viernes, 12 de diciembre de 2025

NO HAY PEOR CUÑA QUE LA DE LA MISMA MADERA


Tensiones internas dentro del PSOE, particularmente entre la dirección federal y varios dirigentes del PSOE de Castilla-La Mancha. Estos últimos, incluyendo miembros del Gobierno de Emiliano García-Page, han lanzado duras críticas hacia Pedro Sánchez y la dirección del partido a raíz de los recientes casos de acoso y mala gestión interna, especialmente el caso Salazar.  

Entre esas declaraciones la más contundentes, la de Sara Simón, consejera de Igualdad castellanomanchega, que cuestiona la legitimidad de las primarias en las que Sánchez fue elegido secretario general, insinuando irregularidades censales sin aportar pruebas. 

Las declaraciones reflejan una ruptura del tono interno, con acusaciones graves, desconfianza hacia la dirección federal y un desafío explícito a la autoridad del secretario general.

Lo que hemos escuchado a estos responsables del PSOE de Castilla-La Mancha no solo es injusto, sino profundamente irresponsable. Quien se atreve a manchar la integridad de un proceso democrático, como las primarias en las que la militancia eligió de forma libre y transparente a Pedro Sánchez, sin una sola prueba, lo que hace no es defender a su partido, sino ponerlo en riesgo. Y quien actúa así, sabiendo el momento político delicado que vive su partido, está jugando objetivamente a favor de quienes desean destruir al proyecto socialista, no a reformarlo.

Resulta intolerable que desde dentro se utilicen los casos de acoso sexual, que merecen toda la condena y la máxima firmeza, como arma arrojadiza contra la dirección federal. Confundir la lucha por la igualdad con ataques personales o insinuaciones infundadas es una falta de respeto a las víctimas y a los valores que el PSOE ha defendido durante más de ciento cuarenta años. Quienes pretenden hacer oposición interna aprovechando el dolor ajeno deberían revisar su compromiso con el socialismo.

Decir que unos censos se “inflaron” sin aportar una prueba, y después reconocer públicamente que no se tienen pruebas, es una irresponsabilidad política y moral. La dirección federal no debería permitir que se manche el honor de miles de militantes que participaron limpia y democráticamente en aquel proceso. Ni tolerar campañas de descrédito desde dentro, ni maniobras para socavar la autoridad democrática de un secretario general. Lo que está en juego es la credibilidad del PSOE, y su dirección debería actuar con la misma contundencia frente a la corrupción que frente a la deslealtad.

Ni el PSOE ni ninguna organización, necesitan a quienes siembran cizaña, sino a quienes construyen, quienes suman y quienes respetan las reglas del juego. Las denuncias por acoso deben ser tratadas con la seriedad y la transparencia que merecen, pero la política de tierra quemada no puede tener cabida en ese partido. Si alguien confunde su cargo institucional con un salvoconducto para erosionar a la dirección federal, se estará equivocando. No puede el PSOE tolerar ni medias verdades, ni ataques velados, ni discursos que alimenten la narrativa de la derecha.

Que el PSOE deba demostrar que sabe limpiarse, regenerarse y avanzar no está reñido con la lealtad. Pero debe hacerlo con firmeza, con hechos y con unidad. No con ruido, ni con titulares, ni con declaraciones de quienes parecen más interesados en romper que en construir.

Algunos cada vez estamos más convencidos de haber acertado al dejar la militancia, porque en ese partido es necesaria más autocrítica, pero su principal problema es que hay exceso de deslealtad y mucho ombliguismo.

LOS HOMBRES SOCIALISTAS NO PUEDEN PERMANECER CALLADOS ANTE LAS DENUNCIAS DE ACOSO.


La reacción del PSOE a los casos de acoso, demuestran su error de cálculo, no son solo un problema de un dirigente concreto, sino un síntoma de algo más profundo: cuando el feminismo se queda en el discurso y no se traduce en las prácticas cotidianas y tiene reflejo en protocolos eficaces. El resultado es siempre el mismo, la desprotección de las víctimas y la erosión de la credibilidad democrática.

LO ocurrido en una Diputación donde un responsable político dimite de la presidencia, pero conserva la alcaldía, lo que hace es transmitir un mensaje inequívoco negativo , por si alguien no se ha dado cuenta: el daño reputacional se gestiona, la raíz del problema se esquiva. No se trata de si hay pruebas concluyentes o de si el sumario está avanzado, sino de entender que, en casos de acoso, la prioridad debe ser la protección de las posibles víctimas y la ejemplaridad de las instituciones. Cuando un partido que se reclama feminista actúa a medias, la ciudadanía percibe que el feminismo es un adorno programático y no un criterio real de actuación. 

No puede cuestionarse que debe reclamarse contundencia, rapidez y respaldo explícito a las víctimas, más allá de la retórica. El contraste entre la respuesta en unos casos donde se actuó en cuestión de horas y se activó un protocolo, y la lentitud en otros, revela que no basta con tener normas: hace falta voluntad política para aplicarlas siempre, también cuando el afectado es “uno de los nuestros”. La peor decisión en política es la que no se  toma.  Un feminismo selectivo, que se endurece ante el adversario y se ablanda ante el aliado, deja de ser feminismo para convertirse en coartada.

Y junto a esto nos encontramos la hipocresía del “feminismo sobrevenido”. Hoy leía un comentario de M Lucas al respecto, porque resulta irónico asistir a este “club de fans” repentino de Irene Montero, al que ahora parecen pertenecer todos los que hasta ayer denigraban su ley y su figura, y hoy repiten sus consignas como arma arrojadiza contra el Gobierno.  Ese feminismo sobrevenido de ciertos líderes de la derecha, que solo aparece para atacar al adversario, pero nunca para revisar sus propias estructuras, no construye derechos, solo explota el dolor ajeno. Es la misma lógica de quienes encadenan frases tipo “soy feminista, pero…” para, acto seguido, justificar todas las inercias del patriarcado.

La izquierda de esto tampoco puede salir indemne: celebrar la caída de una ministra feminista incómoda y sustituirla por perfiles más “gestionables” ha demostrado ser un error político y ético. Cuando se arrincona a quienes tensionan de verdad las estructuras de poder, se abre la puerta a decisiones tibias como las que hoy indignan a muchas militantes socialistas. No se puede abrazar el legado de políticas como la del “solo sí es sí” para atacar al adversario y, al mismo tiempo, desactivar a quienes hicieron posible esos avances.

Las conductas machistas no pueden tener cabida en la sociedad, por eso son necesarias políticas feministas que no dependan del cálculo coyuntural. Eso implica, al menos: protocolos claros y automáticos ante denuncias de acoso; suspensión temporal de responsabilidades mientras se esclarecen los hechos; acompañamiento jurídico, psicológico y político a las víctimas; obligación de posicionamiento público firme por parte de los dirigentes, especialmente los hombres; y una pedagogía constante hacia dentro del propio partido. Sin estas bases, el feminismo institucional corre el riesgo de quedarse en un eslogan para días señalados, mientras la realidad sigue dictándose desde las viejas reglas del patriarcado.

Huelga médica

“Buena parte de las reclamaciones (agendas dignas, refuerzos de plantilla, salarios y pluses, carrera profesional real) dependen directamente de los mismos gobiernos regionales que contemplan la protesta desde la barrera, cuando no se declaran sorprendidos y comprensivos a la vez” 

La huelga médica en Castilla-La Mancha tiene algo de novela. Un enredo institucional donde el villano aparente es el Ministerio de Sanidad, pero muchos de los crímenes se cometen en los despachos autonómicos. La consecuencia es que mientras en Madrid se discute el Estatuto Marco a golpe de BOE, en los centros de salud de la región se seguirá sufriendo en silencio la agenda de pacientes y la guardia encadenada.

En el plano jurídico, el núcleo duro de la huelga mira a cuestiones que solo el Estado puede ordenar: el propio Estatuto Marco del personal del Sistema Nacional de Salud y la posibilidad de un Estatuto específico para médicos, algo que exige ley básica y negociación a escala estatal.

También es estatal la arquitectura de la clasificación profesional (A1, A2…), con la reclamación de un 'A1+' que reconozca el itinerario formativo y la responsabilidad clínica del médico frente a otras titulaciones. La definición general de qué es una guardia, los límites máximos de jornada y los descansos mínimos forman parte igualmente del armazón básico; sin esa norma común, las comunidades tendrían barra libre para estirar la goma hasta romperla. Incluso la regulación de compatibilidades de los jefes de servicio es, en lo esencial, una decisión en la que el Estado fija el marco y las autonomías juegan con márgenes, pero no pueden invertir la lógica general.

Desde ese punto de vista, la protesta contra el Ministerio tiene lógica: si el Estatuto Marco sale mal, sale mal para todos; si sale bien, pone un suelo digno del que nadie pueda bajar. El problema, es que el Estatuto puede proclamar reposo dominical y las comunidades seguir programando maratones, siempre que el papel se interprete 'creativamente'.

En cambio, casi todo lo que el médico sufre cuando abre la consulta pertenece al reino de las autonomías. La reducción real de agendas y cupos, la posibilidad de dejar de ver 40-60 pacientes al día en Atención Primaria, no se decide en el paseo del Prado, sino en los despachos de cada consejería que fijan tiempos por paciente, protocolos de citación y ratios de plantilla. Lo mismo ocurre con el aumento efectivo de plantillas, la tasa de interinidad o el cierre silencioso de plazas en zonas rurales; el Estado puede recomendar, pero quien contrata, o no, es el servicio de salud autonómico.

Las retribuciones concretas también tienen acento autonómico: cuánto vale una guardia, qué plus recibe quien duerme en un hospital comarcal, qué carrera profesional se paga y con qué cuantía, todo eso se cocina en cada comunidad, con recetas muy dispares.

El resultado es que dos médicos con la misma formación y guardia pueden cobrar cantidades muy distintas, algo que el relato oficial suele atribuir a 'diversidad territorial', como si se tratara de quesos y no de derechos laborales. La sobrecarga asistencial, las infraestructuras obsoletas y los sistemas de información decimonónicos completan el cuadro: son producto de elecciones presupuestarias autonómicas, no de una maldición bíblica enviada desde el Ministerio.

La sobrecarga asistencial, las infraestructuras obsoletas y los sistemas de información decimonónicos completan el cuadro: son producto de elecciones presupuestarias autonómicas, no de una maldición bíblica enviada desde el Ministerio

Aquí aparece la paradoja: la huelga se presenta casi como un duelo entre los médicos y el Ministerio de Sanidad, mientras las comunidades autónomas se parapetan detrás del biombo del “nosotros solo aplicamos la ley”. Sin embargo, buena parte de las reclamaciones (agendas dignas, refuerzos de plantilla, salarios y pluses, carrera profesional real) dependen directamente de los mismos gobiernos regionales que contemplan la protesta desde la barrera, cuando no se declaran sorprendidos y comprensivos a la vez.

Tal vez la explicación sea que es más sencillo concentrar el malestar en un único adversario, sobre todo si es políticamente rentable para varias partes: el Ministerio se convierte en personaje malvado de novela, mientras las comunidades se limitan a poner cara de figurantes inocentes. Pero, al final queda al descubierto que casi todos han participado en la chapuza: el Estado por diseñar un marco insuficiente y las autonomías por exprimirlo hasta dejarlo irreconocible.

Al final queda al descubierto que casi todos han participado en la chapuza: el Estado por diseñar un marco insuficiente y las autonomías por exprimirlo hasta dejarlo irreconocible 

Si la huelga no se traduce también en interpelar, uno por uno, a quienes fijan cupos, agendas y plantillas en cada región, el riesgo es que todo acabe en una gran reforma sobre el papel mientras en la consulta del lunes siga habiendo cincuenta pacientes y una sola silla.

Espero que los convocantes de la huelga tengan claro ese marco competencial, si no estaríamos ante una manipulación interesada de la precariedad que sufren los profesionales.

Lo que MAR nunca menciona


MAR  sigue con el pelo blanco y lanzando tuit e insidias. Hoy ha señalado refiriéndose al presidente del gobierno “Estás hundido. Eres un dictador. Hoy tendría que caer tu gobierno. Solo hay que ver tu cara: Ayuso te gana de largo. Tú no puedes salir a la calle: a ella la admiran. Tú y tu familia y tus adjuntos vais Pá'lante”

Lo primero que habría que responderle a este mentiroso confeso es que, antes de dar lecciones de “corrupción” o de “lawfare”, explique por qué lleva años fabricando bulos para tapar los problemas judiciales que rodean a Ayuso y a su entorno más cercano. Porque no explica cómo la pareja de Ayuso se ha declarado culpable de fraude fiscal y otros delitos vinculados a ingresos procedentes de la sanidad madrileña, en un procedimiento en el que la defensa acabó reconociendo los hechos mientras desde el equipo de Ayuso y MAR se construía un relato de complot político.

En segundo lugar, los negocios de la pareja de Ayuso con empresas sanitarias privadas, en plena externalización y gestión privada de hospitales públicos, han generado una sombra de conflicto de interés que ni Ayuso ni su equipo han aclarado políticamente, limitándose a victimizarse y hablar de persecuciones. En este apartado están los contratos, comisiones y opacidad.

1 La Comunidad de Madrid adjudicó a dedo 1,5 millones de euros en mascarillas a una empresa amiga, Priviet Sportive SL, operación en la que el hermano de Ayuso cobró 234.000 euros en comisiones, reconocidas incluso por la propia administración madrileña, aunque el caso se archivara penalmente.

2 El archivo judicial no borra las responsabilidades políticas: precios disparados, intermediarios afines y un gobierno que primero negó, luego minimizó y nunca asumió que una operación tan lucrativa para el entorno familiar en plena pandemia exige explicaciones públicas que siguen sin darse.

Residencias, protocolos y responsabilidades

3 El llamado “caso residencias” no está cerrado políticamente: hay varias causas abiertas y ex altos cargos de Ayuso imputados por su papel en los protocolos que restringían derivaciones hospitalarias de mayores durante la primera ola, mientras las familias llevan años peleando para que se esclarezca qué pasó y quién decidió qué.

4 El Supremo archivó una denuncia concreta contra Ayuso, pero dejó claro que no contaba con datos suficientes sobre la aplicación real de los “protocolos de la vergüenza”, lo que subraya precisamente la falta de transparencia y la necesidad de una investigación política seria, no menos propaganda desde la Puerta del Sol.

Sanidad madrileña y listas de espera

5 En el Hospital de Torrejón, gestionado por una empresa privada, se han conocido audios del CEO en los que se hablaba de rechazar pacientes y alargar listas de espera para aumentar beneficios, un escándalo que afecta de lleno al modelo sanitario que defiende Ayuso.

6 Frente a esos hechos, Ayuso ha pasado de prometer mano dura a acusar al Gobierno central de “exagerar y crear escándalos”, es decir, de nuevo victimismo para no abordar el problema de fondo: un sistema que permite que el negocio esté por delante de los pacientes.

MAR no es un comentarista neutral: ha reconocido que difundió una versión falsa sobre la fiscalía y el caso del novio de Ayuso, alimentando teorías de complot que luego se han desmontado, pero que sirvieron para desviar el foco de los hechos: fraude fiscal y negocios opacos alrededor de la sanidad.

Que alguien con ese historial de intoxicación informativa pretenda dar lecciones desde un tuit solo demuestra la estrategia: mentir, embarrar y gritar “corrupción” a los demás para que nadie hable de las comisiones, los contratos a dedo, las residencias y los chanchullos sanitarios que siguen sin explicarse políticamente.

comentario sobre la sentencia del Supremo contra el fiscal general del Estado (FGE)

Sin ser jurista, me permito este comentario sobre la sentencia del Supremo contra el fiscal general del Estado (FGE) 

La Sala asume como “probado” algo que en realidad no está acreditado: que la filtración solo puede explicarse por la actuación directa del FGE o de su entorno, sin admitir explicaciones alternativas razonables. 

Además, la misma nota de prensa que antes se consideró no delictiva pasa a ser pieza clave para la condena.

Parece innegable una motivación política de fondo ligada al clima creado por el entorno de Ayuso.

1 Sobre la prueba y las “explicaciones alternativas”  

 El Supremo afirma que no existe una explicación alternativa razonable distinta a que la filtración se gestó en la Fiscalía y con participación directa (o al menos con conocimiento) del FGE. Dada la cantidad de personas con acceso al correo, sí cabrían otras hipótesis plausibles sin necesidad de recurrir a una autoría directa del FGE, lo que cuestiona el estándar de certeza utilizado para condenarlo.

2. Sobre el uso de la nota de prensa 

La sentencia condena también por la nota de prensa, al considerar que el FGE vulneró su deber de reserva al incluir datos confidenciales del correo del abogado de González Amador. Al parecer se olvidan de que previamente se había entendido que esa nota no era delictiva y que incluso un auto del Supremo llevó al juez instructor a descartarla, por lo que parece incoherente o incluso arbitrario reutilizar ahora esa misma nota como soporte de la condena.

3. Sobre la imputación personal al FGE  

El tribunal considera probado que fue el FGE o alguien de su entorno con su conocimiento, y vincula indicios como la posición de dominio de García Ortiz esa noche y el borrado de mensajes en su móvil. Nadie ha demostrado que él fiscal escribiera el correo cuya filtración se le imputa y la reconstrucción judicial de los hechos se acerca más a una decisión política que a una condena basada en prueba directa o indiciaria de peso. 

Creo que se identifica el punto débil más discutido de la sentencia y la contradicción aparente en el tratamiento de la nota de prensa.

¿La justicia a dos velocidades?


La Audiencia Nacional tiene en su poder desde octubre de 2023 un informe de la la Policía que incluye las grabaciones de tres conversaciones del comisario Villarejo con María Dolores de Cospedal en las que queda de manifiesto la implicación de la secretaria general del PP en las maniobras para sabotear la investigación judicial de la caja B del partido. Ni el anterior juez de la macrocausa contra Villarejo, Manuel García Castellón, ni el actual, Antonio Piña, adoptaron ninguna diligencia a partir del citado oficio policial, cuyo conocimiento ha sido hurtado estos dos años a las partes personadas en la pieza separada Kitchen

¿HACIA DONDE VAMOS?


Leer la prensa esta mañana solo invita a pensar que es necesaria una llamada de atención severa a una clase política y mediática ensimismada en sus batallas internas mientras el contexto internacional, especialmente el europeo, atraviesa un momento decisivo y peligroso. A eso se le suma la incoherencia y la doble moral de quienes se presentan como patriotas, mientras mercadean con la propia idea de España, la connivencia de ciertos medios “agraciados” que sacrifican la ética profesional a cambio de prebendas y estabilidad económica.  

Tengo la sensación de que existe urgencia y alarma porque o se recupera la altura de miras y se reparte mejor el tiempo entre lo doméstico y lo geopolítico, o el país quedará desprotegido en un tablero mundial cada vez más hostil y adverso.

La deriva de Page a submarino político.

El papel de García-Page dentro del PSOE ha rebasado con creces los límites de la legítima discrepancia y del matiz territorial. Sus reciente...