Fran Rivera aplaude una operación que el Derecho Internacional califica de violación flagrante de la soberanía de un Estado y, encima, sugiere “mirar para acá” como si España necesitara un golpe de mano extranjero para “limpiarla”. Más que patriotismo, es una invitación explícita a que una potencia militar bombardeé un país democrático de la UE porque a él no le gustan las “caras raras” de su Gobierno.
Por si no lo sabes matatoros. Pedir a un presidente extranjero que actúe militarmente sobre tu propio país no es una opinión polémica: es una deslealtad política de primer orden, impropia incluso de quien se envuelve a diario en la bandera. Si ya en Venezuela es @una violación del artículo 2(4) de la Carta de la ONU, en España sería, además, un ataque directo a un Estado miembro de la UE y de la OTAN, es decir, una verdadera catástrofe jurídica y política.
Igual el mataroros no se ha enterado, que la operación para capturar a Maduro se ha realizado sin autorización del Consejo de Seguridad y sin consentimiento del Estado venezolano, lo que vulnera el principio de prohibición del uso de la fuerza y de no injerencia en los asuntos internos. Expertos y organizaciones especializadas señalan que se trata de un uso unilateral de la fuerza contrario a la Carta de la ONU y que sienta un precedente peligroso para la región y para el orden internacional en su conjunto. Claro que a él lo de saltarse la ley no le preocupa.
Lo de este matatoros es “patriotismo” de plató. Resulta llamativo que quien se indigna por cualquier crítica a España vea “normal” sugerir que un líder extranjero haga en Madrid lo que ya ha hecho ilegalmente en Caracas. Aplaudir una intervención que juristas describen como unilateral, contraria a la Carta de la ONU y potencialmente constitutiva de agresión, y pedir una réplica en España, no es valentía ni sentido de Estado: es convertir la política en un ruedo donde siempre pagan los de abajo. Claro que a él los de abajo nunca le han importado.
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