ellos 70.000 casos activos, y 6.000 fallecidos; la República Checa ha cerrado bares, restaurantes y hoteles; Reino Unido, registraba 20.263 nuevos casos de coronavirus; Italia con un rebrote que le ha obligado a suspender las fiestas de Navidad; Francia con cierres totales de la restauración desde hace días y horarios de toque de queda; Estados Unidos que supera las 300.000 muertes por COVID-19 y una ciudad emblemática como Nueva York no descarta otro "cierre total"; Países Bajos, los que no admitían un reparto de fondos para hacer frente a la pandemia, porque era algo que no iba con ellos, y que hoy es un país confinado hasta mediados de enero.
A pesar de esos datos de crecimiento de contagios y de esas medidas estrictas en los llamados países a imitar, curiosamente aquí no acaban de saltar las alarmas. Cada CA va por libre, y no solo no parecen ver en la pandemia un problema mundial, o de todo el Estado sino algo regional que se soluciona con medias regionales y restricciones a la carta. Parecen no querer ver que una pandemia no sabe fronteras, de patrias, ni de colores políticos, y que no se combate con medidas más orientadas a hacer su agosto electoral que a tomarse en serio que o se tomar medidas drásticas o la tercera oleada la tendremos a mediados de enero. En vez de hacer una propuesta alternativa seria, escuchar al líder de la oposición identificando como el gran problema es que el problema es que el presidente no llora como Merkel, o que le exija un mando único estatal, mientras alienta las medidas dispares de cada una de las CCAA donde su partido gobierna. El nivel de nuestra política está alcanzando las más bajas cimas de su historia.
Hay un empeño nacional en no aprender de lo vivido. Llevamos en subida desde el día 9, siguiente al puente de la Constitución, y hoy ya no hay duda que la tendencia ha cambiado y que aún no hemos visto todas las consecuencias de ese puente en las cifras. En 10 CCAA está subiendo (en cuatro la incidencia está por encima de los 250, es decir, de riesgo extremo: Baleares (322), Madrid (262), País Vasco (256), C. Valenciana (254) y Castilla-La Mancha (251). Y en las otras siete, junto con Ceuta y Melilla, se ha estabilizado. Lo cierto es que, si a ese puente le añadimos Navidad y Año nuevo, nos iremos a mediados de enero viendo las cifras elevarse sin freno hasta finales de enero.
La pregunta es ¿seremos suficientemente responsables para tener celebraciones seguras? Si dudados de la respuesta, entonces estamos contestando con un NO. Siguen siendo los mayores de las residencias los que mas fallecen, pero no se puede obviar que en cada hogar de nuestro país hay personas mayores, o conviven personas que tienen factores de riesgo a los que un contagio pondría en riesgo sus vidas. Pero el riesgo es extensible a la población en general, porque incluso quienes ya tiene anticuerpos por haber pasado la infección, desconocemos a ciencia cierta que están libres de no volver a contraerla. Muchos países no celebrarán sus navidades. Pregunta ¿Tan difícil nos resulta a los españoles plantearnos que estas Navidades, ni pueden ni deben ser como las anteriores? ¿Tan difícil nos resulta asumir que juntarnos es una actividad de alto riesgo? Siempre me gusto prevenir, debe ser por deformación profesional, y por eso os comentaré algo ocurrido recientemente. A finales de octubre yo me encontraba en Asturias, y la incidencia era baja, pero empezaba a crecer sin llegara a ser alarmante esa tendencia. A mi regreso a Albacete, las cifras seguían en la misma tendencia y el gobierno asturiano pidió autorización al gobierno central para realizar un confinamiento domiciliario y cerrar las actividades no esenciales en todo el Principado. Se le denegó, y la tercera semana de noviembre Asturias vio sus hospitales saturados, las actividades no esenciales han estado cerradas hasta diciembre.
No escuchar a los epidemiologos, y jugar a la ruleta rusa con medidas insuficientes para evitar una tercera oleada consecuencia de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, es poner por delante de la salud de los ciudadanos, algo lúdico y consumista, sin darse cuenta que esto será pan para hoy pero hambre para mañana. Al tiempo.

lunes, 26 de octubre de 2020

LA CULPA ES DEL OTRO

 Cambia el concepto de contacto estrecho.

Hasta ahora, el criterio parecía ser claro: se consideraba contacto de riesgo o contacto estrecho a aquellas personas que hubieran estado a menos de dos metros de una persona contagiada durante al menos 15 minutos seguidos. Sin embargo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) añaden ahora un matiz: esos 15 minutos no tienen por qué ser seguidos, sino que estar en contacto con alguien contagiado varias veces al día, hasta alcanzar ese tiempo, supone también ser un contacto de riesgo.

Según han ido pasando los meses, siempre ha habido unos culpables del COVID-19 diferentes:
Enero: los laboratorios chinos
Febrero: todos los chinos
Marzo: las mujeres del 8 M y los italianos
Abril: los niños en los parques
Julio: los emigrantes y los temporeros
Agosto: Los irresponsables de las fiestas y botellones
Septiembre: Los barrios pobres de las ciudades
Octubre: Los jóvenes universitarios y los jóvenes inconscientes.
Y dos culpables continuos toda la pandemia: Pedro Sánchez y su gobierno social comunista; y los otros, pero nunca yo.
También se puede poner algo de nuestra parte, no todo tiene que estar regulado por ley, pero lo fácil es pensar que la culpa siempre es de los otros. En marzo no era previsible nada, pero ahora estamos mucho mejor preparados: con EPIs, mascarillas, test PCR y de antígenos, respiradores, equipos de rastreo de contactos, conocemos como se propaga el virus, etc.
¿Dónde está el fallo?
Siempre en los otros.

Fantasmas y pobreza

Los fantasmas, en muchas culturas, son supuestos espíritus, almas errantes de seres muertos que, sin saber porqué, se manifiestan entre los ...