viernes, 4 de abril de 2014

Las “buenas” cifras que no son tan buenas


Todos debemos alegrarnos de que 16.620  personas hayan encontrado empleo en nuestro país el pasado mes, pero eso no puede llevarnos a pensar que el mercado laboral sigue una senda de crecimiento sostenible. Por mucho empeño que ponga el gobierno en convencernos de que es así, este no es el camino de la recuperar lo perdido por la crisis, sino el de la  precarización laboral y con el riesgo añadido para que así ocurra, que  supone la avaricia empresarial por el beneficio rápido. Comparando las condiciones de empleo y salarios actuales con los de hace tres años, la precariedad ya se palpa.


Habría que comenzar explicando que estas cifras son un contador de las personas que están apuntadas el último día del mes anterior al que se publican los datos, y que este sistema de contar parados no funciona en ningún otro país, de ahí que las cifras homologadas a nivel estadístico europeo y mundial, son las de la EPA, que desafortunadamente dan un millón más de parados. Analizando las calificadas como “buenas cifras” de marzo, vemos que estas han mejorado en servicios, construcción e industria, mientras empeoran en agricultura y entre quienes buscan su primer empleo.
Empresarios y gobierno niegan que el empleo creado sea precario, temporal, y de bajos salarios, pero pese a esa negación las cifras son tozudas, y en este escenario el consumo no se reactivará, y sin el consumo de esos trabajadores, las empresas que hoy emplean, volverán a despedir a no mucho tardar.
Hay dudas que deberían aclararse por el gobierno para evitar la sospecha de que estas cifras hayan podido ser manipuladas,  como ¿Quién ha contabilizado el número de parados que han tenido que emigrar de España, o el de personas que abandonado  las oficinas del INEM, por considerar que a través de esta vía es imposible encontrar empleo? ¿Alguien ha contabilizado los que solo son empleados de fin de semana en el sector servicios? ¿Quién contabiliza los que son bajas de las listas por acceder a prejubilaciones o por haber iniciado un curso de formación dándoles de baja en las listas de desempleados? ¿Quién y cómo se contabiliza el número de contratos en prácticas, en relación con los que había anteriormente? ¿Quién nos explica las diferencias entre las  afiliaciones a la SS son 84.000 y los desempleados si solo disminuyen en 16.000? ¿No será que de esos 84.000 muchos son autónomos forzosos para poder seguir comiendo de la misma empresa que ayer les empleaba?
Desde el PP y el gobierno se dice que las cifras son buenas gracias a su reforma laboral, pero si las anteriores cuestiones no se responden y clarifican, muchos pensaran sino será que después de varios años de austeridad y despidos, lo normal es que se empiece a crear empleo, con y sin su reforma. En cualquier caso, demasiadas dudas sobre las bondades del dato.
Lo cierto es que estos “buenos” datos no se corresponde con la realidad de la calle, y un paseo por cualquier ciudad de este país nos muestra como siguen cerrándose negocios, o como en las tiendas y comercios no repunta el consumo. Pero si además se revisan los datos publicados por los medios de comunicación (incluidos los afines al gobierno), las cifras de bajada del paro chocan con el hecho de que los expedientes de regulación de empleo, ERE´s, en el primer trimestre de 2014 han llegado a veinticinco mil, lo que como mínimo pone estas cifras en cuarentena.
Pero aun dando por ciertas las cifras, lo más preocupante es eso que el gobierno no dice claramente a los ciudadanos, que para dar empleo a esta masa de desempleados que existe, al ritmo que crece nuestra economía, se tardaran dos décadas. ¿Ha pensado el gobierno qué al ritmo  actual, la situación de las familias empeorará día a día por el agotamiento de las ayudas, por los recortes en los servicios públicos, por los copagos, y los impuestos indirectos? Al menos no da muestras de hacerlo.
En el escenario inmediato, no solo se tendrá que crear empleo, sino que se tendrán que poner en marcha actuaciones de carácter social (esas que se han recortado), o para rescatar a familias endeudadas, o dirigidas a abaratar en la banca los créditos para el consumo, y esperemos que no sean necesarias campañas de lucha contra el hambre infantil como las que ya se realizan en algunas Comunidades.
Hasta la troika se ha tenido que desdecir de su teoría de que la solución a la crisis pasaba por recortes y austeridad, pero el gobierno español se niega a admitirlo. Mientras el gobierno da prioridad a rescatar bancos y ahora a las autopistas o a facilitar el crédito a las grandes empresas, se olvidá de priorizar el cese de las políticas de austeridad. La recuperación económica y social solo llegará con un empleo de calidad y unos  salarios dignos, lo que es incompatible con lo que actualmente está propiciando la reforma laboral del PP, que son unas condiciones laborales de explotación legalizada.
Esta afirmación de explotación laboral no es exagerada, porque tenemos una gran demanda frente a una pequeña oferta de empleo, lo que lleva al trabajador a aceptar cualquier trabajo si con ello garantiza que sus hijos no pasan hambre, y si no aceptas el trabajo, otro que también tiene hijos en necesidad, lo aceptará por ti. Eso es lo más parecido a legalizar la explotación.
Como ya parece ser “lo habitual”, este gobierno no escucha las voces de la calle, y solo oye lo que le transmiten sus asesores. La mejoría que dicen se ha producido es real solo para la clase gobernante y las elites económicas que viven en sus aledaños, pero no para el resto de españoles.
Las, según el PP, buenas cifras que hemos conocido, si se analizan mínimamente no parecen tan buenas, y eso lleva a pensar que también forman parte de un nuevo “España va bien”, una estrategia premeditada para seguir dibujando su particular país de las maravillas ante la proximidad de las elecciones. Un informe de Caritas, que refleja que la mayoría de los españoles no estamos mejor sino peor que hace un año, ha provocado una reacción furibunda del ministro Montoro, lo que vendría a confirmar la sospecha de que solo es maquillaje para ocultar el rostro enfermo y deteriorado de nuestra economía.

lunes, 31 de marzo de 2014

La amenaza de la abstención

Tras leer los resultados de las elecciones municipales francesas, resulta innegable que han supuesto un duro revés para el Partido Socialista de ese país. Pese a mantener las alcaldías en ciudades como París o Lille, o haber conseguido la de Aviñón, estos resultados no solo son una seria advertencia para Hollande, sino, y sobre todo, son una llamada de atención al conjunto de la clase política europea, dado el alto abstencionismo registrado. Señalo esto, por lo que nos afecta a los socialistas españoles, por aquello de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar…
Hace mucho tiempo que he optado por un posicionamiento crítico y a la vez constructivo, respecto a las decisiones que empezaban a tomarse desde la dirección federal de mi partido. Como yo, muchos y muchas socialistas, por lo que no puedo creer que en el último Comité federal del PSOE no se alzaran algunas voces críticas para con los criterios utilizados en la conformación de la candidatura a las elecciones europeas. No niego méritos personales a quienes la integran, pero no creo que sean la imagen que hoy necesitamos en un partido que se dice comprometido con un acercamiento a los ciudadanos. Espero equivocarme, y esta candidatura evite el desinterés por la política que se ha reflejado en las elecciones de nuestros vecinos franceses.
Puede que sea debido a querra Socialista. Mata acusó públicamente a la dirección de Ferraz de actuar de forma «sectaria» al excluir a la corriente Izquierda Socialista y a Andrés Perelló de la lista y contrapuso ese talante con la «integración» que practicaba, explicó, la dirección del PSPV. La ejecutiva de Puig está muy satisfecha con la labor de los tres eurodiputados (Perelló, Josefa Andrés y Vicente Garcés) y de su permanente disposición a llevar a Bruselas las denuncias y reivindicaciones del partido en su tarea de oposición. f. a. valencia muchos de los que conforman esa candidatura ya  han ocupado cargos públicos, pero la mayoría de ellos tienen un discurso que no llega al corazón de los ciudadanos, y hasta puede desencantar a quienes siempre han creído y creen en el socialismo. Es el momento de políticos que hablen el lenguaje del pueblo, y no el momento del lenguaje de los cargos.
A esa sensación personal, se añade un hecho objetivo como es que las bases no hemos participado en la conformación de la candidatura, porque todo se sigue haciendo desde las alturas. Las luchas de años por el socialismo y por lograr cambios en la sociedad franquista parecen tan solo parte del recuerdo colectivo de las bases socialistas, no de su dirección. Quien haya realizado la composición de la candidatura, desconoce lo que pasa en las bases de la organización, o si lo conoce lo olvida, y eso es una falta de respeto a la ideología socialista.
 
Martin Schulz, candidato europeo socialista, se preguntaba en un mitin en Madrid, si son los electores los que nos abandonan o somos nosotros los socialistas quienes les hemos abandonado. Luego añadía que los socialistas tenemos que sufrir con ellos para que crean en nosotros. Este mensaje político pensando en el ciudadano, contrasta con el mensaje de la candidata española que nos pide a los militantes de base que echemos una mano, que "esto hay que ganarlo porque ahí está el PP”. A mí no me preocupa el adversario PP, como a Schulz me preocupa que los electores piensen que les estamos abandonando.
 
Me preocupa lo que acontece en mi partido, y no hacer pública esta opinión, no me hace mejor socialista, sino cómplice de todo lo que por estas decisiones nos pase. No puedo permanecer callado, si como ha sucedido en las marchas por la dignidad, mi partido no está en la calle con la gente. Reitero, por enésima vez, que se necesita regeneración de la política, pero me afecta la que se necesita en el PSOE, una renovación de caras sin desaprovechar la experiencia; con mujeres y hombres que se rodeen de un equipo en el que estén representados todos los sectores de la sociedad. Es el momento de cambiar la actual situación, no de hacer cambios que quedan solo en palabras.
 
Cuando pasen las elecciones, si el resultado es bueno todos se colgaran medallas, y si no lo es, haremos sesudos análisis de como naufragamos como marca y nos lameremos las heridas. Mientras a los militantes de base nos tocará lamentarnos de a dónde nos están llevando nuestros dirigentes, o dicho de otra manera, lo que hoy expresaban los franceses ante los resultados que han obtenido, el desinterés ciudadano por la política, y un revés para el socialismo.

viernes, 14 de marzo de 2014

Lo importante, son los pacientes.


Recientemente se han creado las Gerencias Integradas de Área sanitaria en todo el territorio de Castilla La Mancha, y han sido cuatro las implantadas en la provincia de Albacete. No es algo baladí sino un cambio de calado, puesto que el Sistema Nacional de Salud contempla la atención primaria y la hospitalaria como áreas de gestión diferenciadas. Entre lo positivo de esta iniciativa puede señalarse el deseo de que esa integración en un área común permita una mejor coordinación entre los servicios prestados desde el hospital y los realizados en los consultorios y centros de salud de atención primaria.
 
Dicho el deseo, no puede ocultarse que también existe un temor: no sería aceptable que esa integración suponga una vuelta atrás y reaparezca la preponderancia de la asistencia hospitalaria sobre la que se presta desde la atención primaria, porque esta segunda juega un papel esencial para el buen funcionamiento del sistema en su conjunto, aunque en ocasiones los profesionales de primaria tengamos la sensación que esa equiparación de nuestra tarea con la hospitalaria, nunca se alcanzó ante la opinión pública.
 
Al médico de primaria no se le percibe por el usuario como un “especialista”, que lo somos, sin embargo, si se hace una sencilla revisión de la situación sanitaria de los países miembros de la OCDE, vemos que obtienen una mejor valoración ciudadana de la eficiencia de sus servicios de salud, aquellos países que cuentan con unos servicios de atención primaria bien dotados de recursos, tanto humanos como materiales, y con una buena organización, aunque, para nuestro pesar, este no sea el caso de nuestra Comunidad Autónoma.
 
Desde hace muchos años, los profesionales de la atención primaria somos quienes, como primera puerta de acceso al sistema, no solo hacemos frente a una demanda sobrecargada, sino que ahora también somos el muro de las lamentaciones donde el paciente llora el desencanto de los retrasos en las pruebas diagnósticas, en las intervenciones, y en general de todas las consecuencias que sobre el sistema asistencial están teniendo los recortes de recursos. También el hospital, pero nosotros antes.
 
Y a eso debe añadirse el malestar del acumulo de trabajo que nos supone el hecho de no sustituir las bajas, ni los días de libre disposición, o los de formación de nuestros compañeros. Nosotros asumimos su trabajo con las acumulaciones de sus consultas, o teniendo que asumir horarios de urgencias de atención primaria en concepto de horas, lo que conlleva una menor dedicación a las actividades preventivas fundamentales en este nivel asistencial para que la hospitalaria no se sobrecargue.
 
Con todo lo anterior, el malestar existente entre los profesionales de primaria, podría provocar un mayor deterioro del conjunto del sistema que ya presentaba deficiencias antes de la crisis. Sin embargo, es gracias a la profesionalidad de la atención primaria por lo que no se llega al conflicto, y aun con dificultades existentes, todos los días intentamos dar la respuesta más correcta posible a las demandas asistenciales de los usuarios.
 
También, aunque no se admita por los responsables de los servicios de salud, el que tengamos una organización inadecuada de recursos humanos, con grandes diferencias entre los distintos profesionales en función de su carácter rural o urbano, o de si su trabajo es  en la primaria o en la asistencia hospitalaria, influye en esa sensación de malestar. A esto tenemos que añadir el eterno déficit de comunicación con los distintos niveles asistenciales, el exceso de burocracia existente y creciente cada día, la limitación que tenemos en primaria para solicitar algunas pruebas diagnósticas, o las dificultades de carecer de recursos instrumentales para atender algunas situaciones clínicas, etcétera.
 
 
Todo lo anterior nos está llevando a una desmotivación creciente entre el colectivo de médicos de primaria. Esperemos que la puesta en funcionamiento de la Gerencia Integrada, sirva para evitar esa desmotivación de los profesionales, y propicie cambios en las formas de gestión que permitan recuperar la credibilidad en los responsables administrativos de nuestra área.
 
Sería deseable que desde esa nueva gerencia integrada se diese la mayor información con toda la transparencia posible, de los datos que se consideren negativos, y en paralelo también se expliquen los esfuerzos por mejorarlos, porque con ello se contribuiría sin duda, a poner sobre la mesa elementos motivadores y regeneradores tanto para la atención primaria como para la hospitalaria. Y sobre todo, que se hicieran todos los esfuerzos posibles para desterrar el hecho de que desde la asistencia hospitalaria nunca se le dio la importancia que tiene el difícil trabajo de los profesionales de atención primaria.
 
La salud es un proyecto común, y si se unen las posturas, todos ganaremos, pero sobre todo saldrán beneficiados los pacientes. Se trata en resumen, de intentar solucionar problemas y no de crearlos.

martes, 11 de marzo de 2014

De excursión para operarse


¿Por qué existen las listas de espera en sanidad? Quizás lo aclare un artículo publicado en el diario El País, en el que su autor exponía que en los sistemas sanitarios dependientes de las diferentes CCAA, las listas de espera estaban originadas por una escasez de oferta de servicios públicos frente a la demanda, y el acceso de los usuarios requería necesariamente guardar cola. Si son servicios privados, el usuario es cliente, y como poderoso caballero es don dinero, las colas en lista de espera no desaparecen, pero si se reducen.
Estas listas de espera suponen el aspecto asistencial que causa mayor insatisfacción entre los usuarios de los servicios sanitarios públicos o privados, aunque necesariamente sean mayores en los sistemas de salud de acceso libre y universal. La pretendida privatización del SESCAM no es la panacea para solucionar este problema, y tampoco privatizar mejora la calidad asistencial. Baste citar que EEUU tiene el sistema privado, y además de ser el más caro del mundo, no solo tiene los peores indicadores sanitarios entre los países ricos (entre otros el de  mortalidad infantil), sino que allí también existen las listas de espera.
Por esto, si las listas de espera son inherentes a los sistemas sanitarios, resulta incomprensible que en Castilla La Mancha no se hayan publicado esas listas durante un periodo de tres trimestres, con independencia de que el número de pacientes en espera se haya incrementado, porque este no puede verse como un fenómeno extraño. Ocultar los datos, solo ha creado dudas sobre la trasparencia de gestión en un sistema público, y hace sospechar hasta al mejor pensado, que si se ocultan es que ha existido un incremento en esas listas.
 
Desde 2011, el gobierno regional no ha dado datos sobre cuántos pacientes esperan una intervención quirúrgica o una prueba diagnóstica, y que se haya puesto en marcha un «plan de choque» dotado con 15 millones de euros, viene a confirmar que la gestión de este problema hasta ahora, no ha sido ni buena ni la más adecuada.
 
Lo novedoso de este plan es que los pacientes se derivan fuera de la Comunidad Autónoma, especialmente a hospitales de la Comunidad de Madrid. Los pacientes se van de excursión a operarse, y esa es la sensación que tienen muchos pacientes castellano manchegos. Tras una llamada telefónica y unas pruebas pre intervención, una madrugada sales de excursión en transporte colectivo hacia Madrid, y en veinticuatro horas has sido borrado de las listas de espera quirúrgica regionales. No importa si el viaje es incómodo, o el regreso penoso con una herida reciente. Hay uno menos en las listas de espera de Echaniz, y eso es lo que cuenta. Según dice un operado en Madrid por este sistema, “ya no somos pacientes, ahora somos números”.
 
Pocos entendemos en Albacete (o al menos admitirán que resulta llamativo) que con quirófanos a medio funcionamiento en la capital, y tres hospitales comarcales, los pacientes no se atiendan con los recursos provinciales, y de madrugada se vayan de excursión a Madrid. Se entendería si este sistema reportará al paciente beneficios asistenciales, pero nadie lo acredita, y tampoco parece que exista una disminución de costes al sistema regional, puesto que tampoco  esto aparece acreditado. 
 
Surge entonces la duda de si ese Plan de choque es la mejor solución para reducir las ocultas listas de espera, antes de hacerlas públicas, o solo va a servir para incrementar el oscurantismo de la gestión de Echaniz, al no explicar en este plan otros aspectos que deberían ser clarificados, y que ponen en cuestión la necesidad de los traslados de pacientes fuera de su área sanitaria.
No puede obviarse que a las molestias de desplazamientos y riesgo de accidentes en el traslado por carretera, o a las dudas sobre si la atención sanitaria durante ese traslado es la adecuada, hay que unir aspectos de la gestión de este sistema, como los siguientes: no disponer de informes que acrediten que en el área sanitaria a la que pertenece el paciente, no existen recursos suficientes y competentes para realizar esa intervención sin necesidad de tener que desplazarle; tampoco está acreditado que parte de los Servicios y Especialidades implicados, no se hayan planteado planes de actuación para asumir ese trabajo; no se ha hecho público el tipo de concurso  mediante el que se ha adjudicado este servicio a las clínicas madrileñas; se desconoce cómo se han seleccionado las ofertas recibidas y con qué criterios se han seleccionado las hoy adjudicatarias. No se dispone de un estudio aproximado de los costes que cada desplazamiento supone, exponiendo solo la cuantía del montante total concertado.
Eso en lo referente a la gestión del plan, porque sobre la calidad asistencial del mismo, tampoco se conocen que parámetros de calidad se han exigido; que coberturas de seguridad tiene los pacientes y de qué tipo son esas coberturas; quien es el responsable del control y seguimiento de este plan; etc.
Hubiese bastado para disipar las dudas, con que el Consejero informase del porqué del Plan en Madrid, del coste por cada proceso, o que se hubiese aportado un estudio comparativo de costes entre el plan de intervenciones fuera y el mismo plan realizado en  nuestros hospitales, pero no se ha hecho. Algo debe de temerse si no se facilita exhaustivamente toda esta información.
Como decía al principio, las listas de espera siempre existen en los sistemas sanitarios públicos como el nuestro, y solo se disminuyen gestionando adecuadamente los recursos. Poner en marcha este plan solo puede obedecer a dos planteamientos: o bien el plan es más barato realizado fuera de la región, lo que indicaría que aquí gestionamos mal nuestro sistema sanitario regional; o si es más caro fuera, además de una mala gestión al aplicar el plan, haría sospechar que con el plan alguien se está enriqueciendo con nuestras enfermedades.
No existen las verdades absolutas, y un sistema público de salud no lleva inherente la mala gestión. La mala gestión solo es inherente a los malos gestores, y es igual que  los sistemas sean públicos o que sean privados. Explicar todas las dudas expuestas, sería un ejercicio de responsabilidad exigible.

jueves, 27 de febrero de 2014

Un debate poco estimulante.








Hemos vivido hace unos días el debate sobre el estado de la Nación, con el que los partidos han pretendido darnos el pistoletazo de salida para las elecciones europeas, esas en las que realmente todos nos jugamos mucho. Pero sobre todo, esas en las que los partidos se juegan mucho más, no tanto por el número de escaños que obtengan, sino porque todos le temen como a una vara verde, a un desinterés de los ciudadanos que puede llevarles a abstenerse.

Unos españoles manifiestan su enfado y disconformidad en las  múltiples manifestaciones que hay en nuestras calles, mientras para otros, no ir a votar se ha convertido en su forma de protesta. La abstención es por tanto la demostración del alejamiento ciudadano de una manera de hacer política en la que no se sienten representados. Puede que muchos hayan seguido el debate por el morbo del enfrentamiento, pero pasados unos días nadie recuerda lo acontecido. Lo más grave es que el debate no ha servido para que los ciudadanos recuperen el interés por la política.

Y es que no puede haber debate, cuando el presidente del gobierno no ha acudido a debatir, sino a escuchar su monologo. Todo lo dicho por los distintos grupos de la oposición, le resbala. Rajoy ni siquiera se molestó en escuchar antes el sentir de la calle. Tenía muy claro que los medios de comunicación afines (mayoritarios), disponían de portadas triunfalistas antes de que se celebrase el debate, y por ello no ha dudado en utilizar datos reales junto a otros inexactos, de cualquier manera el resultado se anunciaría triunfal.

El presidente acudió solo para hablar de economía, de su reiterativa bajada de impuestos, y de su personal “España va bien”. La oposición aun exponiendo lo que piensa la calle, hablaba con alguien que no les oye. Es el debate del estado de una nación herida por la crisis, y que en los casi cuarenta años de democracia no ha vivido un momento de mayor debilidad de la política. Estamos tan defraudados con los partidos por sus incumplimientos electorales, que nos cuesta creer lo dicho por cualquiera de los intervinientes.

Por si la sensación de que no nos decían toda la verdad, con posterioridad al debate, nos enteramos de muchas cosas que nos han hecho convencernos de que por nuestro gobierno se nos engaña: Bruselas dice que España no cumplirá el déficit previsto ni en 2013 ni en 2014; la economía destruyó el año pasado 265.000 puestos de trabajo, y tenemos 1.500.000 parados más con el PP; se ha producido un incremento insultante de la pobreza que afecta sobre todo a la infancia; ponemos más dinero a la banca para tapar el feo asunto de las preferentes (del que al parecer nadie es responsable) mientras ha continuado el hundimiento de las hipotecas pese al rescate bancario; los desahucios subieron en 2013, y en solo seis meses hubo tantos como en 2012; la corrupción sigue apareciendo en todos los rincones, y el jueves nos enteramos de que  el PP también está implicado en el caso de los ERE; estamos usando recursos que pagaremos dentro de cuarenta años; la deuda se acerca al 100% del PIB; los salarios se redujeron un 2%,  el pasado año; el INE  informa que la economía en 2013 creció menos de lo que nos habían dicho. Nada de esto se admitió por Rajoy que dibujo un país paradisiaco gracias a sus dos años de gobierno.

Si de Zapatero se decía que era un optimista compulsivo ¿Qué habrá que decir de Rajoy después de oír su intervención? Ya ha pasado lo peor, ya vemos los brotes verdes, estamos saliendo de la crisis, y demás lindezas a las que últimamente pretende acostumbrarnos. Puede que haya mejorado la situación para sus familiares y la gente más próxima al gobierno; puede que lo hayan hecho las magnitudes macroeconómicas" ¿pero a qué precio? Lo de Rajoy no es optimismo, es cinismo.

Del debate sobre el estado de la nación de 2014, solo quedará la metáfora de que con el PP ya “hemos pasado el Cabo de Hornos”. ¿Cuántos españoles se han caído, y a cuantos el gobierno les arrojó por la por la borda en su viaje solo porque le molestaban?  Los dependientes, los pensionistas, los estudiantes, los docentes, los funcionarios públicos y a los trabajadores, los sanitarios o los enfermos, han sido el lastre arrojado al mar por este gobierno en dos años, y al otro lado de  su cabo de Hornos solo han llegado vivos los bancos, los ricos, y los corruptos financiadores.

En cualquier caso, el debate ha vuelto a demostrar, que este modelo de hacer la política no interesa, y que la ciudadanía ha de intentar que cambie radicalmente para sentirla cercana y estimulada a participar. No nos esta forma de hacer política. La política no es mala, la que es mala es esta forma de hacerla. No todos los políticos son iguales, ni todos son malos, pero si son malos muchos de estos políticos. Necesitamos partidos políticos, no maquinarias electorales y clientelistas. Los parlamentos son necesarios, pero no parlamentos que funcionen como lo hace el nuestro.

Y con esa sensación de que los ciudadanos no pintamos nada, enfilamos hacia las urnas de las Elecciones al Parlamento Europeo. Difícil animarse a participar en estos comicios tras un debate que no es debate, sino teatro y puro teatro. Seguro que Europa debe ser la solución, pero la Europa que tenemos ahora es solo el problema, pero si queremos quejarnos habrá que expresar nuestra opinión e intentar cambiarla.
 
 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Ley de interrupción del embarazo: deben prevalecer la salud y la dignidad, sobre los dogmas.


Aunque con la introducción de algunas reformas legislativas cada vez parece más difícil que continúe siendo así, la sociedad española continúa siendo plural, y en ella convivimos individuos con diferentes códigos éticos. No se puede afirmar que ninguna de las diferentes maneras de entender la vida sea mejor que otra, siempre que todas ellas estén inspiradas en el respeto a la libertad de pensamiento, de credo, o de raza. Debemos estar orgullosos de poder decir, que los españoles vivimos con conceptos de respeto y libertad en su sentido más amplio.
En esta sociedad moderna y constitucionalmente democrática, siempre hemos antepuesto la salvaguarda de la salud sobre las creencias, y ejemplo de esto es que ante una decisión de trasfundir sangre o dejar morir por cuestiones religiosas, siempre nos pareció que se debía anteponer la salud a la creencia, aun respetando el derecho y la creencia del afectado. Sin embargo, en los últimos meses ha surgido un elemento de discordia y división social, que ha sido la propuesta de reforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo  promovida por el gobierno del PP.


Llama poderosamente la atención, que cuando el número de abortos en España estaba disminuyendo con la vigente ley de plazos, en lugar de propiciar la continuidad de ese descenso con políticas de apoyo a la mujer, a la infancia y a la familia, el gobierno crea un problema donde no lo había, convirtiendo en prioridad social algo que solo era una prioridad eclesiástica y de su sector más conservador. Se podría elucubrar sobre los motivos del porqué de esta iniciativa ahora, pero solo un intento de crear una cortina de humo que oculte otras vergüenzas de la gestión del actual gobierno, puede justificarla en este momento político.
Las encuestas de opinión reflejan que esta reforma no solo nos coloca a la cola de Europa en este tipo de leyes por las restricciones que establece, sino que resta intención de voto al PP. Pese a esto, desde el gobierno se esgrime una única respuesta “estaba en el programa del PP votado mayoritariamente el 20N de 2012, y como promesa electoral tiene que cumplirse”. No deja de ser una burda argumentación que choca frontalmente con el hecho de que el resto de promesas de ese programa han sido sistemáticamente incumplidas en un noventa y nueve por ciento.

No es una reforma para evitar una aplicación imperativa de la anterior ley, puesto que ninguna mujer aborta por obligación o por el placer de hacerlo. Es una reforma en la línea de otras reformas ya aplicadas por este gobierno, dirigidas a recortar derechos y libertades a las mujeres, y en la que sus impulsores se han olvidado de valorar lo más básico: que esta reforma pone en riesgo la salud de la mujer. El gobierno, debería ser consciente de que la mujer que por diversas circunstancia se crea en la necesidad de abortar lo hará, pero la reforma le obligará a abortar sin disponer de las condiciones sanitarias que garanticen que no pone en riesgo su vida.

Tampoco en este proyecto de reforma está ausente algo común a todas las reforma del PP y de su forma de gobernar, que no escucha la voz de la calle y que incrementa las desigualdades sociales. Salta a la vista que la reforma perjudica más a las mujeres con menos recursos económicos, en mayor riego de exclusión social, y con más bajo nivel cultural, puesto que aquellas que tiene una formación cultural, no viven en situaciones de marginación y disponen de recursos económicos, les afectará mucho menos puesto que accederán a clínicas privadas con garantías sanitarias dentro o fuera de España. Puede decirse que estamos ante una nueva privatización sanitaria velada, con esta reforma han privatizado también el aborto.
Este es un gobierno que usa la hipocresía y el cinismo como principios de gestión política. Nada es más hipócrita que manifestar que al PP le preocupa la protección de la vida del no nacido, y olvidarse de pensar cómo mejorar las condiciones de vida de quienes ya figuran en el padrón de habitantes. Para disminuir la necesidad de recurrir a la interrupción del embarazo podría haber comenzado por implantar la educación sexual en los colegios, por lo menos haciéndola tan obligatoria como nos han hecho la religión, ni más ni menos. Y desde la óptica sanitaria, en lugar de recortar en la atención primaria, podrían haber apostado por potenciar programas de educación sexual en los consultorios de medicina de familia y promover la planificación familiar. Seguro que se conseguiría que fuesen muchas menos las mujeres que llegan a la tesitura de decidir si abortar o no.
Se puede comprobar como en otros países, empeñarse en suprimir la interrupción del embarazo a petición de la mujer dentro de los servicios públicos de salud, mediante la restricción de los supuestos, incluidas las causas médicas, no se ha conseguido disminuir el número de abortos, y solo se ha conseguido que se aborte en peores condiciones, aumentando el número de mujeres fallecidas por esta causa.


Aunque no se admita por el gobierno, esta reforma se impulsa por presiones desde la jerarquía eclesiástica, siempre preocupados por el no nato, más que por el nacido. Los niveles de pobreza infantil, las escandalosas cifras de casos de pederastia (muchos de ellos dentro de esa iglesia a la que escuchan), o las penosísimas condiciones en que han colocado a muchos niños discapacitados con sus recortes en dependencia, hacen que su posicionamiento como adalides de la defensa de la vida apunte a que estamos ante otro ejercicio gubernamental más de hipocresía y cinismo.
Para nuestra desgracia como sociedad, tenemos un gobierno que no solo sacrifica el derecho a la salud de las mujeres por conseguir el voto de sus votantes más derechistas, sino que paralelamente se llena la boca con su particular forma de entender la defensa de la vida, sin  preocuparse en lo más mínimo porque esa vida de los futuros españolitos que dicen proteger, luego pueda ser vivida con la dignidad que todo ser humano merece.

martes, 11 de febrero de 2014

Votar para elegir, no para quitar a quien nos represente.

En una democracia de baja calidad como la española, no votamos cada cuatro años pare elegir a quienes nos representen en Europa, el Estado, la Comunidad o el Ayuntamiento, sino que lo hacemos para intentar quitar a quien en los últimos cuatro años nos ha representado. Puede que detrás de esta actitud se encuentre el carácter mediterráneo, más próximo a la crítica que al halago, pero lo que es indudable es que el poder desgasta a quien lo ejerce, y la gestión realizada también cuenta. Eso es aplicable a la totalidad de nuestros representantes públicos, e incluso a nuestros presidentes del gobierno.
El ejercicio del poder aísla poco a poco al electo del elector, y ese distanciamiento le hace perder de vista, la perspectiva con la que el votante visualiza sus problemas y los de la comunidad. Ese aislamiento provoca que las decisiones del electo las tome en base a la información que les transmite el círculo de personas que les rodean, y no sobre la opinión de los ciudadanos que le eligieron para que les gobierne.

Este es un problema común a todos los partidos, puesto que quienes rodean al alcalde, diputado o presidente, son por lo general miembros de su mismo partido, en muchas ocasiones los que no consiguieron ser electos o lo fueron en un estatus político inferior. Su estatus de proximidad al centro de decisión les convierte en instrumentos del ejercicio de un poder que las urnas no les otorgaron a ellos, sino al presidente o alcalde al que asesoran o con quien colaboran. Son esa guardia pretoriana que solo le permite al electo escuchar palabras amables y halagos, aun siendo ellos conscientes de que gobernar implica desde la crítica constructiva hasta el exabrupto falaz al gobernante, junto a las frases amables.
El resultado es la desconexión del cargo público con la calle, que inevitablemente lleva el divorcio con sus electores, y que hace que la percepción que tiene el elector de los errores (que inevitablemente se cometen), vea multiplicada su importancia. Es el momento de la ruptura, de la perdida de la sintonía existente en los primeros años de mandato, y el inicio de la etapa del desgaste. La caída y el descredito ante los ciudadanos, desde ese momento resulta imparable.
Pero el desgaste del cargo público tiene otros dos componentes muy perceptibles por el ciudadano: la negación de la evidencia, y la falta de autocrítica o de capacidad para reconocer los propios errores. Cualquier alcalde que niegue la subida de impuestos disfrazándola de ajuste contable, o incapaz de reconocer que se equivocó en determinada decisión, sabe que arriesga su reelección. Y no solo alcaldes, porque si miramos a los expresidentes de gobierno, encontraremos esos dos denominadores comunes en su no reelección (o la de su partido). Así, Suarez negó que la UCD se estuviera descomponiendo; Gonzalez negó los GAL; Aznar negó los atentados islamistas del 11M; y Zapatero negó la crisis. Y el segundo elemento también les es común: en el gobierno no ejercieron la  autocrítica, o si lo hicieron, no resulto creíble para los ciudadanos.
Manifestar la negación de un problema, requiere que previamente alguien ponga el problema sobre la mesa, y en todos los casos citados, la postura adoptada mientras eran presidentes fue la del avestruz que esconde la cabeza bajo el ala para ignorar lo que acontece en su entorno, aunque con el tiempo alguno admitió el error cometido, pero otros no lo harán.
Pero como el agua pasada no mueve al molino, hoy la cuestión no es lo ocurrido, sino si Rajoy tendrá un segundo mandato. Lo deseable, por su ataque a los derechos ciudadanos y su mala gestión socioeconómica, coincide con lo probable, y es que esa reelección no ocurra. Muchos pensarán que como a sus predecesores, a Rajoy le correspondería repetir un segundo mandato, sin embargo los hechos están en su contra, si se le aplica lo expuesto anteriormente con objetividad.
Como antes lo estuvieron los otros presidentes, Rajoy se ha rodeado en el gobierno de sus más fieles. El requisito imprescindible para formar parte de ese selecto círculo que rodea el poder de Rajoy, también es la lealtad personal, mucho más que la capacidad de sus miembros para hacer política con mayúsculas. La consigna seguida es clara: no importará despreciar la realidad, si con ello se mantienen prietas las filas en el gobierno y en el partido. La ley del aborto es un ejemplo de este cierre de filas.
También Rajoy sigue la misma senda de quienes le precedieron en la Moncloa,  practica la negación, y niega por tierra, mar y aire la existencia del caso Gürtel, ahora ya caso PP, pese a que la mayoría de los españoles, incluidos muchos de sus votantes, estén  convencidos de que él sabía de su existencia antes de llegar a la Moncloa, y de que incluso él también ha cobrado. La soberbia le impide admitir la menor critica a su gestión, y mucho menos se atisba, que pueda plantearse la autocrítica.

Todo igual que sus predecesores, pero con una diferencia: su desgaste se está produciendo mucho más deprisa, y pese a que ese desgaste se refleja a diario en las encuestas de opinión, se obstina en no enmendarla. Es su particular estilo y manera de huida hacia adelante, y como a sus predecesores (de ahí mi vaticinio), la negación de la evidencia se lo llevará por delante, mucho antes.
Para quienes no le votamos, el deseo es que ese momento llegue pronto. Pero habrá que decir, que el deseo es que sea así, siempre y cuando le suceda un presidente que venga a gobernar para todos los ciudadanos, porque solo así, puede que recuperemos la confianza en la necesidad de la política, y que cada cuatro años acudamos a elegir lo mejor para este país, y no para quitar presidentes o alcaldes como hacemos ahora. Decía Ovidio, que hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa, y eso ha venido ocurriendo en mayor o menor medida en los cortos años de nuestra democracia.
Que ese cambio sea posible, no puede depender de los aparatos de los partidos, porque estos se encuentran cómodos en este modelo de democracia de segunda división. Cambiará si lo imponemos los ciudadanos siendo críticos con este modelo imperante ahora. ¿Cómo hacerlo posible? participando en la política,  desde fuera o desde dentro de los partidos.
Por experiencia sé, que si es desde dentro de los partidos, solo es posible el cambio manteniéndose en la crítica constructiva, y haciendo de la política vocación, no medrando para alcanzar un cargo como salida profesional.
Ojala lo veamos. Si es posible, a no mucho tardar.

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