La soberanía real en la frontera sur no se garantiza levantando muros más altos ni desplegando al Ejército, sino mediante cooperación al desarrollo internacional, vías legales y seguras, y una diplomacia multilateral fuerte.
La oposición promueve una ilusión de «fuerza» sin querer darse cuenta que eso en la práctica deja a España rehén del chantaje fronterizo y vulnera el Derecho Internacional de Asilo.
La derecha no busca resolver el problema estructural de Ceuta; necesita mantener la frontera en crisis permanente para sostener su relato de alarma nacional, como durante años ha mantenido viva a ETA como instrumento para el mismo fin.
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