viernes, 12 de diciembre de 2025

Cuando el PSOE olvida de qué lado está, y Feijoo da carnet de feminismo.


Hay momentos en que un partido se juega mucho más que un ciclo electoral: se juega su dignidad moral. El caso de Salazar no va solo de un presunto acosador con poder, va de hasta qué punto una organización que se dice feminista está dispuesta a tolerar, minimizar o diluir las denuncias de mujeres contra uno de los suyos. Y, el PSOE no puede fallar estrepitosamente en el único lugar donde no le está permitido fallar: en ponerse del lado de las víctimas, sin matices ni excusas.

Que un alto cargo de máxima confianza sea señalado por varias trabajadoras por un patrón de lenguaje hipersexualizado, humillante y abusivo en un claro contexto de poder jerárquico no es un incidente menor ni un malentendido laboral; es una forma de violencia estructural amparada por el miedo y el silencio. Cuando ese miedo es tal que las mujeres no solo temen represalias, sino que además ven cómo sus denuncias “se pierden” en el laberinto del protocolo interno, el mensaje es devastador: los importantes se protegen, tú te apañas como puedas.

No valen paños calientes. Lo más grave no es solo lo que presuntamente hizo Salazar, sino lo que no hizo el partido. Un canal interno que tarda meses, denuncias que desaparecen de la plataforma, explicaciones informáticas inverosímiles y una dirección que pide “calma y paciencia” mientras el malestar crece en sus propias áreas de Igualdad, deberían pensarse que eso suena demasiado a encubrimiento. Cuando las responsables de Igualdad tienen que plantarse para exigir que el asunto se remita a la Fiscalía, lo que se ve con claridad es que el feminismo del logo va por un carril y la práctica real de los aparatos de poder por otro.

Estos personajes sobran en la política. No sobran por moralismo, sino porque mientras tipos así han acumulado poder, muchas mujeres han tenido que normalizar comentarios obscenos, invitaciones insistentes y humillaciones disfrazadas de “bromas”, todo ello en despachos donde un “no” podía costar el puesto. Si la respuesta del partido es limitarse a la baja de militancia, y a prometer que “se reforzarán los protocolos”, su mensaje es que lo ven cómo un problema de imagen, no de estructura; de filtraciones, no de impunidad.

Un partido que se proclama feminista y de izquierdas no puede permitirse que a los Salazar de turno se les trate como una molestia interna que gestionar, en vez de como lo que son: presuntos responsables de delitos que deben dar explicaciones ante la Fiscalía y, si procede, ante un tribunal. El lugar de estos personajes no es la asesoría, ni el diseño electoral, ni los pasillos influyentes; su sitio es declarar ante la Justicia, con las víctimas protegidas, acompañadas y respaldadas públicamente por el propio partido. 

Todo lo demás es ruido, y una claudicación moral que erosiona la credibilidad no solo del PSOE, sino de toda la política que dice estar del lado de las mujeres. Pero eso no es justificación para lo que hemos oído a Feijóo, que hoy reparte carnés de feminismo y llama “peligroso para las mujeres” al PSOE. Hay que tener mucha desmemoria selectiva para calificar ahora al PSOE de “partido peligroso para las mujeres” mientras se ha convivido sin estridencias con un episodio como el de Aznar y Marta Nebot, que hoy se recuerda precisamente como ejemplo de lo que nunca debió normalizarse. Cuando quien calló ante la grosería de su jefe político se erige hoy en adalid de la pureza feminista, lo que se ve no es valentía, sino cinismo: las mismas conductas que antes se digerían como “gracias” solo se convierten en intolerables cuando llevan carné del partido contrario.

Un experimento peligroso


Las palabras de Ayuso no son una mera exageración dominical, sino un experimento peligroso: usar a ETA, ya disuelta desde hace años, como fantasma disponible para agitar miedo y presentar al Gobierno como rehén de una banda que ya no existe. Al mezclar a una organización desaparecida con un partido legal como EH Bildu, que compite en elecciones y firma acuerdos como el resto, convierte a las víctimas en coartada retórica y transforma cualquier discrepancia política en sospecha de traición.

Presentar que ETA “prepara su asalto” a Euskadi y Navarra ignora deliberadamente que allí gobiernan mayorías salidas de urnas, bajo el mismo marco constitucional que en Madrid, después de décadas de violencia soportada por instituciones y sociedad civil. Cuando la presidenta madrileña proclama que ETA está “en marcha” y desafía a que se lo nieguen, no habla claro: explota el miedo y la polarización porque en un clima asustado resulta más fácil presentarse como salvadora frente a una amenaza inventada. 

Que un tertuliano incurra en ese abuso puede ser indecente; que lo haga la máxima autoridad de la Comunidad de Madrid es un gesto institucionalmente grave, que banaliza el terrorismo y desprecia la verdad, a las víctimas y las reglas básicas de la democracia que dice defender.

¿INVESTIGACIÓN PROSPECTIVA O NO?


La diligencia del juez Moreno hoy, se aproxima mucho a una investigación prospectiva, aunque formalmente el juez la vincula a un hecho concreto (los pagos en metálico a Ábalos/Koldo) y eso le da cobertura jurídica suficiente dentro del marco de la LECrim, siempre que respete los principios de necesidad, proporcionalidad y delimitación del objeto de la causa. 

Desde una lectura estricta de la LECrim, el juez puede argumentar que la diligencia no es prospectiva porque se apoya en una “noticia del delito” (posible blanqueo y desfalco a través de pagos en efectivo) y persigue reconstruir el contexto completo de esos pagos, de 2017 a 2024. Sin embargo, la extensión objetiva, subjetiva y temporal de la petición, sin filtros ni segmentación, la sitúa muy cerca del paradigma de “investigación generalizada” que la jurisprudencia proscribe como investigación prospectiva, especialmente en lo que afecta a terceros no investigados ni siquiera tangencialmente. 

Estratégicamente una impugnación sólida no debería limitarse a tildarla de “prospectiva” en abstracto, sino pedir al menos su acotación: limitar años, sujetos, conceptos de gasto y circuitos internos relacionados con el equipo de Organización y con los investigados, de forma que la diligencia tenga proporcionalidad y conexión directa con el objeto de la causa.

POR SI NO LO SABEIS, CADA VEZ SOMOS MÁS CLIENTES Y MENOS PACIENTES


El CEO del grupo Ribera, Pablo Gallart, indicó a mandos del Hospital público de Torrejón que elevaran las listas de espera y rechazaran pacientes o procedimientos menos rentables para mejorar el beneficio empresarial en “cuatro o cinco millones”, según audios de una reunión del 25 de septiembre. En la reunión, Gallart sugiere que la “elasticidad” entre listas de espera y resultados es directa; pide identificar actividades “no contributivas” y ajustar la actividad para contener gastos y elevar beneficio. 

El caso reaviva el debate sobre el modelo de concesión tipo “Alzira” y llega tras una inyección regional de 32,7 millones para reestructurar deuda del hospital, que Ribera considera aún insuficiente. Listas de espera mayores reducirían actividad y con ello los costes de personal y medios a utilizar, afectando a procesos menos rentables que se derivarían a la pública. Esto es priorizar beneficio sobre salud y deontología. 

Claro que lo importante son las cervecitas en libertad.

LOS RESENTIDOS


Triste y mucho, ver ayer cómo muchos de aquellos viejos mandarines socialistas que en su día no toleraban ni que alguien tosiese fuera de guion, se presentan ahora como tribunos de la conciencia crítica, y que se dedican a dinamitar al secretario general de su propio partido desde los platós. No es coherencia ni memoria histórica: es pura egolatría de quienes confunden su biografía con la historia del socialismo y su rencor personal con doctrina política. 

Estoy hablando de dirigentes que construyeron un PSOE donde “a la izquierda estaba el abismo”, donde al que se movía se le borraba de la foto y la discrepancia interna se pagaba con el ostracismo o con la carrera política cercenada. Quienes entonces exigían obediencia ciega hoy se permiten el lujo de pontificar en las televisión y medios al servicio de la derecha, contra un gobierno socialista legítimo, mientras le bailan el agua a esa derecha con una alegría que nunca tuvieron cuando se trataba de escuchar a su propia militancia. 

Se les organizaban actos, conferencias, se cruzaba medio país para arroparlos, pagando de nuestro propio bolsillo viajes, hoteles y comidas, solo para que ese liderazgo siguiera teniendo voz y presencia en el partido. Hoy, ese capital de lealtad lo devuelven con un desprecio altanero, como si aquel apoyo no hubiera sido más que una alfombra que pisar de camino a su propio altar narcisista. 

Quien se afilió en el 83, con 28 años y militó décadas, conoce bien la diferencia entre compromiso y oportunismo cuando afirmo que algunos de estos exdirigentes nunca fueron realmente socialistas, sino cazadores de sillones. No luchaban por la gente ni por el pueblo, sino por asegurarse despacho, coche oficial y relevancia mediática, y cuando el partido dejó de ser vehículo de su ego, lo están convirtiendo en diana de sus resentimientos. 

El caso es sangrante cuando se ve cómo ciertos expresidentes y exvicepresidentes prefieren airear sus fobias personales contra el actual secretario general en prensa y televisión, en lugar de hablar cara a cara con él y plantear sus discrepancias donde toca: en la organización que dicen amar tanto. Hablan de respeto institucional mientras deslegitiman al presidente socialista que no se deja manejar por ellos, porque habrían preferido a un dirigente dócil, moldeable, al que sí podían tratar como subordinado y no como igual. 

Ese resentimiento continuo que exhiben en cada intervención pública no solo hace daño a su partido, sino a la institución que encarna y, sobre todo, a quienes siguen creyendo que el socialismo es algo más que un episodio autobiográfico de unos cuantos “supermanes” de la Transición. Lo que producen no es debate honesto, sino asco y tristeza entre una militancia que ve cómo se utiliza el prestigio acumulado para socavar las posibilidades de construir una sociedad mejor desde la izquierda. 

Los mismos que se envuelven en la nostalgia de la pana fueron también quienes echaron por la borda millones de votos y jugaron a favor del capital con políticas económicas y laborales que abrieron la puerta a la precariedad que hoy sufren las generaciones más jóvenes. Ahora se colocan en un pedestal moral desde el que dictan sentencias al presente, pero callan su propia corresponsabilidad histórica en la frustración de tantas ilusiones populares. 

Lo que han perdido no es la memoria por la edad, sino la vergüenza política: recuerdan con precisión quirúrgica todo lo que alimenta su ego y olvidan, interesadamente, las deudas que tienen con la militancia que los sostuvo durante décadas. Frente a esos exdirigentes sin amo, pero con muchos dueños en los consejos de administración, la base socialista reivindica algo tan elemental como tener un presidente socialista con todas las letras, no un tutor ni un patriarca que dicte lo que es aceptable pensar. 

Por eso, más que escuchar las letanías de quienes se creyeron eternos, conviene mirar a quienes se dejaron la piel organizando actos, pagando viajes y sosteniendo el partido en los peores momentos, sin exigir a cambio un altar en los medios. Es ahí donde sigue vivo el socialismo, no en la amargura televisada de quienes confunden su decadencia personal con la decadencia de la causa a la que hace tiempo dejaron de servir.

Concentración del PP en Madrid.

Concentración del PP en Madrid. Más de los que esperaban pero menos de los que querían.

Intervinientes Almeida, Ayuso y Feijoo. Los que dicen exigir el cumplimiento de la ley a Sánchez, se despachan con las siguientes lindezas. Hay varias expresiones que están claramente en el terreno de la acusación de delitos concretos, son calumnias potencialmente, y otras que son insultos o juicios de valor muy duros que se mueven en el límite de lo tolerado por la libertad de expresión política.

Hay calumnia cuando se imputa a alguien un delito concreto que no ha sido declarado como tal por sentencia, presentado como un hecho y no como una mera opinión o sospecha. Hay injuria cuando la expresión lesiona gravemente la dignidad o fama (insultos graves), sin necesidad de atribuir un delito concreto. El TC y el TS amplían mucho el margen de la crítica, pero excluyen los “insultos inequívocos” y las imputaciones falsas de delito sin base fáctica suficiente.

Estas son las frases de Feijoo que, formuladas como hechos y no como mera opinión, se acercan a una posible calumnia: «Pronto será Sánchez… Cuatro cogieron ese coche para llegar al poder, y tres ya están en la cárcel. Falta “el uno”, el presidente del Gobierno».  Si aquí no sugieren de forma directa que el presidente terminará en prisión ligado a la misma trama que ha llevado a otros a la cárcel. Esto es una imputación de participación en hechos delictivos concretos, y entra en el terreno de la calumnia.

Ayuso ha dicho Pedro Sánchez acabará «donde se merece, en la cárcel».  No es solo deseo punitivo abstracto, sino que vincula méritos delictivos para ingresar en prisión; si esto no es imputación de delitos, no sé qué lo será.

«La peor trama de corrupción que puede haber, blanquear a Bildu y hacerle fundamental»; «No cabe mayor corrupción moral ni mayor traición a España con esto».  “Trama de corrupción” es una expresión típicamente penal, aunque si se entiende como imputación de una trama delictiva concreta, puede discutirse si excede de la crítica política amparada y se aproxima a imputación de delito.

Almeida también ha estado tan ingenioso como de costumbre: «El Peugeot con el que Sánchez hizo las primarias era un “furgón policial con presos preventivos”»; «A este paso la casa del pueblo con más afiliados socialistas va a ser Soto del Real».  

Metáforas que presentan al entorno de Sánchez como compuesto por presos preventivos o reos; es una burla, pero también sugiere imagen de delincuencia generalizada vinculada al partido/gobierno. Otra: las primarias «fueron financiadas con “los prostíbulos del suegro”».  Aquí insinúa un origen delictivo del dinero (posible blanqueo, fraude fiscal, etc.) y una financiación irregular concreta; es de las frases más claramente asimilables a imputación de hechos delictivos específicos, luego muy próxima a calumnia si no hay base fáctica.

Y luego están las expresiones básicamente injuriosas o puramente descalificatorias. Son insultos o descalificaciones morales amplias, normalmente amparadas en el contexto político, pero definen bien a las claras a quienes las profieren, y que hay que soportar cómo parte de la crítica política hiperbólica y de la retórica agresiva, de este partido que acusa a los demás de  confrontarnos a los españoles: «Delincuentes al lado de los delincuentes» (sobre Bildu y el Gobierno); «Desgobernada por la mentira», «gente que quiere impedir antidemocráticamente la alternancia»; «Están quemando las naves», «compra de voluntades» con subidas de pensiones y salarios públicos.  

Esto parece que a los señores de las togas les debe parecer algo normal ¿les parecería igual si los autores de estas frases fuesen de la izquierda? Ya les digo yo que no.


La estrategia de Feijóo y del PP frente a Vox

La estrategia de Feijóo y del PP frente a Vox es políticamente suicida y moralmente irresponsable. Convertirse en altavoz de la extrema derecha, copiando su retórica sobre inmigración, lenguas y clima, solo sirve para blanquear y fortalecer al original, mientras destruye cualquier opción de un centro derecha mínimamente democrático y propio.

En lugar de marcar distancias y ofrecer un proyecto autónomo, el PP se ha dedicado a pactar gobiernos, asumir marcos ideológicos y normalizar las obsesiones identitarias de Vox, a cambio de unos pocos sillones y a costa de degradar las instituciones y la convivencia. Cada concesión programática, cada guiño al discurso del odio y cada investidura condicionada es una cesión más de la derecha tradicional a una extrema derecha que no cree en los contrapesos ni en los derechos de las minorías.

El resultado es demoledor: Vox crece, el PP se encoge, y Feijóo queda retratado como un líder débil, sin proyecto y sin coraje para decir no a sus socios ultras, mientras sacrifica principios y país por pura aritmética parlamentaria. 

En vez de frenar al monstruo que dice temer, lo alimenta día a día, territorio a territorio, hasta convertirlo en una alternativa real de poder frente a un PP que se limita a ser su gestor diligente. 

Mañana PP en un lado y Vox en Ferraz, y es que Vox ya no necesita al PP

La deriva de Page a submarino político.

El papel de García-Page dentro del PSOE ha rebasado con creces los límites de la legítima discrepancia y del matiz territorial. Sus reciente...