En el universo paralelo de Génova, ETA sigue activa, Bildu es una célula clandestina y lo único que ha quedado sepultado por el paso del tiempo es la capacidad de autocrítica del PP. Mientras el objetivo era hablar de una DANA con más de 200 muertos, Feijóo se encarama al atril del Congreso como si fuera una máquina tragaperras: le meten una pregunta sobre responsabilidades políticas… y él responde devolviendo siempre la misma ficha ganadora, el comodín ETA.
Resulta casi enternecedor que quince años después del fin de la violencia, buena parte de la derecha española sigue instalada en un bucle temporal donde ETA nunca dejó las armas y Bildu no es un partido legal votado por ciudadanos españoles, sino un trampantojo de partido, útil solo para no responder de nada que huela a gestión propia. Que haya vascos que votan a Bildu con el mismo derecho con el que otros votan al PP es, para ellos, un detalle menor, un error del sistema democrático que se corrige a base de señalar con el dedo desde el escaño.
La escena con Matute roza lo paródico: le preguntan por la DANA y Feijóo, con quien vende enciclopedias, contesta si tiene “información para esclarecer asesinatos de ETA”, como si estuviera interrogando a un arrepentido de los años 90 en lugar de rindiendo cuentas ante una comisión parlamentaria. Es la confirmación de que el señor Feijoo es un trilero político: cuando la bolita de la responsabilidad se acerca demasiado a su cubilete, agita la mesa, saca a pasear a los “800 muertos” y señala a Bildu, a ver si el público se olvida de qué se estaba discutiendo.
Que la presidenta de la comisión tenga que llamarle al orden por haberse ido a ETA, Adamuz y el blanqueo de Bildu es casi una metáfora de toda una época: les montan un espacio institucional para explicar decisiones concretas y ellos lo convierten en tertulia de barra de bar sobre quién tiene o no “autoridad moral”. El PP ha perfeccionado un arte peculiar: vaciar de contenido las comisiones de investigación mientras finge que las llena de dignidad, cuando en realidad solo las rellena de ruido identitario y de rencor en conserva con fecha de caducidad vencida hace años.
El uso de las víctimas ya es en sí obsceno: las invocan como escudo, como coartada y como comodín, pero jamás para algo como asumir que también existen otras víctimas, las de la DANA, que merecen explicaciones en presente y no batallitas en pasado. Es difícil encontrar una forma más eficaz de banalizar a la vez el terrorismo de ETA y una tragedia reciente que utilizarlos como atrezo en la misma performance, solo para que el líder de la oposición salga con un buen corte de vídeo para su trinchera mediática.
Feijóo prometió “elevar la política” y ha acabado elevando, solo el tono de los mantras de siempre: “Otegi”, “blanqueo”, “ETA”, repetir y agitar. Al final, su “política con mayúsculas” consiste en escribir ETA en negrita cada vez que alguien osa pronunciar palabras peligrosas como “responsabilidad”, “rendición de cuentas” o “gobierno autonómico del PP”.
Y luego está el detalle democrático que nunca encaja en su relato: Bildu es hoy un partido plenamente legal, con representación institucional, elegido por ciudadanos españoles que pagan impuestos, se mojan con la DANA y entierran a sus muertos igual que los votantes del PP. Pero reconocer eso implicaría aceptar que, en democracia, la pluralidad política incluye también a quienes no sirven de coartada, y eso sí que parece, para Feijóo y los suyos, una línea roja más intolerable que seguir usando a ETA como comodín eterno cada vez que alguien les pregunta algo tan sencillo como “¿qué hizo su partido?”.
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