domingo, 5 de julio de 2026

El precio del sillón andaluz


En un lugar de Andalucía, de cuyo nombre me acuerdo (San Telmo), no ha mucho tiempo que vivía un modosito que afirmaba llevar su lanza en astillero, un escudo anti ultraderecha que decía era su adarga antigua, que montaba en rocín regordete y que interpretaba su propia canción. Los cantantes Mazón y Moreno son los ganadores de la Operación Triunfo de los populares

 Hubo un tiempo, apenas unas semanas, cuando las urnas aún no habían dictado su veredicto, en que Juan Manuel Moreno Bonilla se paseaba por Andalucía con el traje de la moderación que le habían confeccionado a medida, vendiendo la "vía andaluza" como el bálsamo de Fierabrás contra la polarización: Andalucía sería el oasis de la derecha pragmática, institucional y con un sutil barniz de andalucismo integrador. Que mítines tan chachis en los que el líder del PP gesticulaba con aparente firmeza, amagando con un cordón sanitario que mantuviera los delirios de Vox bien lejos de las instituciones del sur. Hoy, todo ese andamiaje de marketing político ha sido triturado y yace en las papeleras de los despachos del Palacio de San Telmo.

La cruel realidad ha sido devastadora para su relato. A las primeras de cambio, en cuanto la extrema derecha tensó la cuerda bloqueando su investidura, a Moreno Bonilla se le abrieron las carnes, y le faltó tiempo para arrastrar la dignidad de la Junta de Andalucía y arrodillarse ante las exigencias de Santiago y cierra España, que es lo que pretende. El supuesto dique de contención contra el extremismo ha resultado tener más agujeros que un colador. Ahora con cara compungida dice que él no quería, pero ha entregado a Vox una vicepresidencia y consejerías clave de la administración, vamos, lo que se dice una claudicación en toda regla por puro instinto de supervivencia; y de paso ha homologado, institucionalizado e introducido el virus de la reacción en el corazón mismo del autogobierno.

Lo más doloroso de esta rendición no son los despachos repartidos, sino el peaje ideológico que Moreno Bonilla ha estado dispuesto a pagar por conservar el sillón. El ejemplo más flagrante y vergonzoso de su bajada pantalonil es la aceptación de la "prioridad nacional" para el acceso a las ayudas públicas y los servicios sociales. Es el mismo concepto que el mismo Moreno Bonilla tildaba despectivamente de "eslogan electoral" durante la campaña. Pues bien, el eslogan ya es política oficial. Eso sí, lo han pasado por la sección de maquillaje para camuflarlo bajo el eufemismo del "arraigo". Pero no continúen engañando a los andaluces, el PP ha firmado un texto que rompe con el principio de universalidad y dinamita los consensos mínimos de cohesión social, abrazando sin ningún pudor el marco xenófobofóbico de sus nuevos socios. Y lo hace en Andalucía, la CA más multicultural de toda la historia.

Esta bajada de pantalones colectiva demuestra que la cacareada autonomía del PP andaluz nunca existió. Moreno Bonilla ha demostrado ser un peón más en el tablero de ajedrez del inútil de la calle Génova, replicando sumisamente el modelo de subordinación a la extrema derecha que ya imperaba en Aragón, Extremadura y Castilla León. Aquella derecha moderna y europea que prometieron ha preferido mutar a ser la cómplice necesaria de la involución democrática con tal de retener el poder.

La lección que nos deja esta investidura es tan vieja como la propia política: para la derecha tradicional, las líneas rojas frente al fascismo son de goma. Moreno Bonilla no ha negociado; ha capitulado. Y el coste de su sillón presidencial lo pagará, por desgracia, la Andalucía social, diversa y solidaria que hoy contempla estupefacta cómo se le abren las puertas de su Gobierno al odio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El precio del sillón andaluz

En un lugar de Andalucía, de cuyo nombre me acuerdo (San Telmo), no ha mucho tiempo que vivía un modosito que afirmaba llevar su lanza en as...