Los resultados de Aragón 2026 confirman que la crisis de la izquierda ya no es solo coyuntural, sino estructural. Lo ocurrido en Extremadura ha funcionado más como espejismo que como señal de recuperación. Aragón, en cambio, expone todos los síntomas de un ciclo descendente: fragmentación, desafección y agotamiento de un proyecto político que desde 2015 no ha conseguido redefinirse frente a un nuevo escenario social y político.
El dato más revelador no es solo la desaparición de Podemos, sino la imposibilidad de que la izquierda haya aprendido de sus fracasos previos. Las fuerzas progresistas han vuelto a presentarse divididas en una comunidad con un sistema electoral muy sensible a la dispersión, puesto que en estas elecciones hay un umbral del 3% repartido en tres circunscripciones.
El resultado: más del 14% de votos entre IU–Sumar, Podemos y CHA, pero con una traducción parlamentaria mínima. Mientras, Vox, que ocupa ahora el espacio del voto protesta que hace una década fue de Podemos, obtiene 14 escaños, consolidando la inversión completa del ciclo político iniciado en 2015.
A m entender hay tres elementos que explican el declive de la izquierda aragonesa y de la española, en general:
1-La izquierda estatal ha perdido conexión con el votante de clase media y trabajadora periférica, que hoy se siente menos representado por discursos abstractos o identitarios.
2-Desgaste de gobierno: una década de políticas desde el poder sin renovación de relato ni de liderazgo.
3-Falta de articulación territorial: el PSOE no logra movilizar a su electorado tradicional y las fuerzas a su izquierda no tienen implantación local sólida. En Aragón, esto ha sido fatal.
Chunta Aragonesista emerge como el único vector de resistencia real, duplicando representación. Esto reproduce un patrón que también observamos en Euskadi, Galicia o Baleares: las izquierdas con anclaje territorial y discurso propio resisten mejor que aquellas que dependen de dinámicas estatales. La Chunta ha sabido articular un relato aragonesista y de gestión cercana, muy distinto al de las izquierdas estatales que aparecen distantes y burocratizadas.
El problema de la izquierda no se resolverá solo con “unidad”. La cuestión central es recomponer un proyecto de sentido. Algunas líneas de ese proyecto podrían ser:
-Reconstruir desde lo local, apoyándose en redes municipales y movimientos sociales; -Renovar liderazgos y estilos políticos, alejados de la lógica de confrontación interna; -Articular un relato social claro, que hable de empleo, vivienda, servicios públicos y transición ecológica, no solo de identidad; -Aceptar una pluralidad ordenada, donde IU, Sumar y Podemos puedan coexistir bajo un paraguas cooperativo, como ocurre en Portugal; -Recuperar la presencia territorial, especialmente en provincias intermedias y rurales, que son espacios hoy dominados por el PP y Vox.
A modo de resumen, la izquierda no ha fracasado en Aragón por falta de ideas, sino por falta de coherencia y proyecto compartido. Mientras el electorado perciba más división que esperanza, el péndulo seguirá favoreciendo a la derecha.
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