El PP de Madrid ha decidido especializarse en una nueva rama del derecho: la impunidad preventiva. No se trata ya de defender a sus cargos, sino de blindar a quienes diseñaron los “protocolos de la vergüenza” para que ni siquiera tengan que dar la cara ante un juez. Cuando un partido usa su poder institucional para evitar que los responsables expliquen ante la justicia cómo y por qué se aplicaron protocolos que dejaron desprotegidos a los más vulnerables, no está defendiendo la presunción de inocencia, está construyendo un cortafuegos de impunidad. Convertir las comisiones, los votos y las mayorías en un muro para que nadie responda ante el juez significa que el PP de Madrid teme más la verdad que cualquier acusación de la oposición.
Resulta grotesco escuchar a dirigentes del PP madrileño repetir que “todo se hizo bien” mientras maniobran para que quienes firmaron, aplicaron o avalaron esos protocolos no pisen un juzgado. Si todo está tan claro, ¿por qué tanto miedo a comparecer? La respuesta es obvia: porque esos protocolos no son un papel técnico, son la radiografía de un sistema que antepone el ahorro, la imagen y la comodidad política a la dignidad de quienes deberían haber sido protegidos.
Permitir que los responsables se escondan tras el silencio institucional manda un mensaje devastador: en Madrid, si estás arriba, no respondes; solo rinden cuentas quienes sufrieron las consecuencias de tus decisiones. El PP de Madrid no está defendiendo la legalidad, está degradando la idea misma de responsabilidad pública y convirtiendo la Justicia en un decorado al que se acude solo cuando no queda más remedio.
Primero fueron los “protocolos de la vergüenza”; ahora es la “conducta de la vergüenza” para evitar que quienes los redactaron expliquen qué hicieron y por qué. A la crueldad de unas normas que abandonaban a quien necesitaba protección se suma la cobardía de un partido que usa las instituciones para tapar, demorar y diluir. No es solo un escándalo jurídico o político: es una prueba más de que, para el PP de Madrid, la prioridad no son las víctimas, sino mantener a salvo a los suyos, caiga quien caiga.
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