Cada día nos despertamos con un nuevo sobresalto. Ayer, minutos antes de la sesión de control al Gobierno, el medio El Confidencial publicó un titular de gran impacto afirmando que la UCO estaba registrando la sede del PSOE en Ferraz por una trama de "financiación ilegal". El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, utilizó de inmediato esta información para atacar con dureza al Gobierno, calificándolo como "el más sucio de la democracia" y presionando a sus socios (PNV y Junts) de cara a una posible moción de censura.
La realidad del registro es que la Guardia Civil acudió a Ferraz con un requerimiento judicial, pero no por financiación ilegal ni cajas B. Lo que realmente investiga el juez Pedraz es una presunta trama para "desestabilizar procedimientos judiciales" que afectan al PSOE. Se sospecha que el partido pudo haber financiado las maniobras de una exconcejala (Leire Díez) contra fiscales y mandos policiales, un asunto sobre el que el PSOE y Santos Cerdán habrían mentido. En cualquier caso, un asunto grave, que debe aclararse.
Pero lo que no parece de recibo es que el líder de la oposición se permita esos patinazos. En mi pueblo dirían que Feijoo está “ansiao”, pero no presenta una moción de censura, sabiendo que Sánchez no va a convocar elecciones hasta que no haya una sentencia que le retire el apoyo de los socios de einvestidura. El dilema de Alberto Núñez Feijóo con la moción de censura es uno de los tableros de ajedrez más complejos de la política española actual. La fachada pública de la oposición es de máxima urgencia, pero en los despachos el freno de mano está echado. ¿Por qué? Aquí confluyen varias razones que explican este inmovilismo aparente.
Presentar una moción de censura en España no es solo votar "no" al presidente actual; es una moción constructiva. Obliga al candidato a subir a la tribuna del Congreso y exponer un programa completo de Gobierno para el país. Si Feijóo da ese paso, se enfrenta a una trampa mortal, que intentaré explicar.
Primera razón para no presentarla es que para amarrar los votos que le faltan, tendría que presentar una agenda económica y social. Si esa agenda se escora a la derecha para complacer a Vox, asustaría definitivamente al electorado de centro y moderado que necesita para ganar unas elecciones generales. Pero al no presentarla, Feijóo puede seguir haciendo oposición "en negativo" (desgastando al Gobierno con la corrupción o la amnistía) sin necesidad de desgastarse él mismo revelando qué haría exactamente con las pensiones, los impuestos o el modelo territorial. Presentar un programa que huela a coalición con Vox "le haría verse el plumero" mucho antes de que se abran las urnas, dándole alas a la izquierda para reactivar el discurso del "miedo a la ultraderecha".
La segunda razón es que desde el entorno de Feijóo se defiende una estrategia puramente pragmática. Presentar una moción sabiendo que la vas a perder es, en el manual político, un error de primero de carrera. Si el PP presenta la moción y Junts, el PNV y el resto del bloque de investidura votan en contra, Pedro Sánchez saldría del Congreso ratificado por la mayoría absoluta de la cámara. Feijóo ha repetido que una moción fallida solo serviría para "validar" o "blanquear" los escándalos del Gobierno. En lugar de debilitar a Sánchez, una votación perdida reagruparía a un bloque de investidura que hoy está notablemente fragmentado y lleno de reproches mutuos.
Para que la moción prospere, el PP necesita llegar a la cifra mágica de 176 diputados. La realidad matemática es implacable: las cuentas no salen sin meter en la misma ecuación a Vox y a Junts (o PNV). A nivel de programa, el PP podría pactar cosas con el PNV o Junts (en materia fiscal o económica son partidos conservadores), pero la presencia de Vox en el bloque de la derecha hace que los nacionalistas vascos y catalanes sospechen de cualquier movimiento. Feijóo ha sugerido alguna vez una "moción instrumental" (cuyo único punto programático fuera convocar elecciones de inmediato), pero ni Junts ni el PNV parecen dispuestos a firmar nada al lado de Santiago Abascal, ya que sus propios electorados no se lo perdonarían.
Feijóo prefiere que el Gobierno se desgaste por su propio peso y por el goteo judicial. Presentar la moción le obligaría a retratarse con un programa (donde tu argumento cobra todo el sentido) y, además, correría el riesgo de perder la votación, cohesionando a sus rivales justo cuando están más divididos. Pero con esos cálculos en Génova 13, no deberían estar utilizando los argumentos de situación muy grave, España se cae, etc, porque son en realidad una hipérbole que viene a mostrarnos el ansia de poder que hay en el PP.
Desde el punto de vista del PSOE, si Feijóo diera el paso, obligaría a partidos que están muy distanciados o enfadados con el Gobierno (como Junts, Podemos o el PNV) a votar juntos de nuevo para frenar al PP. La izquierda leería una moción de Feijóo como un "regalo político" que les permitiría escenificar una nueva mayoría de investidura y salir con un balón de oxígeno para el resto de la legislatura.
Para la izquierda, la parálisis de Feijóo es la prueba de su debilidad ideológica. Lo ven como un líder atrapado: incapaz de armar una alternativa atractiva para el centro y los nacionalistas periféricos, dependiente del ala más dura de su partido y de Vox, y condenado a basar toda su estrategia en esperar un colapso judicial del Gobierno que no termina de materializarse en las urnas.
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