lunes, 2 de febrero de 2015

EL PARAISO DE LOS CHARLATANES



El mayor enemigo de la democracia es la demagogia, y en el asunto de los aforados, la clase política española en su conjunto la ha practicado. Hemos oído hablar tanto de la necesidad de transparencia, que hasta se puso en vigor una ley para garantizarla. Los casos de corrupción política y la forma de actuar de nuestra justicia ante ellos, fue el acicate para que todos los partidos mostrasen su voluntad de aplicar el máximo de transparencia en las administraciones e instituciones públicas.

La indignación ciudadana venía provocada por la situación que se produce cuando en una causa de corrupción que se investiga, aparecen personas aforadas. La opinión generalizada es que los aforados tienen privilegios respecto al resto de ciudadanos, y ante eso los partidos se comprometieron a revisar la situación de nuestro país en materia de aforamientos. Últimamente los partidos han celebrado varios cónclaves preelectorales, pero no hay noticias en los medios de que este asunto se haya tratado.

Siempre pensamos que los aforados solo son los políticos, pero también lo son los jueces y fiscales, y los miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado, aunque estos últimos solo parcialmente. Sumados todos suponen que en España hay algo más de doscientos ochenta mil aforados, y de esos, solo dos mil son aforados políticos, y unos quince mil son miembros de la judicatura y del ministerio fiscal

La primera oportunidad para hacerlo la ofrecía la reforma de la Ley del Poder Judicial, que podía permitir la supresión de un gran número de los más de diecisiete mil aforados que hay en nuestro país. Nadie sabe porque el PP como partido del gobierno no lo ha hecho, ni porque el principal partido de la oposición no lo ha demandado y denunciado que no se aprovechase esa oportunidad. Visto desde la ciudadanía, solo se puede pensar que ha existido muy poca voluntad de los partidos políticos para con la reducción de los aforamientos, facilitar la lucha contra la corrupción.

La figura del aforamiento lo que hace es impedir que quien es aforado sea juzgado por un tribunal ordinario. Según a quien escuchas esto se describe como una ventaja para el aforado o como un inconveniente al perder un escalón en las fases de su defensa. Algunos lo ven como un impedimento para el afectado, porque una posible imputación, por su calidad de aforado, se dilata en el tiempo con el consiguiente cuestionamiento de su honorabilidad durante el tiempo que dure el proceso.

En cambio otros, ven en el aforamiento un privilegio, que altera el curso normal de cualquier proceso judicial, dilatándolo en el tiempo al tener que mandar el instructor a otros tribunales el caso, en el momento en que aparezca implicado un aforado. Y en ambos casos se sabe, que la justicia solo es justicia cuando es rápida en su aplicación.

Pueden admitirse ambas opiniones, pero en la realidad los casos con aforados acaban siendo juzgados por tribunales que han sido nombrados por los partidos de los que los aforados son miembros, y por lo tanto la existencia de aforados, solo sirve para que se cuestione la imparcialidad de la justicia. Los ciudadanos vemos como cuando en un caso de corrupción aparecen aforados, las defensas se encargan de dilatar todo lo posible, y dificultar la investigación del instructor, que en ocasiones se ve obligado a dividir en partes un asunto con aforados implicados. Es en realidad una sobrecarga de papeles para los tribunales, si se supone que la ley es igual en todos los tribunales.

En otros países la figura del aforado no existe, y aquí la oportunidad de disminuir su número ha sido obviada. En España tenemos en los tribunales casi dos mil caso de corrupción que están siendo investigados o juzgados, y en ellos hay implicados un total de trescientos políticos con aforamiento. Blanco y en botella, todo hace pensar que el interés de la clase política por su supresión, sino es ninguno, desde luego que es muy escaso.

Difícil recuperar la confianza con asuntos como este, puesto que la democracia no puede ir contra lo que pretende defender y estimular. Salvo que sea realidad lo que decía Bernad Shaw, cuando afirmaba que la política es el paraíso de los charlatanes.



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