Pocas cosas revelan con tanta crudeza el verdadero rostro de una fuerza política como su reacción ante una violación flagrante del derecho internacional. La invasión de Venezuela por parte de Estados Unidos, un acto unilateral y agresivo, ha servido como espejo implacable del Partido Popular y de sus dirigentes, incapaces de elevarse por encima de su servilismo ideológico. Lo que Feijóo, Tellado, Álvarez de Toledo y Bendodo han demostrado no es prudencia diplomática ni matiz analítico: es su cobardía moral envuelta en cálculo partidista.
La actitud del PP ante este atropello no es solo vergonzosa, es histórica en su pequeñez y cortedad de miras. Resulta insultante escuchar a sus portavoces evitar la palabra “invasión”, recurrir a eufemismos, o escudarse en la supuesta “defensa de la libertad venezolana” cuando lo que tienen delante es la violación soberana de un país latinoamericano por una potencia extranjera. Esa hipocresía, tan vieja como su dependencia política del Washington trumpista, los retrata como lo que son: herederos ideológicos de una derecha que siempre se ha arrodillado ante el poder ajeno mientras exige patriotismo a los demás.
Feijoo representa en este episodio la tibieza de quien no se atreve ni a pronunciar las palabras que describen la realidad. Tellado repite el guion propagandístico con la disciplina del subordinado que no piensa, solo acata. Álvarez de Toledo exhibe su habitual soberbia retórica para justificar lo injustificable, creyendo que el envoltorio culto basta para encubrir la indecencia moral. Y Bendodo, en su tono de notario de la mentira, intenta convertir el silencio en prudencia mientras legitima una agresión que recuerda tiempos oscuros de colonia y tutela.
La derecha española ha perdido incluso la sombra de lo que fue una conciencia nacional mínimamente autónoma. No son defensores de la legalidad internacional, ni de los derechos humanos, ni siquiera de una política exterior digna: son simples eco de los dictados de un imperio que decide qué invasiones son “injerencias humanitarias” y cuáles merecen sanciones. En su servilismo, Feijoo y los suyos confirman que el PP no defiende principios, sino intereses y obediencias.
España, con su historia de dictadura y transición, debería saber mejor que nadie lo que significa el atropello de la soberanía. Resulta indignante ver a quienes presumen de constitucionalistas mirar hacia otro lado cuando el derecho internacional se pisotea. Hay miserias políticas que se olvidan con el tiempo; esta no lo hará. Porque el silencio del PP ante la invasión de Venezuela no es prudencia: es complicidad. Hay miserias políticas que señalan a quienes actúan cómo verdaderos miserables. Este es el caso.
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