El lector sigue creyendo que compra periódicos, cuando en realidad compra, a plazos, la narrativa que otros han encargado. Por eso conviene recordar el viejo aviso de: antes de saber qué dice la prensa, procure saber quién paga la tinta… y, si puedes, pregúntate también por qué te sale tan barato creerla.
En ocasiones me pongo melancólico por toda la gente que he mandado a la mierda, y me pregunto ¿habrán llegado bien?
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