miércoles, 25 de marzo de 2026

Tortura en nombre de la fe

Hay una crueldad silenciosa que no se ejerce con golpes, sino con recursos judiciales, y una obstinación ciega que se disfraza de "valores". Lo que la asociación Abogados Cristianos y el padre de una joven han perpetrado durante los últimos 20 meses no es una defensa de la vida, sino lisa y llanamente, una forma de tortura legal amparada en el cinismo.

El Tribunal de Estrasburgo ha dado el carpetazo definitivo: ya no hay más excusas, ni más cautelares, ni más trucos procesales. Pero el daño ya está hecho. Una mujer de 26 años con tetraplejia y un trastorno límite de la personalidad, ha tenido que ver cómo su derecho a una muerte digna, reconocido por médicos y juristas desde julio de 2025, se convertía en el campo de batalla de una cruzada ultra que no la ve a ella, sino a un símbolo.

Lo más sangriento de este caso es la figura del padre. Un hombre que desapareció de la vida de su hija, permitiendo que fuera tutelada por la Generalitat durante su minoría de edad, y que solo ha regresado del olvido para negarle su última voluntad. Resulta vomitivo que quien no estuvo para sostener su mano en la vida, pretenda ahora encadenarla a una cama en contra de su deseo expreso.

No es amor filial lo que mueve este motor, es el fundamentalismo. Un fundamentalismo que prefiere ver a una persona joven sufrir un "padecimiento físico y psicológico constante" antes que admitir que el individuo es el único soberano de su propio cuerpo.

Abogados Cristianos ha demostrado una vez más su maestría en el uso espurio de la justicia. Su estrategia no es ganar, saben que legalmente no tienen nada que hacer, sino retrasar. Su éxito no se mide en sentencias favorables, sino en meses de agonía añadidos al calendario de una persona que ya ha dicho "basta". Utilizar los tribunales para prolongar el dolor ajeno bajo el pretexto de la moralidad es sadismo institucional.

Mientras tanto, en la sección de comentarios de los diarios, aún resuena el eco de quienes dicen que la eutanasia es una "moda". Hablar de "moda" ante una mujer en silla de ruedas que suplica el cese de su tormento es de una indigencia moral aterradora. No es capitalismo, no es una tendencia: es compasión y autonomía.

La Generalitat ya no tiene sombras legales donde esconderse. Cada minuto que pase a partir de ahora sin que se cumpla la voluntad de la mujer será una negligencia administrativa. Pero más allá de la gestión pública, queda una lección amarga: en pleno 2026, todavía existen grupos capaces de secuestrar la libertad ajena usando la Biblia como escudo y el BOE como arma. A esta mujer le robaron su día en marzo de 2025. Esperemos que, tras el varapalo de Estrasburgo, la justicia empiece a ser, por fin, humana.


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