Carlos Mazón se ha convertido en el símbolo perfecto de una forma obscena de entender la política: se puede llegar tarde, gestionar mal una tragedia con centenares de muertos y damnificados, bloquear durante meses las ayudas y, aun así, seguir aferrado al acta y a un futuro sueldo público blindado como si nada hubiera pasado.
Mientras las familias de la DANA exigen explicaciones y reclaman que entregue el acta por engaños y promesas incumplidas, Mazón sigue parapetado en el escaño y en la trinchera del victimismo, acusando a todos menos a sí mismo. El remate es que su resistencia a irse tiene premio: si aguanta el tiempo suficiente en el cargo, se asegura dos años de retribución en el Consell Jurídic Consultiu, unos 75.000 euros anuales de dinero público, como si una gestión catastrófica y una dimisión tardía fueran méritos para cobrar un sobresueldo de consolación.
El sumario de la DANA ya ha desmontado su versión edulcorada: la alerta masiva a móviles se envió cuando ya habían muerto al menos 156 personas, mientras su gobierno intentaba frenar restricciones de movilidad que podían salvar vidas. A eso se suma un año con millones en donaciones paralizados para los afectados y ayudas que llegan con cuentagotas, mientras desde la Generalitat se gasta más energía en discutir cifras con Madrid y en construir un relato épico de “nos dejaron solos” que en reconstruir casas, negocios y vidas.
El PP nacional se lava las manos: cuando se les pregunta por el retraso de Mazón en la reunión clave de la DANA responden que “le corresponde a él explicar su agenda”, como si estar o no al mando en mitad de la peor catástrofe natural reciente fuera un detalle menor. En lugar de exigirle que entregue el acta y renuncie a privilegios, lo sostienen con respiración asistida parlamentaria, pactando con Vox unos presupuestos que recortan en emergencias mientras convierten la reconstrucción en escaparate electoral y su carrera personal en prioridad absoluta.
Lo más indecente no es solo que Mazón cobrara como president mientras la gestión se hundía, ni que hoy mantenga el acta, sino que el sistema de blindaje del PP le garantice un retiro dorado a costa del mismo erario que debería estar volcado con las víctimas de la DANA. En un país serio, una gestión así acabaría con una inhabilitación ejemplar; aquí, el PP la convierte en una carrera de resistencia hasta el minuto 90 para que al final el responsable de la catástrofe tenga premio, y los únicos que siguen pagando la factura sean los que lo perdieron todo bajo el agua.
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