sábado, 5 de marzo de 2022

Contando cifras de hospitalizaciones por Covid-19

Creo que se están malinterpretando los datos sobre hospitalizaciones en esta sexta ola. La causa de ese error de contabilización es doble: la gran capacidad de contagio de la variante ómicron y el hecho de que la mayoría de los vacunados pase la infección de forma muy leve o asintomática. Eso ha disparado el porcentaje de pacientes que, pese a estar incluidos en las estadísticas oficiales tras dar positivo en las PCR rutinarias, en realidad están siendo atendidos en el hospital por otras dolencias y no por su COVID-19, aunque ocupan camas destinadas a COVID al ser positivos.
Sobra alarmismo, y faltan prudencia y optimismo

La curva de la incidencia sigue en ascenso y registra un nuevo aumento hasta los 3.192,46 casos por cada 100.000 habitantes. Desde el lunes, la tasa de incidencia ha subido casi 200 casos, mientras que en las semanas anteriores de las fiestas navideñas el aumento semanal era de aproximadamente 500 puntos.
162.508 personas se han contagiado en la última jornada, lo que hace un total de casi ocho millones de positivos desde el inicio de la pandemia. Esta semana se batió el récord diario de infectados el miércoles, cuando se registraron casi 180.000 contagiados en un solo día.
Esta semana, la media de fallecimientos diarios por COVID-19 supera los 100 decesos. En el último informe del Ministerio de Sanidad se notifican 139 muertes, lo que eleva el total de fallecidos desde que comenzó la situación de crisis sanitaria a 90.759 personas. Aunque el número de personas que han perdido la vida continúa lejos de los momentos más duros de la pandemia, se observa un aumento diario con respecto al mes pasado.
En mi opinión, parece que empieza a notarse que se pisa el freno. Igual es mi deseo, pero eso señalan las cifras de contagios.

Más de macrogranjas

Algunos se han molestado por la anterior publicación en este muro, que recoge varios tweets de la página del PP de CLM. Lo lamento, pero no son fabricados por mí, sino por el propio PP. Pero puesto que insisten, insisto.
"El concepto de macrogranja no existe, es una cortina de humo".
La frase es de Fernández Mañueco, el presidente y de nuevo candidato del PP a las elecciones de Castilla y León. Esta genialidad de estrategia política, le ha convertido en el máximo defensor de una industria que se rechaza frontalmente desde la España rural, incluidos muchos alcaldes del PP, que, para no aparecer como contrarios a esta nueva doctrina de Génova, se están dedicando ahora a borrar tweets y comentarios (de no hace tanto tiempo) en los que se manifestaban frontalmente contrarios a estos proyectos que ahora el PP defiende.
El PP, primero se ha dedicado a crear una falsa polémica manipulando unas declaraciones. Luego a machacar al ministro por decir lo que muchos miembros de su partido piensan. Y ahora, cuando se han hecho evidentes sus contradicciones, tratan de correr un tupido velo diciendo que donde dijeron digo, en realidad decían Diego. Argumentan, que el hecho de volver a las redes sus twits de ayer, es consecuencia de tener a la izquierda “rabiosa y desesperada “.
Mientras, insisten en que lo que importa, es que Garzón quiere hundir a la ganadería española, acusación que solo puede entenderse que se haga por quien no se ha molestado ni en leer las declaraciones en las que se basan para justificar su mentira. Nadie en ese partido parece interesado en conocer, que el candidato Fernández Mañueco, está pendiente de un juicio por la financiación ilegal de su partido en Salamanca, y que ese asunto, no solo está detrás de esta polémica falsa de las macrogranjas, sino (fundamentalmente), detrás de la convocatoria anticipada de elecciones en CyL.
El mayor rédito que ha obtenido el PP de esta polémica: que se ha vuelto a avivar la división interna en el gobierno de coalición, por la actitud de algunos ilustres miembros del PSOE. El rédito negativo para ellos: que el PP ahora aparece como el defensor de las macrogranjas, instalaciones que están calificadas por la UE como “uno de los principales factores contaminantes y de empobrecimiento de la alimentación”. La UE apuesta claramente por dar su apoyo a las pequeñas y medianas explotaciones. Exactamente lo mismo que hacia el ministro en sus declaraciones.
Donde más se opuso el PP a esas instalaciones ha sido en las CCAA donde no gobierna, y lo ha utilizado para atacar al gobierno de turno. En nuestra CA, Castilla-La Mancha, así lo hizo, y hasta difundieron informes que reflejan los efectos negativos sobre la salud de estas instalaciones, culpando al gobierno regional de apoyarlas. Había twists de este posicionamiento, que ahora han sido borrados de la página oficial del PP de CLM, aunque algunos los conservamos por aquello de que la hemeroteca siempre es un nicho de pruebas contra el cinismo y la hipocresía.
Naturalmente hay quien se ha molestado por verlos devueltos a la luz, y eso hace que se muestren como la derecha “rabiosa y desesperada” que son. Pero, como dice la canción, no es más triste la verdad, lo que no tiene es remedio, y antes de molestarse por volver a ver sus twists o sus fotos, mejor harían preguntándose qué nivel de decencia hay en la organización política en que militan. Igual se iban de ella como otros hemos hecho de otras.
Buena mañana.

Macrogranjas

Viendo la polémica suscitada por las palabras de Garzón, independientemente del tema concreto de la calidad de las carnes provenientes de explotaciones intensivas, conocidas como macrogranjas, la sensación que me produce visitar la hemeroteca es la de que en esta democracia quienes menos importamos somos los ciudadanos, y lo que más, nuestro voto. Luego contamos las urnas y si he ganado yo, poco importa si lo he hecho sobre mentiras o promesas falsas. Sirva el siguiente ejemplo:
Pedro Sánchez, en Noviembre de 2019 decía lo mismo que el ministro Garzón: “Tenemos que reflexionar sobre la reducción del consumo de carne, apostar por la ganadería ecológica, de menor escala y gran valor ambiental y social, que genere puestos de trabajo en el mundo rural”
Pero igual ocurre con Pablo Casado y sus seguidores y hay varios pronunciamientos del PP de Castilla-La Mancha del 2018 en los que apoyaban a la plataforma Stop Macrogranjas.
Por si aún no es suficiente para que nos quede claro que todos nos toman el pelo según les convenga, viene la portavoz de Agricultura del PP, Milagros Marcos, pone la gota que colma el vaso:
las macrogranjas "no existen".
Si eso es así ¿qué sentido tiene que salgan en apoyo de plataformas constituidas para luchar contra un problema inexistente? Todo huele no a quien apoyo, sino contra quien estoy. Es como el madridista que se alegra más porque pierda el Barça que porque gana el Madrid.

martes, 11 de enero de 2022

TAMBIÉN ES RESPONSABILIDAD DE LOS PROFESIONALES

Ayer en este muro, una buena amiga me pedía que pedía que expresara mi opinión no solo sobre el sistema, sino también sobre los profesionales. Escribir tanto sobre lo que nos rodea, a veces nos hace dudar sobre, si al hacerlo, nos convertimos en repetitivos y pesados. Saturar, o saturarse de un tema es fácil, pero dejar a un lado lo que te preocupa, cuesta. A veces, en esta situación que estamos padeciendo los médicos de familia, la percepción personal es que, salvo a tu familia más próxima, a nadie le importa que estés quemado o que tu mayor percepción física y anímica sea la de cansancio. Los años de ejercicio te enseñan que mejor te callas, antes que hablar de tus compañeros de profesión. Aún así, correré el riesgo de ser incomprendido y meter la pata, y hacerlo dispuesto a asumir los errores que en esa exposición pueda cometer.

Empezaré diciendo, que, para poder hablar abiertamente de todo, sobre todo respecto a la salud y sus alrededores, es recomendable no ver la televisión. No es un comentario gratuito, porque la percepción que tenemos de cómo se gestiona o se actúa en esta pandemia, no es la real, sino que nuestra visión está muy condicionada por la información veraz, manipulada, plena o sesgada que podamos recibir. Esas tertulias de tanto experto en tantos temas, son generadoras de inseguridad, miedo, odio, tristeza, estrés, ansiedad…Y sobre todo, intolerancia. Puede que COVID no solo sea una pandemia viral, sino una pandemia de demagogia.

Poner en duda que es imprescindible un análisis crítico, siempre constructivo, de la actuación de la atención primaria en su conjunto (medicina, enfermería, administrativos, direcciones médicas, gerencias, consejerías, ministerio) es no querer aprender nada para no volver a caer en los mismos errores. Puedo opinar con mayor conocimiento de la atención primaria rural, aunque no es descabellado pensar que hay muchas situaciones que son similares con la atención en el medio urbano.

Cuando llegó la pandemia, la AP ya tenía pocos recursos materiales, mucha burocracia, unos cupos desiguales (desde rebosantes a mínimos), plazas escasas conviviendo con plazas sin cubrir, falta de una formación ofertada desde la propia administración, una atención continuada sobrecargada, imposibilidad de sustituciones por falta de sustitutos, el concepto de productividad convertido en solo un discurso, el concepto de conciliación familiar inexistente, etc, etc, etc.
De pronto, la sociedad se enteró de que no teníamos equipos de protección, que faltaban recursos humanos, carencia de medios de comunicación, que había descoordinación entre la administración central y las autonómicas, que la epidemiología llevaba años durmiendo el sueño de los justos, que había más jefes que indios (pero nadie ejercía como jefe), que la estrategia más aplicada era la improvisación que hacía que lo que hoy era blanco mañana fuese rosa y pasado azul, que existían unos comités de expertos de los que los profesionales desconocíamos su existencia, y otro largo etcétera que omito para no aburrir.

Los médicos y los pacientes descubrimos la teleconsulta, algo consistente en una llamada telefónica que nos dijeron era la telemedicina, cuando, sobre todo los rurales, seguíamos teniendo dificultades para que nuestro ordenador se conectará al servidor del servicio de salud regional, y tenemos aún zonas no tiene cobertura el móvil, pero nos hablan de las redes 5G. Sobre este tema, una apreciación personal: la teleconsulta es un complemento de la consulta presencial, y no a la inversa, porque somos sanitarios y no telefonistas. Y hay que reconocer que en este tiempo de pandemia las telecomunicaciones han mejorado, algunas gestiones han pasado a ser telemáticas y han supuesto descarga de burocracia, ha mejorado la receta electrónica, se ha puesto la lupa sobre la atención primaria, que se ha avanzado en estabilidad laboral, y que muchos ciudadanos han valorado la labor de sus profesionales sanitarios más cercanos, aunque creo que nunca se llegará a reconocer lo que se ha hecho en lugares perdidos de nuestra geografía por mantener la salud de lugares de una España vaciada, o dicho claramente, que han vaciado.

Pero todo la anteriormente expuesto ha de enseñarnos que o mejoramos la organización y la planificación de los recursos de la atención primaria, o cualquier situación como la que continuamos viviendo colapsará la asistencia hospitalaria. O se mejora la gestión de los recursos y la gestión de material, o de nada habrán servido las penurias soportadas, y eso pasa por una mayor capacitación de los gestores y directivos de las gerencias. Lo que parece poco cuestionable, es que las cosas pueden hacerse de otra manera más adecuada. No se han utilizado adecuadamente recursos disponibles como oficinas de farmacia, los equipos administrativos y trabajadores sociales de los centros, ni se ha potenciado la comunicación primaria-hospitalaria, no se ha permitido la autogestión en los sitios donde está era posible y estaba avalada por la experiencia profesional de años, etc. Pero, puede que el mayor déficit detectado sea, la ausencia de participación ciudadana en las decisiones, y puede ser la causa de haber pasado del aplauso en los balcones al “mi medico no me coge el teléfono”. Tenemos una oportunidad de mejora, de reformas que se han visto urgente afrontar, de incrementar recursos y plantillas, de incorporar a la sanidad otras profesiones, de mejorar la relación primaria-hospitalaria, de permitir acceso a más pruebas diagnósticas a los profesionales de primaria, de tomarnos en serio la formación interna, de revisar para aprender. Por resumir en una frase: de adelantarnos a próximos acontecimientos.

Una vez descrito ese escenario en el que los sanitarios actuamos, si me permito opinar sobre algunos comportamientos profesionales, que no sobre profesionales concretos. Y hay que empezar afirmando que la atención que recibe un usuario del servicio público de salud es muy diferente dependiendo de la CA, de la provincia, del entorno rural o urbano, del centro de salud al que se dirija. Pero en ningún caso eso implica que no se actúe por todos y cada uno de los profesionales de manera adecuada. Y en el caso de que lo sea, no olvidemos que la responsabilidad de cómo se gestionan los recursos y cómo se organiza el personal, y que protocolo de actuación se cumple o incumple, es de la Consejería de sanidad respectiva, que en muchos casos parece ignorar problemas concretos y no adopta las medidas concretas para poder solucionarlos.

Nada es generalizable, pero los problemas son mínimos entre la inmensidad de actos asistenciales y de atención administrativa que se realizan cada día. Son noticia los usuarios que se quejan en las redes sociales porque en su centro no se le ha atendido a una llamada telefónica, pero no publicamos en las redes sociales cuando si se nos ha cogido la llamada. Se pueden plantear diferentes situaciones, pero pocos piensan que una misma persona atiende una cola interminable de pacientes, múltiples gestiones y además atiende el teléfono. Pocos llegan a plantearse que eso es así, y en la inmensa mayoría de casos se hace más de lo que se puede. Hablo por propia experiencia y esta ultima semana he atendido (es un decir, porque eso no es asistencia médica) una media de más de ochenta pacientes, y en ocasiones suena un teléfono, suena el móvil simultáneamente, tengo a un paciente delante, y estoy firmando un parte de ILT para que enfermería lo entregué. O se tiene vocación de servicio público o abandonas.

Uno de los colectivos más denostados es el de los administrativos/as de los centros de salud. Si es necesario presentar una reclamación, hágase, pero no generalicemos y metamos a todos en un mismo saco. Los administrativos son el estamento más vulnerable por que son los primeros que dan la cara al paciente o al familiar y los que soportan los gritos, broncas e insultos cuando estos se producen. Son el punto de desahogo de la frustración por no ser atendido. Son los que reciben el trato más ingrato e injusto. A los médicos no nos tratan así.

Luego estamos el estamento asistencial donde incluyo al resto de profesionales (médicos, pediatras, enfermeros, fisios, etc). La inmensa mayoría responsables y cumplidores, pero como en todas las profesiones impera la diversidad. Hasta existen compañeros negacionistas. No se puede ocultar que hay compañeros que han interpretado la pandemia como un motivo para establecerse en un bunker de difícil acceso, pero son un número contado de ellos. Hay profesionales con tanta presión, a los que no les es fácil mantenerse serenos en todos los momentos y circunstancias, y a los que coincidir con pacientes con ese mismo nivel de presión o irritabilidad no les ayuda a permanecer serenos. Lo he afirmado antes: si es necesario presentar una reclamación, hágase, pero no generalicemos y metamos a todos en un mismo saco.

De todas estas situaciones de no atención a los usuarios del servicio, que no pueden darse ni en un mínimo número de casos, la responsabilidad es de la Consejería que debe adoptar las medidas necesarias para que no se produzcan. No se pueden arreglar algunas situaciones solo con buenas palabras, porque requieren medidas más drásticas. Pero tampoco se van a arreglar con la queja en el bar o en las redes sociales, en lugar de presentando una reclamación formal por escrito identificando a quien, en nuestra opinión, no ha cumplido debidamente. Muchas situaciones no se denuncian y se limitan a la queja pública, lo que las hace no investigables e insolubles por desconocidas administrativamente.

Y termino exponiendo una sensación, que me surgió al escuchar a una presidenta autonómica acusar a sus propios trabajadores de no atender las llamadas, o descolgar los teléfonos del centro de salud. Me parece que es una manera de defenderse atacando, porque la falta de personal, la falta de previsión, no es de los sanitarios, sino del político responsable. Puede que todo sea parte de una estrategia de desprestigio de lo público. Si es parte de esa estrategia, eso lo define el diccionario como perversión. Pero olvidándose de quien siempre busca conseguir portadas, mi deseo es que lleguen tiempos mejores, que la población reaccione a tiempo, y sea capaz de evitar que la atención primaria en breve necesite la RCP, o definitivamente fallezca.

lunes, 10 de enero de 2022

LA LENTA AGONÍA DE LA ATENCIÓN PRiMARIA


Lo hemos dicho tantas veces, que a fuerza de insistir, nos hemos cansado nosotros. No escucha quién recibe nuestras quejas, por eso no se cansa. Hemos insistido tanto en la necesidad de reforzar la atención primaria, que todo el mundo afirma que debe hacerse. Hemos alcanzado un consenso improductivo, porque seguimos exactamente igual que antes de la pandemia. Seguimos indefensos, tanto los pacientes como los profesionales.
Todo continúa como ayer y como la semana pasada, el mes o el año pasados. Ni hay suficientes teléfonos, ni suficientes manos y oídos para los que hay. No hemos aprendido nada como sociedad tras dos años de castigo. La ciencia por un lado y la política por otro. El ciudadano en medio. Aunque se queja, pero da igual, también se cansará. Todos defienden la necesidad de mejorar, pero nadie mueve un dedo para que mejore. Lo urgente aplazó lo importante y se olvidó lo fundamental. Hemos sido incapaces de anticiparnos a los problemas mientras afirmamos que los veíamos venir.
.La pandemia ha sacado a la luz las vergüenzas de un sistema pensado para un país del siglo XX cuya clase política ha sido incapaz de consensuar los cambios necesarios para hacerlo del siglo XXI. Muchos afirmamos, que con las vacunas, las siguientes olas no aplastaran los hospitales como las primeras, pero si lo harían con la atención primaria. Gobiernos y oposiciones, reaccionaron como el que oye llover. Y lo peor, nada se ha hecho para anticiparnos a esta sexta ola, pero tampoco nadie ha empezado a hablar de qué hacer si hay otra futura. Seguimos con las mismas plantillas en todas las CCAA y con los mismos recursos para la atención primaria. Solo recibimos palabras. Y oídos sordos a las quejas de los ciudadanos. Nadie se ha preocupado de explicar al ciudadano cómo racionalizar las demandas y cómo puede ayudar a que no se colapse un sistema que es suyo. Que hay está la mejor manera de hacer que la respuesta a sus problemas de salud sea más ágil y eficaz.
Somos los descendientes del homo sapiens no tan sapiens. El que tropieza una y otra vez en la misma piedra. Si, estamos ante algo nuevo, dinámico y cambiante, del que cada día aprendemos algo, pero damos la sensación de que para aprender lo nuevo de hoy, debemos olvidarnos de lo aprendido ayer. Los humanos Pecamos de egoísmo, de ombliguismo, de chovinismo, de no asumir que pandémico es contrario a intrafrontetizo y a regional. Que pandémico es sinónimo de universal. Que con colocar nuestra pieza, no solucionamos el puzzle. Que tienen que colocar sus piezas todos los demás o no será posible ver la solución.
Mientras ese debate de si es gris claro o gris oscuro sucede, tú, insignificante profesional, que periódicamente te ves embutido en tu epi, con tu doble mascarilla, con guantes y pantallas, regándose con gel y más gel, continúas con tus mismos miedos. Sabiendo que el siguiente positivo puedes ser el tú, o el siguiente paciente que vino por otra causa, o alguien de tu familia a quien le lleves lo que alguien te trajo a la consulta. Y los otros pensando en que el bar abierto le reporta votos y cerrado se los resta. Y claro, eso no solo está reñido con intentar mejorar el comportamiento ciudadano, sino que además fomenta que el ciudadano vea incongruente cualquier limitación. La teoría va por un lado. La práctica por otro.
Sabemos cual es el problema. Cuales son los problemas. Lo mejor del sistema sanitario, sus recursos humanos. Hoy se ven cansados, con unas condiciones laborales manifiestamente mejorables. Asqueados porque la meritocracia se sigue viendo suplantada por la dedocracia. Con el mismo trato todos aunque sea diferente el rendimiento de uno y de otro. Donde alcanzar objetivos asistenciales tiene el mismo premio o castigo que no alcanzarlos. Un sistema donde Falta voluntad de mirar a largo plazo y hacerlo pasa por dedicar un punto y medio más de nuestro PIB a salud, pero nadie está dispuesto a cederlo de otros capítulos. Falta planificación sanitaria, para lo que precisamos de indicadores para control y evaluación.. Sin ver los aciertos y los errores cometidos, es imposible evitarlos en el futuro.
Queda mucho camino por andar. Pero lo recorremos demasiado lentamente para lo veloz que transcurre el tiempo en este siglo. No aprendemos de la experiencia del otro, lo que nos ahorraría tiempo y esfuerzos. Falta independencia en los criterios con los que gestionamos el sistema público de salud en general y la atención primaria en particular. Falta convencerse de que hay que invertir más para gastar menos. Pero sobretodo, falta voluntad para alcanzar lugares de encuentro, voluntad para sentarse a hablar, que es la única manera de transformar las palabras en hechos. Nos sobra política en minúscula . Demasiada escasez de acuerdos. Ninguna voluntad de aprender de los errores ajenos. Demasiada solución en los juzgados y ninguna solución tras un café reposado entre rivales ideológicos. Como si la salud tuviese ideología.
Necesitamos cambios legales en nuestro sistema de salud, que este ambiente crispado hace imposibles.No hay voluntad de encuentro. Y mientras tanto, la atención primaria ve cómo se va acelerando su lenta agonía.
Buena tarde

NADA ES INAGOTABLE


Hay días en los que pienso que los ciudadanos españoles no sabemos lo que tenemos. Nuestro sistema sanitario público es muy mejorable, pero no valorarlo en su justa medida es cainismo y caer en una autoflagelación absurda. Empezando por todos sus profesionales, continuado por sus instalaciones y equipamientos, y terminando por sus recursos (siempre escasos y mejorables) el sistema sanitario español es envidiado por otras muchas sociedades y países. Y además con algo que lo hace mejor, diferente y único: su accesibilidad universal. Eso, para quienes dependemos de una nómina, no debería olvidarse. No es gratuito completamente, pero mucho más accesible que en cualquier otro país, para quienes no dispondrán de economía suficiente con la que poder pagarse las prestaciones que dé el recibe.
Sin embargo, todas esas bondades evidentes, no pueden hacernos pensar que sus recursos son infinitos, que es inagotable, como parece que una inmensa mayoría piensa, o al menos eso es lo que sugiere la situación que estamos viviendo. Ya no solo porque, además del COVID hay muchas más patologías que no lo son y que requieren ser atendidas, sino porque la presión asistencial que estamos soportando en atención primaria y en los servicios de urgencia (esperemos que no alcance también a las hospitalizaciones) es insostenible se mire por donde se mire.
Parece que una inmensa mayoría pensamos, que cualquier síntoma, aún por muy banal que parezca, es suficiente motivo para demandar asistencia inmediata, a ser posible hoy, y si se puede, ya. Tal vez la causa de ese concepto de “derecho a todo y ya” sea la desinformación sobre lo que se demanda o la falta de educación en general sobre la demanda de servicios públicos, que son nuestros, pero también son de todos. Con cuadros clínicos como los que hoy vemos ¿nuestros padres nos llevarían al médico o a urgencias de un hospital inmediatamente? No se los vuestros, pero los míos no. Nunca pensé por no hacerlo, que me querían poco o no me querían, o que lo hacía por dejadez. Ponerme un paño de agua fría en la frente si tenía algo de fiebre, o darme leche caliente con miel si me dolía la garganta, o un analgésico si tenía dolor de cabeza, o otros muchos remedios como primera opción, era lo lógico, normal y habitual. Y si en un día o dos no mejorabas, entonces te veía un sanitario. Curiosamente, sin ser médicos ni disponer del doctor Google, ellos cuando era algo grave, lo intuían, era como que sabían que la enfermedad grave se huele.
Hoy eso no es imaginable. Ahora queremos saber inmediatamente que nombre y qué apellidos tienen lo que nos afecta, que pruebas deben hacerse sin demora, y si el médico no dice de hacerlas, ya nosotros le cuestionamos porque no las solicita. Exigimos ese antibiótico que a mi primo le ha ido tan bien, y sino nos lo prescribe el “medicucho panchito” que me explique el motivo de esa falta de interés por curar lo mio. Y es que desde que tenemos móvil, televisión e internet, no solo sabemos más, sabemos de todo. Los años que ese médico o médica extranjeros estudiaron para obtener su título, quedan superados con un vistazo en internet. Y si era español o española, se sacó el título a base de regalos a sus profesores, y no tiene ni idea. Seguimos siendo de charanga y pandereta.
Todo eso se ha elevado a niveles exponenciales con la llegada de la COVID-19. Hemos sido, epidemiologos, infectologos, vacunologos, virólogos, internistas, etc. Hemos exigido saber si estábamos protegidos contra el virus o no, que variante tenemos o no tenemos, si el test ha sido negativo saber porque no nos hacen la pcr, y si somos positivos por qué no nos hacen otra prueba antes de darnos de alta, etc, etc, etc. Todo puede ser comprensible, aunque a mi entender, es la demostración palpable de la desconfianza en el profesional que nos atiende, la absoluta insolidaridad con el que necesita más cuidados que nosotros, y la absoluta despreocupación de si esa exigencia de servicios y de una pronta respuesta, estaba colapsando el sistema.
Es ese mismo sistema sanitario al que cuando realmente se le valora en su justa medida es en el infarto de miocardio, el ictus, el embolismo pulmonar, el accidente de tráfico y otras muchas situaciones que piden ser vitales. Pero no valoramos la prevención que hace el médico de familia que evita tu infarto o tu ictus, ni la salud pública que nos protege a todos, ni la asistencia farmacéutica que me da acceso a fármacos que en otros países no podría adquirir por su precio, ni el ojo clínico de nuestro médico de familia que supo que lo que te ocurría no era para paños de agua, ni leche con miel.
En este denostado sistema de salud español, atendemos al que está grave, al menos grave, al leve, y al que sólo quiere una receta de paracetamol por si acaso. Ahora lo estamos colapsando, con una clínica que en la inmensa mayoría de los casos, la respuesta correcta a la misma es quédese en casa y tenga en cuenta una serie de signos de alarma que si presenta debe acudir de nuevo. Curiosamente si los presentas, deberás acudir y para ser atendido, en ese momento te encontrarás en la misma cola de espera de la que tú formabas parte, donde otros como tú esperan a ser atendidos cuando sus síntomas sólo son banales. Donde las dan, las toman.
A este despropósito, se le añaden las noticias falsas sobre COVID y sobre las vacunas que añaden a la desinformación las falsedades. Puede que ambas cuestiones están detrás de la nueva gran bomba consumista por ahora: el gasto que realizamos en los test domésticos,. Ha sido exigida su gratuidad por “expertos” en los medios de comunicación y presentados como el mejor instrumento para poder volver a las reuniones sociales sin riesgos. Conozco a quien se ha hecho hasta tres diarios durante una semana (todo sea por poder irse a la fiesta). No son caros de producir, pero tampoco baratos de adquirir. ¿Es ese un gasto necesario? Puede que no , pero aún menos cuando la mayoría de los que se hacen el test, acude luego a que se le repita, porque ha sido negativo y no se fía, o porque ha sido positivo y se fía menos. Nos quejamos de las colas en urgencias, en los centros de salud, de lo que ganan las industrias farmacéuticas, pero impedimos el acceso a quien tiene patologías más graves, y de paso ayudamos a que el COVID pueda ser su agosto en enero para esas industrias.
Me pregunto si no vemos cómo lo más racional, solicitar asistencia cuando los síntomas sean preocupantes. Si no lo son, (la fiebre es poca, respiramos bien, y el malestar se nos pasa con paracetamol, tenemos solo mucosidad nasal, etc) nos cuesta poco resguardarnos, ver si podemos trabajar a distancia o hacerlo sin poner en riesgo a los compañeros, y aplicar otros cuidados que nuestros padres se sabían de memoria y hemos olvidado como otras tantas cosas ( antes íbamos en coche a cualquier ciudad y a cualquier calle de ella, y ahora si no vamos con el gps nos perdemos). Si lo hiciéramos así, posiblemente cuando de verdad requerimos asistencia, esta podría ser más ágil y rápida, pero al tener un sistema finito y no infinito, lo saturamos con banalidades y nos quejamos de que no se nos atiende con la presteza que nos gustaría.
Es la pescadilla que se muerde la cola. La administración se empeñan en empoderarnos, en que intentemos auto gestionar nuestra salud libremente, pero lo que demostramos es querer autogestionar cuando nos apetece acudir libremente, que unos profesionales estén libres para atenderme en ese momento y que ellos me la gestionen.
Y ojo, que nada de lo expuesto anteriormente, es contrario a una triste realidad que podríamos llamar la parte política de la pandemia.: que los responsables institucionales deben mejorar una gestión que en muchos casos es nefasta; que deben aportarse unos recursos que las sucesivas crisis han ido recortando al sistema impidiendo su mejora; y que deben adoptarse decisiones sanitarias basadas en criterios sanitarios y no en réditos electorales, Todo lo anterior ha ocurrido de manera continuada con los sucesivos gobiernos de todos los signos políticos que nos hemos dado, aunque parece que sólo nos acordamos. Pero en eso si pensamos antes de levantar la voz o señalarnos , dependiendo de quién toma las decisiones. Cuando la decisión la adopta el gobierno que no votamos, gritamos. Y cuando lo hace el que tuvo nuestro apoyo, nos volvemos mudos, ciegos y sordos, tres síntomas para los que entonces no requerimos asistencia del sistema. Esa visceralidad que nubla la objetividad también colapsa un sistema sanitario que considero que entre todos estamos matando y el solito se nos va muriendo agotado, mientras discutimos si son galgos o podencos.
También los profesionales tenemos nuestra parte de responsabilidad en ese colapso, pero lo comentaré otro día. Voy a intentar descansar. Buenas noches para todos y todas..

EL RUIDO QUE NO CESA, ES QUE A ALGUIEN LE INTERESA

La convalecencia es más llevadera escribiendo. Al menos lo es para mi.
El ruido, si no cesa, es porque a alguien le interesa.
La que se ha montado con la manipulación de unas declaraciones del ministro de Consumo, constatado que ha sido realizada por parte de un lobby de las industrias de las macrograngas, es un reflejo de lo baja que es la calidad de nuestra democracia, de cómo los intereses espureos dominan la información, y de cómo nuestra política no está hecha para alcanzar un modelo de país sostenible, sino sobre el cortoplacismo electoral.
No es de una calidad democrática aceptable, que muchos representantes públicos y empresariales e incluso sindicalistas, hayan opinado, no sobre las palabras de Garzón, sino que lo han hecho sobre su entrevista versionada, sin perder un minuto en recabar información antes de abrir sus bocazas. Eso solo ocurre aquí y en las republicas bananeras, porque muchos políticos son auténticos paracaidistas, no sólo sin miedo al vacío, sino ( a todas luces peor) sin miedo al ridiculo.
Los intereses espúreos dominan los medios de comunicación, porque se han podido contar con los dedos, los medios que han rectificado sus informaciones iniciales, una vez comprobada la manipulación y la tergiversación existentes. Y solo el cortoplacismo electoralista puede justificar, que se intente sacar rédito electoral de algo, sin antes analizar en profundidad, recurriendo a un populismo barato consistente en decir lo que quiere oír quien escucha, sin intentar hacer reflexionar sobre un fundamento ideológico, sino hacerlo solo buscando el voto del desinformado. Así se pueden ganar elecciones pero no se transforma una sociedad.
En las palabras de Garzón, se plantean simultáneamente dos puntos de vista, el sanitario y el medioambiental. Desde el primero, ya hace décadas que la medicina aconseja reducir la ingesta de carne y alerta sobre los riesgos que representa su excesivo consumo. Sirva de ejemplo simple, que los lunes, en las consultas vemos cuadros de gota por exceso de ingesta de carne y cerveza los fines de semana, y otros síntomas reflejo de los perjuicios que eso implica para la salud.
Medioambientalmente, las explotaciones en extensivo no son un problema, pero sí las que se realizan de manera intensiva más conocidas como macrogranjas, y a las que se refiere de manera generalista el ministro y no en exclusiva a las españolas como un ataque a estas para favorecer a las de otros países. Puede molestar a quien se lucre de ellas, pero las macrogranjas, como concepto industrial, son malas y por cómo han sido diseñadas y cuál es su modelo de funcionamiento, la carne producida en ellas es de menor calidad que la de otras explotaciones con otro modelo de funcionamiento. Serán más caros, pero (y es solo un ejemplo) los pollos criados en libertad son de mayor calidad que los criados hacinados sin ver la luz del día y que salen de la explotación ya sacrificados o para serlo.
Si nos paramos a reflexionar sobre lo dicho por el ministro en su entrevista, lo que expresa, más que una opinión, es la constatación de un hecho, que puede considerarse aceptable o no, pero no es errónea la opinión expuesta. El problema, y por tanto toda la polémica suscitada, no es lo que se ha dicho, sino quien lo ha dicho.
Por si todo vale si ayuda a desestabilizar al actual gobierno de coalición, hay quienes no pierden oportunidad para intentarlo. Dígase qué tal vez es puedan ser inoportunas las palabras, o inoportuna la elección del medio en que las realiza, pero no se haga ruido, tras crear un bulo y una polémica sobre ese bulo. Pero sobretodo choca que lo hagan miembros de uno de los partidos de ese gobierno. E incluso chirría, que con esa visión economicista y consumista que demuestran, sigan perteneciendo a ese partido que se declara defensor de la Estrategia de Desarrollo Sostenible europea. Cada vez hacen más difícil el distinguirlos de los Casado, Abascal, Arrimadas, o Ayuso de turno. Al menos estos, siendo coherentes al opinar cómo opinan, militan en el partido en que militan.
Unos y otros son los más interesados en que en este país no se haga política, Siempre están de feria en los medios que les acercan los micrófonos, porque les gusta el ruido.

¿Huelga general? ¿y si el maximalismo reactiva a la derecha?

La política de izquierdas vive atrapada en una paradoja recurrente: confundir la pureza del instrumento con la eficacia del resultado. Ante ...