El PP ha denunciado estos días, por voz del genial gallego y la nueva sabionda de la derecha sra. Muñoz, que “la mitad de lo que pagamos en combustible son impuestos que Sánchez recauda”. La frase suena potente, pedagógica, incluso indignante. Pero oculta un pequeño secreto contable: que buena parte de esa supuesta recaudación “de Sánchez” termina en las arcas de las comunidades autónomas, once de las cuales están gobernadas por el propio PP. Para que todos lo entendamos: Sánchez cobra, pero los populares gastan. El combustible, al parecer, no solo mueve coches: también impulsa la máquina del cinismo político, cuando los impuestos se convierten en munición electoral. Lo relevante no es quién recauda, sino a quién conviene culpar.
Si uno aplicara la misma lógica con rigor, tendríamos a Feijóo acusando a Ayuso, Moreno Bonilla o Guardiola de ser cómplices activos en el saqueo al automovilista medio. Pero claro, la verdad y la coherencia tributaria no da rendimiento en votos. Mucho más rentable es presentar al Gobierno central como un recaudador que se dedica a vaciar bolsillos mientras las autonomías populares, por arte de magia, quedan libres de toda responsabilidad presupuestaria.
En realidad, el PP no nos plantea un debate fiscal, esto es un número de ilusionismo político: convertir impuestos compartidos en armas partidistas. El problema al PP depende de que el público no mire demasiado de cerca y se de cuenta de que le mienten.
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