Marruecos no se define como una democracia liberal, sino como un régimen autoritario o una autocracia. Es una estructura de red clientelar, institucional y oligárquica centrada en la figura del Rey.
En Marruecos existen elecciones y un parlamento formal, y el poder real reside en el Gabinete Real y las Fuerzas Armadas. Eso lleva a que las decisiones estratégicas de política exterior, defensa, gestión de recursos y soberanía están fuera del alcance del debate parlamentario. El régimen marroquí combina políticas económicas neoliberales con un monopolio dinástico de sectores clave como son la energía, la banca, telecomunicaciones, y minería a través de grandes holdings como. Esta estructura aumenta las desigualdades socioeconómicas que alimentan la emigración de su juventud.
Tampoco podemos olvidar como convirtieron la ocupación y reclamación sobre el Sáhara Occidental funciona en el principal asunto ideológico para cohesionar el régimen. Quien osa cuestionar la "marroquinidad" de ese territorio ya sabe que va a afrontar la persecución política y encarcelamiento, como podemos ver que ocurre con los disidentes o periodistas independientes.
Por último, hay que señalar que la emigración, además de una consecuencia de la pobreza interna, la han convertido en una estrategia del régimen marroquí, puesto que la salida del país de población joven representa un alivio de la presión social interna que representa el inmenso desempleo juvenil de ese país, y estando fuera, encima, le genera divisas mediante las remesas que esos migrantes envían a sus familias desde otros países.
En este escenario, la pregunta es ¿Por qué España y la UE "maquillan" el papel de Marruecos en Ceuta y la frontera? Se puede culpar a las mafias y a quien se quiera, pero la condescendencia o la diplomacia de contención de la UE y de los sucesivos gobiernos españoles ante las acciones de Rabat responden a una relación de interdependencia a todas luces asimétricas.
La UE ha subcontratado el control de la "Fortaleza Europa" a terceros países. Marruecos actúa como la "policía de frontera" de Europa a cambio de millones de euros en fondos de cooperación y asistencia militar. Relajar deliberadamente la vigilancia fronteriza permite a Marruecos forzar concesiones diplomáticas a España y la UE. Pero a pesar de todo, Marruecos es un socio prioritario para el intercambio de inteligencia en la lucha contra el yihadismo en el Sahel y el norte de África, por lo que romper lazos comprometería la seguridad nacional española y europea. También debe ponerse sobre la mesas que España es el primer socio comercial de Marruecos y que existen fuertes intereses de empresas multinacionales (agrícolas, pesqueras, manufactureras y de infraestructuras) que requieren para seguir trabajando una estabilidad bilateral.
Este análisis solo puede tener una conclusión: los gobiernos europeos encubren o matizan las violaciones de derechos humanos cometidas por Marruecos, intentando al tolerarlas no desmantelar la arquitectura de control migratorio, ni asumir el coste político y humano de gestionar directamente sus fronteras bajo las leyes internacionales de asilo. En el fondo, como siempre, estamos hablando solo de dinero, y este modelo europeo ha convertido a países como Marruecos, Túnez, Libia o Mauritania en las zonas donde amortiguar legal y geográficamente la desigualdad, y así blindar el espacio Schengen.
Intentan que todo parezca un problema de incapacidad política del Gobierno español. Pero la realidad es que lo vivido estos días es consecuencia directa de esta política europea de degradación sistemática de los derechos de las personas migrantes y refugiadas, especialmente las de origen subsahariano.
En lo acontecido estos días en Ceuta, lo fácil es culpar al Gobierno español, que se puede afirmar sin miedo a equivocarnos, podría haber actuado de otra manera. Pero no nos engañemos, existe una hipocresía inherente a este modelo, puesto que mientras la UE proclama la defensa de los derechos humanos como pilar ideológico, está financiando la vulneración de esos mismos derechos a escasos kilómetros de su territorio. Europa ha decidido subcontratar el trabajo sucio, solo le preocupa mantener las manos limpias, y para ello no le preocupa perpetuar una relación de dependencia, una nueva forma de colonialismo, con el Norte de África, donde las vidas no importan porque se ven como moneda de cambio. Y España forma parte de esa UE.
Ya sabemos que para la derecha y ultraderecha hispanas, Sánchez es culpable hasta de la muerte de Manolete en Linares, pero se pongan como se pongan Feijoo y Abascal, este no es un asunto exclusivo del actual gobierno, porque tener que andarnos con paños calientes con el vecino del Sur, ha sido así desde antes de los años ochenta con todos los gobiernos españoles, incluidos en los tiempos de Paca la culona del Ferrol. ALgunos se han olvidado muy pronto de la marcha verde.
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