Vivimos días de radicalización y fanatismo. ¿El motivo? el discurso político y mediático de la derecha española, el del PP y sus dirigentes. Hemos pasado del estilo moderado del Feijoo del primer día, al bronco, ofensivo y polarizador en que ha embarcado Ayuso a su partido.
Hoy no se puede ser de ni moderado ni de centro, porque los fanáticos te desprecian y nadie quiere ser despreciado. ¿Por qué? porque suponen una amenaza a su discurso extremista. En la derecha, los más radicales cómo Ayuso, Tellado y demás hierbas venenosas, presionan a los que siempre fueron la derecha moderada, obligándolos a adoptar un tono mucho más duro e intolerante. Feijoo es el mejor ejemplo.
El PP ha pasado de exigir la dimisión de Sánchez a presentarlo como un criminal que se merece ir a la cárcel, algo que solo algunas voces aisladas osaron pedir para Aznar por meternos en una guerra que acabó trayéndonos el 11M y milles de muertos en Irak. Hoy no interesan las propuestas, todo son alusiones persistentes a la prostitución, al acoso y ataques personales en cualquier medio, e incluso en el Congreso.
Ayer veía un video donde unas chicas de 13-14 años declaraban su admiración a Abascal porque era el salvador de España, la democracia no servía ya porque era una dictadura de izquierdas, y querían un caudillo, que trajera la democracia. Luego en el mismo video comprobabas que sabían el nombre de la ciudad capital de España, pero desconocían que el Tajo era un rio.
Hoy se ha justificado, cómo algo natural el lenguaje agresivo, todo porque ha calado el mensaje de que “la patria está en peligro” o de que vivimos en una dictadura, o que el Gobierno es comparable a una organización criminal. Es la estrategia sistematica de que todo lo que rodeé a Sánchez es corrupción total, incluidos los partidos que le apoyaron en la investidura, solo PP y Vox están libres de pecado, aunque sea insuperable el número de condenados en el PP por corrupción, y cada día le salgan más asuntos turbios a los de Abascal sin haber alcanzado nunca el gobierno ¿qué harán si llegan?
Algunos autores de medios conservadores (como Rubén Amón o algunos columnistas de medios cómo El Mundo, ABC, El confidencial, OK diario o La Razón, (a los que les resulta imposible olvidar que deben mostrarse dóciles con quienes riegan sus arcas con subvenciones públicas), se permiten equiparan al Gobierno con una secta o una mafia. Si de verdad fueran periodistas con mayúsculas, no se les pasaría por sus cabecitas banalizar con estas comparaciones, porque históricamente esas organizaciones fueron algo mucho más serio y peligroso para los ciudadanos, y con sus calificaciones solo consiguen lo que buscan: potenciar la crispación, no informar que es el objeto del verdadero periodismo.
Y otros disimulan su odio y se declaran no “antisanchista”, pero venden la idea de que España sufre un daño “irreversible” por culpa del sanchismo, cómo si esto fuese el paso previo a la llegada de un nuevo Hitler, aunque llevando su discurso a un extremo tan alarmista y apocalíptico, parece no que lo temen, sino que lo desean si eso consigue que la derecha llegue de nuevo a la Moncloa. Algunos articulistas conservadores, también alertan de que ese discurso catastrofista conlleva el peligro de que sólo crea desánimo, pero esos análisis aparecen cómo excepciones en medio del clima de división predominante, donde lo que abunda es el discurso radicalizado, que no radical, el
fanatismo y la hipérbole se han instalado en el debate político y donde el que no diga que le gusta la fruta o recuerde que la madre de Sánchez ejerce la profesión más vieja del mundo, no es un español de verdad, y solo merece el desprecio.
Por muy mal que lo haga un gobierno, que no es el caso real si el mediático, nunca se ha vivido un clima cómo el de hoy en nuestra democracia, donde lo que se busca es un tono de confrontación absoluta. Lo de anoche en lasexta, con unos tertulianos seleccionados para poder lanzar el mensaje de que ayer ya era el último día del actual gobierno, es muy significativo. Que una tertulia en tiempo de máxima audiencia cuente con quienes nadan en la soberbia, alguno rebosante de odio al que no piensa cómo él, una titulada que miente hasta sobre sus títulos, y cómo representante del socialismo a quien representa la rama opuesta al socialismo gobernante, solo te deja una opción si de verdad quieres a España y a los españoles: apagar la caja tonta.
Cuando la política se llena de gritos, insultos y metáforas apocalípticas, no gana la derecha ni la izquierda: pierde la democracia, porque sin moderación y espíritu crítico sólo queda fanatismo y miedo.
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