lunes, 11 de enero de 2021

Fantasmas y pobreza


Los fantasmas, en muchas culturas, son supuestos espíritus, almas errantes de seres muertos que, sin saber porqué, se manifiestan entre los vivos de manera que son perceptibles por estos. Suelen mostrarse sobre todo en lugares que antes frecuentaban en vida, u presencia se vincula a sus personas cercanas más cercanas en vida. La pobreza se define como la escasez o carencia de lo necesario para vivir.
La pandemia de la Covid-19 dejará nuestro país repleto de pobreza y de fantasmas. De desigualdad social e injusticias. De espíritus errantes que nos han dejado, pero siguen permaneciendo junto a nosotros, porque aquí siguen los lugares donde vivieron, y las personas a las que les vinculaba el afecto y la cercanía o la familiaridad. Eso es seguro que lo heredaremos quedará de la pandemia. Aprendizajes, no sé.
Pero donde eso es más palpable es en las residencias de mayores, que ahora conocemos como centros sociosanitarios. Ese lugar donde hemos institucionalizado a nuestros mayores, cuando nos ha sido imposible prestarles la atención que precisaban y siempre merecida. Cuando la enfermedad y los años les ganaron la batalla de la capacidad física o intelectual. Lugares donde la Covid ha supuesto una enfermedad que ha venido a agravar las que ellos ya tenían. Pero donde el virus también ha mostrado, su cara más cruel, y sobre todo su rostro más injusto. Donde a la soledad de los mayores en vida, se le ha sumado la muerte en soledad.
Ante eso, hace años que hemos mirado hacia otro lado. Todos hemos sido, somos y parece que seguiremos siendo, responsables de lo ocurrido, lo que ocurre y lo que pueda ocurrir. Directa o indirectamente, pero responsables del abandono que durante años han padecido nuestros mayores. Lo acontecido es parte de nuestra cobardía, no responsabilidad del político de turno, que también. Callados, porque lo más fácil es callar, y asumiendo que todo es inevitable, que la situación es parte de la inmensa rueda de la economía, de la oferta y la demanda. Pero se mire desde el ángulo que se desee, aquí la justicia social ha brillado por su ausencia. Porque en unos lugares faltaron medios, y reinó la precariedad, mientras en otros con medios, estos no podían suplir la soledad o el abandono. La pandemia no ha sido la suma de todo, sino el detonante de la explosión
Y eso ha acontecido con nuestro sistema sanitario, debilitado por recortes año tras año, pero a la vez con un estado de bienestar prometedor pero fallido. Ese doble condicionante ha hecho que la pandemia se cebe con los más débiles, con los más desfavorecidos, con los más vulnerables. La vacuna evitará el que muchos padezcan la enfermedad, pero no cambiará la vulnerabilidad de nuestros mayores. No podemos dar solo un tratamiento médico, cuando el problema no ha sido solo de salud, porque también es un problema social. Las pandemias no son iguales para todos. En esto también hay clases.
O luchamos contra la desigualdad, o hoy ha sido el Covid y mañana será otro el detonante. En las residencias hemos visto lo amplia que es la línea entre mayores y jóvenes, y como el Covid ha agravado la situación de abandono que ya había en algunos centros antes de llegar el virus. Pero en la calle hemos visto lo inmensa que es la brecha entre ricos y pobres, y el Covid se ha cebado más con la pobreza.
No hay que buscar solo la responsabilidad en la avaricia por ganar a costa de todo y de todos. También hay que buscarla en la falta de control de lo público, que concertó sin vigilar concienzudamente que se cumplía a diario lo concertado. Una administración que ha permitido que esos centros se atienden por personal con sueldos escasos, con muchas horas porque son escasos en número, y obligados no solo a limpiar, cuidar, alimentar, sino hasta a hacer de hijos de los residentes y darles los mismos que no reciben de ellos. Han sido el flotador al que se han agarrado los mayores en el naufragio del aislamiento.
O aprendemos de lo ocurrido y de lo que está ocurriendo, o solo nos quedarán fantasmas y pobreza.

domingo, 10 de enero de 2021

Domingo nevando en casa

Día de nevada copiosa en Albacete. Ha comenzado a nevar sobre las diez de esta mañana de domingo y no ha parado desde hace dos horas. Aprovecho para escribir este post.
Hoy lo mejor es quedarse en casa, con lo que no solo evitamos el riesgo de caídas (son muchas las atendidas hoy en los servicios de urgencias de atención continuada), sino que así, a la vez, contribuimos con ese confinamiento voluntario a frenar la maldita pandemia. Toca a todos y todas ejercer la virtud de la paciencia, y no nos sobraran tampoco ni la fortaleza ni la templanza para hacer frente a todo lo que el horizonte nos ha planteado en esta época que nos ha tocado vivir.
Las cifras asustan. Más de 87 millones de contagiados en el mundo. En España superamos los dos millones y casi cincuenta y dos mil fallecidos. En Europa es el Reino Unido el que peores cifras registrar estos días, y además con una cepa más contagiosa que la inicial. En nuestro país hay ya 60 casos de esa nueva cepa confirmados. Son mutaciones, que es lo normal en un virus, y este incluso muta menos que otros. En España ya se han descrito 39 mutaciones, porque somos el segundo país de Europa que más ha secuenciado el virus, tras Reino Unido. Han pasado las fiestas y estamos en plena tercera ola de la pandemia y las consecuencias de las celebraciones de fin de año empezamos a notarlas en positivos y en hospitalizaciones y la incidencia acumulada supera ya los 340 casos por 100.000 habitantes. En las dos últimas semanas se han notificado 151.000 contagios en España. Algunas UCI se acercan a su límite.
Desde el pasado día 10 de diciembre la curva asciende sin freno. A partir del 31 de ese mes los casos suben y suben. No hay que extrañarse porque eso es la consecuencia de haberse juntado familias, de pensar que las restricciones eran exageradas. Todos hemos ventilado la casa, pero las mascarillas en casa pocos las han mantenido. Todos dudabamos sin juntarnos con nuestros hijos, pero al final muchos lo hicimos y, el error, relajamos las medidas, bajamos la guardia. Las consecuencias pos fiestas son tremendas, aunque se advirtió antes de año nuevo que esto se había disparado. Pero las autoridades autonómicas, salvo excepciones prefirieron esperar a que pasaran las fiestas para endurecer las medidas.
Quienes trabajamos en esto, sabemos que durante estas fiestas se han realizado menos pruebas. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que cuando sabremos realmente las consecuencias de las fiestas navideñas será a partir de la semana que comienza mañana día 11 de enero. Todo lo que hasta ahora hemos visto es una estimación por debajo de la realidad, y será a partir de ese momento cuando veamos el incremento de los ingresos. No es la consecuencia de tres días concretos lo que hay que ver, sino la de todo un periodo de festividades. Las medidas necesarias se deben decidir cuando dispongamos de una foto real de la situación, que será entonces. Decir hoy que no es necesario un nuevo confinamiento o que lo es, es un brindis al sol. Hay que esperar, pero si lo es, hay que decidirlo, porque puede ser necesario para frenar el crecimiento.
Si no se quería un nuevo confinamiento obligatorio, deberíamos haber sido más firmes en la adopción de medidas. Ahora solo podemos seguir las restricciones actuales de cada comunidad y municipio, y evitar contactos, y esperar que funcionen. Viajar o moverse por las ciudades, aunque sea para tirarnos bolas de nieve, es de locos. Los colegios no han sido tanto problema como en principio supusimos. Los institutos y universidades son otra cosa. La hostelería está pagando con su cierre las consecuencias de esa actitud de relajación en el cumplimiento de las normas que hemos visto, pero que se da en las calles, en los botellones, en las terrazas, en los centros comerciales. Posiblemente la restauración sea el sector más castigado por las restricciones, cuando ha sido el que más y mejor se ha adaptado a las medidas y a esas restricciones impuestas. En lugar de cerrar los establecimientos que incumplen se ha decidido cerrar todos, con la injusticia que siempre suponen las generalizaciones.
Han comenzado las vacunaciones a menos ritmo del que sería deseable. Antes de hablar de ello debe quedar muy claro que la vacunación no debe suponer un relajo de las restricciones ni de las recomendaciones. Sobre el ritmo de vacunación, es bajo. Razones para ello se dicen muchas, pero hay una incuestionable y es que la planificación en muchas CA no ha sido la más adecuada. En una pandemia no se puede pensar en si es domingo o es lunes, si es en turno de mañana o de tarde. Lo más importante es vacunar cuanto antes y a cuanta más gente mejor. No vale decir que se ha vacunado poco porque eran las fiestas navideñas, porque si se han podido realizar otras actividades, la vacunación también podría haberse realizado. Creo que los conductores de los servicios públicos, dependientes de comercios, y otros muchos profesionales han trabajado esos días y no por ello han dejado de ser fiestas navideñas. Gobernar significa priorizar, y la vacunación es la mayor prioridad de cada una de nuestras CCAA, porque la salud de sus ciudadanos es o debe ser lo más prioritario. Enfermos de poco nos valdrá nuestra economía.
Disponemos de vacunas y no pueden permanecer en los frigoríficos mientras la gente muere. Mirar el número de vacunados no puede convertirse en una carrera para ver quien ha vacunado más y colgarse una medalla. Se han repartido 744.000 dosis y hasta el viernes se habían aplicado 278.000, lo que significa que hay disponibles casi 500.000 dosis para aplicar a otros tantos ciudadanos. Las CCAA deben destinar a eso todos sus recursos. Si se pregunta a los profesionales de Atención Primaria sobran voluntarios para dedicarse a esas tareas en todas las CC, sin necesidad de contratar con la sanidad privada, y si se quiere sumar la privada con sus recursos, mejor y mucho más rápido ira todo. Si esperamos al contrato en el concurso público, se nos pasaran las uvas. Hay que trabajar todos los días incluidos los festivos y para ello hay que mejorar la logística de la distribución y reorganizar los equipos de primaria. Si lo ha hecho Asturias, se puede hacer en todas las demás CCAA sin excusas.
Y algo para terminar. Se encuentra uno en las redes infinitos bulos sobre las vacunas, que van desde que la primera vacunada en España había muerto, que hay unas reacciones misteriosas en la piel, que se ha suspendido la vacunación en Argentina pro la gravedad de los efectos adversos, o chorizos vendiendo falsas vacunas a quienes quieren vacunarse antes de que les toque. No hagamos ni caso, de todos los vacunados en nuestra provincia lo único destacable es un número reducido de personas con décimas de fiebre la noche de la acuñación, alguna que refiere dolor de cabeza, y varios que dicen que les duele donde les pincharon. Todos síntomas banales que remiten de forma espontánea. La secretaria de la Sociedad Española de Inmunología comento en un programa que entre los doce millones de vacunados solo se habían descrito 10 casos de reacciones graves, lo que es insignificante estadísticamente, y que eran casos que habían respondido satisfactoriamente a la medicación de la que disponemos para estos casos.
Toca vacunarse, toca vacunar. A día de hoy en España se ha vacunado el 0,4% de la población, una cifra que debe crecer exponencialmente. Hay vacunas, hay profesionales y ciudadanos que desean recibir su vacuna. Planifiquemos cuanto antes y cojamos ritmo de crucero en una tarea crucial.
Buenos días.

miércoles, 6 de enero de 2021

Día de Reyes

Cada vez es mayor el número de zonas, de pueblos y ciudades, de Comunidades Autónomas y de Países, que ven como la incidencia del COVID crece sin freno en sus territorios.

En nuestro país, los sanitarios de Atención Primaria ya advertimos a mediados de diciembre, que, tras el puente de la Constitución, las cifras en España se dispararían. Pero todo fue predicar en el desierto. No es cuestión de señalar responsables, pero esto ha evidenciado que vivimos en una sociedad en la que reina el egoísmo, una actitud que está bastante en relación con la edad. Abuelos y niños con un comportamiento ejemplar, junto a jóvenes y adultos entre los que encontramos la diversidad de actitudes: internos, externos y mediopensionistas, y con comportamientos para todos los gustos.

No se interprete de lo anterior, que yo considere responsable de la actual situación, solo a los ciudadanos de a pie con edades intermedias, en exclusiva. Ni mucho menos. Pero no puedo admitir como aceptable, esa respuesta fácil que señala como únicos responsables a los políticos, por no tomar las medidas oportunas. Aunque no sea fácil de asumir, somos todos responsables, cada uno en su nivel (gobierno central, CCAA, ciudadanos). Y también los sanitarios, a los que nos ha faltado mano dura ante muchas situaciones que hemos contemplado y tolerado, sin dar un golpe en la mesa y poner en conocimiento de las autoridades el incumplimiento de las normas.

Ahora, poco importa quién sea más responsable, porque quienes lo vamos a pagar a más alto precio serán quienes enfermen y quienes les asistimos. Después de ver las calles de pueblos y ciudades, el puente de diciembre, los días de Navidad, los de año nuevo y ayer víspera de Reyes, no hace falta ser sanitario para saber lo que se avecinaba y ya está aquí. Los sanitarios vimos llegar la primera ola y nos tocó trabajar a destajo y en malas condiciones. Luego tras el confinamiento y muchos miles de fallecidos, parecía que la cordura empezaba a imperar entre nosotros. Pero llegó la segunda ola y nos tocó de nuevo trabajar a tope, y de nuevo cuando parecía que se entraba en ritmo de control, se escuchó aquello de “salvemos las navidades, salvemos la economía”. Hace tres semanas desde atención primaria empezamos a hablar del riesgo real de una tercera ola, pero sabiendo que lo que hacíamos era predicar en el desierto.

Se habrán salvado las navidades, pero eso nos ha costado, nos está costando, y nos va a seguir costando muchas vidas durante todo este mes y principios de febrero. Porque en nuestro país seguimos en el “sálvese quien” pueda, capaz de desmoralizar al más pintado. A veces tenemos la sensación de que vivimos en un país de necios, de personas sin criterio que no aprenden ni a palos, ni ante el cuerpo frío de un familiar muerto. Las normas parecen ser para los demás, no para nosotros. El culpable siempre es otro, el gobierno del estado por no tomar las decisiones que sabemos que no puede tomar; los gobernantes autonómicos por no ejercer sus responsabilidades; y los demás ciudadanos, por irresponsables y no cumplir normas. Nosotros personalmente no somos responsables de nada de lo que ocurre, enrocados en el “a mí que no me impongan nada, ni me responsabilizo de nada, que yo tengo que seguir mi vida”.

Que nadie piense que las vacunas son motivo para la relajación, porque esto va para largo, y que estemos todos vacunados no evitará las mascarillas, la necesidad de lavarse las manos, los metros de distancia, las muertes no solo de mayores. Demasiadas emes. Y todo apunta a que nos veremos en la necesidad de un nuevo confinamiento. Porque hasta ahora, el único que parece confinado es el “sentido común”. Porque solo eso puede explicar, que, si sabemos que no se puede, eso debería imponerse a que no se debe. Pero al final gana el “sálvese quien pueda”. Y es que necesitamos que nos prohíban las cosas, no queremos ver la necesidad de no hacerlas, sencillamente por responsabilidad personal.

Yo le pedí a los Magos un paquete de responsabilidad colectiva, pero junto a las botas esta mañana no he encontrado nada. Igual me lo han dejado en casa de algún familiar o amigo.

Los medios de comunicación en democracia

  Y este comentario es de opinión tras la lectura de los medios de hoy. Que personas de nuestro entorno, gente afable y generosa, tenga asim...