jueves, 18 de diciembre de 2025

¡CUANTO SALVA PATRIAS APARECE!


Este PSOE que algunos socialistas salva patrias dicen ver naufragar en sus propias contradicciones, está formado también por ellos, personajes que parecen no haberse enterado aún, de que este PSOE no es una criatura extraña caída del cielo. 

Señoras y señores, están ustedes contemplando el resultado lógico de un partido que nadie quiso transformar a fondo y quienes lo intentaron acabaron saliendo. No se equivoquen ustedes: ni Felipe, ni Guerra, ni los barones territoriales, ni los secretarios generales provinciales lo hicieron. Ni tampoco lo ha hecho Sánchez. La pregunta ya no es qué va a hacer el PSOE hoy con esta España, sino qué está dispuesto a hacer consigo mismo para seguir existiendo como partido de izquierda, y no quedarse solo como una marca de campaña electoral. 

Porque muchos ya estamos mayores para seguir engañandonos. Leer comentarios en redes de quienes afirman “me gusta el PSOE de Page, pero no el de Sánchez” solo puede interpretarse como propio de quienes no conocen ese partido. Los ataques del PSOE de Page a Sánchez (entre los que son llamativos los ataques por omisión como, por ejemplo, los silencios de sus dirigentes en Albacete), no buscan cambiar el partido, sino acomodarlo a su imagen y semejanza. Quieren un PSOE ordenado, sin estridencias, que exhiba la pulcritud moral en Castilla-La Mancha, mientras mira de reojo a Ferraz y calculan tiempos y equilibrios. Cuando Page presume de que en su territorio “no se piden comisiones, no se piden mordidas” y denuncia la “política de mirar para otro lado”, no está discutiendo la estructura de poder del partido, sino marcando distancias para llegar más fuerte al reparto del día después. 

La corriente alrededor de Page no plantea desmantelar el aparato, ni someter a control democrático real las baronías, sino desplazar al liderato actual para recomponer un PSOE más cómodo con los poderes económicos y mediáticos tradicionales, y menos dependiente de pactos con las izquierdas y el independentismo. El problema no es que Page critique la corrupción (faltaría más), sino que su proyecto no cuestiona la misma cultura orgánica que hizo posibles los errores, tanto antes del felipismo como hoy del sanchismo. Cuesta escuchar a Felipe González pontificar contra el sanchismo como si el partido hubiese empezado ayer. Parece olvidarse que durante años se sufrió en silencio un felipismo que confundió la mayoría absoluta con tener patente de corso y que convirtió al PSOE en solo una maquinaria de poder. 

Hoy los González, Guerra, Page y otros, se erigen en conciencia crítica interna del partido, mientras se alinean contra la amnistía y los pactos con el independentismo, comprando sin pudor gran parte del argumentario de la derecha y llamando a una rebelión interna que jamás quisieron cuando ellos mandaban. Que quienes abrieron la puerta a la politización extrema de la justicia, al control partidista de las instituciones y a un modelo de partido vertical, hoy nos den lecciones de democracia interna y limpieza institucional roza la indecencia histórica cuando no invita al vomito. 

Cuando hoy se denuncia el “hiper liderazgo de Sánchez”, conviene recordar que la arquitectura de los hiper liderazgos fue perfeccionada en los ochenta y noventa por quienes ahora se quejan de su existencia. 

Sánchez debería decidir si quiere romper, por fin, con esa escuela y exponerse a perderlo casi todo en el intento, o seguir siendo, hasta el final, el último eslabón de una cadena que empezó mucho antes de que alguien pronunciara la palabra “sanchismo”.

CASTILLA LA MANCHA: Localismo de saldo y cálculo corto


En pleno vendaval político, buena parte de los alcaldes, dirigentes y hasta la consejera socialista de Igualdad de Castilla-La Mancha han decidido que el mejor momento para sacar el cuchillo es cuando su propio secretario general está en el suelo. Esa pulsión por devorar al líder herido dice mucho menos del líder que de la fauna política que le rodea.

No hay nada más cómodo que hacerse el valiente cuando el jefe está débil y la marca PSOE atraviesa una crisis general: es la crítica con red, el “ahora sí” de quien calló cuando el poder era sólido y los cargos, seguros. Esos alcaldes y cargos que ahora se rasgan las vestiduras no estaban desaparecidos cuando tocaba dar la cara en defensa del proyecto, solo estaban ocupados en asegurar presupuestos, fotos y subvenciones mientras el partido se desgastaba a nivel estatal.

La actitud de ciertos dirigentes y cuadros locales no tiene nada que ver con la regeneración, sino con un localismo de saldo: “sálvese mi cortijo y que arda lo demás”. Se presentan como voces “valientes” y “libres” cuando en realidad actúan como tácticos de municipio, midiendo encuestas comarcales mientras contribuyen a debilitar aún más a la organización que les ha dado siglas, recursos y presencia institucional.

Lo de la consejera socialista que se permite disparar contra su propio secretario general en mitad del temporal es especialmente indecente: nadie le ha oído plantear una alternativa ideológica seria, solo ajustar cuentas internas y deslizar que “hay que abrir un debate” justo cuando huele a sangre. Ese tipo de fuego amigo no es autocrítica, es canibalismo político encubierto de preocupación por “la gente”.

La imagen que proyectan es demoledora: socialistas de Castilla-La Mancha que, en lugar de cerrar filas con su secretario general para repensar proyecto, discurso y alianzas, abren en canal al primer síntoma de debilidad para ver quién coloca mejor su silla. Y lo más grave no es solo el espectáculo interno, sino el mensaje hacia fuera: si ni sus propios alcaldes respetan al secretario general cuando las cosas van mal, ¿por qué habría de confiar en ellos una ciudadanía que busca coherencia, no un mercadillo de vanidades en plena tormenta?

¿Habrán pensado en salir de ese partido o en presentar una alternativa? Igual no han calibrado ninguna de las dos opciones, solo interesados en mantener el sillón.

ANDALUCÍA: Esto si es feminismo: mujeres convertidas en estadística


Juanma Moreno ha logrado lo que parecía imposible: convertir un fallo masivo en los cribados de cáncer de mama en una anécdota estadística y, de paso, usar Barcelona como plató promocional para relativizar el daño a miles de mujeres andaluzas como si fueran una nota al pie de su libro. 

Hablar de “medio millón de cribados al año” y reducir el escándalo a “un 1%” de afectadas, “afortunadamente prácticamente el 99% sin lesiones tumorales”, es una obscenidad política: detrás de ese 1% hay vidas partidas, diagnósticos tardíos, cirugías más agresivas y familias aterradas. Solo a un presidente que ha perdido completamente el sentido de la dignidad le puede parecer razonable minimizar “al menos 23 mujeres” con cáncer, cuando las asociaciones hablan de decenas o cientos de afectadas, como si fueran daño colateral asumible en su power point de gestión exitosa. 

La escena roza lo inmoral: Moreno dando una rueda de frases redondas en Barcelona, donde había ido a hablar de su libro, a mil kilómetros de las mujeres que no fueron avisadas o fueron avisadas años tarde de que su mamografía era dudosa, y soltando cifras que ni su propio consejero se atreve luego a sostener. En 48 horas pasan de admitir “algo más de 23” casos a no querer precisar la cifra real, mientras la asociación Amama habla de unas 2.000 mujeres afectadas por fallos de aviso y asegura que ya hay al menos 300 que han desarrollado cáncer, y la Junta responde con porcentajes y silencio administrativo. 

Las afectadas tienen nombre, apellidos y cicatrices; para Moreno son “2.317 mujeres” en un Excel, de las que “afortunadamente” solo una parte han desarrollado tumores, como si el problema fuese que el porcentaje es “bajo” y no que el sistema dejó tiradas a miles. Que tenga que ser una asociación de mujeres con cáncer de mama la que le recuerde que “con una sola ya es una catástrofe” evidencia el abismo moral entre quienes se juegan la vida en cada mamografía y un presidente que se permite banalizar el cáncer mientras firma dedicatorias de su libro. 

La Junta lleva meses esquivando explicaciones de fondo sobre por qué se ordenó no informar a mujeres con mamografías dudosas, por qué se tardó casi un mes en dar la cara y por qué siguen sin ofrecer un dato claro y honesto de cuántas han desarrollado un tumor y cuántas han muerto. Cuando un gobierno convierte un fallo de cribado en un problema de comunicación y un drama colectivo en un discurso de “tranquilidad” estadística, no solo falla en la gestión sanitaria: falla en lo único que no se puede falsear con porcentajes, que es el respeto a la vida y al dolor de las mujeres a las que su propio sistema dejó solas.

MADRID: Protocolos de la vergüenza, conducta de la vergüenza


El PP de Madrid ha decidido especializarse en una nueva rama del derecho: la impunidad preventiva. No se trata ya de defender a sus cargos, sino de blindar a quienes diseñaron los “protocolos de la vergüenza” para que ni siquiera tengan que dar la cara ante un juez. Cuando un partido usa su poder institucional para evitar que los responsables expliquen ante la justicia cómo y por qué se aplicaron protocolos que dejaron desprotegidos a los más vulnerables, no está defendiendo la presunción de inocencia, está construyendo un cortafuegos de impunidad. Convertir las comisiones, los votos y las mayorías en un muro para que nadie responda ante el juez significa que el PP de Madrid teme más la verdad que cualquier acusación de la oposición.

Resulta grotesco escuchar a dirigentes del PP madrileño repetir que “todo se hizo bien” mientras maniobran para que quienes firmaron, aplicaron o avalaron esos protocolos no pisen un juzgado. Si todo está tan claro, ¿por qué tanto miedo a comparecer? La respuesta es obvia: porque esos protocolos no son un papel técnico, son la radiografía de un sistema que antepone el ahorro, la imagen y la comodidad política a la dignidad de quienes deberían haber sido protegidos.

Permitir que los responsables se escondan tras el silencio institucional manda un mensaje devastador: en Madrid, si estás arriba, no respondes; solo rinden cuentas quienes sufrieron las consecuencias de tus decisiones. El PP de Madrid no está defendiendo la legalidad, está degradando la idea misma de responsabilidad pública y convirtiendo la Justicia en un decorado al que se acude solo cuando no queda más remedio.

Primero fueron los “protocolos de la vergüenza”; ahora es la “conducta de la vergüenza” para evitar que quienes los redactaron expliquen qué hicieron y por qué. A la crueldad de unas normas que abandonaban a quien necesitaba protección se suma la cobardía de un partido que usa las instituciones para tapar, demorar y diluir. No es solo un escándalo jurídico o político: es una prueba más de que, para el PP de Madrid, la prioridad no son las víctimas, sino mantener a salvo a los suyos, caiga quien caiga.


VALENCIA: Un PP que protege al político, no a las víctimas. La obscenidad de premiar el fracaso


Carlos Mazón se ha convertido en el símbolo perfecto de una forma obscena de entender la política: se puede llegar tarde, gestionar mal una tragedia con centenares de muertos y damnificados, bloquear durante meses las ayudas y, aun así, seguir aferrado al acta y a un futuro sueldo público blindado como si nada hubiera pasado. 

Mientras las familias de la DANA exigen explicaciones y reclaman que entregue el acta por engaños y promesas incumplidas, Mazón sigue parapetado en el escaño y en la trinchera del victimismo, acusando a todos menos a sí mismo. El remate es que su resistencia a irse tiene premio: si aguanta el tiempo suficiente en el cargo, se asegura dos años de retribución en el Consell Jurídic Consultiu, unos 75.000 euros anuales de dinero público, como si una gestión catastrófica y una dimisión tardía fueran méritos para cobrar un sobresueldo de consolación. 

El sumario de la DANA ya ha desmontado su versión edulcorada: la alerta masiva a móviles se envió cuando ya habían muerto al menos 156 personas, mientras su gobierno intentaba frenar restricciones de movilidad que podían salvar vidas. A eso se suma un año con millones en donaciones paralizados para los afectados y ayudas que llegan con cuentagotas, mientras desde la Generalitat se gasta más energía en discutir cifras con Madrid y en construir un relato épico de “nos dejaron solos” que en reconstruir casas, negocios y vidas. 

El PP nacional se lava las manos: cuando se les pregunta por el retraso de Mazón en la reunión clave de la DANA responden que “le corresponde a él explicar su agenda”, como si estar o no al mando en mitad de la peor catástrofe natural reciente fuera un detalle menor. En lugar de exigirle que entregue el acta y renuncie a privilegios, lo sostienen con respiración asistida parlamentaria, pactando con Vox unos presupuestos que recortan en emergencias mientras convierten la reconstrucción en escaparate electoral y su carrera personal en prioridad absoluta. 

Lo más indecente no es solo que Mazón cobrara como president mientras la gestión se hundía, ni que hoy mantenga el acta, sino que el sistema de blindaje del PP le garantice un retiro dorado a costa del mismo erario que debería estar volcado con las víctimas de la DANA. En un país serio, una gestión así acabaría con una inhabilitación ejemplar; aquí, el PP la convierte en una carrera de resistencia hasta el minuto 90 para que al final el responsable de la catástrofe tenga premio, y los únicos que siguen pagando la factura sean los que lo perdieron todo bajo el agua.

ACOSO

Algo parece no cuestionable: quien señala al otro como “partido peligroso para las mujeres” mientras mantiene en cargos clave a dirigentes denunciados, no está defendiendo a las víctimas, está usando el feminismo como arma partidista. 

Feijoo ha calificado al PSOE como “partido peligroso para las mujeres”, ha hablado de “feminismo de pacotilla” y ha dicho que “se ha desmoronado toda la política feminista del PSOE”, presentándose como garante de la protección de las víctimas. Esto es convertir el dolor de las víctimas en munición electoral, mientras mira hacia otro lado con los suyos, no es más feminista, es más cínico. 

Mientras el PP exige dimisiones inmediatas y acusa al PSOE de “dar carpetazo” al caso Salazar, tiene al alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, denunciado ante la Fiscalía del Supremo por presuntos delitos de acoso sexual, malversación y tráfico de influencias, que se da de baja de militancia, pero conserva la alcaldía y el escaño en el Senado. El mensaje es sencillo: si lo del PSOE demuestra ser “estructural”, ¿qué demuestra que un investigado por acoso y uso de recursos públicos para silenciar posibles víctimas siga controlando un ayuntamiento y un asiento en la Cámara Alta con el respaldo práctico del PP? 

La dirección del PP se vende estos días como ejemplo, reivindicando un protocolo interno “distinto de raíz”, con “trámite de audiencia” y una Oficina de Compliance, y acusando al PSOE de parálisis. Pero análisis independientes señalan que el protocolo del PP es mínimo (tres párrafos) y está diseñado de forma que difícilmente serviría para casos complejos como Salazar o los que afectan a altos cargos, porque deja demasiado margen a la dirección política y no garantiza canales seguros ni acompañamiento real a las denunciantes. 

Si de verdad se trata de proteger a las mujeres y no de destruir al adversario, el estándar debe ser el mismo para todos. Un partido que mantiene a cargos denunciados, que presume de un protocolo sabedor de que es insuficiente, y que usa cada caso ajeno para hacer sangre, no puede dar lecciones de feminismo ni de ética pública. Y llamar “peligroso para las mujeres” al PSOE, mientras blindan a los suyos, demuestra el peligro real: normalizar que la violencia y el acoso se gestionen a golpe de calculadora electoral.

El franquismo juvenil


Vivimos un tiempo extraño. Con niños que aprenden en qué fecha fue el “alzamiento”, como si se tratase de un cumpleaños en que soplar las velas, sin saber que lo hacen sobre un mapa lleno de fosas comunes que nadie les ha enseñado que están ahí. Les contaron que hubo un hombre fuerte, un abuelo de postal en blanco y negro, pero les escondieron al militar cuya hazaña fue madrugar un 18 de julio para dispararle al gobierno legítimo.

No les contaron que durante tres años el país ardió, quemado por quienes a la vez quemaban libros prohibidos, de los que todavía hoy crujen sus páginas en las cunetas, donde la tierra mastica huesos que nunca tuvieron despedida. Después vino la noche larga, cuarenta años de relojes parados, de persianas cerradas al pensamiento, de un mundo huyendo afuera, porque aquí se enseñaba a marchar, pero no a dudar.

Ahora, en las pantallas digitales, los nietos repiten consignas que no entienden del todo, mientras en los platós, caballeros muy serios calculan cuántos votos les renta su amnesia bien administrada durante años. Hay políticos que negocian con el olvido, como quien trafica con medicamentos caducados, sabiendo que hacen daño, pero que ellos venden igual, porque el negocio del cuento del pasado les da beneficios en el presente.

Este país duele cuando se mira de frente y reconoce en el espejo la sombra de quien nunca se fue del todo, porque nunca se nombró del todo, porque nunca se le juzgó del todo. Quizá la verdadera transición todavía no ha ocurrido, y que solo llegará, ese día en que un chaval de quince años escuche la palabra Franco y, en lugar de creer oír una broma más en el instituto, vea una herida abierta en nuestra historia y su inteligencia le haga preguntarse, Y los que faltan, ¿dónde están?”.

La deriva de Page a submarino político.

El papel de García-Page dentro del PSOE ha rebasado con creces los límites de la legítima discrepancia y del matiz territorial. Sus reciente...