lunes, 10 de febrero de 2020

¿PARA CUANDO DEJAMOS ESTA URGENCIA?


No podemos quejarnos de que nuestro sistema político funcione mal, si callamos año tras año, y seguimos permitiendo que dentro del Estado existan reinos de Taifas como ocurre con la iglesia católica española. Que el gobierno desconozca (como afirma el propio Tribunal de Cuentas), a que destina la cúpula eclesiástica el dinero que reciben por el IRPF es una prueba de que no queremos avanzar y dejar atrás los cuarenta años de la dictadura franquista.
Según la Conferencia Episcopal, son más de 122 millones de euros los recaudados por las diócesis españolas como "ingresos del patrimonio y de actividades económicas", una cantidad por la que no paga impuestos y que nadie controla por parte del Estado a que dedica la iglesia sus ingresos. Una practica que se parece más a la de una organización criminal que a la de un organismo respetuoso con las leyes.
Gobierno tras gobierno, han ido manteniendo los privilegios de la iglesia católica. No es de recibo que este gobierno de coalición progresista, siga aplazando poner las cosas en su sitio, y no ponga sobre la mesa la no confesionalidad del Estado. Y si para ello precisa de una votación parlamentaria, estará bien que todos se retraten y sepamos a quienes le importan los ciudadanos ya quienes sus elites.
Tampoco parece lógico que a quien así se comporta con el conjunto del Estado, ese mismo estado le financie una educación concertada de la que la iglesia es la mayor beneficiaria. Tampoco se pueden olvidar las inmatriculaciones, ni los bienes expropiados por la iglesia a sus dueños. Si un ciudadano no para el Impuesto de Bienes Inmuebles, se le expropia el bien ¿Por qué a la iglesia no? Las obras de caridad de la iglesia, tan halagadas, se las cobran por esta vía, con lo cual lo de que sean caritativas es cuestionable.
Las iglesias deben ser financiadas por sus fieles seguidores y no por todos, incluidos los agnósticos. Si no hay un trato igualitario para todos, esto no puede llamarse Estado de Derecho, y aquí a un pequeño comerciante se le cierra el negocio por impago, y este comerciante no es pequeño precisamente, tal vez por eso no les llama la Agencia Tributaria como a los pequeños. En época de vacas flacas estas reformas no pueden demorarse.
No se han tomado al pie de la letra la pobreza de su fundador, y si aquello de que su reino no es de este mundo, aunque ya no vendan parcelas en el cielo, como antaño hacían. Pero estoy seguro que este dinero no le llega a su dios, sino que se lo quedan los intermediarios. Seguimos con vestigios del franquismo.

EMPECEMOS POR LAS MEDIDAS GENERALES DE PREVENCIÓN DE INFECCIONES.

Aunque no lo queramos, la alarma con el brote de coronavirus en China aumenta con el paso de los días, y más con la aparición de casos de pacientes en nuestro país. Hoy comento una serie de formas para protegernos.
Sería importante conocer como se transmite el virus, pero ese mecanismo no está probado, por lo que adquieren mucha importancia las medidas generales de prevención: Lavarse las manos con regularidad varias veces al día, no tocarse los ojos, la nariz ni la boca con las manos sin lavar, y evitar el contacto con enfermos. Esto es eficaz con todo tipo de infecciones para prevenir, y lo es frente al coronavirus.
Vemos a los ciudadanos chinos con mascarillas, pero no sabemos que tipo de mascarilla es la más adecuada. A la escasez de este tipo de protección en farmacias y ortopedias, se une la duda de que modelo es el que puede resultar eficaz. La utilidad de las mascarillas, es limitada. Lógicamente con mascarilla, no nos tocamos la boca con las manos sin lavar, y no nos llegan las gotitas que al estornudar o toser emiten los infectados. Pero no podemos creernos que por llevar mascarilla ya no podemos contagiarnos, y menos si la mascarilla no se ajusta aboca y nariz.
La mascarilla debe utilizarla el paciente enfermo y quienes le cuidan, descartando estos la mascarilla después de cada intervención, y utilizando una nueva para el siguiente contacto con una persona infectada. En este caso del coronavirus, las partículas virales se mantienen en suspensión en el aire, por lo que en este caso si es útil el uso por el paciente como por sus cuidadores.
La que más puede proteger es la mascarilla tipo N95, con un filtro especial para proteger contra partículas muy pequeñas, y que se ajusta a la cara de la persona. Si no somos ni pacientes ni cuidadores, lo mejor es lavarse las manos y no tocarse la cara con las manos sucias.
Con independencia a este tipo de protección debemos saber que si hemos viajado a zona de riesgo recientemente hemos de informar de ello a nuestro medico de familia, e informarle si se tiene fiebre, tos y dificultad para respirar.

sábado, 8 de febrero de 2020

MANIFESTACIONES DE DISPAR INTERÉS

Sonaba bien aquello de “la tierra para el que la trabaja”, pero como casi todo lo que suena bien suele ser parte de la utopía de los hombres buenos. Es innegable que nunca fue bien tratado el agricultor, como innegable resulta, que esa es una apreciación no aplicable al conjunto del sector agrario. Un sector estratégico para la lucha contra el despoblamiento del medio rural, pero inmerso en una crisis desde hace muchas décadas.
Lo chirriante es que se pretenda culpabilizar de la situación que vive el medio rural en su conjunto, y el sector agrario en particular, al actual gobierno. Aunque muchos no lo quieran ver así, todo apunta a que las movilizaciones de estos días, se han producido más por el carácter progresista del gobierno español actual, que porque los problemas del sector sean nuevos. Son los mismos hoy que con el anterior gobierno, y los sindicatos agrarios no plantearon ninguna movilización al anterior inquilino de la Moncloa.
No parece creíble pensar, que los sindicatos agrarios acaben de enterarse ahora, que las grandes superficies les ningunean con los precios agrícolas y lo que ellas cobran al consumidor final. Pero si llama la atención que, como sindicatos agrarios, parezca carecer de importancia como motivación de esas protestas, las pésimas condiciones laborales de los trabajadores del campo. Muy al contrario, incluso por algunos se ha señalado la subida del salario mínimo, como una de las grandes causas de la mala situación del sector. Pocos parecen recordar, la influencia negativa que la reforma laboral del PP tuvo sobre esas condiciones laborales de los trabajadores del campo.
Con esa actitud, alguien podría pensar, si nuestros sindicatos agrarios no tienen una ideología conservadora, más defensora del propietario de la tierra, que de los derechos laborales del que la trabaja con sus manos, ambos son agricultores genéricamente, pero son formas de ser agricultores absolutamente diferentes.
El gobierno debería tomar medidas de prevención, sin esperar a que aparezca la enfermedad, y eso pasa por aplicar políticas progresistas también a nuestro campo, y en esa línea no parece estar, que se pretenda culpabilizar solo a las grandes superficies. No se puede ocultar, que los gobiernos saben que entre los agricultores y los supermercados están las empresas transformadoras y envasadoras, que son las que acaban fijando el salto de precios del productor a la superficie comercial, que luego incrementa su margen. Tampoco está fuera de esa diferencia de precios de productor a consumidor, el precio de las semillas, abonos y el resto de insumos, como energía eléctrica y combustible, etc. Otra cosa es que detrás de estas grandes empresas de insumos, se encuentre un poder económico mayor que el que está detrás de las grandes superficies, aunque este también lo sea, pero parece menos enemigo que el de aquellas.
Para empezar a aplicar progresismo, por parte de la administración debería plantearse que las ayudas al sector agrícola fuesen por hectárea cultivada en lugar de por hectárea de terreno. Podía volver a impulsarse el cooperativismo y otras fórmulas asociativas. Podría abordarse un régimen de cotizaciones para el trabajador del campo con incentivos que ayuden a la sostenibilidad económica del sector. Pero el paso de los años ha demostrado, que muy poco ayudará a mejorar la situación del sector, perpetuar que los fondos de la UE continúen llegando a los grandes terratenientes para que aumenten las diferencias con los pequeños agricultores, y que esas ayudas no impliquen que quien las perciba deba garantizar que en sus explotaciones agrarias se explota el campo y no a los obreros que lo trabajan.
No se puede seguir dividiendo el país en sectores, para dar la imagen a la opinión publica de que tenemos problemas puntuales. Es un problema global de modelo de país. Tan precaria es la situación laboral en el sector agrario, como lo es la de las kellis en los hoteles, la de los camareros en bares y restaurantes, la de los sanitarios o maestros sin plaza, etc. Necesitamos preguntarnos ¿cómo queremos ser de mayores los españoles? Desde luego no explotados, pero desde luego, tampoco explotadores. El problema que vemos en estas manifestaciones es solo una punta de un iceberg que flota junto a otros muchos, que también de vez en cuando hacer ver su punta.
No se puede negar que el pequeño agricultor está en la parte de abajo de la escalera de su sector, como la mano de obra de otros sectores esta en una situación similar. Los de abajo somos sufridores, aunque algunos nos aprecien, los de arriba se sienten sufridores, pero no son apreciados. La ley del mercado es simple: que unos engorden para que otros acaben famélicos.

lunes, 3 de febrero de 2020

PADRINOS QUE SON. PADRINOS QUE QUIEREN SERLO.

A quien corresponda
PADRINOS QUE SON. PADRINOS QUE QUIEREN SERLO.
Los padrinos nunca se retiran, si hacerlo implica perder poder adquisitivo, o perder poder en la familia.

Son corchos que en cualquier fluido siempre flotan.
Caminantes sobre una linde eterna.
Despertadores de temor, amor y odio a partes iguales, y de forma simultánea.
Buscadores siempre de su propio Eldorado, nunca de llevar a los demás a Eldorado.
Pasan de aprendices a maestros en el arte de la intriga, sin ruido, porque lo que más vale es su silencio.
Padrinos diligentes solo con quienes se inclinan y babean ante ellos.
No son casos aislados, son muchos los padrinos repetidores de curso, unos más influyentes que otros.
Ninguneadores de quienes osan tener criterio propio.
Tomadores de notas, para no olvidar nunca, quien debe atenerse a las consecuencias de sus actos.
Esos a los que no se les corta la llamada, sino que cuelgan el teléfono si lo que oyen no es lo que desean.
Proponentes de injusticias injustificables.
Que no olvidan y mucho menos perdonan.
Despreciadores con quien no ríe sus gracias.
Estudiantes de caciques, duchos en la desvergüenza, generadores de desprecio entre sus sometidos.
Padrinos, maestros de aprendices, a los que acaban haciendo más abominables que ellos mismos.
Envidiados por sus sucesores, que después de sucederles les imitarán.
Capaces de hacer llorar a hombres y mujeres en su despacho, para así sentirse en la cresta de la ola.
No persiguen un retiro dorado para descansar, sino un nuevo punto de apoyo.
Buscan apoyar su palanca en un nuevo punto, desde donde manejar y mover pesos aún mayores.
Gente cuyo desprecio debe tomarse como una condecoración para nuestra dignidad.
Y al final, solo consiguen que el ciudadano constate, que no hay peor cuña que la de la misma madera.
Es bueno tener memoria. Porque abundan demasiado.
Salud y República.

domingo, 2 de febrero de 2020

UN AMIGO EN LA HORA DEL ADIÓS


Domingo en casa. Esta mañana, una amiga y compañera de trabajo, me ha remitido un articulo de otro compañero de profesión, titulado “La muerte natural”. Su lectura ha inspirado esto comentarios que he querido titular “Un amigo en la hora del adiós”.

UN AMIGO EN LA HORA DEL ADIÓS 

Pocas percepciones son tan gratificantes para un medico de Atención Primaria, como esa que te transmiten los pacientes que sufren un proceso irreversible, cuando les visitas en su domicilio. Algunos familiares suelen comentar “Está mejor solo con que usted venga a verlo”. Suelen ser pacientes que, aunque sin quererlo admitir, conocen que el curso de su enfermedad les está acercando al final de su camino, y desconocen si deben resistir contra viento y marea, o asumirlo como inevitable. En las circunstancias difíciles, todos nos agarramos al clavo ardiendo para no dejarnos vencer, convencidos tal vez, de que los últimos avances científicos puedan ayudarnos. Es como si quisiéramos que la ciencia se impusiera a la naturaleza humana perecedera.

No hace tanto tiempo lo viví con un familiar, que, asumida su partida, me tomó la mano y me pidió que no le dejase solo. Pero esa misma petición la he vivido en varias ocasiones durante mi ejercicio como medico de familia, no solo por petición del paciente, sino también como petición de algún familiar cercano, que necesitaba sentirse acompañado en ese trance. No podemos gestionar la muerte, un proceso natural, irreversible e independiente de los avances científicos. Pero para nadie es fácil de asumir nuestra impotencia ante lo inevitable.

Una de las cosas que primero asumimos los profesionales sanitarios, es que quizás podamos evitar una muerte prematura, pero a los humanos nos toca caminar sobre la delgada línea que separa la resignación a un destino inevitable, de la vivencia utópica de la inmortalidad. Somos mortales, y por ello estamos sometidos a enfermar, sufrir, envejecer y morir. Morir no debería resultar para nadie una sorpresa, sabedores de que mientras vivimos estamos muriendo.

En esas circunstancias, para el medico de familia siempre surge la duda: hasta donde debemos ayudar al paciente en esa lucha por mantener la vida, y no retrasar la muerte tanto, que implique un sufrimiento inútil para el paciente y para su entorno. No es una cuestión a dirimir teniendo en cuenta solo la edad física del paciente, sino que ha de valorarse en conjunto de su estado físico y mental. Y esa disyuntiva, en ningún caso implica el planteamiento de adelantar la muerte, pero debemos ser conscientes, de que llegar a una situación limite, pensando en que se produzca “el milagro”, es un planteamiento ingenuo, ilusorio, y me atrevería a decir, que en el limite de la profesionalidad.

Tampoco se trata de afrontar el momento con resignación, ni de una renuncia explicita a las nuevas terapias de las que disponemos- Pero parece poco acorde al código deontológico, aferrarse a la prolongación de una vida innecesariamente. Nuestro sistema de salud, no se preocupa de preparar a los pacientes para asumir la muerte como algo natural. En nuestra educación, no nos enseñan que vivir implica prepararse para la muerte, que es el final lógico de una vida. El papel de los sanitarios que trabajamos en atención primaria, no es siempre salvar una vida, sino proporcionar al paciente en todo momento, una asistencia respetuosa con sus valores culturales ayudándole a que sus deseos sean respetados. En el momento final, el paciente nos siente más como un amigo, que solo como profesionales de la salud. Nuestra tarea no puede limitarse solo a prescribir fármacos, sino a acompañar.

Es muy importante la sensación de “fidelidad” que el paciente exige de los profesionales con los que habitualmente ha gestionado su salud de manera integral. Muchos pacientes, viendo una evolución tórpida de su proceso, aprovechan un momento de quedarse a solas contigo, para decirte “dígame usted la verdad”, otros simplemente te miran a los ojos, y si cruzas con ellos la mirada, no precisan preguntarte nada. Por eso estoy convencido, de que, si son esos profesionales de atención primaria quienes le transmiten la situación en que se encuentra, el paciente, es sabedor de que o no le van a mentir, o de que es imposible que ellos le engañen.

Hoy contamos con la ayuda inestimable de los compañeros de las unidades de paliativos que en muchas ocasiones informan al paciente, y lo hacen con una altísima profesionalidad, Pero el paciente prefiere la información de sus profesionales de primaria, porque saben que ellos conocen mejor que nadie los temores del paciente. Es uno de los momentos, sino el que más, adquiere importancia la relación de confianza medico-enfermo o enfermera-enfermo. La asistencia a estas situaciones ha de hacerse de forma integral, sabiendo atender a los deseos y valores del paciente, en las decisiones que debemos adoptar los sanitarios.

Hay que atender, acompañar y cuidar de una forma respetuosa al paciente, anteponiendo, ante todo, la singularidad que a cada persona nos es inherente. Es al profesional sanitario más cercano, al que nos corresponde asumir determinadas decisiones en este proceso. Solo nuestro papel de “amigo”, nos obliga a proteger sus decisiones, y es la confianza medico-paciente la que permite hacerlo, sin que ello nos impida, requerir el apoyo de otro personal sanitario para cumplir esa tarea.

La mayoría de los pacientes, no desean una muerte en una habitación de hospital. Desean permanecer hospitalizados mientras mantienen la esperanza de vivir. Pero cuando vemos que batalla ganada una o varias veces, no supone vencer en la guerra, todos preferimos decir adiós en nuestra cama rodeado de los nuestros.

Cuando uno trae a su memoria algunos de esos momentos vividos en muchos años de ejercicio, resulta triste contemplar, como (en la mayoría de los casos) el peso de todos los cuidados recae sobre los familiares, cuando no sobre instituciones residenciales, donde es necesario contar con profesionales que acompañen en ese momento. Es muy diferente para el paciente, cuando ese profesional o ese familiar, nos ha acompañado durante toda la vida, y su papel es el de acompañamiento y no el de un extraño que ha aparecido sin que el paciente lo haya elegido. Es un amigo en la hora del adiós.

No me parece acertada la opción de centros institucionalizados para el morir, salvo en un limitado número de situaciones y pacientes. Todos pacientes les gusta ser atendidos en esos últimos días por aquellos profesionales sanitarios más cercanos, a quienes conoce, como son los médicos y enfermeros de atención primaria.

Si el sistema sanitario y educativo español, no nos enseña a demandar los servicios de salud cuando realmente son necesarios, a asumir que el hecho de morir es parte de un proceso natural, y en nuestro curriculum formativo no nos enseñan que somos nosotros quienes debemos cuidarnos llevando una vida saludable, la muerte siempre nos sorprenderá. Pero también deberíamos cuestionarnos, de que nos sirve un sistema sanitario extraordinariamente dotado y que declara estar centrado en el enfermo, cuando en uno de los momentos más críticos de nuestra existencia, no siempre se respetan los deseos del paciente.

viernes, 31 de enero de 2020

EL CORONAVIRUS DE CHINA

Cada vez es más común en nuestra sociedad, la difusión de noticias falsas, de verdaderos bulos y de titulares sensacionalistas. Evitar la desinformación y el alarmismo corresponde fundamentalmente a la administración pública, a la sociedad científica y al periodismo veraz. Da miedo contemplar cómo la desinformación se propaga cada vez con más rapidez.
Y mucho más en el siglo del imperio de las redes sociales, donde las llamadas “fake news” son lo habitual. Las noticias falsas siempre ocultan un objetivo, lo que hace imprescindible acudir a fuentes solventes para recabar información sobre cualquier asunto. Quienes difunden esas falsedades son conscientes de que no todo el mundo tiene acceso a una información contrastada.
Asistimos a la Alerta Sanitaria Mundial decretada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante el coronavirus aparecido en China. Parece aun mayor, (al menos para la comunidad médica) el peligro que representa para un sistema de salud, un ciudadano desinformado por la difusión de bulos interesados, que frecuentemente buscan provocar el miedo, la desconfianza y la xenofobia (en este caso contra la población china) en nuestro país y en otros.
Bien haríamos en recordar que, hace unos diez años, asistimos a un precedente similar: una mutación del virus de la gripe H1N1, denominado 'gripe A'. Muchos recordaremos la preocupación que provocó entre la comunidad médica, ante la información de un disparatado poder de contagio y mortalidad.
Por eso, merece la pena realizar una serie de puntualizaciones por parte de quienes trabajamos en el sector sanitario, buscando dimensionar el problema en su justa medida, con independencia de si la información recibida del país donde se ha iniciado el problema, está sesgada o no es exacta ni completa.

La peor crisis que podemos sufrir no es la presencia de un caso en nuestro país, que pronto aparecerá, sino a una demanda de asistencia sanitaria injustificada, que sature nuestros centros asistenciales, por los temores infundados que provoque el desconocimiento de lo que significa una Alerta sanitaria mundial, que desde la OMS se declara para todo el planeta, sabedora la OMS de que no todos los países tienen un sistema sanitario capacitado para hacer frente, no solo a este, sino a otros muchos problemas de salud.
Vayamos con la cronología de los hechos para saber de que estamos hablando. El ultimo día de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de la ciudad china de Wuhan, informó de 27 casos de neumonía de causa desconocida, cuya sintomatología se había iniciado el 8 de diciembre. Se cerró el mercado el 1 de enero de este año, lugar presunto origen del problema. Una semana después, se identifica el virus causante, perteneciente a la familia de los coronavirus. El 12 de enero, las autoridades chinas comparten la secuencia genética del virus. El 23 de enero, esas mismas autoridades del país asiático confirman la transmisión entre humanos. El Comité de Emergencia de la OMS se reunió por primera vez el 22 de enero, y ayer, 30 de enero la OMS declaró la Alerta Sanitaria Mundial.
Como periodo de incubación deben barajarse los 14 días en base al conocimiento actual sobre los coronavirus. La transmisión es fundamentalmente por las gotitas de Flügge que expulsamos al respirar. Preocupa la infección por provocar un cuadro de neumonía con fiebre, tos, falta de aliento, dolor corporal, garganta irritada, vómito, diarrea e incluso la muerte. Todos los ingredientes necesarios para que en nuestra sociedad occidental acomodada, se disparen todas las alarmas.
El personal sanitario debemos investigar si se cumplen unos criterios epidemiológicos (viaje a China 14 días antes de los síntomas; contacto con enfermo confirmado o portador); unos criterios clínicos (clínica de infección respiratoria grave, radiología de neumonía, disnea, tos o dolor de garganta); y que la sospecha sea confirmada con criterios de laboratorio. Los centros hospitalarios y de Atención Primaria, están alertados y se dispone de un protocolo de actuación. Pero el paciente ha de cumplir al menos un criterio epidemiológico y uno clínico, para hacer la confirmación de laboratorio. No puede alarmarse a la población haciéndoles pensar, que esta sintomatología tan común en épocas invernales, es ya un motivo de alerta para acudir al medico, si antes no se ha viajado a China o se ha estado en contacto con un enfermo.
Nuestro Sistema Sanitario está suficientemente dotado y formado, para poder hacer frente a un proceso de este tipo. Toda la información que pueda recabarse en las diferentes CCAA, que pudiera hacer sospechar la existencia de un caso de la enfermedad, se remitirá al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad y al Centro Nacional de Epidemiologia.
El personal sanitario, ante una Infección Respiratoria Aguda, debe comprobar si cumple los criterios expuestos anteriormente. Si es así adoptará medidas de protección para el caso sospechoso y todos los contactos, reduciendo al mínimo el numero de personas que puedan tener contacto con el caso sospechoso identificándolo y valorando individualmente el potencial riesgo.
En Castilla-La Mancha, los centros sanitarios que identifiquen un caso en investigación lo comunicarán de forma urgente a la Sección de Epidemiología correspondiente. Estas Secciones de Epidemiología que reciban la notificación de un caso en investigación lo comunicarán de forma urgente al Servicio de Epidemiología que lo notificará con la máxima urgencia al Director General de Salud Pública. Los casos en investigación y los casos confirmados se notificarán, de forma urgente desde el Servicio de Epidemiología de la Dirección General de Salud Pública de Castilla-La Mancha al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad y al Centro Nacional de Epidemiología (CNE) del ISCIII.
Los medios de comunicación no pueden desinformar creando un alarmismo injustificado, que puede colapsar las puertas de entrada del Sistema sanitario. Deben actuar con absoluta responsabilidad, y la mejor manera de hacerlo es informando de las medidas de prevención y de control de la infección. Como ante cualquier otro problema de salud, debemos estar atentos, adoptar las medidas de prevención y estar ojo avizor a los síntomas. De ahí, a acudir en masa a los hospitales por un catarro banal, hay un abismo.

jueves, 30 de enero de 2020

MEDICO RURAL

Todo cambia con el transcurso de los años. A esa evolución no ha sido ajena la percepción por los ciudadanos y ciudadanas de la figura del médico. Hemos pasado de ser los hechiceros de la tribu o una de las fuerzas vivas de las sociedades (especialmente en las rurales) a convertirnos en unos trabajadores más de las diferentes áreas de atención a los ciudadanos. Un cambio que pienso que ha sido para mejor.
Esa evolución también se ha producido en nuestro trabajo. Hemos pasado de ejercer una medicina que describía y contemplaba lo que presentaba el paciente, a realizar una medicina moderna, mucho más activa e intervencionista, y en la que incluso se nos exige anticiparnos a la aparición de los síntomas.
Y a esos cambios no ha sido ajena la medicina rural. Lo que nos obliga a los médicos rurales, a estar al día de los últimos avances científicos, lo que hace imprescindible el trabajo en equipo: colaborar con otros médicos, de nuestro centro de salud, o compañeros de los hospitales. Esa colaboración resulta fundamental, para llegar a un diagnostico acertado, para agilizar la asistencia cuando esta no pueda demorarse, o para poder dar una respuesta adecuada desde el propio consultorio de atención primaria.
Te conviertes en un multi oficios de la salud: eres pediatra, neumólogo, endocrino, psicólogo, geriatra, etc. A veces trabajador social y hasta confesor. Todo se resume, en que te conviertes en alguien a quien mucha gente le confía sus problemas. Como otros muchos médicos rurales españoles, que trabajamos en municipios pequeños, después de tantos años, acabamos formando parte de todas y cada una de las familias de ese pueblo, al igual que todos sus vecinos acaban formando parte de las nuestras.
Las dos palabras clave que definen lo relación médico paciente son CERCANÍA y CONFIANZA. La confianza en otra persona, significa “esperar de ella, que actúe como tú deseas y estar seguro que así lo hará”. Pacientes y sanitarios confiamos algo nuestro al otro, y esa confianza mutua es imprescindible para que, esa relación directa y tan íntima, funcione, y te sirve para seguir aprendiendo. La cercanía al paciente, hace muy atractivo nuestro trabajo. Al menos para mí.
Esa implicación personal en la asistencia sanitaria, hace que llegue un momento en el que te resulta tan importante atender un infarto, como escuchar a alguien cuya "enfermedad" se llama soledad, esa epidemia que sufren muchos de quienes viven en nuestros pueblos.
Nacemos y morimos por ley natural. Pero eso lo saben los mayores, los jóvenes tardan tiempo en darse cuenta. Recuerdo a una abuela de casi noventa años, a la que hice unos análisis y volvió a recoger los resultados. Le dije que tenía todo bien, “no tienes ni azúcar, ni colesterol, ni anemia, ni nada, todo lo tienes bien, ni un asterisco en los análisis”. Ella sonrió y me contesto “¡Ea! doctor, que me voy a morir completamente sana”.
Vemos pasar nuestra vida, reflejada en el paso de la de nuestros pacientes. Nuestro sufrimiento no es diferente a su sufrimiento, ni nuestra alegría distinta a la suya. En la consulta se mezclan la alegría de una prueba diagnóstica que descarta una enfermedad grave; con la tristeza de una muerte repentina, o de un proceso crónico que se lleva a personas que apreciabas y te apreciaban. Nunca es fácil mantenerse impermeable a esas situaciones.
Cada mañana, cuando comienzas la consulta, sabes que alguien va a depositar en tus manos sus miedos, sus dudas, su dolor o su alegría. Cada mañana es una oportunidad para ejercer el humanismo.

El incendio que siempre quema al otro

 En España, todo arde menos la ironía. Montañas, pinares, pueblos enteros… pero lo único que se mantiene fresco es la habilidad de nuestros ...