Muchos tertulianos lo ponen en duda, pero la respuesta honesta, sin arrimar el ascua a la sardina del medio del tertuliano de turno, debe ser más matizada: Europa puede tener futuro, pero hoy no está garantizado. Depende de cómo sepamos gestionar una década llena de problemas a la vez: guerras, problemas sociales, económicos, ecológicos y políticos.
Entramos en 2026 con una economía que crece poco, una población que envejece y muchos países muy endeudados. Al mismo tiempo, tenemos que cambiar nuestro modelo hacia energías más limpias y más tecnología. La política tampoco ayuda: los parlamentos están muy fragmentados y crecen partidos ultraderechistas y populistas que hacen más difícil llegar a acuerdos. La guerra de Ucrania y la tensión entre grandes potencias han obligado a la Unión Europea a dejar de ser ingenua. Europa se ve obligada a pensar en su propia defensa, en su seguridad y en no depender tanto de otros en energía, tecnología o materias primas. Ucrania se ha convertido en una prueba más clara de hasta dónde llega la palabra dada por Europa.
Los riesgos son serios. Si se refuerza una alianza de gobiernos poco comprometidos con la democracia dentro de la UE, pueden bloquear decisiones clave como ampliaciones, apoyo a Ucrania, Pacto Verde o una mayor coordinación económica. Al mismo tiempo, muchos jóvenes viven con frustración por los salarios, la vivienda y la falta de oportunidades, y en muchos territorios hay un sentimiento de abandono. Ese caldo de cultivo alimenta el voto contra “Bruselas”.
Sin embargo, Europa no parte de cero. Sigue siendo un enorme mercado, con reglas comunes y una gran capacidad para fijar normas que influyen en todo el mundo: en clima, datos, inteligencia artificial o sostenibilidad. La transición verde y una nueva industria menos contaminante pueden ser una oportunidad para crear empleo, atraer talento y ganar autonomía energética.
La verdadera pregunta no debe ser solo si Europa tiene futuro, sino qué Europa queremos y podemos construir con las limitaciones actuales. El proyecto europeo será viable si al menos un grupo de países se toma en serio avanzar en defensa, seguridad económica y protección del estado del bienestar, incluso aunque otros se queden atrás. El futuro de Europa no está escrito: depende, en buena medida, de lo que hagamos en esta década.
Porque, al fin y al cabo, Europa solo tendrá futuro si los europeos somos capaces de creer en ella y de trabajar juntos para construirla: a grandes males, grandes remedios.
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