jueves, 1 de octubre de 2026

Junts y la vivienda: ¿la clase pesa más que la nación?

Hay momentos en política en los que el humo se disipa de golpe. Ocurre cada vez que la materia presupuestaria o la regulación de mercados entra en el Congreso de los Diputados. La votación del decreto de vivienda ha actuado como un reactivo: ante la regulación del precio de los alquileres y el freno a la especulación, la llamada «mayoría plurinacional» no se fractura por razones territoriales, sino por estrictas razones de clase.

Una vez conocido que apoyaran ellos decretos de vivienda de forma unánime por el resto de las fuerzas soberanistas e independentistas, las medidas en materia habitacional han recibido el respaldo de quienes entienden que el derecho al techo es lo que sostiene  cualquier soberanía social. En el extremo opuesto, la consecuencia de negarse de Junts per Catalunya a sumar sus votos al bloque de la investidura vuelve a situar a la formación en la trinchera parlamentaria que las derechas estatales del PP y Vox.

El movimiento de la formación post convergente no es ninguna sorpresa, sino el afloramiento de su ideología. Tras la retórica del conflicto competencial y el argumento de la invasión de atribuciones a la Generalitat (habitual pantalla de las patronales inmobiliarias), late la defensa sin matices del statu quo rentista. Junts opera en las Cortes no como el representante de la totalidad de la nación catalana, sino como el brazo político del sindicato de propietarios y de las rentas altas urbanas.

Esta posición coloca al partido de Carles Puigdemont en una encerrona estratégica. Por un lado, evidencia que su concepto de gobernabilidad consiste en utilizar los derechos sociales de las clases trabajadoras como mercancía de cambio para exigir contraprestaciones en otros frentes. Por el otro, desconecta a la formación de las necesidades acuciantes de una juventud catalana asfixiada por la crisis del alquiler, demostrando que para la derecha soberanista la «patria» acaba justo donde empiezan los beneficios del mercado inmobiliario.

En definitiva, ante la encrucijada entre garantizar el acceso a la vivienda o blindar el negocio de unos pocos, Junts ha dejado claro dónde están sus lealtades. Al final, la brecha socioeconómica siempre terminará imponiéndose a la épica de sus siglas.


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