Lo comenté ayer en este muro y Junts ha avanzado su no al decreto de vivienda. Puede ser que aún se abstengan, pero no da esa impresión.
Lo primero es ver las consecuencias de su no en Catalunya. Es innegable que el veto acelera la polarización por el eje de clase en Catalunya. El conflicto deja de ser estrictamente Cataluña vs. España y se traslada al eje Derecho a la vivienda vs. Mercado inmobiliario. Este movimiento de Junts regala a ERC, la CUP y los Comuns una pasarela directa con el movimiento por la vivienda, las plataformas de inquilinos y las centrales sindicales, pero a Junts les refuerza su papel como defensores de los multipropietarios. La posición de Junts sobre el alquiler de temporada y las zonas tensionadas ahonda su desconexión con las áreas metropolitanas (especialmente el Área Metropolitana de Barcelona), relegando al partido a sus feudos territoriales tradicionales del interior de Cataluña.
El veto de Junts clarifica las posiciones ideológicas: obliga a la izquierda catalana a articular una alternativa donde la defensa de los derechos sociales y el autogobierno caminen juntos, frente a un independentismo de derechas que antepone los intereses del sector inmobiliario a la cohesión social.
Ante ese anuncio todo se ha convertido en comentarios de un posible adelanto electoral. ¿Es aconsejable para la izquierda ese adelanto? ¿Cuándo sería aconsejable el adelanto? No se puede negar que estamos ante una ventana de oportunidad para la izquierda. Para empezar, la gente de la acampada va a explotar, aunque desconocemos lo que puede pasar, pero ya no está en duda la desconexión entre ciudadanos y políticos, y se avecina la convocatoria de una Huelga general.
El no a los decretos le ha dado una razón al presidente para convocar, lo que no debería impedir que se volviese a llevar un decreto, más ambicioso aún, de nuevo al congreso, en el que demostrase hasta donde está dispuesta a llegar la izquierda en este asunto, pero además, lo sacaría de nuevo en el consejo de ministros del martes.
Lo cierto es que el escenario se dibuja como apto para un nuevo gobierno de coalición si este se muestra más ambicioso. Un análisis de estrategia sugeriría que la izquierda solo debería aconsejar el adelanto tras cumplir tres fases operativas previas:
La primera sería presentar de inmediato una Ley Orgánica de Vivienda integral que recoja de forma tajante las demandas de los movimientos sociales, obligando a los socios de derecha a volver a votar en contra. No se busca aprobar la ley, sino evidenciar de forma inequívoca el bloqueo de clase en la Cámara.
En segundo lugar, y antes de convocar, sellar una unidad estratégica firme dentro del espacio a la izquierda de la socialdemocracia para evitar la dispersión del voto en las circunscripciones clave.
Y, por último, convocar las elecciones en el momento en que el conflicto social sobre el precio de la vivienda alcance su pico de visibilidad pública, evitando que el debate político sea desplazado hacia la amnistía, la corrupción o el debate territorial.
¿Adelantar elecciones? Sí, pero tras ese trabajo previo.
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