sábado, 12 de septiembre de 2026

La deriva de Page a submarino político.


El papel de García-Page dentro del PSOE ha rebasado con creces los límites de la legítima discrepancia y del matiz territorial. Sus recientes declaraciones, en las que llega a equiparar la gestión del Gobierno en la crisis de Ceuta con la "gran mentira" institucional del 11-M, lo admita o no, son un punto de inflexión. No se trata de un ejercicio de democracia interna ni de una voz crítica constructiva; es una operación de desgaste calculada que asume y legitima los marcos discursivos de la derecha más radical.

Comparar la compleja gestión de un pico migratorio con la manipulación de Estado orquestada por el Ejecutivo de Aznar en marzo de 2004 supone una frivolidad histórica inaceptable para cualquier votante de izquierdas. Aznar instrumentalizó las instituciones y los medios públicos para engañarnos deliberadamente a la ciudadanía en la antesala de unas elecciones generales. Equiparar ese episodio a la publicación y desclasificación de informes sobre la crisis de Ceuta por parte de la Moncloa no es un exceso verbal sino una cesión ideológica directa más al argumentario de los partidos conservadores.

García-Page ha optado por un pragmatismo electoral de corto recorrido que busca blindar su feudo en Castilla-La Mancha intentando mimetizarse con la oposición. Bajo la excusa de contener el avance de las derechas, el presidente castellanomanchego normaliza términos como "invasión" y suministra periódicamente los titulares que la extrema derecha necesita para dinamitar la cohesión del bloque progresista. Es la lógica del "tonto útil" elevada a política de Estado: pescar en el caladero sociológico del conservadurismo mientras se utiliza la siglas del PSOE como plataforma y escudo.

Desde un análisis comprometido con la necesaria transformación social, la posición de Page es insostenible. La cultura política de la izquierda exige el debate de ideas, pero repudia el asedio sistemático contra los avances del propio espacio institucional. Si García-Page considera que el proyecto de la mayoría plurinacional y progresista es una "dinámica esquizofrénica", la lealtad política más elemental le exigiría dar un paso al lado, entregar el acta y confrontar su modelo en las urnas sin la protección de la organización que cuestiona. 

Mantenerse en la poltrona regional mientras se actúa como quinta columna del adversario no es valentía autonómica: es, simplemente, la labor de un submarino político al servicio de derecha y ultraderecha. Si en el espacio a la izquierda del PSOE se configura una candidatura seria y con un programa de gobierno que recoja las necesidades sentidas de ese electoral, se dará cuenta de que, aunque la derecha lo crea, en política no todo vale.




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