lunes, 3 de agosto de 2026

Giorgia Meloni: extrema derecha sin mascarilla

La invasión más corta de la historia, solo de 24 horas. Puede ser que el PP concluya que tres autobuses de turistas llegan de golpe a un bar de carretera, si los camareros no pueden atenderte, el bar ha sido invadido. Menuda invasión de pacotilla. Y luego es curioso que el Supremo no supiera que España tiene costa siendo  mentes privilegiadas a las que no se les debe criticar. Pero dejemos lo interno.

Vimos a España apoyando a Italia en la cris de Lampedusa; a Finlandia en sus problemas con la frontera rusa; a Dinamarca cuando Trump decidió quedarse Groenlandia. Ya se han olvidado, de que sus fronteras eran nuestras fronteras, y que Ceuta también es su frontera. No es desmemoria, es ideología. Porque si algo ha demostrado la reciente situación de Ceuta es la agresiva ofensiva de los gobiernos de derecha y extrema derecha europeos contra España. Pero sobre todo nos muestra el nivel de cinismo, fragilidad e hipocresía con el que gobierna Giorgia Meloni, impulsora de este ataque a nuestro país, ese espejo ultraderechista en el que la derecha española se mira. La primera ministra italiana ha hecho de la xenofobia su principal seña de identidad, pero bastan un par de datos objetivos y una mirada rápida a su política interna para que su fachada de "mano dura" se desmorone por completo. 

Mientras el sistema ultra europeo se abalanza contra la regularización del Gobierno español buscando vender el fantasma del "efecto llamada", la realidad de los datos de Frontex destruyen esa narrativa de la extrema derecha. En el balance de repatriaciones y llegadas marítimas, España ha mostrado una gestión infinitamente más contundente. Que en tan solo veinticuatro horas hayan vuelto a su país más personas que el Gobierno de Meloni ha devuelto en cuatro años, no es un simple dato contable, sino la prueba irrefutable de que el "modelo Meloni" es solo ruido, propaganda y absoluta incapacidad operativa. 

La mayor muestra de la doble moral de Meloni se encuentra en sus propias leyes. La misma líder que pontifica contra la inmigración en las cumbres europeas es la que silencia ante su electorado la concesión masiva de visados de trabajo: cerca de un millón de permisos aprobados por su coalición y ahí están los datos (450.000 para 2023-2025 y otros 500.000 para 2026-2028). ¿Por qué lo hace? A ver si nos enteramos: porque la agricultura, la industria y la construcción italianas colapsarían sin esa mano de obra. Igual que lo harían las españolas.

Meloni ataca la dignidad de los migrantes con la boca pequeña para alimentar el odio de su masa votante, mientras con la mano derecha firma la entrada de cientos de miles de indocumentados regularizados para complacer al empresariado. Su política no es soberanista ni patriótica; es oportunista y cruel. 

Alimentando el extremismo siempre habrá alguien dispuesto a ser aún más radical. Pero parece que Meloni está empezando a probar su propia medicina. El crecimiento fulgurante del partido Futuro Nazionale, más ultra aún que ella, muestra a una Meloni acorralada y aterrorizada. Su furia contra las políticas de regularización en el exterior no es más que una maniobra a la desesperada para disimular su perfil moderado antes de que la ola ultra que ella misma alimentó termine por engullirla. Es lo mismo que PP hace asumiendo el discurso de Vox.

La derecha europea, respaldada por la pasividad de Ursula von der Leyen y el oportunismo del PP europeo, ante su compleja frontera sur, evidencia una alarmante falta de sentido de Estado. Mientras España lidia con la delicada y difícil relación con Marruecos para defender la integridad territorial en Ceuta y Melilla sin caer en provocaciones ni en destructivas guerras políticas, Meloni ha decidido encender la mecha de la histeria colectiva europea. 

Meloni ha quedado al descubierto: una dirigente débil que necesita incendiar Europa con retórica antiinmigración para tapar que en su propio país repatría poco, regulariza por millones a escondidas y tiembla ante un partido encabezado por un general populista que amenaza con quitarle el puesto. 

La "dama de hierro" de Roma es solo un tigre de papel. Pregunta ¿por qué Meloni no critica a Marruecos por ser una dictadura, por enviar a sus ciudadanos a Europa, y que sus ciudadanos huyen a Europa por las condiciones de vida y la falta de libertades en que se encuentran? Por lo de siempre, dinero e ideología.

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