jueves, 5 de febrero de 2026

Negar el cambio climático


La región mediterránea se considera un “punto caliente” del cambio climático, con evidencias de aumento de extremos: más olas de calor, sequías más severas y, en algunas áreas, precipitaciones más intensas en eventos concretos. El IPCC, Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change) y revisiones regionales indican que, a medida que aumenta la temperatura global, la atmósfera puede contener más vapor de agua, lo que favorece lluvias más intensas y aumenta la probabilidad de inundaciones pluviales y fluviales más dañinas en muchas zonas de Europa. En áreas como el sur de España se describe un patrón cada vez más claro: menos días de lluvia, pero más concentrada, alternando sequías prolongadas con inundaciones súbitas, algo que encaja con lo que está ocurriendo estos días en Andalucía.
Este patrón es especialmente problemático cuando los suelos llegan resecos tras periodos de sequía, porque infiltran peor el agua y la escorrentía superficial se dispara, saturando cauces y sistemas de drenaje urbano en cuestión de horas. La combinación de atmósfera más húmeda, mares más cálidos y mayor irregularidad en las precipitaciones sitúa a Andalucía entre las regiones europeas más vulnerables a extremos hidrológicos, de forma que los temporales no tienen por qué ser mucho más frecuentes, pero sí se vuelven más peligrosos y costosos en vidas, infraestructuras y producción.
Negar el cambio climático o minimizar su origen humano, a estas alturas, no es una “opinión”, sino una negativa a aceptar las masivas evidencias físicas que explican por qué temporales como el actual son cada vez más dañinos en zonas como Andalucía. Esa postura no es neutral, sino que retrasa la adaptación (mejor planificación urbana, gestión de cuencas, refuerzo de infraestructuras, sistemas de alerta temprana) que la propia evidencia científica señala como clave para proteger vidas y bienes frente a eventos extremos.
Mientras los negacionistas se refugian en el “siempre ha llovido mucho por aquí”, las administraciones y la ciudadanía se ven obligadas a gestionar evacuaciones masivas, carreteras cortadas y pueblos anegados que cuadran milimétricamente con lo que los informes climáticos llevan décadas advirtiendo. Persistir en esa negación es decirle a la gente que asuma más muertos, más pérdidas y más desastres evitables, solo para no admitir que hay que cambiar cómo producimos energía, cómo ocupamos el territorio y cómo nos preparamos para un clima que ya no es el de nuestros abuelos.
Ver cómo en zonas azotadas por la DANA en Valencia se están planificando nuevas construcciones es no querer aprender de los tropezones. Votar a la extrema derecha es apoyar a quienes no quieren ser conscientes de la realidad a que ya nos enfrentamos.

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