jueves, 2 de julio de 2026

¿Patriotas de hojalata? El PP y la complicidad de Trump.


La política europea acaba de recibir un impacto en la línea de flotación, y las réplicas se están sintiendo desde Madrid hasta París, pasando por Roma y Berlín. Lo que los medios internacionales (con el semanario italiano L’Espresso a la vanguardia, pero también el diario L'Humanité señala que Pedro Sánchez se ha convertido en el objetivo prioritario de una derecha «revanchista» dispuesta a utilizar acusaciones sin pruebas, montajes manipulados у campañas de desinformación contra el presidente del Gobierno español), como el «expediente Zapatero» no es un simple caso judicial doméstico sobre el rescate de la aerolínea Plus Ultra; es la confirmación de que la Administración de Donald Trump ha inaugurado una nueva y agresiva era de guerra híbrida en suelo europeo. Una era donde los dosieres de inteligencia y la presión judicial sustituyen a la diplomacia tradicional.

La caída en desgracia del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, cercado por una investigación judicial con el apoyo explícito del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. (DHS), opera como el ariete perfecto. El objetivo real no es el pasado, sino el presente: erosionar por asociación al Gobierno de coalición de Pedro Sánchez. España cometió el "pecado" de desafiar abiertamente las directrices de Washington al negarse a ceder las bases de Rota y Morón para la ofensiva estadounidense contra Irán, además de mantener una postura sumamente crítica hacia las acciones de Israel. En la lógica de la Casa Blanca, la disidencia se paga cara, y el desaire diplomático de Sánchez al no recibir aún al nuevo embajador, Benjamín León Jr., parece haber sido la gota que colmó el vaso.

Si el todopoderoso DHS de EE. UU. puede colaborar oficialmente con la policía local para desenterrar o propulsar causas judiciales que dinamiten la estabilidad de un Ejecutivo europeo, la soberanía de la Unión Europea pasa a ser una ficción. No es de extrañar que el nerviosismo cunda en las cancillerías aliadas. Líderes como el canciller alemán Merz, el francés Emmanuel Macron o incluso la italiana Giorgia Meloni, quien ya marcó distancias con Trump durante la crisis de Irán, miran hoy a España con las barbas puestas a remojar. Saben perfectamente que las agencias estadounidenses (CIA, FBI, DHS) custodian secretos e información sensible de medio continente. Con Trump, las fronteras entre la inteligencia, la geopolítica y el activismo judicial se han vuelto peligrosamente difusas.

Frente a este ataque coordinado, el PSOE ha cerrado filas de manera interna exigiendo unidad y defendiendo el honor de Zapatero. Es una reacción lógica de supervivencia política, pero que se queda corta ante la magnitud del desafío. Esto ya no va de siglas, va de soberanía nacional y europea. La Unión Europea se enfrenta a un espejo incómodo. Si permite que los dosieres de Washington quiten y pongan gobiernos a su antojo mediante filtraciones interesadas y guerras judiciales, la UE dejará de ser un actor global para convertirse, definitivamente, en el patio trasero de la Casa Blanca. La tormenta ha empezado en Madrid, pero el cielo está negro sobre toda Europa.

En Génova 13 parecen haber olvidado que la soberanía nacional de un país se defiende siempre, sin importar las siglas de quien ocupe el palacio de la Moncloa. Olvidar este principio básico de la democracia no solo es una irresponsabilidad flagrante, sino un acto de preocupante sumisión. La revelación de que el entorno de Donald Trump está utilizando el llamado "expediente Zapatero" como ariete para derribar al Gobierno de Pedro Sánchez ha destapado una de las maniobras de injerencia extranjera más agresivas de la historia reciente de la Unión Europea. Lo verdaderamente desolador, sin embargo, es ver cómo la derecha española se presta entusiasmada a hacerle el trabajo sucio a una potencia extranjera.

El modus operandi de la Casa Blanca de Trump roza el matonismo geopolítico. Como represalia por la legítima y valiente negativa de España a ceder las bases de Rota y Morón para su ofensiva contra Irán, y por no alinearse ciegamente con sus directrices en Oriente Medio, Washington ha decidido declarar la guerra híbrida al Ejecutivo de coalición. Utilizando a agencias como la CIA, el FBI y el DHS para filtrar expedientes e intervenir en investigaciones judiciales, Trump busca enviar un mensaje mafioso a toda la Unión Europea: el líder que ose desafiar sus intereses será desestabilizado desde dentro.

Trump ha convertido la inteligencia y la justicia en armas de extorsión política. Frente a este ataque intolerable a nuestra soberanía, la respuesta de la oposición debería haber sido unánime en su condena. Pero el Partido Popular ha preferido los votos a la dignidad nacional.

Resulta bochornoso observar la prisa con la que los líderes del PP, con Alberto Núñez Feijóo a la cabeza, e Isabel Díaz Ayuso han acudido a rendir pleitesía al nuevo embajador estadounidense, Benjamín León Jr., mientras este se queja públicamente de no haber sido recibido por el presidente del Gobierno. En lugar de cerrar filas con el Estado frente a una intromisión extranjera de manual, el PP y Vox actúan como los altavoces de los dosieres de Washington, utilizando de forma carroñera filtraciones interesadas para erosionar al Ejecutivo socialista por pura táctica partidista. Aplaudir que una potencia extranjera interfiera en el sistema judicial español para forzar un cambio de ciclo político no es hacer oposición; es ser cómplice de un ataque a la autonomía de las instituciones del propio país.

Si el PP legitima que Trump quite y ponga gobiernos en Europa mediante el chantaje y la guerra judicial, está abriendo una caja de Pandora irreversible. Hoy el objetivo es Sánchez por no doblegarse ante el Pentágono, pero mañana el afectado podría ser cualquiera que no cumpla los caprichos del inquilino de la Casa Blanca. Europa no puede permitirse ser el patio trasero de un autócrata en Washington, y España no se merece una oposición tan miope y dispuesta a arrodillarse ante el acoso extranjero con tal de arañar un puñado de votos. El PP debería limitarse a dejar que los jueces actúen, si es que confían en la justicia como dicen, en lugar de pasarse las 24 horas de cada día desde hace casi ocho años pidiendo elecciones y actuando convencidos de que todo vale para llegar al poder. Hasta alguien que vulnera sistemáticamente el derecho internacional les vale para alcanzar su fin.

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