La frontera de Ceuta se ha convertido en el escenario predilecto para el miedo hispano y europeo. Cada vez que la tensión aumenta en la valla, la derecha y la extrema derecha de todo el continente despliegan su maquinaria para transformar lo que es un drama humano en un espectáculo de pánico moral. Os diré que incluso lo he notado en muchas conversaciones sobre este asunto con amigos. nada sospechosos de ultraderechistas, pero en los que ese discurso de inseguridad ha calado. Han conseguido que consolide en nuestra sociedad, una histeria xenófoba que agita el fantasma de la «invasión».
Pero un análisis, con rigor, de esta situación obliga a señalar tanto la manipulación interesada de los discursos del odio, como el callejón sin salida al que nos han conducido las políticas oficiales de Madrid y Bruselas. A algunos militantes del PSOE esta opinión les molestará, pero hay cosas que o se apoyan en la verdad, o no tienen remedio.
Politización del miedo
El relato ultraderechista sobre Ceuta no busca resolver nada, solo pretende rentabilizar la ansiedad social. En un momento en el que asistimos en nuestro país a una precarización de las condiciones de vida, a la erosión de los servicios públicos y a la desprotección económica de los más necesitados, la extrema derecha aplica su fórmula, vieja pero eficaz, sustituir lo que es puramente un conflicto de clase por el conflicto identitario.
Se crean chivos expiatorios para ocultar las causas reales del malestar social, y en lugar de debatir sobre fiscalidad justa o vivienda, se utiliza al migrante como una amenaza a nuestra existencia. Se habla en términos belicistas, y la frontera deja de ser un espacio de gestión legal para convertirse en un escenario de castigo, en el que la deshumanización del vulnerable la justifican en nombre de una supuesta «seguridad nacional». No nos dejemos engañar, porque esta estrategia no es más que un mecanismo de distracción que intenta fracturar la solidaridad entre los trabajadores, enfrentando al penúltimo contra el último.
Colapso del modelo migratorio europeo
Pero seamos claros, rechazar el discurso xenófobo de la extrema derecha no implica validar el actual modelo. Defender una postura progresista exige admitir una verdad bastante incómoda: el modelo migratorio de la Unión Europea ha fracasado rotundamente.
Europa ha optado por la vía de «externalizar fronteras» (algo parecido a externalizar la lavandería de los manteles por un restaurante). Con este enfoque que pretende convertir, a los países del norte de África o Turquía, en los guardianes de una «Europa Fortaleza». Esta forma de actuar, además de ser moralmente insostenible, es ineficaz. Al cerrar las vías legales y seguras para la migración, la UE no consigue frenar los flujos migratorios, solo incrementa la letalidad de las rutas, además de entregar el control de la movilidad a las redes de tráfico de personas.
Piensa ideológicamente lo que quieras, pero no puedes negar que intentar contener la desesperación económica y social de todo un continente a base de muros de hormigón, concertinas y burocracia es de una ceguera política insostenible a largo plazo.
Vulnerables al chantaje de Rabat
El fracaso europeo se agrava sobre todo en el caso español. Tenemos una relación bilateral con Marruecos marcada por la asimetría y la debilidad diplomática. La política exterior española hacia nuestro vecino del sur ha caído en la trampa de la dependencia: se ha delegado el control fronterizo en un régimen autoritario que no duda en instrumentalizar a miles de seres humanos incluso menores, como moneda de cambio.
Cada vez que Rabat busca concesiones diplomáticas, apoyos en el expediente del Sáhara Occidental o más fondos europeos, afloja la vigilancia en la valla. Esto se ha convertido en un círculo vicioso en el que España cede, Marruecos exige y la frontera entre ambos se convierte en una herida abierta. Es la geopolítica del chantaje, y se admita o no, convierte la soberanía y los derechos humanos en rehenes de los intereses de la monarquía alauí.
Una alternativa real
No podemos permitir que el debate público esté entre el cinismo racista de la extrema derecha y el inmovilismo de una diplomacia europea que tolera que uno de sus socios sea extorsionado a cambio de una falsa sensación de control.
Superar esta crisis de Ceuta exige desmantelar la manipulación xenófoba, para lo que se debe explicar que la movilidad humana es el síntoma de la desigualdad global y el extraer los recursos de sus países, no una conspiración, que es lo que aquí ha sucedido; exige una refundación de la política migratoria europea en base a vías legales y seguras, al reparto corresponsable entre todos los Estados miembros y el respeto estricto a los Derechos Humanos; y exige redefinir la relación diplomática con Marruecos, y pasar de la sumisión y el chantaje a una cooperación entre iguales basada en el derecho internacional y la responsabilidad compartida.
Dejémonos de marear la perdiz. La frontera de Ceuta no se protegerá con más xenofobia, tampoco con parches diplomáticos sumisos, ni llenando la ciudad de militares y tanques. Solo se defenderá garantizando derechos, ejerciendo autonomía política y construyendo un modelo migratorio a la altura de los valores democráticos que Europa dice defender, aunque al parecer cuando ocurren casos concretos como este, se olvida de esos valores.
Hoy lo dice 'The Guardian' sobre Ceuta: "En lugar de señalar a España, los líderes europeos deberían mostrarle su solidaridad". Ver menos
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