martes, 4 de agosto de 2026

Lo ocurrido en Ceuta es un ataque perfectamente organizado, no una cuestión migratoria.

Detrás de un ataque siempre hay un director de operaciones, da igual si es marroquí, israelí o norteamericano. El mensaje cínico emitido hoy por Marruecos se contradice con las imágenes de camiones llenos de jóvenes que se bajan y corren hacia la frontera bajo la atenta mirada de sus fuerzas de seguridad, que vigilan que se cumpla el plan previsto.

Por su parte, lo del insigne candidato a presidente, Feijóo, y su candidato a futuro vicepresidente, Abascal (todo está por ver aún) pasan por envolverse en la bandera y cargar contra el Gobierno en lugar de hacerlo contra Mohamed VI. Y como esto no es el paro, las pensiones, la sanidad o la dependencia, aquí si aportan sus soluciones: soldados, tanques, concertinas y, sobre todo, balas; cuantas más, mejor. Quieren demostrar que el jabalí puede ser fiero, pero que un tiro entre ojo y ojo acaba con el problema. Si en vez de 100 muertos son 50.000 da igual: son marroquíes o subsaharianos y esos muertos no nos duelen. Si no dolieron los de la DANA o las residencias madrileñas, ¿por qué nos van a doler estos pobres y desarrapados?

Que el discurso del Gobierno no se sostiene es evidente; lo del «amigo fiable» invita a recordar a Marlaska el dicho: «de mis amigos me libre Dios, que de mis enemigos me libraré yo». Marruecos ha sido, es y será siempre un vecino incómodo: ese que no paga la comunidad, deja la bolsa de basura en el descansillo de la escalera y no le importa que su perro haga las necesidades en el portal del edificio. El problema es que es el dueño de su piso con escrituras en la mano, y no puedes quitártelo de encima.

¿Vale la solución de la bala entre ojo y ojo? Los candidatos a presidente y vicepresidente de la comunidad de vecinos están convencidos de que esa es la única solución: en cuanto lleguen a la presidencia todo estará solucionado; a vecino muerto no habrá vecino molesto. Les importa un bledo si nos convierten a todo el vecindario en cómplice de asesinato. Ellos con ser los dueños del cortijo ya tienen alcanzado su objetivo ¡Españoles, la guerra ha terminado!



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