En 2003, el Gobierno de Aznar decidió alinearse con la invasión de Irak impulsada por Bush y Blair, sin aval claro del Consejo de Seguridad de la ONU y contra una mayoría social abrumadora en España. España se implicó primero en el apoyo diplomático y luego en la ocupación, bajo el pretexto de unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Aquella intervención fue considerada por numerosos juristas y organismos como contraria al derecho internacional, precisamente por la ausencia de una autorización específica del Consejo de Seguridad. Hoy, cuando Trump lanza un ataque sobre Irán sin mandato de la ONU y amenazando con “cortar todo el comercio” con un aliado, la pregunta es si España debe repetir el automatismo atlantista o defender el marco legal que dice respetar.
Los atentados del 11‑M no pueden explicarse solo por Irak, pero la propia investigación judicial y los testimonios de los autores materiales mostraron que el apoyo de España a la guerra fue utilizado como argumento y motivación para el ataque. Informes y análisis posteriores han subrayado que la decisión de Aznar de sumarse a la guerra incrementó la exposición de España al terrorismo yihadista, algo que la opinión pública comprendió con claridad. Años después, una amplia mayoría de españoles seguía convencida de que el 11‑M no se habría producido de la misma forma si España no hubiera respaldado la invasión de Irak. Ese recuerdo convierte en especialmente temerario que el PP vuelva a plantear la política exterior como una cuestión de “estar con la libertad frente a los tiranos”, sin ponderar el impacto real en la seguridad de la ciudadanía.
Cuando Feijóo descalifica al Gobierno por no alinearse sin matices con un ataque de EEUU e Israel sobre Irán, está repitiendo la misma lógica que llevó a Aznar a la foto de las Azores: sacrificamos autonomía, derecho internacional y prudencia estratégica a cambio de un supuesto prestigio ante Washington. Presentar como irresponsable la negativa a implicarse en una operación de dudosa legalidad, mientras se normaliza que el presidente de EEUU amenace a un aliado con sanciones comerciales por no sumarse a su guerra, es invertir por completo la escala de lo que es realmente imprudente. Lo temerario no es que España mantenga una posición prudente y respetuosa con la ONU, sino que se pliegue a un dirigente que ya está vulnerando el derecho internacional y está dispuesto a castigar económicamente a quien no le acompañe.
La experiencia de Irak demuestra que intervenir al margen o en el límite del derecho internacional puede salir infinitamente más caro que soportar el enfado pasajero de un presidente estadounidense. Entonces, el “estatus” internacional que Aznar perseguía se tradujo en aislamiento diplomático, rechazo social masivo y una tragedia terrorista que marcó a toda una generación. Hoy, la disyuntiva no es entre “libertad” y “tiranos”, como repite Feijóo, sino entre una política exterior responsable, anclada en la legalidad y la prudencia, y una política exterior imprudente que ya demostró en Irak cuáles pueden ser sus consecuencias para la seguridad en nuestras calles.
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