lunes, 9 de febrero de 2026

CAMPAÑA ELECTORAL EN ARAGÓN


La campaña aragonesa del 8F se ha desarrollado con una derecha que no alcanza la mayoría, un PSOE a la defensiva y una Voxdependencia creciente, en un paisaje tan embarrado que las encuestas parecen notas de una pelea de bar.

Los sondeos sitúan al PP claramente en cabeza, con unos 28-29 escaños y a un paso de necesitar a Vox, mientras el PSOE resiste como segunda fuerza con 18-20 diputados y la sensación de que pierde cada día más relato que voto. Vox subiría a 11-12 escaños y se ofrece como árbitro en unas Cortes más pequeñas y ásperas, mientras a la izquierda del PSOE tres siglas se reparten un escuálido 14% y se disputan los últimos escaños.

Las curvas de intención de voto se mueven poco; lo que se mueve es el barro que los partidos se lanzan, como si la campaña la hubiera diseñado alguien que solo ha leído manuales de guerra sucia. El PP ha convertido la comisión del caso Koldo en un plató electoral, citando a Paco Salazar en plena recta final y explotando su nombre como villano de novela negra para insinuar que trabaja en la sombra para Sánchez y Pilar Alegría, a base de condicionales que, a golpe de titular, convierten el “podría” en “seguro que”.

El mismo patrón se repite con la supuesta “fiesta” de Ábalos en el Parador de Teruel, desmentida por la dirección del hotel, pero resucitada una y otra vez, no para probar nada sino para contaminar el aire hasta que el votante concluya que, si todos son iguales, mejor escoger al que insulta más fuerte. El Senado deja de ser cámara territorial para actuar como megáfono institucional de esta táctica del lodazal.

En Teruel, el mitin del PSOE se recuerda menos por las propuestas que por el “¡hijo de puta!”, la consigna tabernaria que irrumpe cuando el presidente sube al estrado, seguida de abucheos y del rápido restablecimiento de la liturgia del mitin. El problema no es el exabrupto, sino la normalización del insulto como herramienta de oposición, como si la política fuera una competición por la grosería más sonora.

El PP aragonés ha decidido presentar el “hijo de puta” a Sánchez no como una pérdida de papeles, sino como un gesto de sinceridad sin filtros, una autenticidad popular que se graba se difunde y se celebra en ciertos ecosistemas mediáticos como prueba de que “la gente está harta”.

Y tal vez, dentro de unos años, cuando alguien revise las hemerotecas de este febrero, no recuerde quién ganó las elecciones, pero sí quién decidió que llamar “hijo de puta” al presidente y airear bulos en comisión parlamentaria era una manera aceptable de pedir el voto en Aragón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Querido conciudadano que votas a la derecha o a la ultraderecha:

Querido conciudadano que votas a la derecha o a la ultraderecha: Cuánta razón llevas, cuando afirmas que pagar impuestos es un robo. Nada de...