Algo parece no cuestionable: quien señala al otro como “partido peligroso para las mujeres” mientras mantiene en cargos clave a dirigentes denunciados, no está defendiendo a las víctimas, está usando el feminismo como arma partidista.
Feijoo ha calificado al PSOE como “partido peligroso para las mujeres”, ha hablado de “feminismo de pacotilla” y ha dicho que “se ha desmoronado toda la política feminista del PSOE”, presentándose como garante de la protección de las víctimas. Esto es convertir el dolor de las víctimas en munición electoral, mientras mira hacia otro lado con los suyos, no es más feminista, es más cínico.
Mientras el PP exige dimisiones inmediatas y acusa al PSOE de “dar carpetazo” al caso Salazar, tiene al alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, denunciado ante la Fiscalía del Supremo por presuntos delitos de acoso sexual, malversación y tráfico de influencias, que se da de baja de militancia, pero conserva la alcaldía y el escaño en el Senado. El mensaje es sencillo: si lo del PSOE demuestra ser “estructural”, ¿qué demuestra que un investigado por acoso y uso de recursos públicos para silenciar posibles víctimas siga controlando un ayuntamiento y un asiento en la Cámara Alta con el respaldo práctico del PP?
La dirección del PP se vende estos días como ejemplo, reivindicando un protocolo interno “distinto de raíz”, con “trámite de audiencia” y una Oficina de Compliance, y acusando al PSOE de parálisis. Pero análisis independientes señalan que el protocolo del PP es mínimo (tres párrafos) y está diseñado de forma que difícilmente serviría para casos complejos como Salazar o los que afectan a altos cargos, porque deja demasiado margen a la dirección política y no garantiza canales seguros ni acompañamiento real a las denunciantes.
Si de verdad se trata de proteger a las mujeres y no de destruir al adversario, el estándar debe ser el mismo para todos. Un partido que mantiene a cargos denunciados, que presume de un protocolo sabedor de que es insuficiente, y que usa cada caso ajeno para hacer sangre, no puede dar lecciones de feminismo ni de ética pública. Y llamar “peligroso para las mujeres” al PSOE, mientras blindan a los suyos, demuestra el peligro real: normalizar que la violencia y el acoso se gestionen a golpe de calculadora electoral.
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