miércoles, 13 de mayo de 2026

¡Qué control de tráfico tan épico el suyo, señora Muñoz!

Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, ha logrado lo que ni los misiles israelíes: hacer blanco con gran puntería en el ridículo. Ante la retención de un soldado español de los cascos azules en el Líbano, un militar bloqueado por tropas israelíes durante casi una hora en pleno convoy de la ONU, la genial diputada ha soltado una de sus cada vez más frecuentes perlas: “He estado en controles de tráfico que me han tenido bastante más tiempo retenida”. 

Solo se puede expresar lo que sugiere con un ¡Bravo! Comparar una misión de paz internacional con un atasco en la A-3 es el tipo de genialidad que solo surge cuando el sentido común se ha tomado el día libre, y las neuronas solo transmiten “tontas”.

No se contenta con minimizar un incidente diplomático por el que el Gobierno protestó enérgicamente ante Israel y la ONU, sino que Muñoz ha elevado la frivolidad a categoría olímpica. Mientras la ministra Robles pedía “respeto” y callarse por decoro, la del PP optó por el show de varietés: un chiste de bar que convierte a un respetable soldado en el personaje de una comedia costumbrista. No debería extrañarse de que en el PSOE la tachen de “indecente”, ni de que la prensa la crucifique como la reina de la insensibilidad. Pero ojo, que ella lo dijo con esa cara de “soy lista, ¿eh?”, como si el problema fuera que no pillamos su ironía de alto voltaje.

Si diseccionamos cómo en anatomía este despropósito, veremos cómo paso uno al soldado español retenido en zona caliente del Líbano, bajo tensión ONU-Israel. Gravedad: máxima; el paso dos sería que España protesta con nota diplomática. Seriedad: institucional; y por último el paso tres es cuando llega Muñoz y, pum, “¡Yo peor en la Nacional II!”. Efecto: cara de palo colectivo. Es el manual perfecto de cómo sabotear a tu propio bando político. El PP, que podría haber criticado la gestión del Gobierno o pedido explicaciones, se queda con un pie en la trampa que su propia portavoz cavó. 

Y uno analiza lo que pretende el partido que se considera alternativa de gobierno y se encuentra con lo siguiente: ¿Estrategia? Ninguna. ¿Objetivo? Una portavoz que quiere hacerse la dura en plató, aunque salga con la frente más roja que la bandera que defiende. Es pura sátira de una política que confunde el hemiciclo con el club de la comedia, donde la ocurrencia sustituye al guion argumentado.

Muñoz no es un caso aislado, sino el síntoma de una oposición que ha abrazado el postureo como ideología. Donde antes había reproches fundados, ahora hay memes prefabricados y pullitas de TikTok. ¿Retención de un casco azul? “Bah, como mi multazo pendiente”. ¿Crisis diplomática? “Yo en el Mercadona un viernes”. Es el colmo del cinismo, banalizar lo serio para quedar de “de calle”, aunque la calle te devuelva la factura en forma de mofa.

Lo peor es el mensaje que lanza y que cala, que los soldados en misiones de riesgo merecen menos respeto que un semáforo en rojo. Robles lo clavó: “Por respeto hay que callarse”. Pero Muñoz prefirió el micrófono a la mesura, convirtiendo un asunto de Estado en chascarrillo de sobremesa. Y ahí radica la auténtica traición: no al Gobierno, sino al mínimo decoro que España merece de sus diputados electos. 

Permítame un consejo Señora Muñoz, si tanto le gustan los controles, pruebe uno de realidad. O mejor, uno de empatía. Porque mientras usted acelera a fondo en la autopista del postureo, hay militares que arriesgan el tipo sin pedir aplausos ni risas. Su postura no solo fue frívola, sino un autogol en propia puerta, marca PP. La próxima vez pruebe a responder con silencio. Sale más elegante, y menos caro políticamente. 

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