sábado, 12 de septiembre de 2026

El espejismo de la excelencia según PISA y la trampa neoliberal del PP

Cada vez que la OCDE hace públicos los resultados del informe PISA, el PP escenifica su contorsionismo político, que es digno de estudio. Cuando ocupan la Moncloa, las deficiencias del sistema son una «urgencia nacional» que les sirve para recortar la inversión pública y justificar leyes punitivas y segregadoras como fue la LOMCE. Sin embargo, cuando están en la oposición, el mismo informe pasa a ser la prueba irrefutable de que la educación pública se desploma por culpa de una supuesta «falta de esfuerzo» de la izquierda.

Esta doble vara de medir revela una visión sesgada y mercantilista del hecho educativo. La trampa del PP con el informe PISA no reside únicamente en su cinismo coyuntural, sino en las premisas ideológicas sobre las que construye su relato:

Uno. El PP presume sistemáticamente de los buenos resultados de comunidades como Castilla y León o la Comunidad de Madrid. Lo que ocultan es que el modelo madrileño, hipermercantilizado, segrega al alumnado por rentas a través de la sobre financiación de la educación concertada y la segregación temprana. PISA no está midiendo solo la calidad académica; está, además, retratando la desigualdad socioeconómica que el propio PP fomenta desde las instituciones regionales.

Dos. Para la derecha, la educación no es un derecho emancipador ni una herramienta de cohesión social, sino una cadena de montaje orientada a abastecer las demandas del mercado laboral. Por eso añoran las reválidas y la memoria punitiva. Atacar la LOMLOE tachándola de «permisiva» es la excusa perfecta para ocultar que los verdaderos problemas de la escuela pública son las aulas superpobladas, la precariedad docente y la falta de inversión en inclusión.

Tres. Resulta paradójico que un partido conservador apele al estándar de un organismo económico internacional para dictar qué es «buena educación». Se adopta una lógica estandarizada que ignora el contexto de vulnerabilidad de miles de familias, para luego culpar al eslabón más débil: el alumnado y el profesorado de la escuela pública.

El informe PISA jamás debería ser un martillo con el que golpear al adversario político ni una coartada para desmantelar lo común. Mientras el PP siga utilizando la educación como un campo de batalla ideológico para promover la privatización y el elitismo. 

Feijoo se olvida de que no habrá excelencia en los datos de la OCDE mientras se continúe segregando en las aulas, pero la solución no es su objetivo en nada, cuando el único objetivo es el poder.

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