miércoles, 13 de mayo de 2026

Pablo y Sonsoles: mejor uno a Boston y la otra a California

En España, el IVA de los libros no roza ni de lejos el 21% que Pablo Motos y esa premiada escritora llamada Sonsoles Ónega vomitaron en El Hormiguero como si fuera un dato fresco del mismísimo BOE, equiparándolo al tabaco con la gracia de un charlatán de mercado. Fue un golpe bajo, premeditado, contra las políticas culturales del Gobierno de Sánchez que mantiene ese 4% superreducido desde hace más de una década, y extendido a ebooks en 2020, mientras el PP lo había inflado al 21% en cine y teatro en sus años de gloria. 

Motos, ese bufón televisivo con ínfulas de tribuno, no se despistó: soltó la mentira en prime time para que calara en el populacho, y Ónega, que vive de vender novelas como churros, asintió con un “sí, exacto” sin mover un dedo por verificar. ¡Ella, que firma libros y cobra derechos, debería saber de primera mano que su propia mercancía tributa al 4%, no al tipo de los vicios! Antes de abrir la boca en un plató, ¡que se lea la Ley del IVA, señora, o si no es mejor que se dedique a jugar al parchis. 

Pablo Motos es un peligro público con micrófono que acostumbra a manipular datos contra el Gobierno como quien se pela una naranja, con esa sonrisita de sabelotodo que enmascara su alergia a la verdad de los hechos. Aquí equiparó libros: 4%, por debajo de Francia (5,5%), Alemania (7%) o Italia (4-5%); y al tabaco (21% más especiales), y al cine (10%, rebajado por este Ejecutivo). 

¿Defender la lectura? Mentira podrida: la politiza para arremeter contra Sánchez, dando alas a ultras y bulos mientras redes sociales rugían “terrorismo informativo” y denuncias llovían como confeti. Urtasun y Puente lo pillaron en falta, recordando las subidas del PP, pero el veneno ya corría por las venas del país. Y Sonsoles Ónega, ¡ay, la escritora premiada!, que promocionaba su novelita en el programa y aun así tragó el anzuelo sin rechistar. “Son 23 eurillos, hay que bajarlo”, gimoteó después de avalar la falsedad, como si no supiera que el precio medio de un libro es 15 euros y el IVA ya es una ganga. 

¡Vergüenza ajena! Que una autora profesional, que vive de esa industria, se dedique a disparar desinformación sobre su propio oficio, como si se tratase de un carnicero quejándose de que la carne cuesta un ojo de la cara porque no sabe el precio del lomo. Este dúo dinámico no es un error puntual, sino  un patrón asqueroso de Motos, que convierte El Hormiguero en una trinchera ultraderechista disfrazada de variedades: invita a Abascal, truena contra políticas progresistas con datos retorcidos  y falseados y se lava las manos con chistecitos. Ónega, fue su cómplice voluntaria, rectificó al día siguiente en su corralito de Atresmedia “me fustigo, estoy angustiada”, pero ¿quién desintoxica a los tres millones de zombis que aplaudieron el bulo que lanzaron? 

Es una manipulación burda, de las que apestan a rencor ideológico: España mima fiscalmente los libros, pero ellos la pintan de ogro para que el personal monte en cólera contra el Gobierno. ¡Hipócritas! Motos, que se las da de patriota castizo, erosiona la cultura que dice amar; Ónega, que debería ser la voz sensata por su oficio literario, se arrastra como una asalariada servil. Basta ya de esta telebasura ilustrada, donde Motos y Ónega bailan un vals grotesco sobre cadáveres de datos. Deberían callarse y leer ¡de verdad! algo cómo por ejemplo  La verdad sobre el caso Savolta, para aprender que la impostura tiene fecha de caducidad. 

Por mucho que esta pareja se empeñe en afirmar lo contrario, España no penaliza la lectura; la fomenta como pocas en Europa. Pero con charlatanes así en antena, el único IVA que subirá será el de la desconfianza pública hacia estos payasos. Esta parejita debería mirarse al espejo, y si no les gusta lo que ven, que apaguen la luz. 

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