La estrategia de Feijóo y del PP frente a Vox es políticamente suicida y moralmente irresponsable. Convertirse en altavoz de la extrema derecha, copiando su retórica sobre inmigración, lenguas y clima, solo sirve para blanquear y fortalecer al original, mientras destruye cualquier opción de un centro derecha mínimamente democrático y propio.
En lugar de marcar distancias y ofrecer un proyecto autónomo, el PP se ha dedicado a pactar gobiernos, asumir marcos ideológicos y normalizar las obsesiones identitarias de Vox, a cambio de unos pocos sillones y a costa de degradar las instituciones y la convivencia. Cada concesión programática, cada guiño al discurso del odio y cada investidura condicionada es una cesión más de la derecha tradicional a una extrema derecha que no cree en los contrapesos ni en los derechos de las minorías.
El resultado es demoledor: Vox crece, el PP se encoge, y Feijóo queda retratado como un líder débil, sin proyecto y sin coraje para decir no a sus socios ultras, mientras sacrifica principios y país por pura aritmética parlamentaria.
En vez de frenar al monstruo que dice temer, lo alimenta día a día, territorio a territorio, hasta convertirlo en una alternativa real de poder frente a un PP que se limita a ser su gestor diligente.
Mañana PP en un lado y Vox en Ferraz, y es que Vox ya no necesita al PP
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