domingo, 21 de febrero de 2021

Estupidez

 

"Es solo por su estupidez que algunos pueden estar tan seguros de sí mismos". Franz Kafka, escritor checoslovaco.
Nunca podemos estar seguros de si lo que hemos hecho es lo correcto o al hacerlo le hemos dado basas al contrario. Llevamos varios días en los que los informativos están llenos de imágenes de manifestaciones en muchos lugares, relacionadas con el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél. Muchos las justifican como la respuesta de la sociedad a la degradación de nuestra democracia, convencidos de que nuestra calidad democrática está mermada, como si por muy bajo que fuese su nivel, eso sirviese para el sostenimiento de una dictadura camuflada.
Personalmente no lo creo. Me huele todo más a miedo, a odio, al descrédito de las instituciones (a veces merecido y hasta trabajado por ellas mismas), a la consecuencia de los discursos de casi (y a veces sin casi) la extrema derecha basados en mentiras, a la estrategia de los agitadores profesionales, esos para los que nada es bueno si ellos no ocupan el vértice de la pirámide.
Si los referentes para valorar nuestra democracia no los encontramos en Europa y en como ha avanzado en nuestro propio país, aun con todos sus errores y todas sus imperfecciones, yo no sabría donde buscarlos. No me gusta el modelo USA por muy alabado que para algunos deba ser. El peor enemigo de la convivencia en democracia es la globalización, un fenómeno ya transversal de todas las sociedades, que ha transformado la democracia en un elemento más del mercado, tanto que hasta con la calidad democrática se especula.
Defendemos la libertad de expresión. Los medios defienden la libertad de expresión pero pocos de esos medios permiten a tertulianos que hablen con absoluta libertad, y aquellos que han osado hacerlo han desaparecido de sus tertulias sin ninguna explicación. La verdad no está de moda, porque nos obliga a reflexionar y eso suele molestar. Para algunos parece importar más como se percibe la realidad aquí dentro, que como se ve esa misma realidad desde fuera, algo que en esa ya citada globalización importa tanto o más que la percepción interna. ¿Qué es la libertad de expresión? Porque no puede ser cualquier burrada dicha por quien se le ocurra. Tampoco debe ser lo incívico, lo vejatorio, ni el insulto ni el odio. Y en un país civilizado tampoco debe serlo la mala educación. Tampoco la manipulación informativa ni la mentira, porque no todos los medios cuentan el mismo hecho de la misma manera, sino el hecho versionado con su sesgo ideológico. No toda la libertad de expresión tiene la misma importancia, porque no tiene la misma repercusión lo dicho por alguien que ocupa una responsabilidad, que por quien es considerado un don nadie.
No sé si la violencia es parte de la libertad de expresión de alguien, pero si se entiende así, me posiciono en contra. La condeno sin ser juez togado, sino solo un ciudadano más. La violencia callejera no es un fenómeno fácil de entender ni de explicar, pero lo rechazo como a toda violencia. Y no por ello me considero ni mas conservador ni poco progresista. Ni aunque tenga su raíz en una decisión política o jurídica equivocada o errónea intencionadamente. Si se entiende que la violencia es parte del ejercicio de la libertad de expresión, o como el ejercicio de un derecho, no lo comparto, porque los derechos deben servir tanto para ejercer la libertad como para que alguien pueda perderla. El silencio es un derecho, tanto como lo es levantar la voz.
Si no queremos continuar con esta duda de lo que es penable judicialmente y lo que no debe serlo, cambiemos el código penal, porque los que juzgan deben atenerse a las leyes vigentes, y son demasiadas las leyes nuestras que permiten todo tipo de interpretaciones. Deberíamos preguntarnos si lo que ha provocado una sentencia no es precisamente lo que más hubiese deseado el condenado en ella. Hay cosas que deben pensarse antes de hacerlas. Quienes defienden algo sin matices, acaban siendo cómplices de lo contrario a lo que se dicen defender

Catalunya

 En Catalunya, tras cuatro años parece que todo cambia pero que todo sigue igual. Son diez años con una situación que el tiempo nos ha demostrado como insoluble, pero que alguna salida debe tener. El bloque independentista ha obtenido una mayoría suficiente para gobernar, pero no es la necesaria para que pueda sacar adelante su proyecto. Demasiada abstención para hacer valer esa mayoría como refrendo ala independencia y todos los actores lo saben. Demostrado adónde lleva la unilateralidad. La de ayer es una victoria cuantitativa de ERC, JUNTS y la CUP, pero pocos la entienden en términos de legitimidad como validante de su decisión de promover la independencia. Es hora de hacer política o el burro se cansará de dar vueltas alrededor del pozo y todos moriremos de sed. Da igual quien caiga antes.

Hay alternativas

 Podrían plantearse muchas alternativas a una apertura de todo a la vez. Una podría ser que, quizás para que no haya contagios en las concentraciones, habría que turnar los locales que puedan abrir, estableciendo unas distancias mínimas de 100 o 150 metros entre ellos.

Lo que está claro es que sin salud, no hay economía porque no hay consumidores. Los dirigentes deberían cuestionarse si con ese tira y afloja, no se están cargando aún más la economía, porque los contagios nos obligan a tener que gastar todo en sanidad. Esa dicotomía entre salud o economía es falsa, y es la consecuencia de este camino agónico por obtener ingresos, sin asumir que cerrar, abrir, cerrar, abrir, etc es más perjudicial para la salud y para la economía que cerrar hasta una incidencia inferior a 25 por cada 100000 habitantes, y luego abrir todo dispuestos a adoptar medidas radicales de aislamiento ante un solo caso. No es una idea, sino copiar de quien funciona. Véase Australia o Nueva Zelanda donde se aísla un millón de habitantes por un solo caso y el resto del país funciona al 100%.
Nuestra realidad es muy distinta. En la foto véase Albacete el sábado por la tarde noche. Mejor no poner fotos de nuestros hospitales ni de las UCIs. En fin.

Políticamente incorrecto

 Puede que lo que voy a exponer en este post no sea política ni económicamente correcto. Solo espero que lo sea sanitariamente.

Los datos son muy claros. Tanto como lo fueron tras la primera y la segunda oleada de la pandemia. Los contagios están bajando de forma evidente en todas las CCAA. Y tanto como ocurrió detrás de la primera ola, que vino una segunda, y que tras la segunda vino una tercera, no podemos descartar que tras esta tercera nos llegue una cuarta. De como se hace la desescalada depende lo rápido y lo alta que sea la incidencia de la ola siguiente. La sensación es que no solo somos capaces de tropezar dos veces en la misma piedra, sino que lo haremos por tercera vez. Tan solo hace falta abrir la mano, para que parezca que no hay un mañana y que las zonas de copas y ocio se pongan rebosantes de personas que comienzan respetando las medidas, pero que las relajamos de manera directamente proporcional al número de veces que se empina el codo.
Una cosa es que tenga derecho a vivir la hostelería y el ocio, y otra es que a la vez decidamos que el que se muera por Covid no es problema nuestro; o que quienes pelean en las UCIs ya sea en la cama o atendiendo a los encamados; o que los hospitalizados en las salas de hospitales dedicadas a pacientes Covid u sus cuidadores; o que los que necesitan permanecer confinados por ser positivos o guardando cuarentena por ser contactos estrechos, y todo el personal sanitario encargado de su atención, estemos condenados a un castigo perpetuo y al parecer no revisable. Se vuelve a abrir la mano, y ayer en algunas zonas se tomaron el pie.
¿Alguien sabe como puede ser una cuarta ola? Ya parece algo que ocurrió hace muchos meses lo acontecido con las Navidades. Ahora hay vacuna. Pero también tenemos eso que llaman mutaciones. Pocos podemos entender, que mientras Sanidad pide que se mantengan las medidas, aunque tengamos una buena tendencia, veamos como Euskadi y Castilla-La Mancha ya han reabierto los bares; que Murcia lo haga en gran parte de la región; o que Madrid retrasa el toque de queda. Lo que opinen los epidemiólogos no importa, sobre todo a quienes más han defendido que había que hacer caso a los profesionales de la salud. Nos olvidamos de que aunque haya llegado el pico de la curva de contagios, el pico de fallecidos aun no lo ha hecho.
La vacuna ayudará posiblemente porque al tener vacunadas las residencias y los mayores, puede que crezca la incidencia pero no se saturen los hospitales, porque los vulnerables estén vacunados. Pero las variantes pueden jugarnos una mala pasada. Pero es impredecible si tendremos o no una cuarta ola, y mucho mas impredecible la intensidad de la misma. Pero lo que si sabemos es que la fuerza con la que llegue dependerá de hasta donde seamos capaces de bajar la incidencia tras la tercera, por lo que hagamos hasta la primera semana de marzo es fundamental, porque no vale conformarse con que la incidencia baje, hay que lograr que baje por debajo de 50 casos por cada 100.000 habitantes. Es comprensible que la gente esté cansada, pero eso no puede justificar que se relajen las medidas antes de tiempo. Pueden ser admisibles ahora las actividades al aire libre, pero parece un riesgo innecesario permitirlas en todos los locales cerrados, porque no todos cumplen las medida por igual.
Creo que la desescalada debe ser más pausada que en ocasiones anteriores, y no hemos empezado bien la de esta tercera ola.

Píldoras sueltas

 A veces leemos un artículo de prensa o escuchamos un informativo, y solo nos quedamos con lo que estrictamente nos cuentan, sin intentar ver un poco más allá de ese contenido.

Ayer, oyendo uno de tantos noticieros, pensé lo triste que resulta ver, como hemos sido capaces de normalizar que a diario mueran del Covid cientos de personas. Ya ni nos alteramos, lo vemos como normal y cotidiano. Hace tiempo, que son sólo un número, pero que sólo tienen nombre para sus seres queridos. Nuestros muertos parece que solo son eso, un número en un bombo de lotería. Bolitas sin nombre ni apellidos.

Con más de dos millones de muertos por la Covid 19, y hoy con varios millones más de vidas en juego, las vacunas no puede ser parte de un negocio. No pueden existir disputas entre las grandes empresas farmacéuticas, que lleven a la muerte a muchos ciudadanos. Si eso ocurre, el concepto de fármaco se ha pervertido, y ha pasado a llamarse euro, dólar, etc.

Este es el país donde mayor número de expertos existe en eso que se denomina "política de tierra quemada". Muchos de ellos son auténticos antisistema. Algunos los vemos disfrazados de populismo de Chanel, aunque en realidad solo es perfume barato. Se autoproclaman salvapatrias. Pero los hechos son tozudos. Un ejemplo: qué no se haya vacunado ya a todos los sanitarios y trabajadores de residencias, y que se suspenda la vacunación alegando falta de vacunas (las cifras de entregas no dicen eso), y a la vez se plantee ampliar horarios y relajar las medidas. Eso no es de salvapatrias, ni de preocupados por la economía, ni de defensores de la hostelería. Es de demenciados convencidos de que en política lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal.

España supera por primera vez las 100.000 vacunaciones al día. Exactamente, 100.564. La mayoría corresponden a segundas dosis. Más de medio millón de personas han recibido ya la pauta completa. España está acelerando el ritmo de vacunación, y ha conseguido superar su récord de 94.548 personas vacunadas el pasado 18 de enero. De las más de 100.000 vacunas registradas, en las últimas 24 horas, 87.144 corresponden a segundas dosis y 13.420 a primeras. De hecho, ya más de medio millón de personas (586.122) han recibido la pauta completa de vacunación contra la Covid-19. Lo que supone el 32,42% de las dosis administradas

Tenemos dos problemas graves: el sanitario y el económico. Con dos soluciones: las vacunas y los fondos europeos. Por eso cuesta entender que haya quien no vea que ambos asuntos deben ser considerados cuestiones de Estado, y no de lucha entre partidos, y ambos asuntos utilizados como armas arrojadizas en la disputa partidista nacional. ¿Qué más debe ocurrirnos para que todos rememos en la misma dirección?
Más vacunas y cuanto antes, pero que lleguen y pronto, depende de la gestión de Bruselas, y no ayuda en nada, que las dosis sean convertidas en un asunto para reprochar una mala gestión nacional. Presionen a las farmacéuticas en España, pero háganlo juntos, no a espaldas uno del otro. Culpar al gobierno del retraso en la llegada de las vacunas, no hace que lleguen antes que es lo que necesitamos.
Tampoco ayuda que se intente, para desgastar al gobierno, que Bruselas retrase la llegada de esos fondos, con el argumento de que se van a repartir de forma corrupta y solo para los amiguetes. Si eso ocurre, denunciese, pero cuando suceda. Hacerlo ahora solo sirve para entorpecer la llegada de algo que TODOS necesitamos como el comer.
Esta forma de hacer oposición daña más al país en su conjunto, que todas las ideas de independentismo. La actitud de la oposición, que se olvida que ahora no está en el gobierno, no tiene sentido en estos asuntos, ni hoy, ni ahora. Para mí, esto es lo que se define como patriotismo mal entendido.

Luego vas y te quejas.

 Las cifras que definen el poder del virus, tanto en contagiados, hospitalizados, en las UCIs, o n la de los tristemente fallecidos, ponen los pelos de punta al más impasible.

Pero en este tipo de escenarios es cuando aperecen todas las carencias que tiene nuestro sistema socio económico.
Nos quejamos de que las vacunaciones no adquieren el ritmo que sería deseable, pero nos olvidamos que si eso es así, no se debe a la falta de personal en nuestra sanidad, que seguro dedicaría las horas que fuesen necesarias para vacunar a toda la población lo antes posible. El problema está en que algunas empresas farmacéuticas están convencidas y lo ponen en práctica, que en estos tiempos a ellas lo único que les interesa es el dinero, el vender al mejor postor. No importan las razones humanísticas sino la ley de la oferta y la demanda. La demostración de que manda el mercado y sus leyes, y no los ciudadanos ni sus representantes electos. Incluso nada les importa si ya tienen un contrato firmado. Lo que importa es si hay otro que paga más, porque entonces ese va primero. Israel, Reino Unido, o EEUU lo saben bien y son los grandes beneficiados de que eso sea así. Vacunan más porque tienen más vacunas porque las pagan más caras. Ayer nos enteramos de que Trump ya lo hizo con los respiradores que no nos envío porque alguien se los pagó más caros.
Las vacunas hoy son un privilegio para los países ricos. Y lo que es peor, aquí se han convertido en un arma arrojadiza con la que algunos han decidido hacer su política nacional. Todo vale en esta sociedad donde impera el egoísmo, el poder económico, la impunidad del dinero.
De este modelo de sociedad, todos somos responsables. Unos porque lo hemos tolerado, y otros porque lo han implantado apoyando con su voto a un neoliberalismo voraz, al que sólo se le ve el plumero cuando ocurren situaciones como esta que estamos viviendo.
Luego vas y te quejas.

Los días de aplausos ya pasaron

Que lejos quedaron los días de los aplausos. Claro que no es así para todos los pacientes que tratamos, pero si quedan muy lejanos para algunos otros, que no quieren entender lo difícil que resulta ejercer esta profesión de sanitarios en una situación de pandemia. Es tan fácil pasar de héroes a villanos, como lo es pasar desde el amor al odio.
Tener que volver a explicar que no se debe acudir a consulta sin cita telefónica previa, parece para algunos un motivo para hacer de eso un incidente, casi un atentado a su persona. No será porque los medios no repiten, una y mil veces, que han aumentado los contagios, que tenemos mayor presión hospitalaria, o que las UCIs empiezan a estar desbordadas. Pese a repetirlo una y otra vez, hay quien seguro que lo sabe, pero a pesar de ello, con su actitud hace que de nuevo aflore la crispación social, y que de nuevo nos convirtamos los sanitarios en el blanco de sus frustraciones. Hay quien no entiende, o no quiere entender, que las medidas de cierre de establecimientos intentando evitar el contacto físico, o el filtro que se ha establecido para el acceso a los centros de salud, son en verdad medidas más para proteger a los ciudadanos que pueden contagiarse, que a quienes les atendemos.
Pero mucho más importantes resultan esas normas cuando se trata de visitar un centro sanitario, lugar donde nos podemos encontrar sin esperarlo, a un enfermo aún sin diagnosticar. No son medidas para proteger solo a quienes atendemos los servicios esenciales exclusivamente (que también) sino para proteger a los ciudadanos que acuden a ellos. Para nuestra desgracia, esos trabajadores esenciales y en especial los sanitarios, ya estamos acostumbrados a una exposición permanente al riesgo de contraer la enfermedad mientras ejercemos nuestra profesión.
Puede que haya quien se obstine en no verlo, pero de nuevo estamos viendo aumentar la demanda en las consultas, tanto por el incremento de contagios, como a pesar del incremento de contagios, y con ello aumenta también la incertidumbre y el nerviosismo que están pasando muchos pacientes. Parece absurdo tener que volver a explicar (pero hay que hacerlo) que si no le cogemos el teléfono en el centro de salud, es porque se está atendiendo a otro paciente, y no porque estemos cruzados de brazos o no haciendo nada, ni porque el centro de salud esté vacío. Lo cierto y verdad es que no hay día que no se atiendan más de cincuenta consultas telefónicas, que son más largas que las presenciales, y en las que se intenta dar respuesta a todas las demandas que se tienen, además de atender a aquellos que precisan una consulta presencial.
Desde aquí me gustaría pedir a todos los pacientes, tanto los que atiendo yo como a los que lo hacen otros compañeros o compañeras, un poco de comprensión con los profesionales. En vez de convertirnos en la diana de sus reproches, mejor harían en reprochar su actitud de no respeto a las normas y recomendaciones, a aquellos que en estas fechas siguen pensando que la pandemia no va con ellos. Todos cometemos errores, pero algunos son más responsables que otros de la situación que vivimos, y no creo que los sanitarios seamos los que tenemos mayor parte de esa responsabilidad.

Lo peor que puede sentir un profesional es el desánimo, porque eso te lleva a cuestionarte si merece la pena seguir en esta pelea, contra una pandemia que cada vez parece más, que ha venido para quedarse. No le sumemos nuestra soberbia. 

Que tiempos aquellos

 Puede que aquellos que querían meter a toda la clase política en un mismo saco, lo hayan conseguido. Ya son muchos los ciudadanos que se permiten afirmar que todos los políticos son iguales, y con esa corriente de pensamiento, lograr el gran objetivo del neoliberalismo ultra: no solo la desconfianza en la política, sino la desconfianza en las instituciones. Cierto que unos han buscado eso como objetivo, pero no menos cierto que otros se lo han facilitado, ganándose a pulso el descrédito personal y con ellos el de las instituciones donde ejercen la representación de los ciudadanos.

No es raro que una gran parte de los ciudadanos piense que estamos en manos de incompetentes, cuyo gran mérito es ser lacayos de quienes gobiernan sus partidos. Parece que el único papel que se nos deja a los ciudadanos es el de votantes, y que una vez que lo has hecho has terminado tu tarea con la democracia. Si además se aprecia la impunidad con la que algunos actúan, la desconfianza crece. De poco sirve acusar a un partido de sus promesas incumplidas, sabiéndose impunes. Y menos aún cuando en muchos casos, la denuncia supone la defenestración del denunciante.
Que tiempos aquellos en los que se accedía a la política para defender los intereses de los ciudadanos y servir a las instituciones. Hoy esa actitud parece algo del pasado, añejo, olvidado. Solo alguno y alguna se salva, pero son difíciles de encontrar en medio de este dislate. Pero no son todos iguales,

Pues me lo expliquen

 Casi 85.000 contagiados en el fin de semana. Digo yo que son muchos. Pero nadie mueve ficha para frenar la actividad social. Medidas restrictivas que se han demostrado ineficaces y poco más. Van a seguir las muertes, aunque las medidas frenen algo la oleada. Nuestra sociedad no se puede acostumbrar a ese goteo diario de cifras que son la consecuencia de que nos hemos resignados a convivir con el virus. O se frena en seco y luego se retoma la actividad con medidas, o la suma de víctimas al final, y el daño a la economía al final, serán mayores. Las cifras apuntan a que será necesario un confinamiento domiciliario, lo que, además, ayudaría a aumentar la vacunación.

La tercera ola de la pandemia, es culpa exclusiva de Sánchez y de Illa, para el principal partido de la oposición. No importa que la mayoría de CC AA sean gobernadas por ellos ni que cada una de ellas tenga una política diferente a la otra, pese a estar gobernadas por personas que comulgan de la misma ideología.
El ejercicio de la política por parte de alguien, es el reflejo de su estatura moral e intelectual. Los estragos de la pandemia son responsabilidad de todos y consecuencia de las irresponsabilidades de muchos. Pero no se puede culpar siempre al otro sin un mínimo de autocrítica.
Cuando falta la autocrítica es que falta sensatez, y en algunos moralidad. Porque falta de ética es esgrimir la religión católica cuando no se cumple con sus principios; falta de ética es envolverse en la misma bandera con la que, si es necesario, luego uno se limpia el culo; falta de ética es defender la vida, y a la vez cambiar ordenes que hacen que los mayores mueran en las residencias; falta de ética es llenarse la boca de patria, cuando en realidad lo que se ama es el patrioterismo populista y barato, que te lleva a salir en los medios; falta de sensatez es tener como único objetivo contar votos, pensando en si la encuesta de turno me será favorable, aunque mi postura no tenga nada que ver con lo que públicamente digo defender; falta de sensatez es, pensar que la estupidez vende, y ser capaz de esparcir estupideces, convencido de que tus afines verán en ellas autenticas estrategias; falta de ética es no contestar a las preguntas cuya respuesta pueda perjudicarte.
Porque es muy difícil no ver diferencias entre la estrategia de Madrid o la de Castilla León cuando son absolutamente opuestas. Cuando una de ellas exige el toque de queda a las 20 hs, y la otra antepone la economía a salvar vidas combatiendo la pandemia. Todos los gobernantes europeos están equivocados menos los gobernantes madrileños. Pero aquí no se cuestiona esa dicotomía de actitudes, que no de aptitudes.
¿Cual es realmente la postura del principal partido de la oposición? Está clara: la culpa es de otro. ¿De estrategia ante la pandemia? no sabe, no contesta.

Los medios de comunicación en democracia

  Y este comentario es de opinión tras la lectura de los medios de hoy. Que personas de nuestro entorno, gente afable y generosa, tenga asim...