martes, 17 de febrero de 2026

Felipe González

Sigues hablando de Bildu como si España no hubiera cambiado en treinta años. Como si el tiempo se hubiera detenido en aquella foto en blanco y negro donde tú eras el héroe de la modernización y los demás vivíamos en el error o en el pecado de la duda. Pero el país ya no está en los ochenta, Felipe. Aunque a veces dé la impresión de que tú sí te quedaste en esos años.

Bildu no es ningún accidente de nuestra democracia. Tampoco una trampa.  Muy al contrario, es el resultado de un proceso político que costó sangre, sudor, lágrimas, rupturas internas y valentía. También de muchos socialistas, los primeros vascos, pero también de otros de muchos rincones de España, que apostamos juntos por cerrar el ciclo de las armas y abrir el de las palabras. Esa transición parece que la hicieron otros, no tú. Y la mayoría de ellos la pagaron muy cara.

Hace más de una década que ETA se disolvió y que la izquierda abertzale renunció sin ambigüedad a la violencia. Nadie en Bildu ha ensalzado el terrorismo desde entonces. Y, sin embargo, ahí sigues tú, mirando por el retrovisor, repitiendo las consignas de la derecha, desempolvando aquel discurso de que “con Bildu no se puede”, como si la política fuera un museo donde los viejos líderes os dedicáis a señalar errores ajenos en vez de asumir tus propias sombras.

Lo irónico es que tú, que tanto hablas de memoria, pareces sufrir de una muy selectiva. Hace años que existe una renuncia explícita al terrorismo, y nadie en Bildu ha vuelto a justificarlo ni a glorificarlo. Negarlo no es firmeza moral, es ceguera deliberada. Porque fue tu propio partido, aquel PSOE que tú dirigiste durante trece años, el que participó en los esfuerzos por la paz, el que ayudó a empujar a la izquierda abertzale hacia la política y no hacia las armas. Hoy esos mismos compañeros te están viendo negar el fruto de esa apuesta colectiva solo para marcar distancias y conservar un absurdo púlpito mediático.

Felipe, el tiempo de las trincheras ya pasó. La convivencia no se construye con desdén ni nostalgia, sino con política. Y política, en democracia, significa hablar con todos los que respetan sus reglas, también con quienes antes callaban a tiros. Si no puedes entender eso, quizás el problema no sea Bildu. Quizás el que se haya quedado congelado en el pasado seas tú.

¡Ah! Y si has decidido no votar a tu partido y votar en blanco, hazlo, que el voto siempre fue libre, gracias entre otros a un tal Felipe, al que hoy ya es difícil reconocer en tí.

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