El señor Feijóo ha decidido escribirnos a los sanitarios. Qué detalle. Años gobernando comunidades y ahora se acuerda de nosotros, como quien manda un mensaje de cumpleaños a su primo al que lleva una década sin llamar.
En su carta nos cuenta que la sanidad está mal (gracias por avisarnos) y que la culpa la tiene el Gobierno central. Él, que gobierna en once comunidades autónomas con competencias sanitarias plenas, debe de pensar que el concepto de “autonomía” es el de una palabra decorativa, o quizá un pecado.
Resulta enternecedor cómo olvida que son sus gobiernos los que deciden plantillas, presupuestos y conciertos con clínicas privadas. O cómo se le escapa que mientras pide más dinero para la sanidad, baja los impuestos, ese truco tan nuestro de cerrar el grifo y luego quejarse de que no sale agua.
Y todavía más enternecedor es ver cómo habla de fortalecer la sanidad pública después de trece años presidiendo Galicia, donde las protestas por los recortes aún resuenan en los pasillos de los centros de salud gallegos. La nostalgia de sus propias políticas debe de ser fuerte.
Pero no seamos injustos. Feijóo tiene razón en algo: la sanidad necesita atención urgente. Sobrecarga, precariedad, privatización, listas de espera… Un cuadro grave. Y como buen médico en campaña, ya ha recetado su tratamiento: una carta, con mucha firma y poca autocrítica.
Si de verdad quisiera curar el sistema, bastaría con mirar los presupuestos de sus gobiernos. Aunque claro, eso implicaría reconocer quién tiene el bisturí en la mano. Y en política, el primer paso para no arreglar nada es fingir que el enfermo no lo tengo yo, lo tiene otro.
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