viernes, 4 de septiembre de 2026

“Cuanto peor, mejor”, “Que se hunda España que ya la levantaremos nosotros”.

Querámoslo o no, la crisis en la frontera de Ceuta ha dejado al descubierto muchas de las grietas que existen en nuestra democracia y de la política exterior de la Unión Europea, aunque por interés partidista se quiera dar la imagen a los ciudadanos de que es algo que depende solo de un país. Pero lo más sangrante es ver cómo el cálculo electoral de unos y la opacidad de otros, amenazan con vaciar de contenido los derechos humanos y la cohesión social. 

Si en algo puede afirmarse que existe consenso es en el hecho de que el Gobierno llega tarde a Ceuta. ¿Por qué? porque se encuentra atrapado en la contradicción actual de la socialdemocracia europea. El PSOE asume el Pacto de Migración y Asilo de la UE a través del que busca la contención fronteriza a través de los acuerdos con Marruecos. Pero asumir ese pacto  le ha provocado un giro, y eso le ha obligado a que el enfoque haya virado hacia el pragmatismo, a lo útil,  ("migración circular" según necesidades del mercado laboral) pero eso implica alejarse del marco ético y de derechos humanos que siempre ha defendido. Para muestra un botón, y vemos en ese partido posiciones como las de García-Page que compiten con la derecha adoptando un tono punitivo para fidelizar sectores moderados. Ese discurso  invalida el posicionamiento de la izquierda y regala la hegemonía a la extrema derecha sin ninguna consecuencia para quien así actúa. 

Un segundo aspecto es la ausencia hasta ahora de explicaciones públicas transparentes de Pedro Sánchez a dar, al menos hasta ahora. Detrás de ese dejar pasar el tiempo parece buscar, evitar fricciones diplomáticas con Rabat y a la vez no aumentar el desgaste interno en el bloque de investidura. Puede ser razonable no entrar al choque, sin embargo, el silencio oficial le quita a la ciudadanía la posibilidad de percibir un debate democrático, sino que está dejando ese espacio libre, y un vacío que se deja en política, otro lo rellena, y el relato de una invasión ha sido colonizado por el pensamiento más reaccionario con toda la derecha mediática y las redes  incendiando la situación. Ayer ya vimos violencia contra migrantes sin ninguna respuesta de las Fuerzas de seguridad. Si se detiene a quienes apedrean a un vehículo militar, pero quemar chabolas y chamizos y agredir a los más vulnerables, o hacer que miembros de ONG tengan que dejar sus tareas humanitarias  por las agresiones, si parece estar permitido. 

Si nos parece bien  recibir fondos europeos, deberíamos saber que eso, entre otras cosas, implica que la política migratoria no la marcamos nosotros, sino la misma UE que da esos fondos. La frontera sur de Europa está demostrando en Ceuta el error y la debilidad estructural de la UE al delegar el control fronterizo a un vecino autoritario. Eso permite a Marruecos instrumentalizar la presión migratoria como un activo en su negociación con la UE, de la que obtiene concesiones a cambio de actuar como dique de contención. Parecemos no darnos cuenta, o no nos la queremos dar, que subordinar la política exterior de la UE al apaciguamiento de Rabat ata las manos de Madrid. Si existe alguna posibilidad de romper esa situación, lo único que nuestro país puede hacer es intentar convencer, incluso por la vía judicial , que sea indispensable condicionar cualquier ayuda europea a Rabat, a que el país alauita respete  los derechos humanos y que la UE abandone la complacencia geopolítica. ¿Estamos en condiciones de exigirlo? Da igual el signo político que tenga un gobierno, si las condiciones de esa política las marca la UE. 

Y mientras unos hacen de bomberos, otros llevan años actuando como incendiarios. Frente a la crisis que nos afecta a todos, las fuerzas de derecha y ultraderecha priorizan el derribo del Gobierno sobre cualquier solución real. La irrupción de figuras que deberían considerarse momificadas como Aznar, ayer en Ceuta, solo pretenden instrumentalizar la tensión y agitar el caldo de cultivo del odio para reclamar elecciones. Los ceutíes ven con buenos ojos que todos los apoyemos y eso debería no estar en duda por su parte. Pero si el apoyo que entienden es que se convoquen movilizaciones desde la FEMP o consideren que es un apoyo que la derecha promueva desplazamientos ultras a Ceuta, creo que se equivocan, porque eso solo contribuye a romper la lealtad institucional y la gobernabilidad. 

Los genios de Génova 13, deberían ser conscientes de que esta agitación no favorece al PP, sino que solo alimenta a Vox., aunque eso no parece importar a los de Feijoo, que piensan que con Vox suman para llegar al gobierno, olvidando que no es lo mismo negociar con un Vox muy respaldado que con uno con menos apoyos, aunque como hemos visto en Extremadura, Valencia, Aragón o Andalucía, no tienen ningún problema en asumir los postulados de la ultraderecha como propios. Todo le vale a Feijoo si con ello posa su culo en la Moncloa. 

Pero creo que hay un posicionamiento antidemocrático, anti solidario, y  legalmente sangrante. Chirría demandar soluciones, mientras a la vez se niega el uso de polideportivos o terrenos de una hípica para intentar solventar lo más inmediato. Pero eso no es nada al lado de lo que es oponerse al reparto obligatorio de menores no acompañados en las CCAA. La derecha está cronificando el colapso de Ceuta, no para ayudar a los ceutíes sino con el único objetivo de exhibir que el Estado y su gobierno es incapaz.  Su solución es solo una: expulsión de todos, menores incluidos, aunque sea ilegal. Hagan una cuenta simple: si se traen los casi dos mil menores a la península, quedarían libres dos mil plazas para ocupar temporalmente por adultos que disminuirían y mucho la presión en las calles ceutíes, pero no se quiere es que eso ocurra, porque cuanto más tiempo se perpetúe la  situación, el relato de la derecha gana gracias al miedo y la violencia. El migrante es su nueva ETA.

Ese personaje triste llamado Feijoo , prioriza la guerra de marcos de las CCAA gobernadas por su partido, frente al cumplimiento de las obligaciones de acogida y con ello convierte a la infancia vulnerable en su mejor herramienta de desgaste político al gobierno, sin importarle en absoluto como se erosiona gravemente el Estado social. Pero ya sabemos que “cuanto peor, mejor” y “que se hunda España que ya la levantaremos”. Y si en el levantamiento hacemos negocio: miel sobre hojuelas.

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