miércoles, 25 de marzo de 2026

El cinismo del "pequeño propietario": La vivienda como rehén

Hay formas de hacer política que consisten en envolverse en la bandera para tapar la cartera. De eso sabe mucho la derecha hispana. Y hasta la nacionalista, que primero es derecha y luego independentista. Así lo que acaba de perpetrar Junts con el decreto de vivienda en un ejercicio magistral de ese equilibrismo hipócrita. Bajo el disfraz de protectores de la "clase media", esa formación ha decidido pegarle un hachazo a la supervivencia de miles de inquilinos, demostrando que, cuando las luces de la épica nacionalista se apagan, lo que queda es la derecha rancia de toda la vida.

El argumento es tan viejo como tramposo: dicen que votan "no" para no "asfixiar al pequeño propietario". Es una narrativa diseñada para el sentimentalismo, que invoca la imagen de una abuela que vive de su única renta, cuando la realidad del mercado es una selva de fondos de inversión, multi propietarios y rentistas profesionales que se están forrando a costa de salarios estancados.

¿De qué asfixia nos están hablando? ¿De la del propietario que ve cómo el valor de su activo sube un 10% anual mientras duerme, o de la del joven que destina más de la mitad de su sueldo a pagar una habitación de ocho metros cuadrados? Defendiendo este modelo, Junts no protege a la clase media; protege el privilegio de quien desde hace tiempo tiene la sartén por el mango.

Resulta insultante que se nos hable por Junts de "asumir costes sociales" mientras su partido utiliza sus siete votos en Madrid como una moneda de cambio constante. Han decidido que la estabilidad de las familias catalanas es un daño colateral aceptable en su guerra particular contra el Gobierno de Sánchez y su desprecio visceral hacia Illa, al que llaman "mayordomo" mientras actúan como el botones de los intereses inmobiliarios, lo que es, cuanto menos, una broma de mal gusto.

Es una jugada maestra de cinismo: Junts votará a favor de bajar los impuestos de la luz y el gas, porque eso es popular y no toca los bolsillos de sus donantes, pero bloqueará la prórroga de los alquileres. Quieren el beneficio del titular amable y la tranquilidad del sector inmobiliario. Cómo se dice en estos lares, quieren soplar y sorber al mismo tiempo. Mientras se llenan la boca hablando de la "dignidad de Cataluña", lo que están haciendo es dejar a la intemperie a los ciudadanos a los que dice representar. Porque la dignidad de un país no se mide por cuántas veces le plantas cara a Madrid, sino por si eres capaz de garantizar que tu gente no sea expulsada de sus barrios por la codicia de un mercado sin control.

Junts ha vuelto a casa. Ha vuelto a ser la Convergència de los negocios, la de las moquetas y la defensa de la propiedad por encima de la vida. Han dejado claro que, para ellos, la vivienda no es un derecho, es un negocio; y el inquilino no es un ciudadano, es un gasto. Que no nos vendan más épica independentista, cuando lo que hay detrás de su "no" es egoísmo de clase, puro y duro.


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