domingo, 23 de agosto de 2026

PERIODISMO DE HOJALATA


El periodismo, siempre se entendió como el contrapeso del poder y el espacio para el debate informado. España atraviesa hoy una crisis estructural provocada por su instrumentalización ideológica. No asistimos a un debate de ideas ni a la legítima discrepancia política sino a una estrategia coordinada de desinformación donde la verdad ha dejado de ser parte de la ética para verse como un daño colateral.

La manipulación mediática no siempre necesita inventar ficciones absolutas, le basta con descontextualizar o ejercer un sesgo de encuadre en la noticia. Asistimos a narrativas basadas en verdades a medias que han sido diseñadas para generar indignación y visceralidad antes de que se puedan contrastar los hechos. 

Es habitual observar portadas y tertulias centradas en la apertura de diligencias o la admisión a trámite de querellas presentadas por organizaciones afines, elevándolas a la categoría de condenas firmes. Cuando esas causas son sistemáticamente archivadas por falta de indicios, la rectificación no existe. El objetivo no es informar sobre el proceso judicial, sino fijar un relato de sospecha permanente.

Ocurre recurrentemente con la presentación de indicadores socioeconómicos. Un avance en las cifras de empleo o el crecimiento del PIB se desarmoniza mediante la hipérbole sobre un dato parcial o alterando el marco comparativo, transformando datos objetivos de avance en escenarios de catástrofe inminente.

La difusión constante de bulos sobre la vida personal o las decisiones institucionales de los dirigentes de la izquierda busca erosionar la legitimidad de las instituciones representativas. He podido comprobar en este muro, como unas fotografías de Aznar de vacaciones en la Mareta han provocado tal avalancha de ataques ultras que me he pasado medio día bloqueando a sus autores. El objetivo de la mayoría no era otro que equiparar la gestión pública con la corrupción moral, fomentando ese cinismo social del "todos son iguales", terreno donde la extrema derecha disfruta como un cerdo en un charco en verano. 

Esta dinámica no es casual ni por descuido, sino que responde a una lógica de rentabilidad. En primer lugar, económica, puesto que el sensacionalismo y la indignación generan audiencias y cuotas de pantalla, y la polarización es un modelo de negocio rentable en la era de la atención fragmentada. En segundo lugar, la rentabilidad política, puesto que en un clima de crispación e inhabitabilidad social se desgastan los apoyos de la izquierda, adormeciendo a los votantes desencantados y movilizando a los sectores más reaccionarios bajo el mensaje de una "emergencia nacional".

Cuando la información es tóxica, el debate sobre lo concreto (la sanidad pública, la vivienda, los salarios o los derechos laborales) queda desplazado por choques de identidad y pánicos culturales artificiales.

Esta mañana mi reflexión va sobre esta situación. Frente a la trinchera mediática, la respuesta no puede ser la resignación ni el quedarse en casa. Defender la democracia exige blindar el derecho a una información veraz, con transparencia en la financiación de los medios, conocer quiénes son los apoyos de proyectos periodísticos dependientes para optar por los independientes, y el ejercicio activo del pensamiento crítico por parte de los ciudadanos. 

Sin una información rigurosa, la convivencia se degrada y el debate político se reduce a una guerra de desgaste.

BUen sábado.

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